Una relación sin importancia - Capítulo 32
—…De verdad es muy bueno.
Wi Woori murmuró con sequedad. El festival deportivo finalmente había comenzado. A pesar de que le había dicho que no lo hiciera, Kim Donghwa se había empeñado en participar en el partido de fútbol y ahora corría enérgicamente tras el balón por el polvoriento campo.
Definitivamente era bueno. Resultaba casi increíble ver cómo el balón parecía pegado a sus pies, como si tuviera un imán. El cálido sol, la brisa fresca y el apuesto Kim Donghwa; todo armonizaba perfectamente excepto por una cosa: las innumerables miradas que codiciaban a Kim Donghwa.
—Maldita sea…
Wi Woori refunfuñó y apoyó la barbilla en una mano. Estaba sentado en la parte alta de las gradas, un poco apartado de donde sus compañeros de clase se habían reunido para animar con entusiasmo.
No quería estar rodeado de gente vitoreando a Kim Donghwa. Tampoco quería escuchar su nombre en boca de todo el mundo, así que había elegido un lugar un poco más alejado. Sin embargo, desde allí podía verlo todo con mayor claridad, lo que inexplicablemente hacía que le hirviera la sangre.
Debí haberme ido a casa.
Frunció el rostro con fastidio, pero enseguida sacudió enérgicamente la cabeza. Wi Woori recordó cómo Kim Donghwa le había preguntado sutilmente cuáles eran sus planes unos días atrás.
—Vas a venir a ver mi primer partido, ¿verdad?
—Hablas como si fuera la gran cosa.
Había respondido con indiferencia, pero no pudo ignorar la expectativa que había percibido en la pregunta de Kim Donghwa. Por eso, incluso mientras iba de camino a la universidad ese día, había estado debatiéndose entre venir o no.
Ahora que ya estaba en el campo, estaba decidido a ver el partido hasta el final pasara lo que pasara, así que mantenía la mirada fija en Kim Donghwa.
—¿Por qué mira tanto a su alrededor?
Kim Chanyoung estaba sentado a su lado. Y con él se encontraba Jang Yujin, a quien Wi Woori no había visto desde hacía un tiempo. Después de intercambiar un breve gesto de saludo con ella, respondió con indiferencia:
—No sé.
Y volvió a mirar a Kim Donghwa.
Tal como había dicho Kim Chanyoung, Kim Donghwa miraba repentinamente a su alrededor mientras corría. Recorría las gradas con la mirada y, cada vez que marcaba un gol, buscaba descaradamente a alguien entre la multitud.
¿A quién está buscando tanto?
Pensando que quizá lo buscaba a él, Wi Woori se incorporó un poco en su asiento, pero resultó ser solo una ilusión suya. La mirada de Kim Donghwa nunca llegó hasta él. Únicamente recorrió la zona donde estaban reunidos sus compañeros de clase y, al final, una sonrisa amarga y decepcionada apareció en su rostro.
—…¿A quién estará buscando?
Mientras Wi Woori volvía a reír con cierta incomodidad, a su lado se escuchó una risita traviesa. No había necesidad de reaccionar ante aquella risa burlona. Wi Woori fingió no haberla oído y se concentró únicamente en Kim Donghwa.
¿De verdad hay alguien más a quien Kim Donghwa estaría buscando?
Incluso llegó a preguntarse si Kim Donghwa le había preguntado si asistiría al primer partido porque, en realidad, esperaba que no fuera. Irritado sin motivo aparente, frunció el ceño justo cuando la red volvió a sacudirse y el balón hizo vibrar la portería.
—¡Guau!
—Kim Donghwa está imparable hoy. Está como loco.
La intensa reacción de Kim Chanyoung era comprensible. Incluso alguien como Wi Woori, que no tenía ningún interés en el fútbol, había pensado que el gol acababa de ser bastante impresionante. Kim Donghwa, que había golpeado el balón perfectamente desde el ángulo adecuado, corrió hacia el lado opuesto del campo con una radiante sonrisa.
Sus compañeros se reunieron a su alrededor, revolviéndole el cabello y chocando las manos con él, todos genuinamente felices. Al ver la encantadora sonrisa de Kim Donghwa entre ellos, Wi Woori tampoco pudo evitar sonreír.
Sin embargo, su expresión volvió a endurecerse.
Una vez más, la mirada de Kim Donghwa recorrió las gradas. La forma tan evidente en que buscaba entre la multitud hacía que incluso pareciera ansioso.
En serio, ¿qué le pasa?
