Una relación sin importancia - Capítulo 75

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Donghwa chasqueó la lengua y respiró profundamente. Las suaves feromonas de Woori fluyeron hacia él, refrescando su cuerpo pesado.

Sintiéndose bien, Donghwa cerró los ojos y decidió que pensaría en ello cuando despertara.

⛧⛧⛧

Una concurrida noche de fin de semana. En plena hora pico, cuando todos los lugares estaban abarrotados, un popular restaurante se encontraba vacío. Ante la insistencia de sus padres de que al menos debían celebrar una reunión formal antes de casarse, los dos llegaron al restaurante estirando sus cuerpos entumecidos.

La reunión no era más que una excusa. Mientras hablaban del matrimonio, fijaban la fecha, decidían la lista de invitados y discutían la ubicación de su nueva casa, las dos familias ya habían compartido unas diez comidas.

Quizá pensando que ya no quedaban más excusas para reunirse, los padres de ambos simplemente sonreían de oreja a oreja. Parecían orgullosos de que aquellos niños que tanto peleaban hubieran terminado enamorándose y estuvieran a punto de casarse.

Sentado frente a Woori, Kim Donghwa tragó saliva nerviosamente. Miraba de reojo a su alrededor, muy consciente del estuche con el anillo que llevaba en el bolsillo de la chaqueta. Aunque lo ideal sería proponerle matrimonio cuando estuvieran solos, teniendo en cuenta la personalidad de Wi Woori y lo mucho que le gustaba presumir su relación ante todo el mundo, hacerlo allí tampoco parecía una mala idea.

—Vaya, cada vez que los veo me parece increíble. ¿Pueden creer que estos dos se van a casar?

—Es difícil de creer, ¿verdad? Parece mentira que hayan crecido tanto.

—Parece que fue ayer cuando andaban haciendo travesuras por el callejón, ¿no?

—Exactamente. Además, ¿no se la pasaban peleando todos los días? Me pregunto si ahora pelean menos.

—Seguimos peleando todos los días.

Wi Woori respondió malhumorado ante las palabras burlonas de su madre. Parecía que todavía estaba molesto porque el día anterior no había obtenido una respuesta apropiada.

Sin importar aquello, Kim Donghwa respiró profundamente. Se esforzó por no mostrar su nerviosismo mientras sus dedos temblorosos jugueteaban con el estuche del anillo.

¿Cuándo debía hacerlo?

Su mente estaba concentrada únicamente en la propuesta, ignorando por completo la conversación de los adultos.

Cuando miró a Wi Woori, este parecía preguntarle con la mirada: «¿Qué estás haciendo?». En ese momento, Kim Donghwa decidió echarse atrás. Parecía mejor proponerle matrimonio cuando estuvieran solos. La tensión que llevaba acumulando se disipó poco a poco.

—Soy un poco lento.

Al librarse de la tensión, una sonrisa avergonzada apareció en su rostro. Kim Donghwa atribuyó con voz madura sus peleas a su propia lentitud.

—Woori espera respuestas rápidas porque capta las cosas enseguida, pero yo necesito tiempo para pensar en todo, así que termina frustrándose.

Kim Donghwa se encogió de hombros, repitiendo algo parecido a lo que una vez le había dicho a Woori cuando hablaron de pelear menos. Aunque después de aquello habían disminuido sus discusiones, ni él se había vuelto más rápido ni Woori más paciente. Seguían teniendo formas diferentes de pensar y simplemente intentaban aceptar esas diferencias. Era como si demostraran que intentar cambiar a una persona era una tarea imposible.

Woori negó suavemente con la cabeza.

—Pero nadie sabe tranquilizarme como tú, Donghwa. De verdad me conoces muy bien. Es como si tuvieras un diccionario sobre cómo calmarme.

Ya de mejor humor, añadió aquello en tono juguetón. Después comenzó a explicar detalladamente cómo Donghwa conseguía tranquilizarlo. Los padres centraron toda su atención en él, como si estuvieran viendo un drama entretenido.

Una cálida sonrisa se extendió por el rostro de Kim Donghwa mientras observaba a Woori. Al mismo tiempo, una pequeña emoción se instaló en su pecho. Los tímidos latidos de su corazón demostraban que su amor por él seguía siendo inquebrantable.

Woori, que relataba sus historias como si estuviera narrando una epopeya heroica, se veía tan bonito y radiante. Al contemplarlo, Donghwa se sintió orgulloso de que aquella persona pronto fuera a convertirse en su esposo, y el pecho se le hinchó de satisfacción.

Mientras disfrutaba de aquella sensación, su padre, sentado a su lado, se inclinó pesadamente sobre su hombro.

—¿Eres feliz?

Ah, ¿era tan evidente?

En lugar de responder, Kim Donghwa levantó las comisuras de los labios y asintió. Una suave risa sustituyó cualquier otra respuesta.

