Una relación sin importancia - Capítulo 74
Woori apenas logró volverse para mirar a Donghwa. Sus ojos tenían una intensidad abrumadora. Donghwa, que normalmente era tan racional, a veces perdía la cabeza de aquella manera, hasta el punto de hacer que Woori sintiera que estaba frente a otra persona.
Woori le acarició la mejilla. Sus ojos negros seguían afilados y las feromonas que se arremolinaban a su alrededor resultaban bastante intimidantes. Woori tragó saliva. La mirada de Donghwa, clavada en él sin decir una palabra, lo hacía sentirse completamente expuesto.
Bueno, de todos modos ya estaba prácticamente desnudo.
Entonces reparó en los botones esparcidos por el suelo. Su camisa, que solo conservaba abrochado el botón superior debido a la corbata, se veía ridícula. Su cuerpo blanco estaba cubierto de marcas de un rojo oscuro.
¿Qué le pasa?
Se preguntó si estaría entrando en celo, pero solo eran sus feromonas intensificándose; no se trataba de eso.
—A veces das mucho miedo cuando pierdes la cabeza, ¿sabes?
—Solo una vez más… ¿sí?
Donghwa hundió los labios en el hombro de Woori. Su voz amortiguada estaba cargada de súplica, haciendo que Woori soltara una risa incrédula.
Donghwa, que prácticamente intentaba meterse dentro de él, parecía estar absorbiendo todas sus feromonas. Enterró la nariz en el cuello de Woori y respiró profundamente. Al final, Woori rio y abrazó con fuerza aquella cabeza pequeña.
—¿Quién ha estado alimentando a Kim Donghwa?
—Woori.
—Dilo.
—…Cariño, déjame hacerlo una vez más.
Ante semejante descaro, Woori se quedó sin palabras. Desde que se graduaron, Donghwa había empezado a llamarlo «cariño» con más frecuencia, y Woori rio de buena gana al ver con qué naturalidad le salía ahora.
Qué tipo tan gracioso.
Aun así, le encantaba escuchar a Donghwa llamarlo «cariño», así que seguía pidiéndoselo. Donghwa siempre le hacía caso, pero cuando lo miraba de aquella manera, restregándose contra él mientras lo llamaba «cariño», el desenlace solía estar decidido de antemano.
—Solo una vez más.
—A ti también te gusta, ¿por qué finges?
Por supuesto que no le desagradaba. Si así fuera, hacía mucho que lo habría apartado de una patada.
Además, tal como decía Donghwa, su miembro ya estaba completamente erguido y palpitaba. Donghwa le dio un pequeño empujón. Su miembro enrojecido se inclinó ligeramente hacia delante antes de volver a levantarse.
Ah, qué cuerpo tan sincero.
Woori miró a Donghwa como diciendo: «¿Y qué?». En ese momento, Donghwa lo levantó y lo sentó sobre la mesa del comedor.
Ni siquiera tuvo tiempo de preguntarle qué estaba haciendo. Los pantalones del traje, que colgaban torpemente de su cuerpo, fueron retirados de un tirón y sus largas piernas quedaron apoyadas sobre los hombros de Donghwa.
Ni siquiera se acordó de quitarse la corbata que colgaba floja de su cuello. Donghwa, que tampoco parecía tener prisa por desvestirse por completo, sacó su miembro y penetró a Woori.
Era la primera vez que lo hacían sobre la mesa del comedor.
La dureza de la mesa contra su espalda resultaba incómoda y lo hizo fruncir el ceño. Donghwa deslizó una mano debajo de la cintura de Woori. Luego comenzó a mover las caderas, aferrándose a la mesa en lugar de sujetarlo por la cintura.
Las embestidas incesantes eran abrumadoras. Woori apretó los dientes y sujetó con fuerza la muñeca de Donghwa.
—¡Ah, ah! ¡Ugh, ugh…! ¡Ugh, mm!
—Ha… huu…
—Ah, un poco más… mm, ugh.
Con cada embestida, las lágrimas se acumulaban en sus ojos. La fuerza con la que Donghwa penetraba era intensa. Al sentir sus muslos temblar, Woori apretó todavía más su muñeca.
Su cuerpo sensibilizado parecía estar a punto de alcanzar el orgasmo en cualquier momento. Woori tembló mientras se aferraba con fuerza a Donghwa. Ni siquiera podía gemir. La visión le daba vueltas y sentía que le faltaba el aire.
Se aferró todavía más al brazo de Donghwa. Sentía sus uñas hundirse en su piel, pero era incapaz de relajar los dedos.
Entonces, acompañado por un sonido húmedo y áspero, el miembro grande y grueso de Donghwa penetró profundamente en su interior. Woori echó la cabeza hacia atrás mientras su cuerpo se convulsionaba. No lograba recuperar el aliento.
Al contraerse sus glúteos, el miembro de Donghwa quedó fuertemente aprisionado. La repentina presión hizo que el atractivo rostro de Donghwa se crispase.
