Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 72

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—

—Por supuesto que no hay nadie así.

Ante las palabras de Garam, Minjae, que había estado escuchando, dejó el tenedor que sostenía sobre la mesa y habló con una expresión seria.

Sobresaltado al ver aquella rara expresión severa en el rostro de Minjae, Garam dudó un instante y también dejó lentamente el tenedor que tenía en la mano.

—¿D-De verdad?

Garam preguntó con cautela, pero Minjae asintió con firmeza, como si no entendiera por qué le preguntaba algo tan obvio.

—Por supuesto. ¿Quién haría algo tan tonto?

—Tonto…

Por más que lo pensara, aquella palabra parecía completamente incompatible con Sa Muheon. Garam movió la pajilla dentro de su bebida, y el líquido giró con fuerza en la superficie, creando un pequeño remolino. La imagen reflejaba a la perfección sus pensamientos enredados.

Después de observar el remolino durante un rato, Minjae volvió a abrir la boca.

—Hyung, dicen que no existe la amabilidad sin motivo.

—¿Eh?

—Quiero decir, si alguien me invita cerdo, quizá podría dejarlo pasar, pero si me invita res, es porque tiene alguna intención oculta.

—¿Quién te dijo eso?

Le pareció divertido. Garam soltó una risa al preguntar, pero Minjae respondió sin el menor rastro de humor en el rostro.

—El hyung dueño del restaurante al que fuimos a comer fideos fríos la otra vez.

—Oh…

Garam asintió al recordar el rostro del dueño que habían conocido entonces.

—En fin, ese hyung dijo que nadie hace algo sin esperar nada.

—¿De verdad?

—Sí. Para ser honesto, al principio yo también pensé que tal vez tú tenías alguna intención oculta conmigo, hyung.

Al oír esas palabras, Garam dejó de mover su bebida y miró a Minjae sin comprender.

—¿Yo?

—Sí.

Garam preguntó sin poder ocultar su confusión. Minjae asintió rápidamente y añadió:

—No, o sea, escúchame. En realidad, no fui el único que pensó así.

—¿Qué?

Era la primera vez que escuchaba algo semejante. Y encima algo absurdo. Al ver que Garam fruncía el ceño, Minjae se apresuró a justificar sus palabras.

—Es que eres demasiado amable con la gente, hyung. Incluso yo me pregunté al principio por qué eras tan bueno conmigo. Claro, como tratabas igual a todos los demás, pensé: ah, simplemente es así como persona…

—…¿De verdad?

—¡Sí, te lo digo en serio! Seonhu hyung —ah, así se llama el dueño del restaurante— incluso me dijo que tuviera cuidado porque pensaba que estabas interesado en mí.

Al escuchar la explicación de Minjae, Garam no pudo ocultar su incredulidad.

—…¿Pero qué hice yo?

—Bueno, es que… empezando por cómo te ves. Tan limpio y guapo, como el hermano mayor ideal que cualquiera querría tener…

Garam no entendía ni una palabra de lo que Minjae estaba diciendo. Pero no lo interrumpió y esperó a que continuara.

—Dicen que, para una persona guapa, actuar con amabilidad es prácticamente un crimen.

—…Ya veo.

Garam no lo entendía del todo, pero si Minjae lo decía, decidió dejarlo pasar. Además, enterarse de que otras personas también habían malinterpretado sus acciones hizo que reflexionara sobre su propio comportamiento.

—En fin, si alguien se esfuerza por ser especialmente amable conmigo, seguro hay una razón detrás, ¿no?

—Sí.

—La primera persona que me dijo eso fue Seonhu hyung.

Garam asintió y bebió un sorbo de su bebida con la pajilla.

—Ese hyung fue súper amable conmigo desde la primera vez que me vio. Y resulta que sí había una razón. Me confesó que le gusto.

—¡Cof!

En cuanto Minjae dijo eso, Garam casi escupió la bebida que acababa de tomar. Por suerte, logró evitar hacer un desastre, reduciéndolo a una pequeña tos. Alarmado, Minjae se apresuró a traerle un vaso de agua.

—¡Hyung! ¿Estás bien?

—Sí, sí…

¿Por qué dices algo así justo cuando estoy bebiendo?

El pensamiento cruzó por su mente, pero no lo dijo en voz alta. Después de beber un poco del agua que Minjae le había traído, el ardor en la garganta disminuyó. Garam hizo que Minjae volviera a sentarse y lo presionó para que le diera más detalles.

—Entonces, ¿qué vas a hacer?

—¿Eh?

—La confesión… dijiste que se te declaró.

—Ah, decidí salir con él, por ahora.

—¿Qué?

Garam parpadeó, sorprendido. Pero Minjae continuó con naturalidad.

—Quiero decir, nunca lo había visto de esa manera, pero Seonhu hyung es guapo, y es evidente lo mucho que le gusto.

—¿Cómo lo sabes?

—¿Quién cuidaría así de un chico cualquiera del vecindario? Aunque soy hijo único, sé que la mayoría de los hyungs no llegarían tan lejos.

Minjae respondió con un ligero puchero en la voz.