Después de terminar la comida, las dos familias permanecieron conversando durante mucho tiempo fuera del restaurante. Aunque ellos querían ir a ver su nueva casa, los adultos no mostraban ninguna intención de marcharse.

Kim Donghwa sonrió torpemente con los labios apretados. El estuche del anillo que llevaba en el bolsillo comenzaba a incomodarlo y le preocupaba que, si aquello continuaba, Woori terminara quedándose dormido antes de que pudiera proponerle matrimonio.

Aun así, como decía el refrán, había que aprovechar el momento. Ya que había llevado el anillo con la intención de proponérselo, estaba decidido a hacerlo ese mismo día.

Miró de reojo a Woori. Parecía aburrido. Normalmente habría estado interviniendo constantemente en la conversación, pero ese día se limitaba a sonreír.

Era una sonrisa falsa.

Al darse cuenta, Donghwa le dio un pequeño codazo en el costado. Los ojos de Woori brillaron cuando se volvió hacia él como preguntando: «¿Qué?».

—¿Por qué no les dices que ya nos vamos?

—¿Por qué yo? Diles tú.

—Te hacen más caso cuando lo dices tú.

Donghwa empujó juguetonamente a Woori con el hombro. Los labios de Woori se curvaron y, aceptando la misión, alzó las cejas con determinación. Parecía pensar que, efectivamente, sería más eficaz que él hablara con sus padres.

Cuando comenzó diciendo «Disculpen», Donghwa no pudo contener una risita.

¿Disculpen? ¿En serio?

Los padres volvieron la cabeza hacia ellos con curiosidad.

—Nosotros ya nos vamos a nuestra casa. Hoy es el día de nuestra mudanza y llevamos todo el día atrapados aquí sin hacer nada.

Sus quejas provocaron las risas de los adultos. Aunque podrían haberlo regañado por comportarse como un niño, en los rostros de sus padres solo había sonrisas afectuosas. Las infantiles protestas de su hijo parecían resultarles entrañables.

—¿Van directamente a la casa nueva?

La pregunta iba dirigida a Donghwa. Ante la amable voz de su padre, respondió con una sonrisa madura.

—Sí. Parece que ya terminaron de llevar todo, así que vamos a organizar algunas cosas y dormiremos allí.

—Eso está bien. Disfruten mientras puedan.

—Sí, así que por favor déjennos ir.

Donghwa levantó traviesamente las comisuras de los labios. Decirles que disfrutaran de ese momento mientras al mismo tiempo no los dejaban marcharse parecía contradictorio.

Atrayendo a Woori hacia sus brazos, Donghwa soltó una risita. Las miradas de sus padres eran cálidas y afectuosas.

Finalmente, los adultos los dejaron marcharse a regañadientes. No hacía falta responder a comentarios como «Tengan cuidado» o «¿Qué tiene de emocionante vivir juntos si después de casarse lo harán todos los días?». Los dos escaparon rápidamente y solo recuperaron el aliento cuando estuvieron dentro del auto.

—¿Nos vamos?

—Sí, rápido. Estoy emocionado por la casa.

Mientras Woori daba pequeños golpecitos con los pies debido a la impaciencia, Donghwa puso el auto en marcha con suavidad. Woori tarareaba una melodía, sonriendo alegremente al imaginarse viviendo a solas con Donghwa en su nueva casa. Le emocionaba pensar dónde colocarían las fotografías, y su estado de ánimo mejoraba cada vez más.

El auto no tardó en llegar frente a la casa. Cuando la puerta del garaje se abrió tras reconocer la matrícula previamente registrada, Woori exclamó:

—¡Vaya!

Aunque no era la primera vez que vivía en una casa semejante, aquella emoción tan genuina resultaba entrañable.

Los árboles cuidadosamente dispuestos en el jardín reflejaban la luz de la luna, creando una atmósfera serena. Mientras caminaban sobre las piedras del sendero, sus reflejos centelleaban en el agua. Era una hermosa casa con un pequeño estanque. Las sonrisas de ambos se hicieron todavía más amplias.

En cuanto entraron y encendieron las luces, sus rostros se iluminaron. Les encantaban tanto la terraza orientada hacia el jardín como la lujosa sala de estar.

La sala, amueblada armoniosamente con piezas que ellos mismos habían elegido con cuidado, tenía un pequeño jardín interior a un lado. Las altas plantas verdes aportaban una sensación fresca y agradable.

—En esta pared vamos a colgar la foto de la boda, ¿verdad?

—Sí.

La pared junto al pequeño jardín había sido elección de Woori. Como le encantaba tomar fotografías, había insistido en que aquel espacio tuviera un riel instalado para poder colgar marcos.

