Una relación sin importancia - Capítulo 22
¿Acaso pensaba que no lo había escuchado? Wi Woori repitió alegremente lo mismo. Kim Donghwa no creía que Wi Woori fuera malo andando en bicicleta, pero incluso para él, que llevaba mucho tiempo practicando ciclismo, el ritmo de Wi Woori era bastante satisfactorio, así que respondió:
—Sí, está genial.
Realmente lo estaba.
El oscuro cielo nocturno, el camino tranquilo sin una sola persona, el viento deslizándose entre su cabello, los cerezos en flor.
Kim Donghwa inhaló profundamente el aire fresco y luego lo expulsó de golpe. Desde atrás, Wi Woori gritaba algo con entusiasmo, pero como no alcanzaba a entenderlo bien, Kim Donghwa se limitó a responder vagamente.
—¡Descansemos! ¡Descansemos! ¡Oye! ¡Vamos a descansar!
¿Descansar?
Preguntándose cuánto tiempo llevaban pedaleando como para que ya necesitara un descanso, se dio la vuelta.
¡Bang!
Se escuchó un estruendo como si el suelo se hubiera partido y, acto seguido, Wi Woori, que había estado pedaleando con todas sus fuerzas, cayó aparatosamente al suelo.
Sobresaltado, Kim Donghwa soltó rápidamente su bicicleta y corrió hacia él.
—Oye, ¿estás bien?
—…Me fallaron las piernas. No puedo levantarme.
Como el protagonista de algún drama trágico, Wi Woori permaneció desplomado de lado, sujetándose las rodillas temblorosas mientras decía tonterías.
Kim Donghwa comprobó rápidamente si se había lastimado. Primero examinó el rostro de Wi Woori. Por suerte, bajo la tenue luz de la farola pudo ver que no tenía ni un solo rasguño.
Sentándose a su lado, Kim Donghwa tomó la muñeca de Wi Woori para revisarla, pero este soltó un largo:
—¡Aaaah!
Y frunció el rostro de dolor.
—¿Qué pasó? ¿Cómo te caíste?
—No sé. Me duele.
—Pues claro que te duele.
—¿Te estás burlando de mí?
Wi Woori miró la palma de su mano mientras se quejaba de dolor. Como había caído prácticamente sobre asfalto, tenía pequeños fragmentos de grava incrustados en la palma y ofrecía un aspecto lamentable.
Después de todo lo que había gritado pidiendo un descanso…
Cuando Wi Woori le lanzó una mirada resentida, Kim Donghwa respondió con indiferencia:
—¿Qué?
—¿Quieres que vaya por algún medicamento? ¿O prefieres quedarte sentado aquí?
—¿Y dónde hay una farmacia por aquí?
—Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos que volver a casa.
—Aaah, me duele.
Wi Woori se dejó caer hacia atrás, aparentemente convencido de que Kim Donghwa lo sostendría. Aquello resultaba un poco irritante, pero Kim Donghwa se movió de todas formas y le ofreció su hombro.
Apoyándose cómodamente contra él, Wi Woori alzó la mirada hacia el cielo.
A Kim Donghwa parecía resultarle muy familiar aquel camino. ¿Venía seguido?
¿Qué pensaba Kim Donghwa mientras recorría solo aquel lugar en bicicleta?
Mientras se hacía esas preguntas, recordó el cabello negro de Kim Donghwa ondeando al viento y la atractiva imagen de su espalda frente a él.
Seguir a Kim Donghwa mientras pedaleaba había sido bastante divertido. El viento que arrastraba el aroma de sus feromonas cada vez que avanzaba delante de él hacía que pareciera que estaba corriendo bajo la lluvia.
Durante la temporada de lluvias, ese era el momento que más disfrutaba, cuando siempre permanecía pegado a la ventana.
Claro que habría sido todavía mejor si las piernas no le hubieran fallado.
—Andas bastante bien.
Intentando ocultar su vergüenza, sacó el tema con naturalidad, y el hombro de Kim Donghwa bajo su cuello se encogió ligeramente.
—Me gusta andar en bicicleta desde que era niño.
—¿Venías seguido aquí solo?
—Sí.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
Kim Donghwa lo miró con el ceño fruncido.
¿Por qué qué?
Pues eso mismo.
Le molestaba que conociera un lugar tan agradable y nunca se lo hubiera mostrado y, además, tampoco entendía por qué venía solo.
Wi Woori hizo un puchero y sacudió las piernas, que todavía carecían de fuerza.
