Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 131

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Pero Garam negó suavemente con la cabeza.

—Condujiste hasta aquí sin siquiera dormir.

Sa Muheon no respondió.

Simplemente volvió la vista hacia el mar.

Cuando Garam se apoyó un poco más contra él, Sa Muheon le rodeó los hombros y lo atrajo todavía más cerca.

Una suave risa escapó de los labios de Garam.

Mientras contemplaba el océano apoyado contra Sa Muheon, levantó la vista hacia él y preguntó:

—¿Damos un paseo?

En lugar de responder, Sa Muheon comenzó a caminar lentamente, adaptando sus pasos al ritmo de Garam.

Caminaron uno al lado del otro hasta detenerse en medio de la playa.

—La verdad… esta es la primera vez que vuelvo a ver el mar desde que era niño.

La voz de Garam sonó casi como un susurro.

Sa Muheon no dijo nada, pero Garam podía sentir que escuchaba cada una de sus palabras.

—El día que vi el mar por primera vez…

—…

—…Al día siguiente…

—…

—…Mis padres fallecieron.

Su voz se volvió tan tenue que parecía a punto de perderse entre el sonido constante de las olas.

Aun así, Sa Muheon prestó toda su atención, decidido a no perderse ni una sola palabra.

—Pensé que volver a ver el mar me traería recuerdos felices. Pero también creía que me haría recordar el día en que mis padres murieron…

—…

—Por eso, antes de venir hoy… estaba un poco preocupado.

Garam giró la cabeza para mirarlo.

Aunque hablaba de algo doloroso, su expresión permanecía tranquila.

—Tenía miedo de que todos esos recuerdos volvieran y de que el dolor regresara conmigo… Pero ahora que estoy aquí, me di cuenta de algo.

Para entonces, la oscuridad de la madrugada casi había desaparecido.

La cálida luz del amanecer iluminaba el rostro de Garam mientras levantaba la vista hacia Sa Muheon.

Al contemplar aquella sonrisa, Sa Muheon sintió con fuerza que jamás olvidaría ese instante.

Garam tomó suavemente su mano.

Sa Muheon respondió entrelazando sus dedos con más fuerza.

—Mi abuela decía que los malos recuerdos son como las cicatrices: nunca desaparecen por completo. Pero con el tiempo también las cicatrices dejan de notarse tanto. Quizá por eso… creo que ahora ya estoy bien. Y además… ya no estoy solo.

—…

—Todavía nos esperan muchos momentos felices. Así que… de verdad creo que estaré bien.

Después de decirlo, Garam sonrió con timidez y apartó la mirada.

Permaneció unos instantes contemplando el mar para ocultar su vergüenza.

Luego volvió rápidamente la cabeza hacia Sa Muheon.

Chup.

Antes de que Sa Muheon pudiera reaccionar, Garam le dio un beso en los labios y, acto seguido, salió corriendo.

Sa Muheon observó tranquilamente cómo se alejaba y comenzó a caminar sin prisa.

Garam ya había llegado hasta el automóvil estacionado y le hacía señas con la mano.

—¡Ah… uh…!

El cuerpo de Garam se tambaleó cuando una fuerza repentina lo levantó desde atrás.

Sus piernas, debilitadas, ya no pudieron sostenerlo y terminó desplomándose hacia delante.

—Ah…

Al cambiar de postura, la parte de Sa Muheon que lo llenaba por dentro retrocedió ligeramente.

Pero solo fue un instante.

Desde atrás escuchó a Sa Muheon chasquear la lengua.

Al momento siguiente volvió a sentirse completamente lleno.

—Hik… huu…

Todo el cuerpo de Garam comenzó a temblar.

No le dolía.

Pero aquella sensación de sentirse completamente ocupado en lo más profundo le hacía pensar que algo dentro de él iba a cambiar.

—Huht… es demasiado…

—Haa… ¿Te duele?

Garam negó con la cabeza.

Tras confirmar su respuesta, Sa Muheon volvió a moverse lentamente.

Otro gemido escapó de los labios de Garam.

—Huh…

No era dolor.

Era un placer diferente al de siempre.

Mientras jadeaba, soltó poco a poco las sábanas y extendió las manos temblorosas hacia delante.

Intentó avanzar un poco para escapar.

Pero no pasó de ser un intento.

—¡Ah…!

—¿Adónde crees que vas?

Una gran mano descendió sobre la suya.

Sa Muheon la inmovilizó contra las sábanas y entrelazó sus dedos con los de Garam.

Con una mano completamente atrapada, Garam intentó usar la otra.

Pero también fue sujetada enseguida.

—Hh… ah…!

Cuando Sa Muheon volvió a inclinarse sobre él, la intensa sensación regresó de inmediato.

No era el movimiento en sí.

Era la presión que sentía en lo más profundo.

Garam contuvo el aliento.

Detrás de él escuchó el lento suspiro de Sa Muheon.

Solo ese sonido bastó para hacerle estremecer la espalda.

—Ahh… huht… espera… espera…

Aunque el ritmo apenas había cambiado, Garam alcanzó el clímax casi de inmediato.

Mientras permanecía tendido sobre la cama, temblando, intentó apartar a Sa Muheon.

