Una relación sin importancia - Capítulo 16
¡Incluso me follaste por detrás! Justo cuando estaba a punto de decirlo:
—Oye.
Kim Donghwa golpeó la mesa con la cuchara y lo miró con frialdad. Su mirada era extrañamente severa, una que Wi Woori nunca había visto en él, ni siquiera cuando estaba enojado. Al darse cuenta de lo difícil que debía de ser aquello para Kim Donghwa, cerró la boca.
—…Todo el mundo comete errores. Dejémoslo pasar esta vez.
Como si quisiera decirle que no volviera a mencionar el tema, Kim Donghwa dio por terminada la conversación de manera tajante y continuó comiendo en silencio. Ante una actitud tan firme, a Wi Woori le resultaba difícil seguir insistiendo. Así que comió en silencio, dejando de lado la incómoda sensación que persistía en su pecho.
Por suerte, la sopa caliente le asentó el estómago. Dejando a un lado la resaca y todo lo demás, después de concentrarse en Kim Donghwa se sentía mucho mejor, y al terminar de comer por fin logró relajarse.
Entonces, Kim Donghwa le tendió de repente un paquete de supresores. Incluso sin mirarlo detenidamente, Wi Woori supo para qué eran y alzó una ceja.
—¿Por qué? No estoy en celo.
—Lo sé, pero por si acaso.
¿Y esto a qué viene?
En cuanto lo escuchó, Wi Woori recordó que él mismo se había preguntado si estaría en celo. ¿Acaso Kim Donghwa se había manifestado? ¿Había sido porque percibió sus feromonas que no pudo controlarse?
Al añadir la «manifestación» a la ecuación, todas las preguntas que hasta entonces no habían tenido respuesta parecieron encajar.
—¿Te manifestaste? ¿Por eso reaccionaste ayer a mis feromonas?
Si Kim Donghwa se hubiera manifestado como alfa, para él habría sido una bendición caída del cielo. Había un atisbo de esperanza en su pregunta, pero Kim Donghwa se limitó a rascarse una ceja.
—Por lo que vi ayer, todos esos malditos alfas estaban mirándote.
—…¿Lo estaban?
Wi Woori inclinó la cabeza.
Ahora que lo pensaba, recordaba las miradas lascivas de los hombres de la mesa de enfrente. En ese momento había fruncido el ceño, incómodo, pero ¿Kim Donghwa también se había dado cuenta?
Wi Woori lo observó discretamente y vio cómo su expresión se endurecía antes de añadir:
—Así que, si no te sientes bien, llámame. ¿Entendido?
Solo recordarlo parecía irritarlo, pues su rostro se crispó. Wi Woori se apresuró a justificarse.
—Tú no me dijiste eso. No, me dijiste que no te llamara, pero luego me dices que esté pendiente de algún otro imbécil. ¿Cómo se supone que eso va a hacerme sentir bien? Simplemente contesta mis llamadas.
Wi Woori soltó todo lo que llevaba dentro, sintiéndose un tanto agraviado, y Kim Donghwa cerró la boca. Parecía haberse dado cuenta de que había ido demasiado lejos. Después de pensarlo durante unos instantes, se levantó, tomó un bolígrafo y se acercó al refrigerador, donde comenzó a trazar unas líneas.
—Listo.
Le entregó el papel en el que estaba escrita la cláusula número 2: «Nada de llamadas cuando estés borracho». La frase había sido tachada por completo. A Wi Woori le encantó ver aquella cláusula anulada y sonrió satisfecho, lo que hizo que Kim Donghwa volviera a recalcar:
—Lleva los supresores contigo. No dejes que esos malditos te vean.
—Pero… ¿qué tiene de malo que me miren? ¿Por qué te preocupa tanto?
—He dicho que no.
Pero ¿por qué?
Kim Donghwa estaba inusualmente obstinado ese día, pero Wi Woori decidió ceder por el momento. Si Kim Donghwa había dado su brazo a torcer, él también debía hacerlo.
Kim Donghwa volvió a sentarse frente a él, mucho más relajado que antes. Aun así, parecía preocupado y de vez en cuando soltaba un pesado suspiro. Wi Woori lo observó, percibiendo su incomodidad, y entonces dijo:
—La próxima vez puedes cometer un error tú también. Haré como si no hubiera visto nada.
—¿Qué?
—Todo el mundo comete errores y dijiste que podemos dejar pasar uno, ¿no? Yo haré lo mismo por ti.
Lo dijo deliberadamente en un tono ligero, pero la expresión de Kim Donghwa se torció un poco. Tal vez no le gustaba que lo ocurrido fuera considerado un error, pero ya era demasiado tarde para buscarle un significado a cada detalle. Era la mejor conclusión a la que Wi Woori había podido llegar, pero Kim Donghwa respondió con una pregunta tajante.