—¿Por qué nunca me trajiste?
Aquella pregunta, formulada con un ligero tono afectuoso, como si fuera el protagonista de un drama juvenil…
—Porque vengo aquí cuando me haces enojar.
¿Eh?
—Vengo a maldecirte y después me siento mejor.
Mira a este cabrón.
Wi Woori, que hasta hacía un momento estaba disfrutando del ambiente tranquilo y del cielo nocturno, frunció inmediatamente el ceño.
De repente, sus piernas, que habían estado temblando de cansancio, recuperaron las fuerzas.
—Joder, eres insoportable.
—Ah, ¿y ahora por qué te alteras?
—¿Te parece que no debería alterarme? ¿Por qué traerías a la persona que vienes a maldecir al mismo lugar donde la maldices? No me gusta.
—Bueno, solo estaba siendo sincero. ¿Por qué te enojas?
—¡Argh!
Wi Woori se agarró el cabello rubio y volvió a agacharse.
¿Por qué tenía que sacar a relucir la sinceridad precisamente en ese momento?
Aunque realmente fuera allí cuando discutían y estaba de mal humor, ¿no podía simplemente decir que había descubierto aquel lugar por casualidad mientras andaba en bicicleta o que nunca había podido traerlo porque sus horarios no coincidían?
Cada vez más irritado, apretó todavía más su cabello.
¿Este cabrón lo estará haciendo a propósito?
Cuando le lanzó una mirada afilada, vio que Kim Donghwa estaba ahí, riéndose entre dientes.
Te voy a matar. En serio.
—¿Quieres morir?
Justo cuando estaba a punto de darle una patada en el muslo, Kim Donghwa, cuya agilidad parecía manifestarse únicamente en momentos como aquel, esquivó rápidamente el golpe, se levantó y se sacudió el trasero.
—Oye, si ya puedes ponerte de pie, volvamos a casa. ¿No tienes hambre?
—¡No tengo hambre!
—Te estaba gruñendo el estómago.
—Ese no era el mío.
Había pensado que Kim Donghwa no había escuchado el pequeño gruñido que se le escapó al levantarse, pero aparentemente sí lo había oído.
A pesar de estar enojado, Wi Woori sintió vergüenza mientras levantaba la bicicleta caída.
Hambre, una mierda.
De lo molesto que estaba, hasta se le había quitado el apetito.
Sin importarle lo que hiciera Kim Donghwa, comenzó a arrastrar la bicicleta de regreso. Entonces escuchó detrás de él la voz grave de Kim Donghwa.
—Vamos juntos.
¿Para qué voy a ir con este cabrón insoportable? ¿Juntos? Ni hablar.
Mientras arrastraba la pesada bicicleta, la muñeca que se había lastimado durante la caída comenzó a dolerle.
¿Había hecho mal en apoyar la mano contra el suelo al caer?
Con una mano tirando de la bicicleta y la otra sacudiendo su muñeca palpitante, Wi Woori volvió a lanzarle una mirada afilada a Kim Donghwa cuando este lo alcanzó rápidamente.
En serio, eres insoportable. ¿Lo único bueno que tienes es esa cara?
—¿Vamos a comer eso?
—No. No voy a comer.
—Galbi-jjim de res.
Era la carta secreta que su madre sacaba cuando quería verlo, una o dos veces al mes desde que sus padres se habían mudado al campo.
Wi Woori se detuvo en seco sin darse cuenta.
—…Está bien.
Ante su breve respuesta, escuchó una risita a su lado.
—No las costillas picantes, sino las dulces. ¿Verdad?
—¿También le vas a poner fideos de cristal?
—Sí, le pondré.
Ah, no puedo resistirme a los fideos de cristal.
—Comeré contigo.
Al final, a Wi Woori se le escapó una pequeña risita.
Solo imaginar el galbi-jjim de carne Hanwoo hizo que se le hiciera agua la boca, así que ya no pudo seguir enojado. Además, aunque ya habían agotado todas las salidas a comer permitidas para esa semana, Kim Donghwa había sugerido sin vacilar que fueran a comer fuera.
Para alguien que siempre se apegaba estrictamente a las reglas, aquello debía de haber sido una decisión bastante importante, así que Wi Woori pensó que lo correcto era aceptar.
Pensándolo bien, Kim Donghwa era estricto con los demás, pero siempre tenía un punto débil cuando se trataba de él. Sabía perfectamente que obligar a Wi Woori a hacer algo era inútil porque, de todas formas, Wi Woori no obedecería.
