Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 61
Desde aquel día, Sa Muheon tenía que luchar todos los días contra las preguntas que no dejaban de surgir en su mente.
De todas ellas, había una que aparecía con más frecuencia y que seguía sin respuesta: ¿por qué había tocado aquella cola, aun sabiendo que no era una ardilla de verdad, sino un cambiaformas?
Sa Muheon se arrepentía y reflexionaba sobre lo que había hecho ese día, pero seguía sin encontrar una explicación para aquella acción. Al final, incluso empezó a sospechar que, en ese instante, había perdido la razón por un momento.
—El problema es…
Sí. El problema era él mismo. Lo que había hecho aquel día ya era un problema, pero lo que vino después en sus pensamientos era aún peor.
Sa Muheon estaba profundamente conmocionado por haber tocado impulsivamente la cola de un cambiaformas adulto, no la de un niño. Por mucho que ese chico pareciera una ardilla, seguía siendo un cambiaformas. No podía creer que hubiera hecho algo tan impropio, sobre todo porque ya no tenía una edad como para ignorar lo que implicaba tocar la cola de otro cambiaformas adulto.
Y, sin embargo, desde aquel día… o, siendo sincero, incluso desde antes… el mayor problema era que encontraba a Garam insoportablemente adorable.
Por supuesto, su apariencia exterior era la de una ardilla, pero en esencia seguía siendo un cambiaformas.
Si él fuera un humano común y el otro una ardilla cualquiera, quizá sería distinto. Pero tanto Sa Muheon como Kang Garam eran cambiaformas, así que ¿era correcto que le pareciera tan adorable hasta ese punto? Aquella pregunta lo llevaba a cuestionarse desde la raíz.
Considerar adorable a otro cambiaformas, salvo que fuera un niño o alguien con quien se mantuviera una relación romántica, era algo extremadamente… inapropiado. Era casi como verlo no como una persona, sino únicamente como un animal.
Sa Muheon era plenamente consciente de que lo que sentía por Garam era extraño. Sin embargo, podía jurar que no lo estaba tratando simplemente como a un animal. Estaba dispuesto a apostar todo por esa afirmación.
Pero aquello tampoco solucionaba nada. Si no veía a Garam únicamente como un animal… ¿significaba entonces que lo veía como una posible pareja?
Perdido en sus pensamientos, Sa Muheon dejó caer la cabeza contra el escritorio.
¡Golpe!
El sonido sordo resonó en la oficina. Jang Seokgyu, que estaba frente al escritorio entregándole un informe y había presenciado toda aquella escena tan vergonzosa, habló con cautela.
—¿Seguro que no te pasa… algo?
—…Olvídalo. No te preocupes por eso.
Sa Muheon levantó la cabeza como si nada hubiera ocurrido, pero esta vez Jang Seokgyu no estaba dispuesto a dejarlo pasar tan fácilmente.
—¿Cómo no voy a preocuparme? Últimamente no haces más que comportarte de forma extraña.
Mientras hablaba, señaló con la barbilla el teléfono que había sobre el escritorio de Sa Muheon.
—Dijiste que hoy por fin ibas a salir del dormitorio, así que solo traje los documentos que requerían atención inmediata. Pero si al final lo único que vas a hacer es quedarte mirando eso, ¿para qué saliste?
—……
Sa Muheon no pudo responder.
Aun así, tampoco era capaz de apartar la vista del teléfono.
En la pantalla aparecían las imágenes de las cámaras instaladas por toda la casa. La más grande mostraba la cámara colocada frente al sofá, donde una pequeña ardilla permanecía sentada tranquilamente.
La ardilla, que había estado comiendo en silencio, terminó su porción y se levantó sin dudar. Bajó de un salto del sofá y comenzó a correr en círculos por la sala, como si estuviera dando vueltas en una pista de atletismo.
—Mmm…
Sa Muheon observaba la escena con una expresión completamente seria.
A su lado, Jang Seokgyu soltó un suspiro.
—No es un niño. Ya es un adulto hecho y derecho. Es universitario y mayor de edad. ¿Qué es exactamente lo que tanto te preocupa?
—……
Era una observación certera.
Sa Muheon no tenía cómo refutarla.
Todo lo que Jang Seokgyu decía era cierto, pero aun así sentía ganas de discutir.
¿Adulto hecho y derecho? ¿De verdad alguien podía decir que esa cosita tan pequeña estaba completamente desarrollada? Además, aunque fuera mayor de edad, solo tenía veintiún años. Era un chico once años menor que él.
Y lo que más inquietaba a Sa Muheon era darse cuenta de que, incluso sabiendo que Garam era un cambiaformas, seguía encontrando todas esas conductas terriblemente adorables.
Al principio había desconfiado de él, pero a esas alturas ya estaba casi demostrado que Garam había sufrido una injusticia por culpa de Ryu Beomju.
Sin embargo, la naturaleza de Sa Muheon no le permitía confiar plenamente en él.
Y, aun dejando eso de lado, seguía sin poder evitar que aquel pequeño y joven cambiaformas ardilla le pareciera irresistible. Cada vez que lo contemplaba con una mirada cálida, terminaba pensando que había perdido el juicio y acababa golpeándose la cabeza de frustración.
Su mirada descendió hasta la mano apoyada sobre el escritorio.
Más exactamente, hasta el dedo que Garam le había mordido con sus diminutos dientes hacía poco.
Era una herida tan pequeña que ya no le producía ninguna molestia, pero las leves marcas de los dientes seguían visibles.