—¿Y cómo sabes qué clase de error voy a cometer?
Por supuesto que no lo sabía. Wi Woori se encogió de hombros. Nadie planeaba cometer un error; si lo hacías, entonces ya no era un error, sino algo intencional.
—No lo sé.
Respondió encogiéndose de hombros y, desde el otro lado de la mesa, se escuchó otro suspiro.
⛧⛧⛧
«Todo el mundo comete errores y dijiste que podemos dejar pasar uno, ¿no? Yo haré lo mismo por ti».
Unos días después, Kim Donghwa seguía reproduciendo las palabras de Wi Woori una y otra vez en su cabeza, con el rostro crispado por la frustración. Dio una profunda calada al cigarrillo y exhaló lentamente una larga bocanada de humo mientras se frotaba el entrecejo.
En serio, ¿cómo se supone que voy a saber qué clase de error cometeré? ¿Quién sabe si lo que haga podrá considerarse un error o si simplemente será intencional?
¿Era porque Wi Woori era demasiado simple o sencillamente así de lento para darse cuenta de las cosas? Lo estaba volviendo loco. Ni siquiera solía fumar tanto, pero últimamente había aumentado la cantidad de cigarrillos que fumaba, y todo era culpa de Wi Woori.
Quizá debido a su manifestación, había descubierto lo potentes que eran las feromonas de Wi Woori, y la sola idea de que otros alfas se acercaran demasiado a él hacía que el estómago se le revolviera de rabia.
—Ah…
Kim Donghwa soltó un largo suspiro, sacudió la ceniza del cigarrillo y apagó la colilla en el cenicero. Con el nuevo semestre ya en pleno apogeo y las tareas acumulándose, incluidos los trabajos en grupo, sentía que la cabeza le daba vueltas.
Cuando él y Wi Woori habían organizado sus horarios, habían elegido deliberadamente materias sin trabajos en grupo, pero había habido una excepción. Chasqueando la lengua, Kim Donghwa esperaba fuera del edificio del departamento a Wi Woori, que todavía no aparecía.
Ya era bastante molesto que de repente les hubieran asignado un trabajo en grupo, y para colmo él y Wi Woori ni siquiera estaban en el mismo equipo. Llevaba diez minutos esperando a Wi Woori, quien se había quedado coordinando los horarios con los miembros de su grupo.
Sintiendo un poco de frío, Kim Donghwa suspiró profundamente. Le daba vueltas la cabeza y sentía una incómoda presión alrededor de los ojos.
—Ah, ¿cuándo va a salir…?
Quería volver a casa y acostarse, pero Wi Woori no aparecía por ningún lado, lo cual empezaba a frustrarlo. Justo cuando la irritación comenzaba a apoderarse de él y pensó en llamarlo, escuchó un alboroto proveniente del interior. Aquella risa aguda era inconfundiblemente la de Wi Woori.
Wi Woori, que por lo general se llevaba bien con todo el mundo mientras no fueran abiertamente groseros con él, estaba otra vez rodeado por los miembros de su grupo. Al verlo, Kim Donghwa sintió que su irritación volvía a dispararse.
¿Y cómo se supone que voy a saber si hay un alfa entre ellos?
Mientras se consumía en su frustración, encendió otro cigarrillo. En ese momento, su mirada se cruzó con la de Wi Woori, quien salió corriendo hacia él, alterado, y le arrancó el cigarrillo directamente de la boca. Wi Woori lo miró con desaprobación y frunció el ceño de inmediato.
—Oye, ¿no estás fumando demasiado últimamente?
—No es asunto tuyo.
—Sí, no es asunto mío si se te pudren los pulmones o no.
Era una frase que había escuchado muchas veces antes. Al recibir sus propias palabras de vuelta, Kim Donghwa alzó una ceja.
Si no es asunto tuyo, ¿por qué me quitas el cigarrillo?
Mientras observaba cómo el cigarrillo se partía entre los largos y bonitos dedos de Wi Woori, este añadió:
—Pero aun así, deja de fumar. El olor es demasiado fuerte.
Ante el regaño de Wi Woori, Kim Donghwa olfateó su propia ropa. Aunque apenas era su segundo cigarrillo, el olor era realmente intenso, para su fastidio.
—Tendré que lavar esta ropa cuando llegue a casa.
—Ah, entonces vámonos rápido. Tengo hambre.
—¿Qué quieres comer?
—No sé. ¿Hoy te toca cocinar a ti?
—¿Cuándo decidimos eso?