Wi Woori frunció el ceño e inclinó la cabeza, desconcertado.
Fue entonces cuando ocurrió.
—¡Wi Woori!
El grito de Kim Donghwa resonó desde el campo.
Sobresaltado, Wi Woori se puso de pie mientras soltaba:
—¿Eh? ¿Eh?
Había sido prácticamente un reflejo. Mientras parpadeaba sorprendido, vio cómo el rostro de Kim Donghwa florecía en una sonrisa radiante, como una flor abriéndose lentamente ante sus ojos.
Era una imagen tan fascinante y cautivadora que Wi Woori sintió que el corazón se le desplomaba de repente y se cubrió la boca instintivamente. El corazón le latía con tanta violencia que parecía dispuesto a saltarle del pecho.
Bañado por la cálida luz del sol, Kim Donghwa le sonreía después de haberse desprendido por completo de aquella expresión decepcionada. Wi Woori sintió como si un rayo acabara de atravesarlo y abrió mucho los ojos.
No puede ser… ¿me estaba buscando a mí todo este tiempo?
Al darse cuenta de que la persona a quien Kim Donghwa había estado buscando ansiosamente en sus momentos de gloria era él, Wi Woori sintió que una oleada incontenible lo arrastraba.
—¡Marqué un gol! ¿Lo viste?
—¡Sí, lo vi! ¡Estuviste increíble!
Extrañamente, en aquel momento y en aquel lugar, parecía que solo existían ellos dos. Convencido de que estaban perfectamente conectados, Wi Woori se descubrió agitando las manos por encima de la cabeza mientras le sonreía ampliamente a Kim Donghwa.
Con una enorme sonrisa, Kim Donghwa le levantó el pulgar y volvió junto a sus compañeros, corriendo por el campo.
Hasta que terminó el partido, Wi Woori tuvo que soportar las violentas fluctuaciones de su corazón.
La cálida brisa de verano, el sonido de las hojas danzando con el viento, los vítores que llenaban el campo y la luz del sol iluminando el cielo despejado; todo formaba un capricho perfectamente armonioso.
⛧⛧⛧
Gracias a la actuación de Kim Donghwa, el departamento de Administración consiguió su primera victoria. Wi Woori no sabía cuándo sería el siguiente partido, pero, fuera cuando fuera, lo cierto era que Kim Donghwa estaba de excelente humor y, por primera vez en mucho tiempo, bastante borracho.
Normalmente, Wi Woori habría sido quien bebiera con entusiasmo, pero ese día no tenía ganas de hacerlo.
Ya había pasado algún tiempo desde que se dio cuenta de lo que sentía por Kim Donghwa y, ese día, el simple hecho de tenerlo enfrente hacía que el corazón le latiera con tanta fuerza que ya se sentía embriagado. Así que, en lugar de beber activamente, Wi Woori se dedicó a llenar el vaso de Kim Donghwa y compartir su alegría.
—Estás raro. ¿Por qué estás bebiendo tanto?
—Estoy de buen humor.
—¿Y qué te hace estar tan contento?
Wi Woori preguntó entre risas.
Incluso durante la secundaria y la preparatoria, Kim Donghwa siempre había participado en fútbol o futsal durante los festivales deportivos. Su equipo siempre ganaba y, cada vez, Kim Donghwa terminaba el día de excelente humor.
La victoria de ese día no tenía nada de novedoso.
Y, sin embargo, Kim Donghwa sonreía como si hubiera ocurrido algo especial. Se veía tan adorable que Wi Woori no pudo evitar sentir deseos de besarlo. Inconscientemente, tragó saliva.
De todas formas está borracho, ¿debería hacerlo sin más?
Justo cuando lo observaba furtivamente, sus ojos se encontraron con los de Kim Donghwa. Aquellos ojos oscuros, que parecían poseer una profundidad insondable, estaban fijos en él y completamente despejados.
El simple hecho de encontrarse con su mirada despertó en Wi Woori una extraña sed. Intentó apagarla bebiendo soju de un trago en lugar de agua. Sin embargo, al tratarse de alcohol, solo consiguió intensificarla y dejar sus labios todavía más secos.
—Viniste a verme.
Ante el repentino descenso en el tono de su voz, Wi Woori se humedeció los labios resecos.
¿De verdad te hace tan feliz solo porque vine a verte?
Algo desconcertado, inclinó lentamente la cabeza, y Kim Donghwa añadió con una sonrisa relajada:
—Siempre te molestas cuando juego fútbol.
