Una relación sin importancia - Capítulo 17
Después de escuchar que había un lugar donde preparaban un jajangmyeon increíble, Kim Donghwa fue con Wi Woori al restaurante chino y, efectivamente, el jajangmyeon estaba delicioso, lo que mejoró un poco su estado de ánimo. ¿Acaso solo estaba irritable porque tenía hambre? Tal vez la harina de los fideos era lo que lo hacía sentirse un poco mejor.
Después de despedir a Wi Woori, que se dirigía a la reunión de su grupo, Kim Donghwa regresó a casa respirando con dificultad. Hablar con Wi Woori le había despejado la mente, pero su cuerpo seguía sintiéndose pesado. Era como si estuviera a punto de enfermarse de gripe, una sensación bastante desagradable. No tenía ninguna razón para resfriarse, mucho menos en primavera, pero aun así aquello lo irritaba.
Esos cambios de humor tampoco eran normales.
Pensando que lo mejor sería acostarse, entró a ducharse y dejó que el agua caliente cayera sobre su cuerpo. Al mismo tiempo, comenzó a sentirse febril. Tenía todo el cuerpo ardiendo. Mareado, apretó los dientes durante toda la ducha.
No, joder, ¿qué demonios me pasa?
Él no era de los que se enfermaban de gripe con facilidad, así que aquel estado tan inusual lo desconcertaba. Apenas consiguió salir del baño, Kim Donghwa se tambaleó mientras intentaba recuperar el aliento.
—Ah…
Aunque sudaba profusamente, su cuerpo temblaba como si estuviera congelándose. Incluso en medio de los escalofríos, el sudor frío continuaba brotando.
Acababa de ducharse y ya volvía a sentirse pegajoso. La sola idea de meterse otra vez a la ducha le hizo temer que pudiera desplomarse ahí mismo. Era la primera vez que llegaba a preocuparse de esa manera por su estado, así que Kim Donghwa decidió acostarse primero y consiguió arrastrar sus pesados pies hasta el dormitorio.
Se dejó caer sobre la cama y se cubrió con la manta hasta la barbilla.
—Haah… Ah…
Aunque no quisiera, gemidos de dolor escapaban de sus labios.
En ese momento, su corazón, que hasta entonces le había dolido y producido una extraña comezón, de pronto pareció desplomarse. La sensación de una fuerza gravitatoria tirando violentamente de él hacia abajo lo mareó y, de repente, percibió el aroma a lluvia que emanaba de su propio cuerpo.
Era aquel aroma a lluvia del que Wi Woori había hablado, fresco pero intenso, evocador de un fuerte aguacero. Al mismo tiempo, todos los nervios de su cuerpo se pusieron en tensión, como si estuviera a punto de salirse de su propia piel. Hasta el aire parecía afilado, como si arañara cada centímetro de su cuerpo.
¿Qué es esto?
Al comprender que aquello no era una simple gripe, Kim Donghwa abrió mucho los ojos y su expresión se tornó seria.
«Evite el contacto con omegas durante un tiempo».
Fue entonces cuando recordó una advertencia del folleto que le habían entregado cuando se manifestó como alfa.
«Durante las primeras etapas posteriores a la manifestación, la exposición a las feromonas de un omega puede desencadenar rápidamente el ciclo de rut. Al no estar familiarizado con este estado, existe el riesgo de perder la capacidad de razonar, por lo que deberá extremar las precauciones».
Ah.
Kim Donghwa cerró los ojos con fuerza involuntariamente y exhaló pesadamente.
Rut, rut.
Solo había oído hablar de aquello; jamás había imaginado que lo experimentaría en carne propia. Si hubiera prestado más atención a las advertencias que le dieron en el hospital… ¿Acaso se había confiado demasiado?
Kim Donghwa intentó pensar con la mayor racionalidad posible mientras recordaba los síntomas del ciclo de rut que había aprendido. Al principio solían aparecer síntomas parecidos a los de un resfriado, por lo que quienes acababan de manifestarse podían confundirlos con una gripe. Después, la piel comenzaba a sentirse irritada y febril, la cabeza daba vueltas y, poco después, un calor semejante a la excitación se extendía por todo el cuerpo. La libido se disparaba y, al percibir las feromonas de un omega, uno podía perder la cabeza y abalanzarse sobre él como si toda capacidad de razonar hubiera quedado anulada.
Esa era una de las razones por las que a Wi Woori no le gustaban los alfas. Esa repentina superioridad derivada de sus características feromonales era, según sus propias palabras, «jodidamente irritante».
Precisamente por eso, incluso mientras su propia mente comenzaba a tambalearse, Kim Donghwa temía convertirse en algo así. Los síntomas ya habían avanzado hasta parecerse a una gripe y ahora sintió desesperación al percibir aquella sensación burbujeante en el bajo vientre.