Mientras observaba aquellas pequeñas huellas, una sonrisa apareció sin darse cuenta en sus labios.
Al verlo sonreír de repente sin decir una palabra, Jang Seokgyu habló con cautela.
—No será que… ¿es por eso?
Aunque la pregunta era vaga, Sa Muheon comprendió de inmediato a qué se refería.
¿Acaso estaba empezando a considerar a Garam como una posible pareja?
Chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
—No. ¿Sabes siquiera cuántos años tiene?
—Veintiuno, ¿no?
—Exacto. Veintiuno.
Sa Muheon levantó la vista hacia Jang Seokgyu con una expresión que parecía preguntar: ¿Qué demonios estás diciendo?
Jang Seokgyu simplemente se encogió de hombros.
—Como dije antes, podrá ser joven, pero es un adulto que ya sabe todo lo que tiene que saber. Además, entre los cambiaformas no es raro que existan parejas o matrimonios con bastante diferencia de edad.
—……
No era algo inusual.
Pero Sa Muheon estaba completamente seguro de que no veía a Garam de esa manera.
—No digo que no ocurra, pero de verdad no es eso. Es solo un niño… y, sinceramente, ¿no te parece un poco adorable?
—¿Y por eso gritaste de aquella forma?
—¿Yo grité?
Sa Muheon parpadeó, como si fuera la primera vez que escuchaba aquello.
—Sí. El día que fui a visitarte hace unos días.
—Ah… ese día.
Era precisamente el día en que había tocado la cola de Garam.
Asintiendo, Sa Muheon le indicó que continuara.
—¿Sabes el susto que me llevé ese día?
Como Sa Muheon solo lo miraba sin responder, Jang Seokgyu suspiró y empezó a contar la historia, como si llevara tiempo esperando la oportunidad.
—En cuanto abrí la puerta, algo salió disparado hacia mí. Y entonces tú, director, empezaste a gritar desde dentro que lo atrapara. Así que cerré la puerta, pero, en vez de intentar escapar, esa cosita empezó a treparme por todo el cuerpo…
—Mmm…
—Y luego apareciste tú con una cara que parecía la de un demonio, suspirando y chasqueando la lengua. Esa cosita estaba temblando tanto que parecía que iba a romperse.
Sa Muheon no tenía la menor idea de que hubiera ocurrido algo así.
—…¿Estaba temblando?
—Sí. Se veía tan lamentable que simplemente lo bajé al suelo y lo seguí de vuelta al interior.
—……
Solo entonces Sa Muheon empezó a reflexionar sobre lo sucedido.
Con retraso comprendió que algo que para él había sido un incidente sin importancia podía haber resultado una experiencia profundamente aterradora para un pequeño cambiaformas con apariencia de ardilla.
Invadido por una repentina vergüenza, dejó escapar un suspiro y se recostó en el respaldo de la silla.
—No me di cuenta.
—Bueno, entiendo que te preocupara que saliera corriendo de la casa, pero…
Sa Muheon no respondió.
Era cierto que le preocupaba que Garam pudiera marcharse.
Sin embargo, mucho más importante que eso era que las palabras que Jang Seokgyu acababa de pronunciar le habían dado, inesperadamente, la pista que llevaba tanto tiempo buscando.
—Así que era por eso…
Jang Seokgyu lo miró con expresión desconcertada, pero la vista de Sa Muheon estaba perdida en la distancia, como si recordara algo.
Después de enterarse de que Garam había pasado miedo, comprendió que la respuesta al problema que tanto lo había atormentado había estado delante de él todo ese tiempo.
Desde aquel incidente, había pensado que ambos se habían reconciliado sin dificultades.
Pero quizá se había equivocado.
Garam seguía mostrándose abatido con frecuencia, incapaz de ocultar su desánimo. A veces se detenía de repente, soltaba largos suspiros o permanecía sentado sin hacer nada, completamente absorto en sus pensamientos.
Cada vez que ocurría, Sa Muheon se preguntaba qué podía estar pesando tanto sobre los hombros de aquella pequeña ardilla. Sin darse cuenta, aquella duda ocupaba buena parte de sus propios pensamientos.
En un momento dado incluso llegó a pensar que Garam estaba estresado por pasar demasiado tiempo en su pequeña forma de ardilla.
Por eso había pasado días enteros pensando qué actividades podrían hacer feliz a aquel diminuto cambiaformas.
Sin embargo, todos sus esfuerzos habían sido completamente inútiles.
Con razón el elaborado equipo de ejercicios para ardillas cambiaformas que había comprado el día anterior no había provocado la menor reacción.
Había enfocado el problema desde el principio de la forma equivocada.
—En cualquier caso, no seas demasiado duro con él. Puede parecer una ardillita, pero es más listo que la mayoría. Además, dadas las circunstancias, si sale solo de la casa podría meterse en problemas. ¿De verdad crees que aun así intentaría escaparse?
No había nada de incorrecto en el comentario ligeramente punzante de Jang Seokgyu.
Sa Muheon lo miró con sorpresa.
Aunque Jang Seokgyu solía ser amable con todo el mundo, era famoso por lo difícil que resultaba ganarse de verdad su aprobación.
Y, sin embargo, parecía que, después de pasar tiempo con Garam mientras lo protegía, había terminado tomándole cariño.
Tanto, que ahora estaba poniéndose de parte de Garam mientras criticaba sutilmente a su propio jefe.