Un frágil personaje de relleno - Capítulo 78

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La temperatura corporal de Huo Lin siempre había sido gélida. Desde que se infectó con el virus mutante, su cuerpo se había mantenido constantemente en un estado que parecía el de alguien conservado durante años a baja temperatura.

Hacía muchísimo tiempo que no experimentaba aquella sensación de calor filtrándose desde cada diminuto poro de su piel.

En ese momento, el interior de su cuerpo parecía agua hirviendo. El calor estimulaba el flujo de su sangre, como si todo su cuerpo estuviera siendo abrasado por llamas, provocándole una necesidad urgente de hacer algo.

Para Huo Lin, aquello no era una buena señal.

Su razón estaba siendo erosionada poco a poco.

Sus ojos solo veían a Liu Qingzhi.

Era como si únicamente pudieran verlo a él.

Su mirada descendió hasta el cuello de Liu Qingzhi. La iluminación de aquella zona no era especialmente intensa, pero gracias a su constitución extraordinaria podía distinguir con absoluta claridad el recorrido de las arterias bajo la piel de su cuello.

Incluso le parecía escuchar el sonido de la sangre fresca fluyendo lentamente por ellas.

Aquel sonido, acompasado con los latidos de su corazón, estimulaba sus nervios una y otra vez.

Huo Lin apretó con fuerza la mano.

Al segundo siguiente, apartó la mirada a la fuerza y dejó de permanecer recostado de lado frente a Liu Qingzhi para volver a tumbarse boca arriba. Dirigió aquellos ojos, en los que ya se acumulaba una emoción oscura e indescriptible, hacia la pared interior de la Morada Medusa.

Los potos que decoraban el techo parecían hileras de campanillas de viento silenciosas que se balanceaban suavemente con las corrientes de aire que circulaban por el interior.

Sin embargo, aunque Liu Qingzhi ya no estaba dentro de su campo visual, las imágenes que había contemplado segundos antes continuaban reproduciéndose en su mente.

Desde el rabillo de sus ojos hasta el puente de la nariz, después las comisuras de sus labios y su barbilla, hasta terminar en la nuez que sobresalía de su esbelto cuello, sumida en una tenue sombra.

Cada imagen parecía haberse congelado en su conciencia, dejando una huella imposible de borrar.

Pequeñas gotas de sudor comenzaron a brotar de la frente de Huo Lin.

A esas alturas, el parche refrigerante se había convertido, más que en una ayuda, en una especie de atadura.

Sus labios se tensaron inconscientemente y la línea de su mandíbula, ya de por sí afilada, se marcó todavía más.

Naturalmente, Liu Qingzhi percibió los cambios de Huo Lin.

De hecho, ya había notado su mirada desde el momento en que esta se posó sobre él.

Pero entonces no le había dado demasiada importancia.

Porque confiaba en que Huo Lin sería capaz de contenerse.

Y, efectivamente, así fue.

Huo Lin apartó la mirada.

Sin embargo, su estado mental no mejoró.

Ante aquello, Liu Qingzhi ya no podía fingir que no había notado nada.

Giró la cabeza y miró a Huo Lin, que permanecía tumbado boca arriba.

Bajo la cálida iluminación, Huo Lin había vuelto a cerrar los ojos. Sus pestañas temblaban de una manera incluso más evidente que cuando había estado atrapado en aquella pesadilla. Los mechones junto a sus sienes estaban empapados de sudor; las puntas se habían agrupado y se adherían a los marcados contornos de su rostro.

Su respiración era inestable y su pecho subía y bajaba con rapidez.

Liu Qingzhi extendió la mano y retiró el parche de su frente.

En ese instante, las yemas de sus dedos rozaron inevitablemente la frente de Huo Lin.

Debido a su habilidad de hielo, la temperatura corporal de Liu Qingzhi era ahora incluso más baja que antes. Sus dedos, fríos como jade, rozaron la ardiente frente de Huo Lin.

El contraste entre frío y calor hizo que el cuerpo de Huo Lin se tensara bruscamente y su respiración, ya acelerada, se volviera todavía más pesada.

Al instante siguiente, Huo Lin abrió nuevamente los ojos.

Esta vez, en el fondo de su mirada ya no había aquella oscuridad turbia e indescifrable.

En su lugar había un enrojecimiento congestionado, como si todo su deseo se hubiera acumulado allí.

Tenía enrojecidas las comisuras y los extremos de los ojos. Incluso el blanco de sus ojos estaba surcado por venas rojas.

Una expresión diferente.

