Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 133

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No hacía mucho que había pensado en ello.

Si todo aquello no le hubiera ocurrido a Garam… si sus padres siguieran vivos y hubiera crecido sin preocupaciones…

¿Habría sido una persona diferente?

El pequeño Garam de aquella fotografía le dio una parte de la respuesta.

El niño sonreía con un brillo deslumbrante que aún conservaba cierto parecido con el Garam actual. Tenía esa ternura propia de los niños de su edad y sonreía radiante mientras miraba a sus padres.

Incluso ahora, Garam le dedicaba de vez en cuando esa misma sonrisa luminosa a Sa Muheon.

Precisamente porque conocía esa sonrisa, aquel recuerdo le resultaba tan amargo.

Ojalá hubiera podido seguir sonriendo así para siempre.

Sabiendo que aquel niño pronto perdería a sus padres, caería en una profunda tristeza y perdería temporalmente aquella luz, Sa Muheon fue incapaz de apartar la vista de la fotografía.

—La investigación de aquel entonces concluyó que el conductor del camión iba manejando bajo los efectos del alcohol. Todos los ocupantes del automóvil murieron en el acto y, supuestamente, el conductor apenas recibió un castigo porque mostró arrepentimiento.

Como el silencio de Sa Muheon se prolongaba, el jefe Han continuó explicando la información que había conseguido.

—Después del accidente, el conductor ya no pudo volver a trabajar. Sin embargo, Ryu Beomju le entregó una gran suma de dinero. Con ese dinero abrió un negocio y, desde entonces, aparentemente no volvió a tener dificultades económicas.

—Entonces… ¿por qué ahora viene a entregarse ante nosotros?

Ante la evidente confusión de Sa Muheon, el jefe Han dudó unos instantes antes de responder con gesto serio.

—…Parece que su negocio comenzó a ir mal de repente y necesitaba dinero. Según dice, escuchó que ofrecíamos una recompensa por información y vino por eso.

—Ja…

Sa Muheon dejó escapar una risa seca mientras se recostaba en el respaldo de la silla.

—Cegado por el dinero… ni siquiera sabe cuándo debería mantener la boca cerrada.

—Yo me encargaré de él.

Al escuchar aquello, Sa Muheon asintió distraídamente y volvió la vista hacia los documentos.

Aquello era algo que jamás había imaginado.

Sabía desde hacía mucho tiempo que Ryu Beomju no era precisamente una buena persona.

Pero aquello superaba con creces todo lo que había llegado a imaginar.

Incluso para alguien como Sa Muheon, que había visto innumerables atrocidades a lo largo de su vida, la verdad resultaba impactante.

Y, naturalmente, sus pensamientos se volvieron cada vez más pesados.

—¿Está pensando en decirle la verdad?

Como si hubiera adivinado sus pensamientos, el jefe Han formuló la pregunta en voz baja.

Sa Muheon respondió con sinceridad.

—Todavía no lo sé.

Era la primera vez que dudaba tanto.

Normalmente, cuando vacilaba era porque sabía cuál era la respuesta correcta, aunque no fuera la que deseaba.

Pero esta vez…

Sencillamente no sabía qué elegir.

—¿Y usted qué opina, jefe Han? ¿Cree que sería mejor decírselo?

—…

El jefe Han no respondió enseguida.

Guardó silencio durante un buen rato, como si tampoco hubiera encontrado una respuesta.

—…Creo que es un asunto demasiado complicado para que yo pueda darle una opinión.

Después de pensarlo mucho, su respuesta no difería demasiado de lo que sentía el propio Sa Muheon.

—Por ahora sigamos pensándolo. No es algo que tengamos que contarle inmediatamente.

—Sí, entendido.

Tras decir aquello, el jefe Han abandonó el despacho.

Sa Muheon permaneció solo, sumido en sus pensamientos.

El corto día de invierno pareció terminar antes de que pudiera darse cuenta.

Estuvo tan absorto pensando que solo advirtió lo oscura que estaba la oficina cuando prácticamente ya había anochecido por completo.

Chasqueó la lengua y se levantó.

Mientras lo hacía, sacó el teléfono del bolsillo interior de su chaqueta.

En la parte superior de la pantalla había un mensaje de Garam.

En lugar de responder por escrito, lo llamó directamente.

Como si hubiera estado esperando la llamada, Garam contestó después de apenas unos tonos.

—Hola, cariño. Vino una visita y por eso revisé el teléfono un poco tarde.

—Imaginé que hoy llegarías tarde, así que te escribí.

—Y yo pensando que mi pequeño me extrañaba tanto que no pudo evitar llamarme.

Cuando bromeó, escuchó la suave risa de Garam al otro lado del teléfono.

Solo oír aquella risa bastó para aliviar un poco el peso de su corazón.

Mientras caminaba lentamente por el pasillo de la oficina, siguió escuchando su voz.

—Ya voy de camino. ¿Quieres comer algo en especial?

—No se me ocurre nada. ¿Y tú? ¿Hay algo que te apetezca?

—Mmm…

Era una conversación completamente cotidiana.

Sin embargo, bastó para desenredar un poco el caos que ocupaba su mente.

Abrió la puerta del despacho y salió.

Jang Seokgyu, que aparentemente había estado esperándolo todo ese tiempo, se puso de pie enseguida.

