Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 62

  1. Home
  2. All novels
  3. Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar
  4. Capítulo 62
Prev
Next
Novel Info

—¿Desde cuándo se hicieron tan cercanos como para que te pongas de su lado?

Jang Seokgyu se encogió de hombros antes de responder.

—Como dijo usted, director, todavía es joven. No tiene un tutor que realmente lo cuide… Yo también soy humano; es normal que me preocupe.

—…Mmm.

Sa Muheon asintió en silencio. No había ningún fallo en ese razonamiento.

—Hablando de eso, sobre el asunto que dije que le informaría hoy.

—Ah.

Al ver que Sa Muheon mostraba interés, Jang Seokgyu le entregó el expediente que había estado sosteniendo, como si hubiera estado esperando ese momento.

—Tal como mencionó, aparecer con frecuencia parece haber dado resultado. Han visto a esos tipos rondando bastante la Universidad de Corea. ¿Recuerda que hace poco atrapamos a unas personas tomando fotografías?

—Sí.

Cuando Sa Muheon respondió, Jang Seokgyu continuó.

—Bueno, parece que ese chico ha empezado a inquietarse porque lleva varias semanas sin poder ir a clases debido a todos estos incidentes.

—¿De verdad?

—Por si acaso, coloqué a varias personas vigilando la zona. Al principio solo había unos cuantos individuos con cámaras merodeando, pero todos desaparecieron. Ahora hay un vehículo sospechoso dando vueltas cerca de la Universidad de Corea.

—Mmm…

Sa Muheon examinó los documentos que le habían entregado. En ellos había varias fotografías de una furgoneta que, a simple vista, resultaba claramente sospechosa. Los cristales completamente polarizados transmitían una sensación de peligro.

—¿Se desesperaron porque hemos estado apareciendo y desapareciendo de su vista?

—Ya acumularon deudas usando su nombre, así que probablemente estén nerviosos pensando que podríamos descubrirlo.

—Mmm…

Mientras Jang Seokgyu hablaba, Sa Muheon mantuvo la vista fija en los documentos. Sus dedos golpeaban suavemente el borde de las hojas.

Después de pensar unos instantes, pasó a la siguiente página del expediente.

—…Ja.

—También iba a mencionarle eso…

Al encontrarse con un rostro familiar, Sa Muheon dejó escapar una risa baja. Al notar que el ceño de su jefe se fruncía aún más, Jang Seokgyu habló con cautela.

—Parece que ya no hace falta explicarlo.

Sa Muheon soltó una breve carcajada y dejó caer el expediente sobre el escritorio.

—Así que Samujin realmente estaba implicado.

—Según las fotografías, se ha estado reuniendo directamente con el director Hong. Los han visto juntos varias veces últimamente, así que su relación podría ser más estrecha de lo que imaginábamos.

—Ja…

Un dolor de cabeza pareció latir en las sienes de Sa Muheon.

Sin embargo, ahora que veía las pruebas con sus propios ojos, sintió cierto alivio.

Por mucho que fingiera no importarle o incluso despreciara a los de su misma sangre, Sa Muheon seguía siendo un cambiaformas serpiente. Haber sospechado de un miembro de su propio linaje le había resultado incómodo, pero contemplar pruebas irrefutables disipó hasta el último rastro de culpa que había sentido.

—…¿Qué hacemos?

Jang Seokgyu preguntó con cautela al ver a Sa Muheon guardar silencio.

Él no tardó en responder.

—¿Cómo que qué hacemos? Ya está claro que existe una conexión. Investiga más a fondo.

—Sí, entendido.

Jang Seokgyu asintió sin objetar.

En ese momento, la mirada de Sa Muheon se desplazó hacia el teléfono que descansaba sobre el escritorio.

En cuanto comprobó la pantalla, se puso de pie de inmediato.

—¿Ya se va?

—Sí.

Respondió brevemente a la pregunta curiosa mientras tomaba su chaqueta.

Un instante antes, la imagen de aquella pequeña ardilla suspirando había cruzado por su mente.

Después de todo, los asuntos relacionados con Samujin o Ryu Beomju no podían resolverse de inmediato. Ya había encargado a Jang Seokgyu que profundizara en la investigación, así que el resto quedaba en sus manos.

Lo único que Sa Muheon podía hacer ahora era consolar a la ardilla que lo esperaba en casa y que no dejaba de suspirar.

Pensar en todas las preocupaciones y pensamientos que debía estar cargando aquella pequeña criatura le oprimía el pecho.

—Tsk…

Un chasquido de desaprobación escapó de sus labios.

Si aquel día simplemente hubieran hablado las cosas, nada de esto habría sucedido.

Aunque la forma de ardilla era adorable, el hecho de no poder comunicarse libremente con él empezaba a resultarle desesperante.

—Ojalá vuelva pronto a su forma normal…

Incluso durante el trayecto de regreso, los pensamientos de Sa Muheon siguieron girando alrededor de Garam.

Deseaba con todas sus fuerzas que aquella pequeña ardilla recuperara cuanto antes su forma humana para poder volver a ver aquella brillante sonrisa.

Perdido en esos pensamientos, llegó a casa antes de darse cuenta.

Bajó del coche con más prisa de la habitual.

