Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 44

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—

Garam tomó una decisión.

Lo había estado posponiendo hasta ahora, pero ese día tenía que hablar con Sa Muheon sobre conseguir un trabajo de medio tiempo.

El dinero que quedaba en la cuenta de Garam apenas alcanzaba para una semana.

Al recordar el saldo que había revisado antes, el rostro descarado de Ryu Beomju también apareció en su mente, y apretó los dientes sin darse cuenta. Sin duda era una de las artimañas de Ryu Beomju, pero al no tener una forma de probarlo de inmediato, Garam se sentía frustrado.

Ryu Beomju no solo le había cargado una enorme deuda de mil millones de wones que Garam ni siquiera había visto jamás, sino que además planeaba presentarlo a Sa Muheon. Garam no tenía idea de qué pasaba por su mente, ni tampoco le importaba averiguarlo.

Tal como Sa Muheon había mencionado que usaría a Garam para deshacerse de Ryu Beomju, quizá Ryu Beomju también pensaba usar a Garam de una forma similar. Normalmente, Garam se habría aterrorizado al darse cuenta de algo así, pero esta vez era diferente. Con Sa Muheon como protector firme, el miedo de Garam hacia Ryu Beomju había disminuido. Además, confiaba en que Sa Muheon demostraría que Garam no tenía nada que ver con aquella deuda de mil millones de wones.

Por ahora, lo que más asustaba a Garam era el saldo cada vez menor de su cuenta bancaria.

Si Sa Muheon no le daba permiso de inmediato, Garam tendría que convencerlo de algún modo; pero incluso pensar en persuadirlo dejaba claro que el tiempo ya era escaso.

Desde que salió de casa por la mañana y durante todas sus clases en la universidad, la mente de Garam estuvo ocupada pensando en cómo sacar el tema con Sa Muheon. Los mismos pensamientos lo acompañaron de camino a casa. Con la conversación pendiente cada vez más cerca, Garam no pudo ocultar su nerviosismo.

Incluso Jang Seokgyu, que rara vez hablaba sin necesidad, miró el comportamiento inusual de Garam y rompió el silencio con cautela.

—¿Pasa algo?

—¿Eh?

Perdido en sus pensamientos mientras miraba por la ventana, Garam se sobresaltó y giró la cabeza hacia Jang Seokgyu, que estaba en el asiento del conductor.

—Hoy parece que tienes muchas cosas en la cabeza.

Jang Seokgyu sonrió mientras continuaba.

—Llevas un rato viéndote un poco ansioso.

—Ah…

Al darse cuenta de que sus sentimientos habían sido tan evidentes, Garam se sintió avergonzado. Sin notar que sus orejas se enrojecían, bajó la cabeza y vaciló brevemente.

Si Jang Seokgyu había notado que algo andaba mal, entonces Sa Muheon probablemente ya lo sabía también.

En ese caso, quizá sería mejor dejar de ocultar sus preocupaciones y pedirle consejo a alguien cercano a Sa Muheon.

Tras tomar una decisión, Garam levantó la vista y le preguntó a Jang Seokgyu, que seguía conduciendo:

—¿Puedo preguntarle algo?

—Si es algo que pueda responder, claro.

—Bueno…

Garam decidió contarle honestamente su situación.

—…Así que me gustaría conseguir un trabajo de medio tiempo. ¿Cree que Sa Muheon lo permitirá?

—Mmm…

Jang Seokgyu, que había estado asintiendo atentamente mientras lo escuchaba, sonrió con algo de incomodidad ante la última pregunta de Garam. En vez de darle una respuesta directa, le hizo otra pregunta.

—¿Aún no le has dicho nada de esto?

—No.

Cuando Garam asintió, Jang Seokgyu guardó silencio por un momento. Sabiendo que no debía interrumpir a alguien que estaba conduciendo, Garam esperó pacientemente su respuesta.