Le resultaba gracioso cómo Wi Woori intentaba endilgarle sutilmente la tarea de cocinar. Habían acordado turnarse para hacerlo, pero lo único que habían establecido de manera concreta era cuántas veces pedirían comida a domicilio o comerían fuera. Sin embargo, pensándolo bien, Wi Woori parecía una anguila en su vida pasada: siempre conseguía escabullirse cuando le tocaba cocinar.
—Hoy cocinas tú.
—¿Por qué?
—Porque siempre cocino yo.
—¿Por qué?
Wi Woori mostró una clara expresión de rechazo y apoyó la barbilla sobre su hombro. Cuando Kim Donghwa se la apartó de un golpe, se escuchó un fuerte chasquido de dientes, pero Wi Woori volvió a colocar la barbilla sobre su hombro como si estuviera imantada.
—Te levantas por la mañana y vuelves a casa por la noche, ¿y qué? Siempre soy yo el que cocina. ¿Por qué te comportas como el amo de la casa cuando solo eres un mantenido?
—Ah, ¿qué? ¡No sé cocinar! ¡Tú lo sabes!
—Esfuérzate un poco. De todos modos, hoy cocinas tú. Yo no lo haré.
He sido demasiado indulgente con él.
Kim Donghwa añadió aquello mientras miraba fríamente a Wi Woori. Frente a él, Wi Woori hizo un puchero sin molestarse en ocultar su desagrado e incluso soltó un largo «aaah» de protesta.
—No. No lo haré.
—¿Qué? ¿Por qué estás tan firme con eso? ¿Estás enojado conmigo?
No estaba particularmente enojado con Wi Woori, pero sí estaba de mal humor. Pensar que Wi Woori podía usar toda esa ternura y sus lloriqueos para conseguir de él lo que quisiera, solo para después ir a coquetear con la persona que le gustaba, hacía que la sangre de Kim Donghwa hirviera.
No, joder. Antes no era tan grave. ¿Por qué de repente estoy así?
No era como si hubiera empezado a gustarle apenas ayer, pero ¿estaba bien que todo se intensificara tan rápido? Aun así, era incapaz de controlar aquellas emociones fluctuantes.
Todo es culpa de ese maldito rasgo.
Cuando se manifestó por primera vez, pensó que jamás podría revelar sus sentimientos ni confesarse porque a Wi Woori le gustaba otra persona. Pero míralo ahora. A este ritmo, solo era cuestión de tiempo antes de que sus sentimientos quedaran al descubierto.
Kim Donghwa apretó la mandíbula inconscientemente. Lo único que podía hacer ahora era esperar que el tipo que le gustaba a Wi Woori no se manifestara como alfa.
Era frustrante tener que apostar sus sentimientos a una posibilidad tan incierta, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Sus emociones ya estaban fuera de control, y su cabeza, enloquecida por las feromonas de Wi Woori, había perdido toda razón, hasta el punto de hacer que su polla se estremeciera.
Al recordar aquel momento vertiginoso, Kim Donghwa cerró los ojos con fuerza. De repente, un mareo hizo que todo le diera vueltas. ¿Era porque su estado de ánimo estaba por los suelos y ahora su cuerpo tampoco quería cooperar? Sin darse cuenta, soltó una maldición.
—Joder.
Wi Woori, que hasta entonces había seguido apoyando descaradamente la barbilla sobre él, se enderezó y se apartó un paso.
—Está bien, lo haré. ¿Por qué pones esa cara? Me haces sentir mal.
—¿Eh?
—¿Qué carajos… por hacer la cena?
Ah, no había querido herir los sentimientos de Wi Woori.
La situación se volvió incómoda, así que Kim Donghwa se limitó a mirarlo en silencio. Entonces, Wi Woori echó un vistazo a su teléfono y añadió:
—Pero hoy no tengo tiempo. Tengo que ir a una reunión del grupo justo después de comer. Mejor comamos fuera hoy, ¿sí?
Se mirara por donde se mirara, parecía que estaba intentando librarse de cocinar, pero Kim Donghwa ya no pudo insistir. El ambiente se había vuelto demasiado tenso y lo prioritario era aliviarlo.
—…Está bien.
Kim Donghwa finalmente accedió y Wi Woori, ya de mejor humor, le dedicó una sonrisa radiante y se acercó a él.
—¿Qué quieres comer, Donghwa? Hyung te invita. Nuestro pequeño Donghwa ya no es un niño, pero vaya que se enfada cuando las cosas no salen como quiere.
Kim Donghwa no sabía quién era el más indicado para decir algo así, pero ni siquiera se molestó en apartar la mano de Wi Woori cuando este comenzó a darle palmaditas en el trasero como si estuviera consolando a un niño.