Una relación sin importancia - Capítulo 24

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Incapaz de resistirse, Wi Woori extendió los dedos temblorosos y sostuvo el rostro de Kim Donghwa entre sus manos. Pero antes de que pudiera decir nada, Donghwa se inclinó y depositó un suave beso en su muñeca, justo debajo de su mano.

—Si haces esto con alguien más, no lo dejaré pasar.

—Solo lo hago porque eres tú —respondió Woori sin vacilar.

—…Más te vale hacerlo solo conmigo —murmuró Donghwa en voz baja, con un matiz casi desesperado.

Su respiración agitada dejaba entrever cierto nerviosismo, traicionando las emociones que parecía incapaz de expresar abiertamente. Incluso ahora, lo único en lo que podía concentrarse era en conseguir que Woori prometiera que no se comportaría así con nadie más.

¿Y qué hay de mí? —pensó Woori—. Yo perdería la cabeza si hicieras esto con alguien más.

Si sus sentimientos eran tan profundos, ¿no tendría sentido simplemente decir algo?

Pero su relación no era tan sencilla.

Donghwa no era un amigo cualquiera. Era alguien a quien Woori jamás quería perder ni ver alejarse de él. Significaban demasiado el uno para el otro como para arriesgarse a arruinarlo todo con una confesión impulsiva.

A pesar de haber sido él quien inició el beso, Woori sintió una opresión en el pecho, como si la tensión sin resolver entre ambos no hubiera hecho más que aumentar.

⛧⛧⛧

—Gong¹.

¿De repente qué pelota?

Ante aquella palabra que surgió de la nada a su lado, Donghwa giró la cabeza para mirar a Woori.

—Bu².

¿Estudiar?

Esta vez, una de sus cejas se estremeció.

Los exámenes parciales se acercaban implacablemente y, como ambos se habían quedado dormidos, no habían conseguido un lugar en la biblioteca central. Por eso convirtieron la sala de estar en una zona de estudio y se sentaron uno al lado del otro en la misma mesa.

—Shil³.

Después de escuchar la siguiente palabra, Donghwa pudo deducir lo que venía sin necesidad de que lo dijera.

—Uh.

Tal como esperaba, cuando cayó la última sílaba, Donghwa soltó un suspiro de incredulidad.

Con la barbilla apoyada en una mano, observó a Woori, que hasta entonces había estado murmurando con la cabeza prácticamente enterrada en el libro. Finalmente, Woori giró el rostro y sus miradas se encontraron.

—Apenas llevas diez minutos sentado.

—Odio estudiar. Es aburrido.

—¿Y quién estudia para divertirse?

Donghwa lo reprendió secamente y le dio unas palmadas en la espalda para obligarlo a enderezarse.

Había tardado una eternidad en conseguir que Woori se acomodara para estudiar. Donghwa llevaba casi una hora estudiando cuando Woori finalmente se había desplomado sobre la mesa, completamente resignado.

Primero había tardado otros cinco minutos en sacar el libro y otros cinco únicamente en abrirlo.

Y apenas lo abrió, prácticamente se dejó caer encima como si estuviera declarando que no quería estudiar.

Donghwa negó con la cabeza, exasperado, mientras Woori preguntaba con expresión abatida:

—¿Cuánto tiempo vas a seguir con esto?

—¿Con qué?

—Estudiando.

—No, ¿te das cuenta siquiera de que estamos en periodo de exámenes?

Donghwa recorrió a Woori de arriba abajo con una mirada de desprecio.

Durante los exámenes no existía algo como «hasta cuándo» estudiar. Uno estudiaba hasta que ya no podía más y, cuando el cansancio lo vencía, simplemente se desplomaba y dormía.

Que preguntara «cuánto tiempo» en vez de «hasta dónde» debía estudiar resultaba todavía más absurdo.

Donghwa miró el libro de Woori, que estaba prácticamente nuevo porque ni siquiera había tomado apuntes, y chasqueó la lengua.

Podría vendérselo tal cual a algún estudiante de un semestre inferior.

Hasta podría cobrarle el precio completo.

Casi daban ganas de aplaudirlo.

Aunque no servía de nada, Woori seguía con la frente pegada al libro.

Esperando que entrara en razón antes de que terminara perdiendo su beca, Donghwa le dio un pequeño toque en el muslo.

Woori se estremeció y levantó la cabeza de golpe, arqueando las cejas con irritación.

—Es aburrido. Estoy aburrido.

—Entonces estudia si estás aburrido.

—¡Ugh! ¡¿Por qué voy a estudiar si estoy aburrido?! ¡Estudiar es lo que me aburre! ¡Estudiar! ¡Estoy aburrido!

…No, ¿qué demonios estás haciendo para estar aburrido?