—Sí, me molesta.
—Pero cuando marco un gol te pones muy feliz, aunque ni siquiera hayas sido tú quien lo marcó.
—Me gusta porque Kim Donghwa es bueno jugando.
—Entonces, ¿por qué lo odias? Cuando no dejas de decirme que no juegue, me dan ganas de demostrarte lo bueno que soy, como un niño que busca que lo reconozcan.
—…
Me molesta precisamente porque sé que eres bueno.
En lugar de seguir murmurando, Wi Woori cerró la boca y se quedó mirando a Kim Donghwa.
No entendía por qué necesitaba su aprobación.
Ni siquiera estaban saliendo y Kim Donghwa tampoco era su hijo. ¿Qué tenía de malo que un adulto hiciera lo que quisiera?
Sentirse mal era problema suyo, y preocuparse porque otras personas pudieran caer rendidas ante los encantos de Kim Donghwa también era problema suyo.
Pero entonces, ¿por qué Kim Donghwa buscaba tanto su aprobación?
Era confuso.
Le dolía la cabeza.
Si estuviera borracho, podría haberlo descartado como una conversación sin importancia. Pero ese día, la mirada de Kim Donghwa era especialmente intensa. Wi Woori sentía como si pudiera percibir sobre su propia piel el recorrido de aquellos ojos.
—¿Por qué te esfuerzas tanto en conseguir mi aprobación? Haz lo que quieras. Tampoco es como si siempre me hicieras caso.
—…Intento hacerte caso. ¿Cuándo no lo he hecho?
Ante aquella respuesta cargada de peso, Wi Woori se quedó sin nada que decir. Volvió a tragar saliva, sintiendo cómo aquella sed no hacía más que intensificarse. Intentó apartar la mirada, pero sus ojos seguían regresando a los labios de Kim Donghwa.
Aquellos labios rojos no dejaban de aparecer frente a sus ojos.
Ah, maldita sea, ¿de verdad me estoy volviendo loco?
Wi Woori cerró los ojos con fuerza.
Claro que la primera vez es difícil, pero una vez que lo pruebas, es natural querer más. Sin embargo, ¿no había sido Kim Donghwa quien le propuso que se tomaran de la mano cuando Wi Woori dijo que quería besarlo?
Como Kim Donghwa había establecido un límite, lanzarse sobre él precipitadamente podría arruinarlo todo. Sabía que tenía que contenerse, pero aun así sus labios no dejaban de estremecerse.
Quiero besar a Kim Donghwa.
Aquel pensamiento tan sincero lo puso nervioso.
Sentía que tenía que besarlo en ese mismo instante.
—No sé si será porque estoy borracho, Wi Woori.
—Sí.
Esta vez, Wi Woori no se atrevió a mirar a Kim Donghwa. Había un leve titubeo en aquella voz que había llegado suavemente hasta él.
La posibilidad de que Kim Donghwa estuviera pensando exactamente lo mismo hizo que el corazón de Wi Woori revoloteara. Recorrió con la mirada el borde de la mesa mientras esperaba sus siguientes palabras.
—Quiero… besarte.
La alegría brotó en su interior como una fuente.
No tenía ninguna razón para negarse.
—Está bien.
Apenas terminó de responder, sus labios se encontraron suavemente.
Como si estuviera hechizado o se hubiera convertido en una bestia guiada únicamente por sus instintos, Kim Donghwa se acercó con la mirada perdida, sujetó a Wi Woori por la barbilla y apretó firmemente sus labios contra los suyos.
Aunque apenas se habían besado unas cuantas veces, su habilidad había mejorado notablemente. Kim Donghwa succionó con fuerza, como si quisiera arrancarle la lengua de raíz, e inclinó ligeramente la cabeza para evitar que sus dientes y narices chocaran. Al mismo tiempo, introdujo la lengua entre los labios entreabiertos de Wi Woori y compartió con él su cálido aliento.
Solo era un beso, pero Wi Woori sentía que la cabeza se le calentaba hasta quedar completamente cocida. Inconscientemente, agarró el antebrazo con el que Kim Donghwa le sostenía la barbilla, cerró con fuerza los ojos y tensó la lengua.
Aunque ambos participaban del beso, por alguna razón Wi Woori se sentía completamente abrumado. Tenía la mente sumida en una neblina, como si estuvieran absorbiéndole el alma, pero la suave caricia sobre su paladar y la presión de sus lenguas entrelazándose hacían que sintiera que su cuerpo podía derretirse en cualquier momento.
—Haa…