Pero igual de peligrosa.

Como si quisiera atravesar la piel del cuello de Liu Qingzhi y devorar su sangre y su carne.

Era un hambre evidente.

Había aflorado por completo en sus ojos y ya casi resultaba imposible ocultarla.

Una fina capa de sudor cubría su frente. Las gotas descendían lentamente por sus afilados arcos superciliares hasta llegar a los brillantes piercings de plata y al complejo tatuaje entrecruzado, otorgándole inexplicablemente una sensualidad contenida y prohibida.

Aquella escena hizo que Liu Qingzhi recordara algunos momentos que había vivido anteriormente con Huo Lin en el aula.

En aquel entonces, mientras dibujaba con tiza la figura de Huo Lin sobre la pizarra, la mirada de este se había posado sobre su mano, y en sus ojos había surgido el deseo de devorarla.

Sin embargo, en aquella ocasión Huo Lin se había mostrado relativamente sereno.

Incluso cuando Liu Qingzhi había colocado deliberadamente un dedo junto a sus labios, aparte de que su mirada se volviera más profunda, Huo Lin no había hecho nada inapropiado.

Pero ahora, aquellos ojos congestionados demostraban claramente que en su interior estaba librando una lucha feroz.

La cuerda de su razón estaba a punto de romperse.

Liu Qingzhi dejó el parche a un lado.

Después de observar nuevamente el deseo acumulado en los ojos de Huo Lin, dirigió la mirada hacia su nuez, que se movía ligeramente debido al enorme esfuerzo que hacía por contenerse.

Tras guardar silencio durante unos segundos, Liu Qingzhi giró su asiento para quedar frente al sofá y acercó la mano a los labios de Huo Lin.

—Puedes beber mi sangre. Pero solo eso.

Su tono no fue particularmente suave ni severo. Pronunció cada palabra con claridad.

Con la constitución actual de Liu Qingzhi, aunque un zombi de alto rango llegara a morderlo, no supondría un peligro serio para él.

Además, si recordaba correctamente, Huo Lin le había dicho anteriormente que una persona mordida por él no se convertiría en zombi.

Si solo necesitaba dejar que Huo Lin bebiera un poco de su sangre para calmar el hambre que sentía en ese momento, Liu Qingzhi no tenía inconveniente.

Su cuerpo estaba fusionado con su alma y, además, era un Despertado. Que Huo Lin bebiera la sangre de otras personas podía resultar problemático, pero su sangre era diferente.

Tal vez incluso pudiera ayudar a estabilizar sus genes mutados.

Por supuesto, esto último no era más que una deducción de Liu Qingzhi basada en la experiencia acumulada tras superar innumerables mundos de alto riesgo. Estrictamente hablando, no existía ninguna investigación que pudiera demostrarlo.

Mientras Liu Qingzhi pensaba en aquello, Huo Lin extendió una mano y sujetó el dorso de la suya.

Sus labios se apoyaron sobre la muñeca de Liu Qingzhi.

Suaves pero ardientes, recorrieron lentamente su piel.

Lo hacía con extrema lentitud, como una bestia que, antes de alimentarse, memorizara el olor de su presa.

El aire caliente que escapaba entre su nariz y sus labios se derramó sobre la piel de Liu Qingzhi, provocándole un estremecimiento húmedo y cálido que le erizó ligeramente la piel.

Varias veces, Liu Qingzhi sintió que Huo Lin abría la boca.

Pero el dolor nunca llegó.

Sus dientes no tocaron su piel.

Ni siquiera hubo el más mínimo roce.

Era evidente que seguía luchando y dudando.

Todavía recurría a los últimos restos de razón para contener el doble impacto psicológico y fisiológico que sufría.

Liu Qingzhi dejó escapar una risa muy tenue.

La última vez, en aquella aula, ya había dicho que le agradaban las personas racionales que no se dejaban dominar por sus deseos.

Ahora, la vacilación y la lucha interna de Huo Lin lo complacían.

Pero Liu Qingzhi también sabía que esta vez era diferente.

No podía limitarse a dejar que Huo Lin se calmara y regulara por sí mismo como la vez anterior.

Se inclinó y, con la otra mano, apartó suavemente un mechón de cabello de la ceja de Huo Lin.

—Bebe.

Al escuchar sus palabras, la mano con la que Huo Lin sujetaba la suya se tensó.

Al segundo siguiente, como si finalmente hubiera tomado una decisión, abrió la boca y mordió la piel de la parte interna de su muñeca.

En aquel instante, Liu Qingzhi sintió los dientes de Huo Lin rozándole la piel.