Donghwa no entendió ni una sola palabra de lo que decía.

Por más que intentó encontrarle sentido, inclinando la cabeza primero hacia un lado y luego hacia el otro, la lógica de Woori estaba más allá de su comprensión y su expresión terminó endureciéndose.

De repente, decidió que sería mucho más rápido aceptar que Woori simplemente era así en lugar de intentar entenderlo.

Le dijo que hiciera lo que quisiera, le dio unas palmadas en el hombro y volvió a concentrarse en su libro.

Los refunfuños de Woori eran bastante molestos, pero si aquello seguía así, ambos estarían condenados.

Al menos él tenía que estudiar para poder darle las respuestas prácticamente en la boca a Woori el día anterior al examen si llegaba a ser necesario.

—Ah, Kim Donghwa.

Woori, completamente ajeno a su propia situación, comenzó a hacer un berrinche porque Donghwa no quería jugar con él inmediatamente.

Donghwa decidió ignorarlo y cerró por completo los oídos.

—Kim.

Claro que no podía cerrarlos de verdad.

Esta vez, cuando Woori comenzó a pronunciar su nombre sílaba por sílaba, Donghwa reajustó el agarre sobre el bolígrafo.

—Dong.

Con la segunda sílaba, la mano de Woori se deslizó descaradamente hasta el muslo de Donghwa.

El contacto deliberado en la parte interna del muslo fue tan estimulante que Donghwa torció la cintura.

—¡Ah! ¿Qué estás haciendo?

Se apartó de un salto.

Woori sonrió con suficiencia.

Parecía encantado de haber conseguido por fin una reacción.

Donghwa intentó calmar los acelerados latidos de su corazón y habló con irritación en la voz.

—Quédate quieto. ¿Por qué estás haciendo esto?

—Juega conmigo.

—Ha…

Donghwa soltó un profundo suspiro y volvió a enderezarse.

El bajo vientre comenzaba a calentársele, lo que resultaba bastante problemático, pero aquel no era momento para concentrarse en eso.

Frunciendo el ceño, señaló el libro de Woori.

—Haz hasta aquí y después jugamos.

Dejó el bolígrafo sobre el libro abierto y Woori soltó un suspiro.

Como si estuviera calmando a un niño, Donghwa lo ayudó a sentarse derecho y le dio unas palmadas en el trasero.

Entonces Woori lo miró con los ojos entrecerrados.

—De verdad eres increíble.

—¿Y ahora qué?

¿Qué hice?

No había hecho nada especialmente extraño y, aun así, Woori lo estaba reprendiendo, lo que resultaba irritante.

Donghwa dejó el bolígrafo sobre la mesa con un clic.

Giró el cuerpo hacia Woori y vio cómo una de sus cejas se estremecía ligeramente.

—Entonces, ¿tú sí puedes darme palmadas en el trasero, pero yo no puedo tocarte el muslo?

Donghwa cerró los ojos con fuerza.

¿Cómo podía comparar ambas cosas?

Se había quedado sin palabras.

Además, desde aquel beso… o, mejor dicho, desde su último «error», sus conversaciones no dejaban de tomar aquel rumbo, y eso no le gustaba.

Había jurado solemnemente conquistar a Woori como era debido y comenzar una relación de verdad con él.

Pero aquella clase de ambiente erótico no era lo que pretendía.

De repente recordó el mensaje en el que Woori lo había llamado viejo gruñón.

Donghwa endureció su expresión con determinación.

Aunque fuera un viejo gruñón, daba igual.

Lo que quería con Woori era cambiar primero la relación entre ambos, no precipitarse hacia la intimidad física.

Además, ¿Woori no había llevado a casa un montón de anticonceptivos con la idea de que debían estar preparados de antemano?

A este paso, le preocupaba que terminaran teniendo sexo desenfrenadamente sin llegar siquiera a establecer una relación real.

En momentos como aquel, mantener la cabeza fría era responsabilidad suya.

Woori era débil ante el placer y cedía fácilmente a las tentaciones, así que él tenía que ser quien mantuviera los pies sobre la tierra.

Aunque la parte de su cuerpo que Woori había tocado estaba empezando a reaccionar sin previo aviso.

Dios mío.

Donghwa se sostuvo la cabeza y habló con un suspiro.

—Deja de crear esta clase de ambiente y estudia.

—Ja. Ya llegó el santo.

—Deja el sarcasmo. Está bien, jugaré contigo. Más tarde.

Las palabras de Kim Donghwa salieron teñidas de irritación, suficiente para que Wi Woori se echara ligeramente hacia atrás. Sus grandes ojos recorrieron el rostro de Donghwa con aquel peculiar brillo, casi travieso.

Era difícil saber qué estaba pasando por su cabeza, pero su mirada era aguda y deliberada.

