Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 71

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—

Los dedos que se movían con rapidez sobre el teclado finalmente se detuvieron.

—Se acabó…

Dejando escapar aquellas palabras como un suspiro, Garam estiró el cuerpo. Después de guardar cuidadosamente todo su trabajo, tal como nunca olvidaba hacer, se levantó de la silla con el ánimo ligero.

Como se había perdido los exámenes parciales debido al largo periodo de recuperación, Garam tuvo que sustituirlos por una gran cantidad de trabajos y reportes, tal como ya le habían informado. Aunque aquellas dos semanas habían sido duras, entre tareas y entregas, sentía un inmenso alivio al saber que por fin todo estaba llegando a su fin.

Como los exámenes no podían reemplazarse con ayuda de nadie más, Garam pasó innumerables noches sin dormir y hasta sacrificó la hora de las comidas con tal de terminar todo el trabajo.

Durante ese tiempo, Sa Muheon, que lo había estado vigilando de cerca, terminó llevándolo aparte para darle una seria reprimenda.

—¿Cuánto tiempo llevas recuperándote? ¿Y ya estás exigiéndote así otra vez? ¿Intentas volver a estresarte?

Garam le lanzó una mirada de disgusto, pero Sa Muheon no era alguien que cediera con facilidad. Con los brazos cruzados, tenía una expresión que dejaba claro que no pensaba dejar pasar el asunto.

Al final, Garam terminó prometiendo que dejaría de sacrificar horas de sueño y que comería adecuadamente.

A pesar de aquella pequeña discusión, consiguió terminar todo lo que tenía pendiente.

La sensación de logro era tan intensa que lo envolvía por completo con una profunda satisfacción.

—Ugh…

Dejándose caer sobre la cama, sintió cómo el cálido edredón envolvía su cuerpo.

Permaneció inmóvil un rato antes de extender la mano para tomar el teléfono.

—¿Dónde está…?

Incluso después de volver a la universidad, había estado tan ocupado que había ido posponiendo todos sus compromisos, diciendo que los atendería más adelante mientras no fueran urgentes.

Ahora que ya había terminado todo lo importante, era momento de ponerse al día con todos aquellos mensajes pendientes.

Garam recibía mensajes no solo de sus amigos, sino también de estudiantes de cursos superiores e inferiores.

Sin embargo, el primero que llamó su atención fue uno de Minjae.

[Hyung, cuando termines tus trabajos, ¡vamos a comer juntos! ¡Yo invito!]

Minjae siempre le había tomado un cariño especial, y a Garam no le desagradaba en absoluto la manera en que el chico lo trataba como a un hermano mayor.

Por eso, a pesar de tener muchos otros mensajes por responder, contestó primero el suyo.

[Ya terminé todo lo urgente.]

[¿Tienes tiempo para almorzar mañana?]

Después de enviar el mensaje, dejó el teléfono a un lado y cruzó las manos sobre el estómago.

Mientras permanecía acostado mirando el techo, con solo los ojos parpadeando distraídamente, el teléfono vibró al cabo de un rato.

Estiró el brazo para alcanzarlo y enseguida vio la respuesta de Minjae.

[¿En serio? ¿Ya terminaste?]

[¡Mañana al mediodía me viene perfecto!]

[¿Nos vemos cerca de la puerta trasera?]

Al leer los mensajes consecutivos, Garam no pudo evitar sonreír.

Le respondió y añadió un emoji de una ardilla saludando con la mano.

—Ugh…

Todavía tumbado en la cama, al poco rato sintió ganas de levantarse.

Ahora que había terminado con todos los asuntos urgentes, pensó que sería agradable descansar leyendo un rato.

Aunque la montaña de tareas ya había desaparecido, aún quería aprovechar al máximo su tiempo libre.

Después de haber pasado tanto tiempo convertido en una ardilla, Garam había aprendido a valorar el simple hecho de poder disponer de tiempo para hacer lo que quisiera.

Normalmente no se exigía tanto, pero últimamente había sentido un fuerte deseo de cumplir todo aquello que se proponía.

Y, efectivamente, había logrado completar cada uno de sus objetivos.

Aquellos logros también tuvieron un efecto positivo sobre él.

Mientras permanecía atrapado en su forma de ardilla, incapaz de hacer las cosas libremente e incluso de expresar sus pensamientos, había acumulado mucha frustración.

Ahora, en cambio, sentía que podía enfrentarse a cualquier cosa, y eso aliviaba gran parte del estrés que había cargado durante todo ese tiempo.

—Debería empezar este…

Era un libro que había tomado prestado para su clase de Historia del Arte.

Garam nunca había sentido un interés especial por el arte, pero un amigo cercano lo había convencido de inscribirse después de decirle que era una asignatura muy entretenida.

Y, tal como le había prometido, las clases se desarrollaban en un ambiente relajado.