Sin embargo, justo cuando creyó que inmediatamente la perforaría, Huo Lin no ejerció fuerza alguna.

Simplemente mantuvo los dientes apoyados sobre ella.

Con tanta suavidad que ni siquiera le provocó dolor.

Liu Qingzhi apretó ligeramente los labios y estaba a punto de decir algo cuando Huo Lin retiró los dientes.

Contempló las marcas que había dejado en la muñeca de Liu Qingzhi.

Su nuez se deslizó.

De repente, sacó la punta de la lengua y lamió suavemente aquellas marcas.

Liu Qingzhi se quedó inmóvil.

—Tú…

Quería advertirle que no hiciera cosas innecesarias.

Sin embargo, cuando vio que los ojos y las cejas enrojecidos de Huo Lin, debido al esfuerzo desesperado que hacía por contenerse, le daban un aspecto ligeramente húmedo y lastimero, terminó por tragarse las palabras.

¿Cómo decirlo?

En ese momento, Huo Lin parecía una bestia que anhelaba el consuelo de su amo.

Estaba enfermo y tenía un aspecto lamentable. Se suponía que debía obedecer las exigencias de su amo, pero aprovechaba su estado actual para tantear poco a poco los límites.

No era nada grave.

Con la otra mano, Liu Qingzhi apoyó el índice sobre uno de los piercings plateados de la ceja de Huo Lin y dijo en voz baja:

—No pierdas el tiempo.

Huo Lin respondió con un quedo sonido desde la garganta.

Después, sus dientes perforaron la piel de Liu Qingzhi y comenzó a succionar su sangre.

Al sentir cómo perdía sangre, la expresión de Liu Qingzhi no cambió.

Sus dedos largos y delgados se limitaron a acariciar tranquilamente el piercing plateado de la ceja de Huo Lin. Luego descendieron lentamente, recorriendo el tatuaje que rodeaba su ojo.

Los ojos de Huo Lin temblaron ligeramente bajo las caricias de las yemas de Liu Qingzhi.

Sus pestañas rozaron sus dedos, provocándole un tenue cosquilleo.

En el aire solo se escuchaba el sonido de Huo Lin tragando una y otra vez.

Después de un rato, las venas rojas de sus ojos comenzaron a desaparecer poco a poco.

La temperatura de su cuerpo también empezó a disminuir.

Sus nervios, antes agitados, fueron calmándose gradualmente conforme la sangre de Liu Qingzhi entraba en su organismo.

Sin embargo, una vez satisfecha aquella hambre fisiológica, en lo más profundo de su mente comenzó a surgir otro deseo todavía más intenso.

Huo Lin dejó de beber.

Pero no pudo contenerse y volvió a pasar la lengua por la herida.

—Huo Lin.

Liu Qingzhi pronunció su nombre con una advertencia apenas perceptible.

Huo Lin se detuvo ligeramente.

Ocultó las emociones de sus ojos y alzó los párpados hasta encontrarse con la mirada de Liu Qingzhi.

Entonces, bajo su atenta mirada, soltó su mano y tomó por iniciativa propia cierta distancia.

Liu Qingzhi volvió a colocar la palma sobre la frente de Huo Lin.

Tras comprobar que su temperatura ya se había estabilizado, se limpió la mano rápidamente con su habilidad acuática, le dijo que descansara bien y se levantó para marcharse.

Cuando la figura de Liu Qingzhi desapareció de su campo visual, Huo Lin levantó una mano y se tocó la comisura de los labios.

El sabor de la sangre de Liu Qingzhi todavía permanecía sobre su lengua.

Para Huo Lin, era incomparablemente dulce y fragante.

Incluso ahora, al recordar aquella sensación, seguía experimentando un placer muy extraño.

Indescriptible…

Imposible de expresar con palabras.

Además…

No era ninguna exageración decir que, si hubiera continuado un poco más, cierta reacción de su cuerpo habría terminado manifestándose de una manera imposible de ocultar.

Antes del apocalipsis, Huo Lin había dedicado prácticamente toda su energía al trabajo y rara vez hacía ese tipo de cosas para aliviar sus necesidades.

Las pocas veces que lo hacía, se limitaba a ducharse y resolverlo rápidamente con la mano.

Después del estallido del apocalipsis, con el virus dentro de su cuerpo, incluso sus emociones se habían vuelto extremadamente indiferentes. Naturalmente, sus reacciones físicas también se habían vuelto mucho más escasas.

Pero ahora…

Huo Lin apretó ligeramente los labios.

