Una relación sin importancia - Capítulo 14
Wi Woori frunció el ceño con disgusto y siguió bebiendo de su vaso. A pesar de ser más alto, corpulento y fuerte que el coreano promedio, desde que se había manifestado como omega, a menudo era menospreciado por tipos que ni siquiera serían gran cosa en una pelea, lo cual le parecía absurdo.
¿Qué tiene de especial ser alfa?
Era ridículo ver a quienes habían tenido la suerte de manifestarse como alfas comportarse como si eso les otorgara algún tipo de privilegio.
—Tsk, tsk.
Wi Woori chasqueó la lengua y, de pronto, sintió una oleada de calor que lo hizo fruncir el ceño.
Sospechaba que podía estar entrando en celo, pero todavía no le correspondía su ciclo.
¿Me estaré resfriando?
Pensándolo bien, su cuerpo no había terminado de recuperarse desde que enfermó por la resaca unos días atrás. Quizá debería haberse quedado en casa.
Justo cuando empezaba a arrepentirse un poco de haber salido, su cuerpo se tambaleó.
Tal vez preocupado por su estado, el amigo que normalmente lo habría regañado por no sentarse bien le ofreció el hombro, algo inusual en él.
Fue entonces cuando un familiar aroma a lluvia invadió sus fosas nasales y, de repente, alguien le metió algo de comer en la boca.
—¿Eh? ¿No dijiste que no vendrías?
—Le dije que me llamara si te veía raro. ¿Quieres morirte?
Tal como imaginaba, era aquella voz tan familiar.
Wi Woori, con los ojos entrecerrados, giró la cabeza.
Kim Donghwa estaba allí, mirándolo desde arriba con evidente irritación.
Por un lado, se alegraba de verlo. Por otro, le molestaba que hubiera pedido a otro amigo que lo vigilara mientras él fingía no preocuparse.
Wi Woori se esforzó por incorporarse y abrió bien los ojos.
—¿Y esto qué es? ¿No dijiste que no te llamara después de beber?
—Dije que no llamaras, no que no contestaras. ¿Apagaste el teléfono?
¿Por qué está tan molesto?
Él había sido quien se negó a venir cuando lo invitaron, quien le dijo que no llamara después de beber y quien había actuado como si no le importara lo que hiciera fuera de casa.
En vez de encender el teléfono, Wi Woori siguió bebiendo, ignorándolo. Sin embargo, Kim Donghwa arqueó una ceja y le arrebató el vaso.
—Oye.
—Déjate de tonterías. No acabes con otra resaca y después armes un escándalo.
Al pensar en qué clase de escándalo había armado, Wi Woori recordó a Kim Donghwa teniendo una erección mientras lo abrazaba.
No, ¿quién fue el que causó problemas?
Con el cuerpo dolorido y los nervios ya de punta, que Kim Donghwa apareciera culpándolo de inmediato hizo que Wi Woori sintiera ganas de llorar.
Decidió que no tenía sentido quedarse allí más tiempo.
No sabía por qué Kim Donghwa estaba comportándose como un imbécil, pero aquel no era momento para lidiar con él.
Sin responder, Wi Woori se puso el abrigo. Varias miradas curiosas lo siguieron, pero no estaba de humor para satisfacer su curiosidad.
—Me voy primero. Diviértanse con Kim Donghwa.
—¿Por qué están peleando otra vez? Cuando lleguen a casa ya estarán todos cariñosos, ¿verdad?
—¿Kim Donghwa no es siempre así de susceptible? Quédate y divirtámonos juntos.
—Ese imbécil no tiene modales y me irrita. Los llamo después. Diviértanse. Perdón.
Ver a sus amigos intentando convencerlo de quedarse le hizo sentir un poco culpable.
Pero, en lugar de volver a sentarse, Wi Woori sacó su tarjeta y se la entregó a Gong Minjae, diciéndole que pagara y después se la diera a Kim Donghwa.
Luego salió.
El aire fresco golpeó agradablemente su rostro.
Kim Donghwa, maldito imbécil.
En realidad, Kim Donghwa no había hecho nada malo y Wi Woori lo sabía. Solo estaba preocupado porque, cuando bebía, terminaba causando problemas.
Pero aquel día, por alguna razón, estaba demasiado sensible y cada cosa que hacía Kim Donghwa lo afectaba más de la cuenta.
Wi Woori decidió atribuírselo todo al alcohol. Sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió con un clic.
Después de expulsar una bocanada de humo, se tocó los labios y sintió sus sentidos agudizarse de golpe.
El recuerdo del beso con Kim Donghwa atravesó su mente y la sensación de aquel momento pareció revivir.
Wi Woori apretó los labios.