—Bueno… He trabajado con él durante bastante tiempo, pero esto es la primera vez…

—Ah…

—Y como tampoco sé todo lo que pasa por su mente, es todavía más difícil darte una respuesta clara.

Al escuchar eso, Garam no pudo ocultar su decepción. Había esperado recibir algún consejo útil de alguien que conocía bien a Sa Muheon, pero la respuesta de Jang Seokgyu fue vaga.

—Aun así, creo que lo mejor sería hablar directamente con él.

—…¿Estará bien?

—Por supuesto. Aunque no lo parezca, en realidad es bastante amable.

Animado por las palabras confiadas de Jang Seokgyu, Garam asintió sin dudar.

Después de todo, Sa Muheon sí parecía amable.

Había sido amable cuando confundió a Garam con una ardilla, y también después de descubrir la verdad de que era un cambiaformas. Técnicamente hablando, Garam lo había engañado, pero Sa Muheon no lo había regañado e incluso le había permitido quedarse en su casa, además de asignar a Jang Seokgyu para que cuidara de él.

Al ver que Garam asentía con tanta facilidad, Jang Seokgyu pareció desconcertado, a pesar de haber sido él mismo quien había dicho que Sa Muheon era amable.

—…¿De verdad piensas eso?

—¿Sí? Sí.

Cuando Garam respondió con calma a la pregunta escéptica de Jang Seokgyu, vio cómo las comisuras de su boca temblaban, como si intentara contener una risa.

Garam no sabía por qué había reaccionado así, de modo que simplemente se encogió de hombros y volvió la vista hacia la ventana.

Claro, Sa Muheon era amable. Incluso ahora le había mostrado mucha amabilidad. Pero Garam también sabía que había trazado algunos límites entre ellos.

Cuando Sa Muheon había pensado que Garam era solo una ardilla, había sido todavía más amable. Todavía lo molestaba de vez en cuando, igual que antes, pero después de haber visto la forma en que Sa Muheon lo adoraba sinceramente en aquel entonces, Garam no podía evitar sentirse un poco herido por su actitud más distante de ahora.

Por supuesto, Sa Muheon no tenía ninguna obligación de ser más amable, y la amabilidad que le mostraba ahora ya era más de lo que Garam merecía. Pero, a veces, las emociones de Garam se agitaban de formas extrañas.

Perdido en sus pensamientos, Garam notó de pronto que el paisaje al otro lado de la ventana se había vuelto familiar. Parpadeó y volvió en sí.

—Mañana es fin de semana, así que nos vemos el lunes.

—De acuerdo. Gracias. Que tenga un buen fin de semana.

Inclinándose ligeramente, Garam vio cómo Jang Seokgyu reía con ganas mientras daba la vuelta al auto y se marchaba.

Después de ver el coche alejarse, Garam entró en la casa.

Últimamente, Sa Muheon regresaba tarde todas las noches, así que Garam había dejado de saludarlo por costumbre.

Pero hoy había zapatos en la entrada: los zapatos de Sa Muheon. La expresión de Garam se iluminó un poco.

Quitándose rápidamente los suyos, Garam entró y vio a Sa Muheon recostado en el sofá de la sala.

No sabía cuándo había llegado, pero Sa Muheon ya se había cambiado a ropa cómoda y estaba medio acostado con los ojos cerrados.

Pensando que estaba dormido, Garam lo observó en silencio durante un momento antes de girarse para irse.

Pero antes de que pudiera dar más de unos pasos, una voz baja lo llamó desde atrás.

—¿Ya ni siquiera vas a saludar?

—Oh.

Cuando Garam se giró, se encontró con la mirada de Sa Muheon fija en él. A pesar de que parecía haber estado dormido hasta hacía un instante, no había el menor rastro de somnolencia en los ojos de Sa Muheon.

—No intentaba evitar saludarlo… Solo pensé que estaba durmiendo.

—Ah… No estaba dormido, solo un poco cansado.