Incluso sin tocarse, podía sentir cómo la sangre se concentraba en sus genitales. Su respiración se aceleraba, atascándosele en la garganta como si en cualquier momento fuera a estrangularlo.
Aunque su cuerpo temblaba y estaba completamente encogido, Kim Donghwa no se atrevía a tocarse los genitales. ¿Cómo podía una simple feromona llevarlo hasta el punto de perder la razón? Intentaba comportarse como una persona moderna y racional, pero no sabía cuánto tiempo más podría resistir.
Además, aunque Wi Woori había ido a reunirse con su grupo, seguramente solo saludaría, arreglaría lo necesario y regresaría. A Kim Donghwa le preocupaba que, si se masturbaba estando solo, sus feromonas pudieran desbordarse y terminar poniendo en peligro a Wi Woori.
También le aterraba lo que sucedería si Wi Woori se daba cuenta.
…Ah, pero ¿realmente se daría cuenta?
Wi Woori siempre había sido increíblemente lento para esas cosas. A pesar de haber olido sus feromonas incontables veces, lo único que había dicho era que aquel perfume olía muy bien y que quería que le comprara uno igual, hablando de cosas tan insignificantes como esas.
Y apenas anteayer, Kim Donghwa había perdido el control debido a las feromonas de Wi Woori y se había masturbado. Mientras Wi Woori estaba completamente a merced de sus propias feromonas, ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que ellas eran las responsables de lo sucedido; solo había sentido cierto desprecio hacia sí mismo por haber cruzado los límites de su amistad.
¿Debería alegrarme de que sea tan lento o preocuparme porque es un idiota?
Al pensar en Wi Woori, recordó el aroma fresco de sus feromonas, que encajaba perfectamente con su personalidad positiva y enérgica.
En cuanto pensó en él, sintió que su cuerpo se desplomaba hacia el suelo. Kim Donghwa jadeó mientras se aferraba el pecho. Era como si alguien le hubiera perforado el pecho y estuviera succionándole el corazón con una aspiradora.
—Haah, ah… Ugh, ugh…
Joder, si Wi Woori entra en celo ahora, no debería armar tanto escándalo.
De haber sabido lo problemático que sería aquello, habría ido obedientemente a buscarle los supresores. Kim Donghwa hizo una mueca al recordar cómo había presumido que iría a conseguirlos para Wi Woori cuando este ni siquiera pudiera moverse.
Ya estaba hecho un ovillo, pero intentó encogerse todavía más. Tensó el cuerpo hasta sentir estirarse el tendón de Aquiles, mientras parecía que el calor irradiaba directamente desde su piel.
Apretando los dientes, Kim Donghwa aferró con fuerza la sábana. Tenía que resolver aquello antes de que Wi Woori regresara o confiar en que seguiría sin darse cuenta de nada.
El problema era que, al tratarse de su primer rut, no sabía cómo aliviarlo rápidamente, ni tenía garantía alguna de que Wi Woori siguiera confundiendo sus feromonas con perfume.
En contraste con la ansiedad que dominaba su mente, su cuerpo se calentaba cada vez más. El calor ascendente se concentró alrededor de sus genitales, provocándole una estimulación intensa. Lo primero que debía hacer era enfriar aquel calor. Kim Donghwa se quitó torpemente los pantalones y arrojó la manta a un lado para exponer su cuerpo al aire frío de la habitación.
El frío hizo que se le erizara el vello del cuerpo. Su rostro se crispó involuntariamente y apretó los dientes. Aun así, su pene, aprisionado dentro de la ropa interior, continuaba aumentando de tamaño sin detenerse. Sin haber hecho absolutamente nada, la parte delantera de sus calzoncillos ya estaba empapada.
Joder, ya no soy un adolescente. ¿Qué demonios es esto?
Dejando de lado que Wi Woori pudiera notar sus feromonas, la sola idea de que lo viera en aquel estado era humillante. Recordó cómo Wi Woori se había reído de él y lo había señalado el día que tuvo su primera polución nocturna.
—Ha, joder…
No soportaría que volviera a burlarse de él de esa manera.
Con el cuello inclinado hacia delante, Kim Donghwa se esforzó por reprimir la estimulación que recorría todo su cuerpo. A pesar de ello, su pene, que ya había comenzado a hincharse, continuó creciendo sin dar señales de detenerse.
El glande, que ya sobresalía por encima de la cintura de sus calzoncillos, relucía cubierto de líquido preseminal, y su uretra palpitaba, ávida de estimulación, como si estuviera a punto de correrse.
Quería masturbarse de inmediato. Ya fuera con la mano o frotándose contra las sábanas, lo único que quería era correrse.
¿Qué clase de práctica ascética involuntaria es esta?
