Una relación sin importancia - Capítulo 23
Parecía que le preocupaba que sus calificaciones bajaran si llegaba tarde a la reunión del grupo, pero Wi Woori nunca se había preocupado demasiado por mantener buenas notas. Además, cuando anunciaron los equipos, los miembros de su grupo prácticamente habían celebrado al saber que estarían con él.
Aunque llegara tarde o faltara a un par de reuniones, era poco probable que eso afectara sus calificaciones.
Kim Donghwa murmuró entre dientes:
—¿Quién podría odiarte?
Entonces se quedó rígido.
No había querido decirlo en voz alta.
Contuvo el aliento, esperando que Wi Woori no lo hubiera escuchado, y como no hubo ninguna reacción, pensó que lo mejor era cambiar de tema con naturalidad.
—Bueno, ¿quién podría odiarme?
…Era bueno que tuviera tanta autoestima.
Al final, Kim Donghwa hizo que Wi Woori le prometiera varias veces que iría al hospital antes de dejarlo salir. Después de todo, era una muñeca que utilizaba mucho. Y Wi Woori, como si comprendiera su preocupación, se marchó diciendo cosas como:
—¡Sí, sí, ya voy! ¡Te mandaré una foto!
Aunque en realidad no tenía ningún derecho ni autoridad para ser tan insistente, Wi Woori obedeció sorprendentemente bien.
Y poco después llegó un mensaje.
[Wiwi]
Ya me atendieron. Voy para allá.
[Wiwi]
(Ubicación enviada)
Voy a estar aquí.
[Donghwa]
No bebas demasiado. Llámame cuando empieces a marearte. Y contesta el teléfono.
[Wiwi]
¡Sí!
[Wiwi]
Pero oye, tú eres como… ya sabes.
[Donghwa]
¿Qué?
[Wiwi]
Un viejo gruñón ㅗ
—Ah, mierda.
Kim Donghwa dejó caer el teléfono sobre la mesa con un golpe seco.
¿Un viejo gruñón?
Todo porque estaba preocupado por él.
Apoyando la barbilla en una mano, Kim Donghwa pensó que era increíble lo irritante que podía resultar Wi Woori incluso cuando le gustaba.
Él también tenía reuniones de grupo, pero no concertaba encuentros fuera de la universidad porque todo lo necesario podía organizarse durante el horario de clases. Además, las tareas que el profesor había cambiado repentinamente a trabajos grupales eran bastante sencillas; bastaba con hablar un poco en una sala de estudio.
Sin embargo, el grupo de Wi Woori parecía más interesado en divertirse y, aun estando en plena temporada de parciales, lo habían arrastrado hasta un bar con la excusa de trabajar en el proyecto.
Y eso irritaba muchísimo a Kim Donghwa.
—Borrachos.
¿Por qué les gustaba tanto beber si ni siquiera sabían aguantar el alcohol?
Tal vez fueran celos, pero odiaba imaginar a Wi Woori borracho delante de otras personas.
No quería que otros vieran sus mejillas sonrosadas.
Aunque Wi Woori ni siquiera fuera suyo.
Además, le molestaba que, cuando se emborrachaba, lo llamara arrastrando las palabras:
«Kiiim Dooonghwaaa…»
Él solo escuchaba aquella voz por teléfono, mientras que los tipos sentados en la misma mesa podían ver directamente a Wi Woori en ese estado.
Eso lo irritaba.
Por esa razón, incluso cuando Wi Woori decía que iba a beber con sus amigos de la secundaria, Kim Donghwa terminaba siguiéndolo.
Uno podría preguntarse por qué no iba con él desde el principio, pero hacerlo le parecía demasiado mezquino.
Ese extraño orgullo a veces lo hacía actuar en contra de su propio juicio y terminaba comportándose de maneras que normalmente no tendría.
—Tsk.
Chasqueando la lengua, Kim Donghwa volvió a tomar el teléfono.
Como sabía que Wi Woori estaba en el bar, tarde o temprano recibiría una llamada.
Así que ahora su única tarea era esperar pacientemente.
⛧⛧⛧
Kim Donghwa apretó el teléfono con fuerza, con la ansiedad claramente reflejada en el rostro.
Habían pasado más de tres horas y seguía sin tener noticias de Wi Woori.
Claro, conociéndolo, capaz de llevarse bien con cualquiera y de animar cualquier lugar al que llegara, Kim Donghwa podía imaginar perfectamente que se lo estaba pasando en grande con los miembros de su grupo.
La imagen era demasiado fácil de visualizar.
Wi Woori.
Había enviado aquel breve y seco mensaje, pero seguía sin ser leído.
Claramente, Wi Woori estaba demasiado metido en el ambiente como para siquiera mirar el teléfono.
Típico de él.
Wi Woori siempre hacía lo mismo.