A pesar de ser una casa, tenía ascensor. Sus cuatro pisos incluían una piscina, una enorme bañera, un minibar para Woori, a quien le encantaba beber, y un gimnasio donde ambos podrían entrenar.

También habían instalado un cine en casa debido a lo mucho que les gustaban las películas. La felicidad en sus rostros era innegable mientras recorrían cada espacio. La casa, que reflejaba por completo sus gustos, era perfecta.

—¡La casa es increíble!

Woori lo repitió varias veces hasta que finalmente entraron en el dormitorio principal. Con una gran ventana ocupando uno de los lados y una puerta que comunicaba con otra habitación, el dormitorio tenía una cama enorme, lo bastante grande para que ambos pudieran rodar por ella a sus anchas.

—Esa puerta da al baño, ¿verdad?

—Sí.

Al abrirla, los recibió una enorme bañera. Parecía diseñada expresamente para que ambos se ducharan juntos y después fueran directamente a dormir. Conociendo perfectamente aquella intención, Donghwa preguntó:

—¿Te gusta?

Por supuesto que sí.

Habían diseñado juntos el interior. Después de numerosas discusiones y peleas, habían creado una magnífica casa llena de sus ideas y del esfuerzo de ambos.

—Quiero casarme pronto.

Woori lo dijo mientras daba pequeños saltos sobre la cama. Sus ojos seguían recorriendo incansablemente toda la habitación. Donghwa se acercó lentamente a él, se aclaró la garganta con torpeza, se humedeció los labios y respiró con cierta dificultad mientras un ligero temblor recorría su cuerpo.

Woori lo observó atentamente, preguntándose por qué se comportaba así. Donghwa, que rara vez mostraba nerviosismo, parecía algo sonrojado aquel día.

Mientras Woori ladeaba la cabeza con curiosidad, Donghwa tomó repentinamente su mano izquierda.

—¿Qué haces?

Preguntó parpadeando mientras Donghwa retiraba en silencio el anillo de su dedo anular. Donghwa colocó cuidadosamente el anillo sobre la mesita de noche. Después se quitó el suyo y lo dejó ordenadamente junto al otro.

Los anillos, de tamaños parecidos, parecían ser igual que ellos. Una pareja perfecta que nunca se separaba. Volver a contemplar juntos aquellos diseños resultaba agradable.

Pero eso fue todo.

Donghwa finalmente sacó del bolsillo el anillo que había llevado consigo todo el día y se lo mostró a Woori.

—Woori, pongámonos anillos nuevos.

—¿En serio vas a proponerme matrimonio así…?

Woori alzó las cejas juguetonamente.

Pero, tratándose de una propuesta de matrimonio, Donghwa no estaba dispuesto a discutir. Se encogió de hombros y colocó con firmeza el nuevo anillo en el dedo anular de Woori. El anillo, que tenía exactamente su medida, brilló todavía más sobre aquel dedo blanco.

El diseño, elegido pensando específicamente en Woori, le quedaba perfecto. Donghwa sonrió y finalmente puso en palabras aquello que llevaba tanto tiempo guardando en el corazón.

—Me he dado cuenta de algunas cosas desde que empezamos a salir.

—Sí, adelante. Escuchemos tu largo discurso.

A pesar de que era Donghwa quien estaba proponiéndole matrimonio, la actitud de Woori era bastante arrogante. Molesto, Donghwa abrió mucho los ojos y lo reprendió.

—¿No puedes comportarte? Entonces no digo nada.

—Estoy bien sentado, ¿no lo ves?

Woori corrigió rápidamente su postura, lo que resultó bastante gracioso.

Donghwa soltó una risita y acarició suavemente la mejilla de Woori. Había comprendido muchas cosas desde que comenzó a salir con él. En una relación cuyo inicio ni siquiera podía recordar con claridad, todo aquello que creía conocer mejor que nadie sobre Woori se había convertido en un «no sé nada» en cuanto pasaron a ser amantes.

Entre todas esas cosas, lo que había comprendido con mayor profundidad era la diferencia en el ritmo de ambos, algo de lo que nunca se había percatado cuando solo eran amigos. A diferencia de él, que necesitaba tiempo para tomar decisiones, Woori resolvía las cosas rápidamente, y aquella diferencia había provocado numerosos desencuentros.

La repentina decisión de proponerle matrimonio también formaba parte de aquello.

Hasta el día anterior había planeado tomarse más tiempo y proponérselo cuando todo fuera perfecto, pero entonces comprendió que Woori podía estar sintiéndose ansioso.

Una vez que llegó a esa conclusión, lo correcto era hacerlo inmediatamente. Aunque Woori amaba incluso aquella cautela suya, Donghwa no quería quedarse atrás.

Y, una vez más, había sido Woori quien había cambiado su decisión.

Así de enorme era la influencia que Woori ejercía sobre él.

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