Con los dientes apretados, Kim Donghwa sintió que su visión se volvía borrosa y que su conciencia comenzaba a desvanecerse. Sentía que podía perder la razón en cualquier momento. Inconscientemente, bajó la mano y se agarró los genitales. Aunque su mano estaba caliente, su pene ardía todavía más.
Kim Donghwa comenzó a frotar insistentemente alrededor de la abertura de la uretra. Al presionarla con el pulgar, su cuerpo se estremeció involuntariamente. Arañó suavemente con las uñas las zonas más sensibles. Apretó con fuerza el glande hinchado y luego golpeó el tronco, produciendo un sonido seco.
El placer comenzó a ascender desde la punta de sus pies. Al sentir que los músculos de sus muslos se tensaban, Kim Donghwa echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un gemido ardiente. Instintivamente, alternó entre apretar y soltar el glande mientras aceleraba la mano que recorría el tronco.
Lágrimas de placer se acumularon en las comisuras de sus ojos fuertemente cerrados, mientras gotas de sudor cubrían su cuerpo acalorado. La habitación estaba inundada por el aroma a lluvia, como si en su interior se hubiera desatado una tormenta. La nariz le hormigueaba, casi entumecida por aquel aroma desconocido. Con el rostro crispado, Kim Donghwa tembló al alcanzar la cima del placer.
Entonces:
—¡Kim Donghwa!
La puerta se abrió de golpe y la voz que menos quería escuchar atravesó sus oídos. La mano con la que se masturbaba se detuvo bruscamente.
Joder.
Hasta maldecir parecía insignificante en ese momento.
—¿Qué es esto?
—…Hip, ah.
—¿Qué pasa? ¿Qué estás haciendo?
La voz de Wi Woori no tenía su habitual vivacidad.
Ahora sonaba firme y endurecida, lo bastante cortante como para dejar clara su incomodidad. Kim Donghwa fue incapaz de responder. No estaba en condiciones de decirle a Woori que se largara cuando él mismo se encontraba hecho un desastre, pero tampoco podía obligarse a admitir que se había manifestado como alfa.
La vergüenza quedó eclipsada por la sensación de haber quedado completamente expuesto. Kim Donghwa apretó los dientes, sin volverse hacia Wi Woori. Por suerte, la manta lo cubría por completo y Wi Woori parecía creer que simplemente estaba sufriendo una fiebre muy alta.
El sonido de los pasos acercándose se escuchó con particular claridad. Poco después, una mano fría se posó sobre su frente.
—Es obvio que tienes fiebre… pero ¿te manifestaste? Estas son feromonas de alfa.
—…
—¿Cuándo empezó? ¿Por qué me lo ocultaste?
—…
Kim Donghwa se limitó a mantener los ojos fuertemente cerrados, evitando responder. Por dentro, repasaba todas las maldiciones que había aprendido a lo largo de los años.
¿Por qué iba a decírtelo cuando dijiste que lo odiabas tanto?
No podía pronunciar aquellas palabras. Kim Donghwa intentaba pensar rápidamente en cómo resolver la situación mientras sentía que las feromonas de Wi Woori comenzaban a filtrarse poco a poco en su interior.
Maldición, no tenía idea de que las feromonas de un omega pudieran tener este efecto durante el rut.
Su cuerpo, que por un instante había parecido tranquilizarse, pronto volvió a hervir bajo una intensa excitación. La visión le daba vueltas. Abrumado por un deseo imposible de controlar, Kim Donghwa cerró los puños con fuerza, ignorando la intensa presión de su propia excitación.
—¿Por qué lo ocultaste? ¿Estás en rut ahora? Ah, no, ¿es porque todavía estás en el periodo de manifestación?
En lugar del rechazo que había esperado, la voz de Wi Woori contenía un tono juguetón, casi como si le estuviera diciendo: «Ahora ya sabes lo que se siente». Kim Donghwa no pudo evitar fruncir el ceño.
—Maldito… ¿no piensas irte?
—Tú eres el que mintió, ¿por qué te enojas conmigo?
—…
—¿Dónde están los supresores?
Tal vez estaba resentido. En el momento en que la voz de Wi Woori sonó algo apagada y este se apartó ligeramente, aunque solo fueran unos centímetros, la disminución de sus feromonas fue tan evidente que Kim Donghwa le agarró la muñeca por puro instinto.
Al diablo con los supresores. Sus instintos gritaban que necesitaba a Wi Woori en ese preciso momento. Su mente le decía que debía apartarlo, pero a esas alturas, con la mirada ya completamente empañada, no quedaba suficiente racionalidad para imponerse al instinto.
—¿Qué te pasa? ¿Dónde están los supresores? Entonces, ¿estas eran tus feromonas? Con razón me daba comezón cada vez que las olía.
—…Wi Woori.
—¿Mmm?