—Después de la confesión, lo entendí. Ah, de verdad no existe nadie que haga algo sin esperar nada.

—Aun así…

Aunque Garam entendía lo que Minjae quería decir, pensaba que su propia situación era un poco distinta.

—Mi situación contigo es un poco diferente…

—¿Qué tiene de diferente?

Incapaz de admitir que había usado a Minjae como cebo para atraer a Ryu Beomju, Garam abrió la boca, pero volvió a cerrarla sin decir nada. Al verlo guardar silencio, Minjae se recostó en la silla, como si le dijera que no insistiría.

—Mmm… si es difícil hablar de eso, olvídalo.

—Lo siento.

—No, está bien. Pero aun así…

Minjae dejó la frase en el aire y añadió una última cosa.

—Bueno, sea cual sea la razón, creo que si alguien es tan amable contigo, definitivamente hay algo más detrás.

—……

Garam intentó reflexionar sobre las acciones de Sa Muheon, pero la pregunta de Minjae llegó primero.

—Digamos que ese es el caso. Lo que me da curiosidad es: ¿qué hay de ti, hyung?

—¿Eh?

Ante la pregunta, Garam parpadeó sin comprender.

—Todavía no sabemos si esa persona gusta de ti o no… pero, aparte de eso, lo más importante son tus sentimientos, ¿no?

—Mmm…

Solo después de la pregunta de Minjae, Garam empezó a pensar otra vez en Sa Muheon.

¿Qué era lo primero que le venía a la mente cuando pensaba en él?

Curiosamente, cuando intentó recordarlo, no apareció nada.

Pero Garam no se rindió y comenzó a ordenar poco a poco sus pensamientos sobre Sa Muheon.

Sa Muheon era una persona amable.

La primera palabra que acudía a la mente de Garam cuando pensaba en él era amabilidad.

Por supuesto, la mayoría de las personas se burlaban o dudaban cuando Garam afirmaba que Sa Muheon era amable. Pero, para Garam, si Sa Muheon no era amable, entonces nadie en el mundo podía ser considerado amable.

Si Sa Muheon hubiera sido una persona fría, ni siquiera habría considerado dejarlo entrar en su casa desde el principio. Podría haber asignado fácilmente a alguien para vigilarlo desde lejos en lugar de mantenerlo cerca.

No solo eso. No se limitó a llevarlo a su casa, sino que también le proporcionó todo lo que necesitaba.

Sin él, Garam probablemente habría quedado encerrado en casa sin hacer nada, todavía con una licencia temporal en la universidad. Pero gracias a la amabilidad de Sa Muheon, pudo volver a asistir a clases.

¿Qué más había?

Garam pensó durante un rato más, pero lo que le venía a la mente eran descripciones similares.

Era amable y una buena persona.

Si algo más destacaba, era que Sa Muheon era un poco mayor que él, tenía un rostro sorprendentemente bonito para alguien con una profesión tan peligrosa, era un cambiaformas serpiente y contaba con un trasfondo inusual como graduado de Derecho.

—Bueno, es una buena persona.

—¿Eso es todo?

—Amable, una buena persona. ¿Y listo y bonito?

Aunque muchos pensamientos habían cruzado por su mente, al final se reducían a eso.

Al escuchar la respuesta de Garam, Minjae entrecerró un ojo.

—Está bien, pero ¿qué pasaría si esa persona amable y buena te dice que le gustas?

—Mmm…

Ante esas palabras, Garam se detuvo a pensar.

La idea de que Sa Muheon le confesara sus sentimientos no parecía realista.

Aun así, se obligó a imaginarlo.

Recordó una noche en particular, cuando Sa Muheon lo había besado en la mejilla. Aunque en ese momento Garam estaba en su forma de ardilla, el hecho de que Sa Muheon le hubiera besado la mejilla no cambiaba.

En cuanto ese recuerdo resurgió, también lo hizo el tono suave y tierno que Sa Muheon usaba cuando lo llamaba.

Si Sa Muheon le confesara sus sentimientos con esa voz…

—Hyung.

—¿Eh?

Sobresaltado por la voz de Minjae, Garam volvió de golpe a la realidad y levantó la mirada. Minjae sacudió ligeramente la cabeza y volvió a hablar.

—Hyung, tienes la cara muy roja ahora mismo.

—Oh…

Garam levantó instintivamente una mano para tocarse el rostro. Bajo la palma, podía sentir el calor que irradiaba su piel. Darse cuenta de ello solo lo hizo sentirse más cohibido. Bajó la cabeza, cubriéndose la cara con ambas manos.

—Olvídalo. No necesito una respuesta.

—Lo siento…

—No tienes por qué disculparte.

Minjae soltó una risa y terminó rápidamente la bebida frente a él. El hielo restante tintineó contra el vaso.

—Bueno, al menos no parece que no sientas nada por él.

—No, no es eso…

Garam no podía admitir que había estado pensando en la vez que Sa Muheon lo besó. Incluso empezaba a sentirse confundido por el motivo de su propia turbación.

¿Era porque había recordado el momento en que Sa Muheon lo besó?

¿O porque lo había imaginado confesándole sus sentimientos?

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