El sonido de sus cuerpos chocando se aceleró. El miembro que removía despiadadamente sus entrañas continuó penetrándolo hasta el fondo, provocándole una estimulación abrumadora.
Los dedos de sus pies se encogieron y se le erizó el vello. Los músculos de sus muslos y sus nalgas blancas se habían enrojecido por la fricción constante y, con cada embestida, la carne enrojecida era empujada hacia dentro y volvía a salir.
Lo estaba volviendo loco. Quizá porque había pasado bastante tiempo, la estimulación era mucho más intensa de lo habitual. Cuando Woori sintió que se le cortaba la respiración, finalmente dejó escapar el aire.
—Huu, ugh… Ah, huu… Ha, ha…
Con un jadeo, el semen salió disparado. Cuando sus extremidades perdieron las fuerzas, los movimientos de Donghwa se volvieron todavía más frenéticos.
Los golpes de carne contra carne se sucedieron con mayor rapidez y, poco después, el cuerpo de Donghwa se puso rígido. Su miembro se hinchó en la base. Aunque Woori ya estaba acostumbrado al nudo, la incomodidad seguía siendo intensa y lo hizo aferrarse todavía más al brazo de Donghwa.
—Ah, por favor… ah…
—Perdón… ah. Solo… espera…
Donghwa se desplomó sobre el cuerpo de Woori. Woori abrazó con fuerza aquel cuerpo grande y robusto. Donghwa le susurró disculpas y Woori respondió con besos. Cada vez que lo besaba, Donghwa gemía avergonzado. Woori acarició suavemente su amplia espalda.
—La primera vez que hicimos el nudo te desmayaste, pero ya llevas unas cuantas, ¿eh? Ahora lo soportas bastante bien.
Al recordar el pasado y burlarse de él, el pecho de Donghwa tembló con una risa. Aquella risa ligera contrastaba por completo con lo intimidante que había sido hacía unos momentos. Donghwa, que ya había recuperado la compostura, finalmente retiró la mano que mantenía bajo la cintura de Woori y le dio unas suaves palmaditas en la cabeza.
—Cuando esto baje, lávame.
—Claro. Será la última vez que nos bañemos juntos antes de mudarnos.
—Ah, pero si me dejas la espalda así justo antes de la mudanza de mañana, ¿qué se supone que voy a hacer?
—De todos modos, no vas a mover ni un dedo. Vendrán personas a llevárselo todo. Nosotros solo tenemos que apartarnos y no estorbar.
—…Supongo que sí.
Woori rio suavemente y abrazó a Donghwa con más fuerza. Aunque no era la primera vez que permanecían así, pecho contra pecho y respirando suavemente, resultaba inesperadamente agradable. Woori rodeó la cintura de Donghwa con las piernas.
A pesar de que seguían unidos por el nudo, Donghwa intentaba no cargar su peso sobre él y se sostenía con cuidado. Incluso esos pequeños detalles le resultaban tan adorables que le daban ganas de morderlo.
⛧⛧⛧
—Oh, eres bastante bueno secando el cabello.
Ante la exclamación de Woori, Donghwa sonrió ampliamente. Después de darse juntos un baño caliente, Donghwa estaba sentado en la cama, secándole cuidadosamente el cabello a Woori.
Acostumbrado ya a dejarlo todo en manos de Donghwa después de sus momentos íntimos, Woori parecía completamente habituado a sus cuidados.
¿Sería igual para Donghwa?
Mientras pasaba los dedos entre el cabello suave y sin teñir de Woori, también utilizaba el secador. Era meticuloso y se aseguraba de no dejar húmeda ninguna zona.
Siempre que tenía ese tipo de gestos afectuosos con Woori sentía que realmente estaban en una relación, pero secarle el cabello hacía que esa sensación fuera todavía más profunda.
El hecho de que fuera él quien secara el cabello de Woori y que pudiera seguir haciéndolo en el futuro lo hacía increíblemente feliz. Además, de verdad estaban a punto de casarse.
Cuando sus padres le propusieron por primera vez la idea del matrimonio, se había sentido eufórico. Como si pudiera echarse a volar. Pero aquello había sido solo el principio; últimamente sentía que caminaba sobre las nubes.
Los preparativos de la boda avanzaban sin contratiempos. Como ninguna de las dos familias se oponía, obtener su aprobación había sido sencillo. Aunque vivían en una sociedad donde los géneros secundarios eran algo común, no había esperado que el matrimonio entre dos hombres pudiera desarrollarse con tanta facilidad.
Pero los prejuicios de la sociedad no eran tan fuertes y todos los proveedores los habían tratado con amabilidad.
Quizá fuera por el dinero, pero daba igual.
Donghwa bajó la mirada hacia Woori, que mantenía los ojos cerrados y había dejado la cabeza completamente a su cuidado. El anillo en su dedo anular captó su atención. Había dicho que le propondría matrimonio «por todo lo alto», pero todavía no lo había hecho.