Este retrocedió con cierta resignación.

Pero no se alejó del todo.

Solo le concedió un breve respiro mientras Garam jadeaba intentando recuperar el aliento.

—Hoo…

Sintiendo la intensa reacción del cuerpo de Garam, Sa Muheon apartó hacia atrás el cabello empapado de sudor.

Con el ceño ligeramente fruncido, su expresión resultaba casi feroz.

Por suerte, Garam no podía verlo.

Todavía seguía perdido en las secuelas del placer.

Ni siquiera recordaba cuántas veces había llegado ya al límite.

¿Tres?

¿Cuatro?

Intentó contarlas con la mente completamente nublada.

Pero fue incapaz.

Desde que terminó el celo de Sa Muheon, ambos habían vuelto a unirse muchas veces.

Era algo completamente natural.

Se habían conocido precisamente en el momento en que sus deseos eran más intensos.

Ninguno de los dos sintió nunca la necesidad de contener el anhelo que compartían.

Y Garam tampoco encontraba desagradable aquella intimidad.

Claro que al día siguiente todo su cuerpo terminaba resentido después de noches tan intensas.

Pero era imposible que pudiera desagradarle compartir esos momentos con la persona que amaba.

Aun así…

Estar con Sa Muheon seguía siendo abrumador.

Aunque poco a poco se había ido acostumbrando, aquello continuaba suponiendo un gran esfuerzo para su cuerpo.

Y además…

—Ah… hht… e-espera… déjame descansar…

—Pensé que ya habías descansado lo suficiente.

—No… huu… todavía no… hik…

Cuando Sa Muheon volvió a moverse lentamente, Garam enterró el rostro entre las sábanas y negó con la cabeza.

Después de tantas veces, su cuerpo se había vuelto extremadamente sensible.

Incluso el menor movimiento bastaba para hacer que el placer volviera a recorrerlo.

Como la primera vez había coincidido con el celo de Sa Muheon, Garam se había relajado antes de la segunda.

Pensó que, una vez pasado el celo, todo sería un poco más tranquilo.

Pero aquella ilusión desapareció muy pronto.

Incluso fuera del celo, Sa Muheon era alguien capaz de continuar hasta dejarlo completamente agotado.

Gracias a todas aquellas experiencias, Garam comprendió con su propio cuerpo que incluso el placer, llevado al extremo, podía convertirse en una especie de veneno.

Por supuesto, no era que le molestara sentirse tan deseado por la persona que amaba.

Pero eso no cambiaba el hecho de que, para quien lo recibía, resultara realmente agotador.

—Parece que todavía tienes tiempo para pensar en otras cosas.

—Ah… hht… no… espera un poquito…

Sa Muheon, que hasta ese momento había esperado obedientemente como Garam le había pedido, soltó una risa baja y volvió a moverse.

Garam reaccionó de inmediato e intentó llevar una mano hacia atrás.

Pero Sa Muheon no cedió.

En un instante sujetó aquello que Garam acababa de intentar proteger.

Garam retorció el cuerpo intentando escapar de la intensa sensación que volvía a envolverlo.

Pero Sa Muheon no se detuvo.

—Hhh… ¡Y-ya no puedo… hik…!

La oleada de placer volvió a crecer rápidamente.

Como si todo lo anterior jamás hubiera ocurrido, una nueva liberación estuvo a punto de alcanzarlo.

Sin embargo, justo entonces, Sa Muheon retiró la mano.

Solo faltaba un instante.

Un solo momento más habría bastado.

Aunque el placer era insoportable, detenerse justo antes de alcanzar el límite resultaba todavía más cruel.

Garam giró la cabeza y lo miró con evidente resentimiento.

Pero Sa Muheon solo se encogió de hombros con una expresión inocente, como si no entendiera el motivo de aquella queja.

—De verdad… hht… eres muy malo…

—Dijiste que estabas cansado. Por eso me detuve.

—E-eso… ah…!

La voz llena de protesta terminó convirtiéndose una vez más en un gemido.

Cuando Sa Muheon volvió a acercarse, Garam sintió cómo las fuerzas abandonaban nuevamente su cuerpo.

El placer que había quedado suspendido justo antes de desbordarse regresó con una intensidad todavía mayor.

Al mismo tiempo, Sa Muheon también parecía estar llegando a su propio límite.

Sus movimientos comenzaron a acelerarse poco a poco.

—Uuh… hng… ah…

—Ugh…

En un último movimiento, Sa Muheon inclinó el rostro hasta apoyar los labios sobre la nuca de Garam.

La mordió suavemente.

Y permaneció completamente unido a él.

—Hoo…

—Hht… ah…

Mientras Sa Muheon alcanzaba el clímax, Garam también llegó al suyo casi al mismo tiempo.

Cuando todo terminó, Sa Muheon permaneció unos instantes inmóvil antes de retirarse lentamente.

El cuerpo de Garam seguía temblando sin control.

—¿Te supo a poco?

Su voz estaba llena de diversión.

Pero Garam no sintió que estuviera bromeando.

Se volvió para mirarlo con una expresión que preguntaba si hablaba en serio.

Sa Muheon soltó una risa baja y terminó depositando un suave beso sobre su frente.

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