Cada vez que salía a beber, sus mensajes desaparecían de repente.
Y después, en algún momento, comenzaban las llamadas.
Si Kim Donghwa no contestaba, Wi Woori seguía llamando una y otra vez hasta que finalmente respondía.
Y entonces, inevitablemente, llegaba aquella petición absurda.
«Ven a buscarme.»
Kim Donghwa siempre fingía fastidio, como si las tonterías de Wi Woori borracho fueran una molestia.
Pero, en el fondo, no le desagradaba.
Después de todo, ¿no se decía que los borrachos decían lo que realmente pensaban?
Incluso borracho, Wi Woori lo buscaba a él.
Y ese simple hecho siempre lo hacía secretamente feliz.
Pero eso no significaba que aquella situación no fuera frustrante.
—Haah…
Kim Donghwa soltó un pesado suspiro y se revolvió bruscamente el cabello.
Era natural preocuparse cuando alguien decía que iba a beber y luego dejaba de responder.
Cuando comenzaron a vivir juntos, la primera regla que había establecido fue «nada de llamadas cuando estés borracho», esperando que eso redujera aquellas salidas a beber.
Sin embargo, las reuniones para beber no hicieron más que aumentar y Wi Woori simplemente dejó de llamarlo.
Y ni siquiera era que estuviera cumpliendo realmente aquella promesa.
Porque la mayoría de esas nuevas salidas incluían al propio Kim Donghwa, y cuando Wi Woori se emborrachaba, se apoyaba directamente en él en lugar de llamarlo.
Así que, dadas las circunstancias actuales, estaba completamente justificado que se preocupara.
Maldición, Wi Woori.
El rostro de Kim Donghwa se crispó de irritación.
Su obsesión con las borracheras de Wi Woori había comenzado el día en que descubrió su verdadera naturaleza.
Desde que supo que Wi Woori era omega, que poseía feromonas que él todavía no podía producir y que naturalmente atraían a los alfas, ya no podía ignorar sus hábitos con el alcohol.
Y ahora incluso sabía cuál era el aroma de las feromonas de Wi Woori.
Era natural que esperar aquella llamada lo pusiera terriblemente nervioso, temiendo que algo pudiera sucederle durante ese breve periodo sin contacto.
De repente, Kim Donghwa se levantó de golpe y empujó la silla hacia atrás.
Cuando te preocupabas por alguien, había que moverse.
Por suerte, Wi Woori había sido responsable y le había enviado su ubicación.
Así que lo correcto era ir a buscarlo.
⛧⛧⛧
Uno, dos, tres palillos.
Contando los palillos que habían caído junto a sus pies, Wi Woori apoyó la barbilla en una mano, aburrido.
Aunque hasta hacía unos momentos se lo estaba pasando muy bien, de pronto había perdido todo interés debido a la ausencia de Kim Donghwa.
¿Dónde está Donghwa?
Ya ni siquiera sabía cuánto alcohol había bebido.
Se había tomado todo lo que le ofrecían, vaso tras vaso, y antes de darse cuenta su visión estaba borrosa y sentía que su cuerpo flotaba para luego hundirse.
—¡Ah, estoy borracho!
Al reconocer su propio estado, Wi Woori se levantó bruscamente, provocando inmediatamente varias voces preocupadas a su alrededor.
Aunque apenas conocía a aquellos compañeros del grupo, se había emborrachado con una rapidez increíble y su rostro estaba cubierto por un bonito rubor rosado.
Todos a su alrededor lo miraban como hechizados.
Desde que Wi Woori y Kim Donghwa ingresaron juntos a la facultad de Administración de Empresas, habían causado sensación.
Incluso entre todo aquello, el hecho de que siempre estuvieran juntos atraía miradas persistentes.
Era imposible negar lo llamativos que eran ambos y, aunque parecían encajar perfectamente, al mismo tiempo eran como el agua y el aceite, formando un contraste agradable a la vista.
Ese día tampoco era diferente.
Incluso sin Kim Donghwa a su lado, Wi Woori sabía cómo llenar de vida el ambiente con su encanto y se mezclaba con total naturalidad incluso entre compañeros con quienes no tenía demasiada confianza.
Cuando estaba inexpresivo, podía parecer un poco frío, pero cuando sonreía mostraba una faceta completamente distinta, luminosa y vivaz.
Su rostro, en el que coexistían la belleza y la masculinidad, era innegablemente atractivo, suficiente para llamar la atención de cualquiera.
Naturalmente, la larga sesión de bebidas había sido divertida.
Wi Woori era hábil animando el ambiente, hasta el punto de que nadie prestó demasiada atención a la actitud autoritaria del líder del grupo, que exigía seguir bebiendo con la excusa de las calificaciones del proyecto.
Y ahora, completamente borracho, Wi Woori simplemente resultaba adorable.