Mientras parloteaba sobre dónde deberían ir a comer, el dolor de su muñeca comenzó a intensificarse. Wi Woori, que hasta entonces no había dejado de hablar, se frotó suavemente la muñeca mientras esperaban a que cambiara el semáforo.
En cuanto Kim Donghwa lo vio, su expresión se endureció.
Wi Woori había sufrido una caída bastante fuerte y, aunque insistía en que no se había lastimado, parecía que el dolor finalmente comenzaba a aparecer.
Kim Donghwa le agarró rápidamente la mano y Wi Woori hizo una mueca.
—Ahh.
—¿Qué pasa? ¿Te duele mucho?
—Sí. Creo que me lastimé un músculo al caer.
—Vamos a una farmacia antes de ir al restaurante.
—No. Se me quitará después de comer.
—¿Qué clase de receta absurda es esa?
Kim Donghwa no pudo evitar soltar una sarta de palabras ásperas.
Aunque no siempre era amable con Wi Woori, nunca le había hablado con tanta dureza cuando estaba lastimado.
Con expresión severa, Kim Donghwa maldijo entre dientes, y Wi Woori lo miró con incredulidad.
—Vamos, esa es la receta de mi mamá, ¿sabes? Siempre que me enfermaba me decía: «Come algo». Entonces, ¿me estás diciendo que mi mamá está equivocada?
Al mencionar a su madre, Kim Donghwa guardó silencio con un:
—Hmm.
Por supuesto, aquella recomendación de su madre podía funcionar para un resfriado leve o una resaca, pero no encajaba demasiado bien con aquella situación.
A Wi Woori le resultó gracioso que Kim Donghwa se tomara tan en serio algo como un simple dolor de muñeca. Después de mover de un lado a otro sus bonitos ojos, Kim Donghwa esbozó una sonrisa incómoda.
—Así que es una receta de otro mundo de tu madre, ¿eh? Definitivamente está más allá de mi comprensión.
—Como sea.
—Pero si sigue doliéndote después de comer, iremos a la farmacia. Al menos tienes que ponerte un parche.
—Sí, está bien.
Apenas dio aquella respuesta poco entusiasta, el hambre comenzó a hacerse sentir y estaban a punto de continuar su camino cuando, de repente, Kim Donghwa le arrebató la bicicleta que sostenía.
Wi Woori lo miró desconcertado.
—¿Por qué me la quitaste?
—Yo la llevaré. Dijiste que te duele la muñeca, ¿para qué vas a estar arrastrando la bicicleta?
Con un tono que destilaba fastidio, Kim Donghwa comenzó a caminar rápidamente y cruzó primero el paso peatonal.
Wi Woori se quedó inmóvil observándolo.
El semáforo parpadeaba, apremiándolo a cruzar, pero sentía las rodillas débiles y le costaba dar un paso.
Realmente no entendía por qué Kim Donghwa se comportaba así últimamente.
⛧⛧⛧
—Aaah, duele. Me duele.
Wi Woori se retorcía y gemía mientras Kim Donghwa le sostenía la muñeca.
Tal vez la caída de la bicicleta había sido más grave de lo que pensaban, porque para la mañana siguiente su muñeca estaba completamente hinchada.
Al verla, el propio Wi Woori no pudo evitar gritar:
—¡Ah!
Aquello ya ni siquiera parecía una muñeca. Estaba tan hinchada que parecía el tobillo de un elefante, y comenzaba a formarse un moretón violáceo.
Kim Donghwa, que había acudido rápidamente al verlo, ahora le aplicaba una compresa fría con expresión severa.
Wi Woori permanecía desplomado sobre la mesa, con la bolsa fría apoyada sobre la muñeca, y aun así no dejaba de gemir.
Kim Donghwa levantó la compresa para revisar la lesión.
En lugar de mejorar, la zona parecía estar cada vez más caliente y enrojecida.
—¿Ves? Tenemos que ir al hospital.
—Pero hoy no puedo faltar. Tú lo sabes.
Wi Woori sacudió las piernas, dejando claro que no quería ir. Parecía sinceramente agraviado, con los labios fruncidos y el rostro contraído.
Su piel, normalmente pálida, estaba ahora enrojecida por el calor, dejando claro que realmente le dolía.
—Ve primero al hospital y luego vas. No pasa nada si llegas un poco tarde.
—¿Y si les caigo mal?
Ahora estaba preocupándose hasta por eso.
¿Quién podría llegar a odiar a Wi Woori?