Aunque no tenía ningún conocimiento previo sobre arte, las disfrutaba bastante.

Precisamente por eso, por primera vez había pedido prestado en la biblioteca un libro relacionado con la historia del arte.

Era ese mismo libro.

Encontró la página donde se había quedado unos días atrás y retomó la lectura.

Después de pasar varias páginas, apareció una pintura que representaba a dos amantes acostados uno junto al otro.

Sin pensar demasiado, sintió cómo sus mejillas se teñían ligeramente de rojo mientras continuaba leyendo.

No era la pintura en sí lo que había provocado aquella reacción, sino el vívido recuerdo que había despertado.

—Ah…

Al notar que el rostro le ardía, comenzó a abanicarlo con la mano.

Siempre que recordaba haber despertado desnudo entre los brazos de Sa Muheon, no podía evitar sonrojarse.

Aunque había sido una situación inevitable, la vergüenza seguía allí.

Por mucho que hubiera sido algo imposible de evitar, el bochorno no desaparecía tan fácilmente.

Al menos, encontraba cierto consuelo en pensar que los recuerdos se iban desvaneciendo con el tiempo.

Aquella escena tan vergonzosa acabaría por hacerse más lejana y, algún día, podría recordarla sin sentir que el rostro le ardía.

Eso hacía más fácil soportarlo por ahora.

—Sí. De verdad fue una situación inevitable.

Garam murmuró para sí mismo.

Después de todo, incluso Sa Muheon había dicho lo mismo.

Y si Sa Muheon lo decía, entonces debía ser cierto.

Al poco tiempo, sus pensamientos volvieron a dirigirse hacia Sa Muheon.

Una sonrisa apareció de manera natural en sus labios.

Últimamente, todo lo que hacía Sa Muheon terminaba haciéndolo reír.

No era que hiciera nada específicamente para divertirlo.

Simplemente parecía no tener la menor idea de cómo debía tratarlo ahora.

No era frío con él.

Al contrario.

Era excesivamente cariñoso.

Y precisamente por eso su comportamiento le resultaba tan gracioso.

Parecía como si Sa Muheon fuera completamente incapaz de controlar cuánto afecto le demostraba.

Desde la perspectiva de Garam, Sa Muheon siempre había sido una persona bastante afectuosa.

Sin embargo, durante el tiempo en que él había vivido como una ardilla, ese cariño no había hecho más que aumentar.

Cuando se conocieron, Sa Muheon ya actuaba de esa manera.

Y era comprensible, hasta cierto punto, que una pequeña ardilla pareciera tan frágil comparada con un ser humano y despertara en él ese deseo de protegerla.

Pero ahora Garam ya no era aquella diminuta ardilla que cabía en la palma de su mano.

Era un hombre sano de veintiún años.

Y, aun así, Sa Muheon seguía tratándolo con un cuidado extremo, como si pudiera salir volando o romperse con el menor contacto.

—…De verdad es una persona muy curiosa.

Garam murmuró para sí mismo antes de echarse a reír otra vez.

Solo con pensar en él, las ganas de seguir leyendo desaparecieron.

Simplemente, aquel no parecía ser el día adecuado para hacerlo.

Al final, cerró el libro y apoyó la barbilla sobre una mano mientras seguía sumido en sus pensamientos.

A veces, la actitud de Sa Muheon resultaba un poco abrumadora.

Pero no era algo que le disgustara.

De hecho, si tuviera que elegir, le gustaba.

Definitivamente era algo positivo.

Las acciones de Sa Muheon solían hacerlo sonreír, y verlo tan perdido intentando averiguar cuál era la mejor manera de tratarlo hacía que el corazón de Garam se acelerara ligeramente.

A lo largo de su vida, Garam había recibido cariño de muchas personas.

Desde el amor de sus padres cuando era muy pequeño, pasando por el afecto con el que su abuela lo había criado, hasta las innumerables muestras de bondad y cariño que había recibido de quienes lo rodeaban.

Todo eso le había permitido seguir adelante.

Quizá por eso estaba acostumbrado a recibir afecto.

No lo rechazaba.

Lo aceptaba con naturalidad y gratitud.

Sin embargo, el cariño que Sa Muheon le brindaba era distinto.

Era algo completamente nuevo.

—Me pregunto por qué…

Murmuró mientras apoyaba una mejilla sobre el escritorio.

Su mirada terminó posándose sobre el peluche de ardilla que Sa Muheon le había regalado días atrás y que descansaba en una esquina del escritorio.

Lo tomó entre las manos y, con delicadeza, le dio un suave golpecito en la mejilla.

Era exactamente el mismo gesto ligero y despreocupado que Sa Muheon había hecho una vez con la mano de Garam.

—De verdad… qué persona tan curiosa…

Garam volvió a reír mientras contemplaba al pequeño peluche sonriente.

Solo Sa Muheon sería capaz de regalarle un peluche tan adorable a un hombre adulto.

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