Sa Muheon presionó las yemas de sus dedos contra sus ojos y se incorporó lentamente. Se veía extremadamente agotado.

Si estaba tan cansado, ¿no sería mejor que simplemente se fuera a dormir? Sin conocer los pensamientos de Garam, Sa Muheon se acercó a él.

—No pasó nada, ¿verdad?

—No.

Cuando Garam asintió, Sa Muheon murmuró en voz baja:

—Bueno, si hubiera pasado algo, no estarías aquí ahora.

Su tono era tranquilo, como si estuvieran teniendo una conversación ordinaria, pero las palabras en sí no lo eran en absoluto. Garam se quedó inmóvil, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda, y solo pudo mirar a Sa Muheon sin responder.

Sin inmutarse, Sa Muheon caminó tranquilamente hacia la cocina, como si no se diera cuenta de lo que acababa de decir.

—Por si acaso, si algo te parece sospechoso, dímelo. En realidad, Seokgyu es bastante confiable.

—Ah…

Solo entonces Garam recordó la conversación que había tenido antes con Jang Seokgyu en el auto.

También recordó que Seokgyu había notado algo extraño en él últimamente y que probablemente se lo había informado directamente a Sa Muheon.

Parecía que Sa Muheon lo había escuchado y ahora estaba tanteando sutilmente para ver si algo andaba mal.

“Quizá sea mejor hablar directamente con él”.

El consejo que Seokgyu le había dado antes resonó en la mente de Garam. Y ese momento parecía perfecto para hablar.

Garam tragó saliva con nerviosismo mientras la tensión crecía en su interior, y abrió la boca con cuidado.

—Um…

Sa Muheon, que estaba bebiendo agua, movió los ojos hacia Garam sin girar la cabeza. Garam esperó a que terminara de beber y volvió a hablar cuando el vaso se apartó de sus labios.

—Hay algo que me gustaría preguntar.

—Adelante.

Garam comenzó a explicar lentamente su situación: cómo había manejado su vida después de que su abuela falleció, cómo recibió la casa de Ryu Beomju pero aun así tuvo que trabajar a medio tiempo para cubrir sus gastos de manutención.

—…Así que seguí trabajando a medio tiempo. Mi colegiatura está cubierta por una beca, así que eso está bien, pero aparte de haber heredado la casa, no tengo dinero extra. No podía vender la casa, así que me concentré en ganar lo suficiente para los gastos diarios con mis trabajos de medio tiempo…

—¿Por qué no puedes vender la casa?

—…Porque si pierdo también esa casa, no me quedará nada para recordar a mi abuela.

—Está bien. Entiendo. ¿Y después?

Sa Muheon, que había estado escuchando con una calma sorprendente, inclinó ligeramente la cabeza y preguntó.

—…Pero ahora los ahorros que tenía están casi agotados. Así que quería preguntar si estaría bien que volviera a conseguir un trabajo de medio tiempo.

—Mmm…

Después de que Garam terminó de hablar, Sa Muheon pareció pensarlo un momento. Pero, una vez más, en lugar de darle una respuesta, le hizo otra pregunta.

—¿Qué crees que voy a decir?

Tomado por sorpresa, Garam vaciló antes de responder con honestidad.

—No estoy seguro.

—¿De verdad?

Con un aire ligeramente divertido, Sa Muheon dio de inmediato su respuesta.

—No.

Garam había anticipado el rechazo, pero no esperaba que fuera tan inmediato y definitivo. No pudo ocultar su decepción.

Aun así, Garam no tenía más opción que convencerlo de alguna forma. De lo contrario, ni siquiera tendría dinero para comer.

—Bueno…

Justo cuando Garam abrió la boca para suplicar de nuevo, Sa Muheon lo interrumpió.

—Espera un segundo.

—…

Al ver que Garam guardaba silencio, Sa Muheon continuó hablando con calma.

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