Aunque había estado inquieto durante todo el camino, al llegar a la puerta principal hizo una pausa para respirar profundamente.

Cuando logró calmar un poco su mente, abrió la cerradura.

En cuanto abrió la puerta, oyó el sonido de unas pequeñas patas corriendo desde la sala.

—¡Chii!

Sa Muheon no pudo evitar soltar una carcajada al ver a la pequeña ardilla correr hacia él para recibirlo.

Notó que Garam inclinaba la cabeza, desconcertado, pero le fue imposible dejar de reír.

¿Alguna vez alguien lo había recibido con tanta alegría?

Hasta donde alcanzaba su memoria, nunca.

Aquella ardilla le estaba regalando una experiencia completamente nueva.

La pequeña criatura permaneció a cierta distancia, mirándolo con curiosidad.

Mientras la observaba, Sa Muheon pensó:

Sí… esta distancia está bien, por ahora.

Lo mejor era mantener ese espacio.

Ni acercarse más…

Ni alejarse.

Quizá, con un poco más de tiempo, lograría aclarar sus propios sentimientos.

—

Escondido detrás de la esquina del sofá, Garam observaba al hombre sentado en él sin emitir el más mínimo sonido, ni siquiera un leve chillido.

Recostado cómodamente con un libro en una mano, Sa Muheon parecía completamente ajeno a la mirada de Garam.

Sus ojos permanecían fijos en las páginas, y el ocasional sonido al pasar una hoja demostraba lo concentrado que estaba en la lectura.

—…

Aunque era evidente que Sa Muheon estaba absorto en su libro, la mirada de Garam no se apartaba de él.

No tenía nada de extraño que alguien pasara un día libre leyendo tranquilamente en el sofá de la sala.

El problema era que quien lo hacía era Sa Muheon.

Incluso ahora parecía no darse cuenta de que Garam no dejaba de observarlo.

Garam esperó con paciencia, confiando en que en algún momento Sa Muheon levantaría la vista hacia él.

Pero sus ojos siguieron pegados al libro, como si estuvieran adheridos a las páginas.

Al final, fue Garam quien se rindió primero.

—Uf…

Retrocediendo hasta quedar oculto tras el sofá para que Sa Muheon no pudiera verlo, se dejó resbalar hasta sentarse en el suelo, apoyando la espalda contra el mueble mientras soltaba un largo suspiro.

No hacía mucho, Sa Muheon había salido de casa por un asunto urgente en la oficina.

Cuando regresó, se echó a reír en cuanto vio a Garam.

Desconcertado, Garam se puso de pie y se revisó cuidadosamente de arriba abajo, preguntándose si tenía algo extraño.

Pero no encontró absolutamente nada.

Sin embargo, Sa Muheon siguió riéndose durante un buen rato.

Al final, solo le dio unas suaves palmaditas en la nuca antes de entrar en su dormitorio, dejando a Garam inclinado la cabeza, confundido, mientras esperaba a que volviera a salir.

Y fue precisamente ese día cuando todo cambió.

El día en que Sa Muheon empezó a comportarse de forma extraña.

Después del incidente en el que había tocado su cola, la frecuencia con la que Sa Muheon lo acariciaba ya había disminuido considerablemente.

Garam lo entendía.

Después de algo así, hasta para él habría sido incómodo fingir que no había pasado nada.

En ese momento no tenía ninguna queja y tampoco le parecía que el comportamiento de Sa Muheon fuera particularmente extraño.

Pero después de aquel día…

Sa Muheon cambió por completo.

Era como si creyera que tocar a Garam fuera a provocar una catástrofe.

Hasta entonces había acariciado libremente todo su cuerpo, salvo la cola y las orejas.

Sin embargo, de repente actuaba como si jamás hubiera puesto una mano sobre él.

Era un cambio demasiado brusco para alguien que antes le hacía cosquillas en el vientre o le acariciaba suavemente la espalda hasta que se quedaba dormido.

Claro que Sa Muheon actuara con cautela no era necesariamente algo malo para Garam.

Pero aquella cautela parecía excesiva.

Tan exagerada que Garam no podía evitar preguntarse qué había provocado un cambio tan drástico en su actitud.

—Chii…

«¿Por qué está actuando así de repente?»

Una parte de Garam deseaba poder meterse en la mente de Sa Muheon y averiguar qué estaba pensando, revisar cada rincón de sus pensamientos.

Pero aquello no era más que un deseo imposible.

—Uf…

Otro suspiro frustrado escapó de sus labios.

—¿Qué pasa?

—¡Chii!

En ese instante, una sombra cayó sobre su cabeza.

Tan absorto estaba en sus pensamientos que Garam no había notado que Sa Muheon se había acercado.

Ahora el hombre estaba inclinado sobre él, asomando la cabeza para mirarlo.

Sobresaltado, Garam soltó un chillido y dio un salto.

Sa Muheon simplemente sonrió y le tendió una mano.

—¿Por qué te asustas tanto?

Era la misma mano que Garam había mordido hacía poco.

Instintivamente, su mirada se dirigió al dedo donde había dejado las marcas de sus dientes.

Pero la herida había sido tan pequeña que ya había sanado por completo, sin dejar el menor rastro.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first