Quizá porque había recordado el beso, el calor que recorría su cuerpo se volvió todavía más intenso.
Sentía un extraño cosquilleo en el bajo vientre y las entrañas parecían hervirle. El aire fresco, que hasta hacía poco le había resultado frío, ahora acariciaba suavemente su cuerpo, y hasta entre las nalgas comenzaba a sentir una extraña comezón.
Ah, estoy jodido.
Al comprender lo que le estaba ocurriendo, Wi Woori se levantó rápidamente.
Lo mejor sería volver a casa cuanto antes.
—Oh… oh.
De pronto, las piernas le fallaron y trastabilló.
Por mucho que intentara recuperar el equilibrio, fue inútil.
Convencido de que terminaría cayendo de cara y sangrando por la nariz, cerró los ojos con fuerza, pero un brazo fuerte sostuvo de pronto la parte superior de su cuerpo.
—Siempre causando problemas.
Y, como extra, recibió aquel desagradable regaño.
Sobresaltado, Wi Woori intentó enderezarse rápidamente. Giró la cabeza y vio a Kim Donghwa, que probablemente había salido a fumar, observándolo con expresión irritada.
—Hace frío aquí afuera. ¿Qué haces? ¿No te ibas?
—No llevo ni cinco minutos afuera. Que me vaya o no es asunto mío.
¿Y para qué se molestaba siquiera en hablarle en vez de limitarse a fumar?
Claro que, si Kim Donghwa no lo hubiera sujetado cuando estuvo a punto de caer, Wi Woori seguramente le habría gritado por no ayudarlo.
Se soltó bruscamente de su brazo y lo miró con resentimiento.
La mirada de Kim Donghwa era igual de afilada.
Kim Donghwa sacó un cigarrillo, pero su expresión se crispó por un instante y, de pronto, se acercó.
El callejón ya era bastante estrecho para dos hombres adultos y, cuando Kim Donghwa redujo aún más la distancia, la espalda de Wi Woori chocó inmediatamente contra la pared.
—¿Q-qué haces?
El simple hecho de que Kim Donghwa se acercara hizo que su corazón diera un vuelco.
El aroma de aquella supuesta colonia pareció cobrar vida y envolverlo por completo.
Kim Donghwa se acercó todavía más y, de repente, enterró la nariz en el cuello de Wi Woori.
Sobresaltado, su cuerpo tembló por instinto.
Wi Woori cerró los puños con fuerza, sintiendo que un deseo incontrolable hervía en su interior.
¿Qué es esto?
No se trataba simplemente de que le gustara Kim Donghwa y quisiera tener contacto físico con él.
Su cuerpo parecía estar acercándose al punto de ebullición.
Su miembro, ya erecto, presionaba dolorosamente contra el pantalón.
¿Kim Donghwa sentía lo mismo?
Sus oscuros ojos, que hasta entonces habían estado desviados, se posaron sobre él con un ardor que Wi Woori jamás había visto.
Aquella mirada era completamente distinta de la habitual y le puso la piel de gallina.
En cuanto Wi Woori inhaló bruscamente, Kim Donghwa apoyó los labios contra su cuello.
—¿P-por qué haces esto…?
Su corazón latía con violencia.
Justo cuando estaba a punto de perderse en aquella excitación incontrolable, sintió como si un relámpago estallara frente a sus ojos.
—Ah, ¿adónde se fueron? Vi a Wi Woori aquí hace un momento.
—Seguro se fueron juntos a casa. Devuélvele la tarjeta después. Van a la misma universidad, ¿verdad?
—Uf, qué fastidio.
Al escuchar la conversación de sus amigos en la entrada del callejón, Wi Woori se tapó rápidamente la boca.
Sentía que en cualquier momento podía escapársele un gemido.
A diferencia de él, Kim Donghwa siguió mordisqueándole el cuello.
—Oye… oye…
Wi Woori agarró los firmes hombros de Kim Donghwa e intentó apartarlo.
Sus labios se separaron con un sonido húmedo y el aire frío golpeó la zona donde había quedado su saliva, provocándole un escalofrío.
Kim Donghwa alzó únicamente los ojos para mirarlo.
Su mirada brillaba intensamente en la oscuridad del callejón.
—…Wi Woori, imbécil. ¿Adónde crees que vas a ir en este estado?
Fue en ese momento cuando aquel refrescante aroma a lluvia lo envolvió como un aguacero.
⛧⛧⛧
La cabeza le daba vueltas y la visión le parpadeaba.
Cuando finalmente recuperó un poco la conciencia, ya estaban frente a su casa.
Fuera lo que fuera que había enfurecido tanto a Kim Donghwa, este continuaba mirando al frente con expresión severa.