Woori era exigente y sencillo al mismo tiempo, así que resultaba difícil decidir cómo hacerlo. Si simplemente le decía «casémonos», seguramente respondería: «Ya estamos preparando la boda». Y si se ponía a recitarle palabras de amor, quizá se burlaría diciendo: «Qué cursi».
Había visto videos de propuestas e incluso le había preguntado a Kim Chanyoung, pero seguía sin encontrar una respuesta.
Cuando dejó escapar un gemido de frustración, Woori le picó el bajo vientre con un dedo. Donghwa volvió a encontrarse con su mirada.
—¿Qué?
Desvió la mirada de aquellos dedos hacia el rostro claro de Woori. Su propio reflejo parecía estar contenido en aquellos ojos claros y luminosos.
Donghwa parpadeó. Aunque aquel gesto había sido como llamarlo, Woori se limitó a mirarlo desde abajo sin decir nada.
—¿Qué pasa? ¿Hay algo que te molesta?
Aunque sonreía, aquel silencio resultaba inquietante. Si algo le molestaba, ¿cómo debía solucionarlo? La mente de Donghwa comenzó a trabajar a toda velocidad.
Entonces Woori extendió de repente su palma blanca. No tenía ni un solo callo, ni siquiera entre los dedos.
Pensando que quería que le tomara la mano, Donghwa la sujetó. Pero Woori se soltó de inmediato y agitó los dedos con gracia frente a él.
—¿Qué?
—¿No lo ves?
—¿Qué cosa?
—El dedo anular.
En ese dedo estaba precisamente el anillo que él había estado mirando. Pero ¿qué tenía de especial? Naturalmente, seguía llevando el anillo que le había regalado. ¿Por qué se lo enseñaba ahora?
—Ah, Kim Donghwa, qué despistado eres.
—Tienes que decirlo. Siempre te lo he dicho: usa las palabras.
—No. El anillo sigue aquí y la boda ya está cerca.
—Ah.
—¿Por qué todavía no me has propuesto matrimonio? ¡Dijiste que lo harías!
Woori estalló.
Como nunca lo había demostrado, Donghwa no sabía que estaba esperando. Pero ¿de verdad había estado esperando todo ese tiempo en silencio? Donghwa suspiró ante su insistencia. No había tenido intención de dejarlo pasar, pero ahora que sabía que Woori estaba esperando, la presión se había duplicado.
—Ah, espera un poco más.
—¿Cuánto? Nos casamos en menos de un mes, ¿sabes?
—Lo sé, lo sé.
—¿Tienes algo planeado?
Podría haberse limitado a responder que sí, pero ante aquella pregunta tan directa cerró la boca. No podía mentirle. Así como él conocía bien a Woori, Woori también lo conocía perfectamente a él.
Si mentía y Woori lo descubría, no sabría cómo arreglarlo. Y si la mentira hacía que Woori elevara todavía más sus expectativas, sería un desastre.
Por suerte, ya había preparado un anillo de compromiso además de las alianzas de boda.
Pero eso era todo.
Incapaz de decidirse, apartó la mirada, y Woori volvió a picarle el abdomen con un dedo.
—Dijiste que lo harías «por todo lo alto».
¿Por qué su yo del pasado había tenido que decir «por todo lo alto» y elevar así las expectativas de Woori? Si simplemente hubiera dicho que se encargaría de hacerlo, ahora no sentiría tanta presión.
Pero tampoco podía preguntarle a Woori si aceptaría una propuesta hecha a medias. Donghwa simplemente asintió y acostó a Woori sobre la cama.
Aunque se habían saltado la cena y habían pasado toda la noche juntos, el amanecer ya comenzaba a iluminar el exterior. Pensando que necesitaban dormir si querían levantarse al día siguiente, intentó hacerlo descansar, y Woori se acostó refunfuñando.
Decía que llevaba esperando todo ese tiempo porque Donghwa había prometido hacerlo, que de tanto esperar ya se le estaba alargando el cuello como a una jirafa. Aunque Woori siguió hablando y hablando, Donghwa no respondió.
No podía hacerlo.
Sabía que, en momentos como ese, lo mejor era dejar que las palabras de Woori fluyeran sin interrumpirlas.
Y funcionó.
Woori, que llevaba un buen rato parloteando, finalmente se quedó en silencio. Apoyó la cabeza con naturalidad sobre el brazo de Donghwa y lo abrazó, mientras la luz de la mañana caía suavemente sobre su rostro blanco.
Al verlo, la frustración de Donghwa se desvaneció.
Sabía que Woori aceptaría cualquier propuesta que le hiciera. Aunque delante de él protestara y refunfuñara, estaría encantado con el simple hecho de que le propusiera matrimonio.
Aun así, sentía la presión de cumplir con sus expectativas.
Porque quería verlo sonreír de una forma todavía más hermosa.