Cerró lentamente los ojos, apoyó el dorso de la mano sobre la frente y permaneció allí, tratando de calmar su respiración.

………

Mientras tanto, cuando Liu Qingzhi salió, Zhao Jiayan todavía estaba preparando agua con miel en la cocina.

El agua ya había hervido y ahora removía la miel con una cuchara.

Al escuchar los pasos de Liu Qingzhi, salió sosteniendo la taza.

—Hermano Zhi, ¿el hermano Lin ya está mejor?

—Ya le bajó la fiebre.

Aunque lo que le había ocurrido a Huo Lin no podía considerarse realmente fiebre.

Pero describirlo de esa manera era mucho más sencillo de entender.

Zhao Jiayan se sorprendió.

—¿Tan rápido dejó de estar caliente?

Al escuchar aquello, Liu Qingzhi pareció pensar en algo y de repente sonrió.

—Tampoco puede decirse que haya dejado de estar caliente.

Simplemente, la causa de aquel calor ahora era diferente.

Zhao Jiayan se quedó confundido y preguntó inconscientemente:

—Entonces… ¿todavía tengo que llevarle esta agua con miel al hermano Lin?

Liu Qingzhi extendió la mano.

—Dámela.

Sonrió levemente y añadió con un tono difícil de interpretar:

—Creo que Huo Lin preferiría estar solo y tranquilo ahora mismo.

Zhao Jiayan respondió con un «oh» sin comprender del todo y le entregó obedientemente la taza.

Liu Qingzhi tomó el agua con miel y regresó a su habitación mientras bebía.

Zhao Jiayan miró hacia la habitación de Liu Qingzhi y después hacia donde estaba Huo Lin.

De pronto, sus ojos brillaron.

Cuando Liu Qingzhi acababa de tomar la taza de su mano, le había parecido ver una herida en la parte interna de su muñeca.

Zhao Jiayan se estremeció.

¿Acaso el hermano Lin había perdido el control de sus instintos y había mordido al hermano Zhi?

No, no.

Con la fuerza del hermano Zhi… Aunque el hermano Lin también era muy poderoso, no debería haber podido hacerlo contra su voluntad.

Entonces, ¿qué demonios había ocurrido allí dentro?

La curiosidad comenzó a carcomer a Zhao Jiayan.

No pudo evitar mirar una vez más en dirección a Huo Lin antes de regresar lentamente a su sofá.

En cuanto a Huo Lin…

Cuando Liu Qingzhi y Zhao Jiayan habían hablado, ninguno de los dos se había molestado en bajar deliberadamente la voz.

La constitución de Huo Lin era extremadamente especial y sus cinco sentidos eran extraordinariamente agudos, por lo que escuchó cada palabra de su conversación.

Al recordar aquel tono cargado de significado de Liu Qingzhi, las orejas de Huo Lin comenzaron a arder.

Las emociones que apenas había conseguido calmar volvieron inmediatamente a su estado anterior.

Incluso con mayor intensidad que cuando Liu Qingzhi acababa de marcharse.

………

Al día siguiente, cuando Huo Lin despertó, todavía no eran las seis.

Al verlo levantarse, Zhao Jiayan se frotó los ojos adormilados y preguntó mientras bostezaba:

—Hermano Lin, ¿ya estás completamente bien?

Huo Lin respondió afirmativamente.

Zhao Jiayan se incorporó y lo observó durante unos segundos.

De pronto soltó una exclamación de sorpresa.

—Hermano Lin, ¿anoche no descansaste bien?

Tenía unas leves ojeras.

Aunque no eran especialmente evidentes, si uno se fijaba bien, no resultaba difícil descubrirlas.

Si se tratara de cualquier otra persona, aquello no tendría nada de extraño.

¡Pero era Huo Lin!

Según lo que Zhao Jiayan sabía de él, Huo Lin podía pasar varios días sin dormir y no sería nada sorprendente.

Además, nunca antes había tenido ojeras ni bolsas bajo los ojos.

Zhao Jiayan aventuró:

—¿No habrás tenido alguna pesadilla?

Huo Lin hizo una pausa.

—No.

Su tono resultó algo rígido, como si quisiera poner fin al tema por la fuerza.

Zhao Jiayan lo observó con suspicacia durante unos instantes más.

Solo cuando la mirada de Huo Lin se enfrió terminó por apartar obedientemente los ojos.

Pasaron otras tres horas.

Liu Qingzhi salió de su habitación después de despertar. Tras asearse rápidamente, se sentó en una silla de la sala.