Las sonrisas no desaparecían de los rostros de quienes lo observaban.
—Woori, ¿no está sonando tu teléfono? ¿No deberías contestar?
—Está bien. Vendrá a buscarme.
Wi Woori sonrió radiante mientras miraba el teléfono.
El nombre de Kim Donghwa llevaba un buen rato apareciendo en la pantalla, pero sabía que si contestaba solo recibiría un sermón, así que no se atrevía a hacerlo.
Extrañamente, aunque estaba borracho, su mente seguía bastante despejada.
Habría preferido estar completamente fuera de sí.
Justo cuando aquella claridad no deseada comenzaba a resultarle molesta, los integrantes del grupo volvieron a insistirle, preocupados, para que respondiera.
—De verdad está bien. No necesito contestar.
Realmente no había ningún problema.
Una vez que el ambiente se calmara y llegara el momento de volver a casa, si llamaba a Donghwa, este definitivamente iría a buscarlo.
Donghwa siempre lo hacía.
Los demás miembros del grupo lo observaban con preocupación, temiendo que pudiera sucederle algo.
Justo entonces, Wi Woori abrió de repente los ojos y dirigió la mirada hacia la entrada del bar, haciendo que todos los demás también miraran hacia allí.
—¿Ven? Ya llegó.
La sonrisa de Wi Woori se hizo todavía más amplia que durante toda la noche mientras murmuraba aquello.
Su rostro, que ya había sido descrito como deslumbrante, atractivo y cautivador, parecía ahora incluso más fascinante.
El hombre que se acercó con pasos firmes tomó inmediatamente a Wi Woori del brazo.
Después de echar un vistazo a la muñeca cubierta por la férula, le sujetó la otra mano y saludó al grupo.
—Me llevaré a Woori a casa.
Fue una declaración directa que no dejaba espacio para discutir.
Wi Woori simplemente agitó una mano, indicando que no era necesario decir nada más.
⛧⛧⛧
¿Era el mundo el que daba vueltas o era él?
Mientras estaba en el bar, Wi Woori no se había sentido especialmente borracho, pero en cuanto vio a Donghwa toda la tensión abandonó su cuerpo y una agradable embriaguez se apoderó de él.
Apoyado sobre el firme brazo de Donghwa, Wi Woori caminaba tambaleándose mientras tarareaba felizmente.
Estaba contento.
Que Donghwa hubiera ido a buscarlo tan rápido solo porque no había contestado sus llamadas siempre le provocaba una emoción difícil de describir.
Antes de darse cuenta, el alcohol terminó de apoderarse de él y su mente se volvió brumosa.
Ninguno de los dos sabía controlar correctamente sus feromonas, y aquel sutil aroma hacía que sus cuerpos parecieran derretirse.
Wi Woori se apoyó todavía más contra Donghwa y comenzó a molestarlo juguetonamente.
—Donghwaaa.
—Sí.
—Respóndeme bonito.
—Sí, sí.
—No. Bonito.
Donghwa se volvió bruscamente.
Sus cejas se estremecieron como si dijeran «¿qué demonios?», pero eso no importaba.
Wi Woori no le tenía miedo.
—Tu papá, ¿eh? Te hizo tan guapo, pero no deberías poner esa cara, idiota.
—¿Y ahora qué hice?
—¡¿Quién te dijo que me miraras así?!
Wi Woori tomó el rostro de Donghwa entre ambas manos y lo acercó tanto que sus narices se tocaron.
La tensión atravesó fugazmente el atractivo rostro de Donghwa.
Wi Woori movió los ojos de un lado a otro, examinándolo minuciosamente antes de soltarlo y echarse a reír.
—Bueno… sí que eres guapo, nuestro Donghwa.
Kim Donghwa soltó un profundo suspiro mientras daba unas palmadas en la espalda de Wi Woori, dejando la mano allí un instante más de lo necesario.
Cuando el beso se profundizó, el calor que Wi Woori había atribuido a la agradable embriaguez del alcohol cobró vida con violencia.
La cabeza comenzó a darle vueltas bajo aquella intoxicante mezcla de sensaciones. Su visión se volvió borrosa para después aclararse otra vez, como si estuviera atrapado dentro de un sueño demasiado vívido.
Incluso con los ojos fuertemente cerrados, parecía que chispas estallaban detrás de sus párpados, dejándolo sin aliento.
Una sucesión de gemidos suaves y necesitados escapó de los labios de Wi Woori antes de que finalmente se apartara, jadeando en busca de aire.
Entre ambos quedó suspendido un fino hilo de saliva que brilló bajo la tenue luz.
Cuando Wi Woori volvió a abrir lentamente los ojos, encontró el rostro de Donghwa teñido de un rojo intenso, resaltando todavía más contra su piel habitualmente pálida.
Joder, sigue siendo increíblemente guapo incluso así.