Donghwa suspiró para sus adentros.

Quizá sea mejor decirle directamente qué haremos después.

Después de todo, Wi Woori era de esas personas que funcionaban mejor cuando tenían una recompensa clara y tangible delante.

Donghwa comenzó a pensar rápidamente en algo que pudiera motivarlo a concentrarse de verdad en sus estudios.

¿Qué es lo que más le gusta ahora mismo?

Últimamente se había obsesionado con andar en bicicleta, pero su muñeca todavía no se recuperaba.

Los deportes también quedaban descartados. Donghwa dudaba mucho que Woori agradeciera que lo arrastrara a jugar fútbol después de pasarse horas estudiando.

Mientras Donghwa barajaba distintas posibilidades, moviendo los ojos de un lado a otro mientras pensaba, Woori se inclinó repentinamente hacia él y acortó la distancia entre ambos.

Sobresaltado, Donghwa echó el cuerpo hacia atrás y estuvo a punto de tener hipo.

El rostro de Woori estaba tan cerca que sus labios intensamente rojos captaron la luz, volviéndose imposibles de ignorar.

Donghwa tragó saliva.

Aquellos labios…

Los labios que ya había probado antes parecían provocarlo ahora, despertando una sed que intentaba reprimir.

Buscó desesperadamente algo con lo que distraerse.

Piensa en otra cosa.

¿Marchas militares, quizá?

Eso servía bastante bien para matar pensamientos inapropiados.

¿Cómo era aquella vieja marcha…?

El hilo de sus pensamientos se descarriló por completo cuando Woori mostró una sonrisa deslumbrante.

—Si me das un beso, lo haré.

—…¿Qué?

¿Había escuchado bien?

¿Woori acababa de pedirle un beso?

Donghwa parpadeó, estupefacto, mirándolo como si de repente le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Quieres un beso? ¿Así, de la nada?

Últimamente Woori había dicho algunas cosas extrañas, especialmente después de beber, como cuando preguntaba si podían «cometer errores».

Pero ¿esto?

Esto había salido completamente de la nada y, peor aún, Woori estaba sobrio.

Todavía incrédulo, Donghwa extendió la mano y apoyó la palma sobre su frente.

—¿Estás enfermo?

Los grandes ojos de Woori se alzaron hacia su mano antes de entrecerrarse con ligera irritación.

—No tengo fiebre —refunfuñó, apartando la mano de Donghwa de un manotazo.

—Entonces… ¿estás diciendo esto sobrio? ¿De verdad quieres besarme?

—Sí. Solo… tengo ganas de besarte, ¿está bien? ¿Tiene que haber una razón?

—¡Claro que tiene que haber una razón!

Pero incluso mientras su parte racional intentaba procesar lo absurdo de la situación, Donghwa sintió que su determinación comenzaba a tambalearse.

¿De qué servía darle tantas vueltas?

Una parte de él quería simplemente dejarse llevar por una vez.

—Bueno, yo no quiero eso —comenzó en voz baja—, pero sí quiero…

Donghwa dejó la frase inconclusa mientras observaba cómo Woori inclinaba la cabeza, con la curiosidad reflejada en los ojos.

Extendió la mano y tomó suavemente la de Woori, que descansaba sobre la mesa.

—…Esto.

Sus palmas se juntaron.

Donghwa deslizó los dedos entre los de Woori y los entrelazó con firmeza.

El calor de la mano de Woori se filtró en la suya y, por un instante, se preguntó por qué se había preocupado tanto por el beso.

La expresión de Woori se suavizó.

La sonrisa burlona desapareció y fue sustituida por algo mucho más dulce.

—…Está bien. Esto también me gusta.

Su voz era baja, casi tímida.

Donghwa levantó la mirada hacia él y alcanzó a ver el tenue rubor que comenzaba a extenderse por sus pálidas mejillas y la suave curva de sus labios.

Ah, esto no le desagrada.

Una pequeña chispa de esperanza floreció en el pecho de Donghwa, haciéndolo sonreír.

Bajó brevemente la mirada para ocultar el alivio que comenzaba a reflejarse en su rostro.

Poco a poco, la conversación entre ambos se apagó y fue sustituida por un silencio tranquilo y agradable.

Pero aquel silencio no estaba vacío.

Vibraba con una conexión que ninguno de los dos expresaba en palabras, hasta el punto de que los fuertes latidos de sus corazones parecían resonar entre sus manos entrelazadas.

Por primera vez en mucho tiempo, el silencio entre ambos parecía más vivo que cualquier palabra.

Notas

  1. Gong (공): «pelota» en coreano.
  2. Bu (부): «estudio» en coreano.
  3. Shil (실): «habitación» en coreano.

Juntas forman gongbushil (공부실), «sala de estudio».

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