Con una ligera señal de los ojos, Sa Muheon comenzó a caminar.

Jang Seokgyu lo siguió en silencio.

—Sí. Llegaré enseguida. Nos vemos en un rato.

—Está bien. Conduce con cuidado.

Cuando terminó la llamada, Jang Seokgyu arrancó el automóvil.

Durante todo el trayecto de regreso ninguno de los dos habló.

Quizá el jefe Han ya le había contado lo ocurrido aquel día, porque Jang Seokgyu tampoco intentó iniciar conversación.

—¿Tú qué opinas, director Jang?

De pronto, Sa Muheon pensó que quizá Jang Seokgyu podría darle una respuesta.

A diferencia del jefe Han, él veía a Garam prácticamente todos los días.

Tal vez por eso le resultaría más fácil juzgar la situación.

—…¿Se refiere a lo que informó el jefe Han?

Aunque la pregunta fue inesperada, Jang Seokgyu comprendió enseguida a qué se refería.

Cuando Sa Muheon asintió, respondió sin vacilar.

—Si yo estuviera en su lugar… creo que habría querido conocer la verdad.

—¿Entonces dices que debería contársela?

—No. Solo digo lo que yo haría si estuviera en su situación. Pero si pienso en él, basándome en todo lo que he visto hasta ahora…

Jang Seokgyu dejó la frase inconclusa.

Justo en ese momento el automóvil se detuvo ante un semáforo en rojo.

Miró a Sa Muheon por el espejo retrovisor y continuó.

—Si llega a conocer la verdad, sin duda sufrirá un gran impacto. Pero aun así… creo que será capaz de superarlo.

—…

Sa Muheon no respondió.

Jang Seokgyu tampoco pareció esperar una respuesta.

Cuando el semáforo cambió a verde, volvió a concentrarse en la conducción.

Sa Muheon también creía que Garam sería capaz de superar aquella verdad.

Aun así…

Seguía sin saber si era realmente mejor que la conociera, aunque eso significara hacerle pasar por semejante dolor.

Cuando entró en la casa, Garam corrió inmediatamente hasta la entrada para recibirlo.

Aquella imagen le recordó al primer día en que lo vio, cuando parecía una pequeña ardilla, y una sonrisa apareció en su rostro.

—¿Ya volviste?

—Sí. ¿La pasaste bien?

Sa Muheon lo atrajo hacia sí y le dio un beso en la frente.

Garam sonrió con timidez antes de devolverle el abrazo.

—No estuve jugando… Hoy tenía que estudiar unas cosas.

—¿Qué estabas estudiando?

Mientras lo llevaba de la mano hasta la sala, Sa Muheon no pudo ocultar su curiosidad.

—Pensé que sería mejor empezar desde ahora a prepararme para algunas certificaciones. Dicen que en el último año todo se vuelve un caos si intentas hacerlo de golpe.

Al llegar al sofá, Sa Muheon rodeó su cintura y lo sentó a su lado.

Como si fuera algo completamente natural, Garam apoyó cómodamente la cabeza sobre su hombro.

—Estamos de vacaciones de invierno. ¿Por qué estudias tanto?

—Es la primera vez que alguien me regaña por estudiar demasiado.

Garam respondió entre risas.

Al ver que Sa Muheon seguía observándolo fijamente, terminó explicándose con una sonrisa.

—Es que… tarde o temprano tendré que buscar trabajo. Pensé que sería mejor empezar a prepararme desde ahora.

—¿Ya estás pensando en buscar trabajo?

—¿No es mejor prepararse poco a poco? Así me siento más tranquilo…

Al ver que Sa Muheon seguía mirándolo con expresión desconcertada, Garam suspiró suavemente.

—…En realidad quería hacer un posgrado. Pero, con mi situación actual, creo que será difícil. Como el plan que tenía ya no parece posible… supongo que eso me pone un poco nervioso.

—¿Por qué iba a ser difícil hacer un posgrado?

—Porque necesito ganar dinero… ¿no?

Garam levantó la vista con una expresión que prácticamente decía: «¿No es obvio?»

Pero Sa Muheon pensaba exactamente lo contrario.

No entendía por qué su pequeña ardilla creía que tenía que ganar dinero.

Era como si un hámster que hubiera criado de repente anunciara que iba a independizarse para conseguir por sí mismo sus semillas de girasol.

—¿Por qué necesitas ganar dinero?

—Entonces… ¿de qué voy a vivir?

Los dos se quedaron mirándose, completamente desconcertados por la lógica del otro.

Sa Muheon sabía que Garam era muy independiente.

Pero no esperaba encontrarse con aquello tan de frente.

Al final soltó un pequeño suspiro y decidió cambiar de enfoque.

—Si el dinero no fuera un problema… ¿seguirías queriendo hacer un posgrado?

—Bueno…

Garam dudó unos instantes antes de responder.

Y esa vacilación ya decía mucho sobre lo que realmente deseaba.

¿Por qué le gusta tanto estudiar?

Sa Muheon era incapaz de entenderlo.

Así que decidió satisfacer por fin aquella curiosidad.

—¿Por qué quieres estudiar tanto?

—Mmm…

Garam permaneció pensativo un buen rato, intentando ordenar sus ideas y encontrar la mejor forma de explicarse.

Finalmente habló.

—…Cuando era pequeño, quería ser como mi papá.

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