Wi Woori bajó la vista hacia la mano que sujetaba firmemente su muñeca y después miró su rostro.
No entendía por qué le dolía tanto la cabeza ni por qué su cuerpo reaccionaba con tanta intensidad a aquella fragancia de Kim Donghwa que ya le resultaba familiar.
¿Así se siente perder la claridad mental?
Nunca antes había sentido semejante comezón entre las nalgas, pero ahora tenía la desagradable sensación de que un líquido fluía por allí, y no resultaba nada agradable.
Y, aun así, sus piernas seguían enredándose.
El bajo vientre estaba tan alterado como el de un adolescente descubriendo el deseo sexual por primera vez, y su miembro congestionado parecía estar a punto de estallar.
Me estoy volviendo loco.
Sintiendo que en aquel momento sería capaz de hacer cualquier cosa, Wi Woori cerró los ojos con fuerza.
Justo entonces llegaron a casa y Kim Donghwa soltó su muñeca.
Wi Woori lo observó con los ojos desenfocados.
¿Cuánta colonia se había puesto?
El aroma a lluvia parecía empaparlo por completo.
Wi Woori tragó saliva y Kim Donghwa se rascó una ceja, aparentemente irritado por alguna razón.
—Si estás en este estado, deberías llamar o venir directamente a casa. ¿Por qué andas haciendo estupideces afuera? ¿Eres un niño?
A pesar de que Kim Donghwa había alzado la voz, Wi Woori no estaba en condiciones de responderle.
Cuanto más se intensificaba el aroma de Kim Donghwa junto con su irritación, más difícil le resultaba pensar con claridad.
Aunque todavía había cierta distancia entre ambos, sentía como si Kim Donghwa estuviera tirando de él.
En ese momento, lo único que Wi Woori necesitaba era a Kim Donghwa, y resistirse a aquel extraño aroma que lo envolvía se estaba volviendo cada vez más difícil.
Wi Woori agarró la muñeca de Kim Donghwa.
Este dejó de regañarlo de inmediato.
Su expresión cambió sutilmente y su prominente nuez subió y bajó.
Él también debe sentir esta sed.
Pensándolo instintivamente, Wi Woori juntó sus labios con los de Kim Donghwa.
Kim Donghwa se sobresaltó por un instante, pero enseguida sostuvo con suavidad la nuca de Wi Woori.
En cuanto sus labios se tocaron, un placer intenso hizo que Wi Woori abriera los ojos de golpe.
Soltó un gemido y pegó su cuerpo al de Kim Donghwa.
Ya no quedaba espacio para la razón entre unos instintos que no dejaban de intensificarse.
Wi Woori tembló al sentir unas manos introducirse bajo su ropa. Al mismo tiempo, se concentró en la sensación de sus lenguas entrelazándose y sintió que el mundo entero giraba a su alrededor.
—Haa… ah… ngh…
Los gemidos escapaban sin que pudiera contenerlos, como si todos aquellos años en los que ni siquiera sabía que podía producir sonidos semejantes hubieran sido una mentira.
Los gemidos ardientes siguieron brotando sin control.
Pero no había manera de detenerlos.
Las manos que se habían deslizado bajo su ropa recorrían libremente su cuerpo, acariciándole la cintura y después la columna, haciendo que su piel pareciera arder.
Wi Woori persiguió con empeño la insistente lengua de Kim Donghwa.
Sentía como si aquel beso estuviera dejando una marca a fuego en su boca.
A pesar de la fiebre que abrasaba su propio cuerpo, el calor ajeno le resultaba paradójicamente refrescante, mientras que en su cabeza parecía estar estallando un espectáculo de fuegos artificiales.
Jamás había experimentado un placer tan crudo ni siquiera durante sus celos anteriores.
No, en realidad, nunca había considerado el celo como algo capaz de producir un placer tan intenso.
Sin embargo, su cuerpo estaba reaccionando precisamente como si estuviera en celo, y aquello suponía un verdadero problema.
—Mierda, estoy perdiendo la cabeza.
¿Quién está diciendo tonterías ahora?
Ante la grave maldición que brotó frente a él, Wi Woori continuó mirando con los ojos lánguidos.
Kim Donghwa apartó los labios, dejó caer la cabeza y exhaló respiraciones ardientes.
¿También estaba excitado?
Sus entrepiernas estaban firmemente pegadas, ambas abultadas.
Wi Woori apoyó inconscientemente una mano sobre el pantalón de Kim Donghwa, pero este le sujetó la muñeca con fuerza.
—No lo hagas.
—Ah… por favor, Kim Donghwa…
—…De verdad vas a arrepentirte. No lo hagas.
Si vamos a hablar de arrepentimientos, ¿no deberíamos empezar por el beso de la otra vez?