Apenas tomó asiento, una taza de leche a una temperatura perfecta apareció frente a él.

Liu Qingzhi creyó que era Zhao Jiayan.

Sin embargo, al ver la mano que sostenía la taza, descubrió que era Huo Lin.

Aunque Huo Lin normalmente respondía a prácticamente cualquier petición suya, tareas como servirle bebidas solían correr a cargo de Zhao Jiayan.

En palabras del propio Zhao Jiayan, como subordinado competente debía ofrecerle al jefe un servicio atento y de primera calidad en todo momento.

Según Liu Yu, aquello simplemente era ser un adulador.

Lo curioso era que, cuando Zhao Jiayan hacía cosas así, inevitablemente hacía pensar en palabras como «adulador» o «lamebotas».

Pero cuando Huo Lin lo hacía, no transmitía esa sensación.

Al contrario, parecía un gesto completamente natural entre dos personas que conocían muy bien los hábitos cotidianos del otro.

El slime comentó:

—¿Quizá sea porque Zhao Jiayan siempre pone expresiones exageradas y afectadas cuando hace esas cosas?

En ese momento, el exagerado y afectado Zhao Jiayan estaba sentado frente a Liu Qingzhi.

También sostenía una taza de leche preparada, pero no bebía.

Parecía un cachorro que hubiera olfateado algo extraño. Con los ojos bien abiertos, alternaba la mirada entre Liu Qingzhi y Huo Lin.

Algo no cuadraba.

Definitivamente algo no cuadraba.

Huo Lin estaba extraño desde que se había levantado aquella mañana.

El hermano Zhi parecía completamente normal.

Pero el hermano Lin…

Todo en él estaba raro.

Tal como sospechaba, mientras él preparaba el agua con miel la noche anterior, definitivamente había ocurrido algo entre el hermano Zhi y el hermano Lin.

Zhao Jiayan entrecerró los ojos y su mente comenzó a trabajar a toda velocidad.

Después de unir todas las pistas, algo cruzó repentinamente por su cabeza.

—¡Ah!

Se levantó bruscamente.

Liu Qingzhi arqueó una ceja.

—¿Qué haces?

Zhao Jiayan miró a Liu Qingzhi y después a Huo Lin.

—Ustedes… ustedes… ayer… ¿acaso…?

Quería preguntar si habían tenido algún acercamiento íntimo.

Aunque ni Liu Qingzhi ni Huo Lin parecían personas que fueran a actuar impulsivamente debido al deseo físico.

Pero Huo Lin había tenido fiebre la noche anterior.

La fiebre podía nublar la conciencia.

Y con la conciencia nublada, uno podía hacer cosas que normalmente no haría.

Al pensar en aquello, comenzaron a brotar burbujas de celos en el pecho de Zhao Jiayan.

Sin embargo, por algún extraño motivo, aunque tenía la pregunta en la punta de la lengua, de repente ya no quiso pronunciarla.

Si recibía una respuesta definitiva, probablemente acabaría tan amargado como un limón.

Para evitarlo, Zhao Jiayan decidió tragarse la pregunta.

Prefería engañarse a sí mismo.

Se sentó silenciosamente y comenzó a beber la leche a grandes tragos.

Liu Qingzhi sonrió.

—No dejes volar demasiado tu imaginación.

A Liu Qingzhi no le importaría que, llegado el momento adecuado en una relación, ocurriera algo placentero y consensuado entre ambas partes.

Pero como no había ocurrido nada, era mejor aclararlo para evitar que Zhao Jiayan imaginara demasiado.

Al escuchar aquello, Zhao Jiayan finalmente se sintió aliviado.

En cuanto Liu Qingzhi terminó su leche, Zhao Jiayan aprovechó inmediatamente la oportunidad, tomó la taza vacía y corrió con ella hacia la cocina.

Huo Lin no dijo nada.

Miró la espalda de Zhao Jiayan y luego caminó hasta el puesto de conducción para comenzar a controlar la Morada Medusa.

Su destino seguía siendo el centro de la ciudad de Hezhou.

O, para ser más precisos, una plaza de entretenimiento situada en pleno centro.

La fluctuación espacial que Liu Yu había percibido provenía de aquel lugar.

Más de una hora después.

La Morada Medusa llegó al centro de Hezhou.

Había muchos más zombis allí que en otras zonas. Vagaban por las calles haciendo girar sus ojos saltones.

Liu Qingzhi le preguntó a Liu Yu:

—¿Puedes sentir ahora alguna fluctuación espacial?

Liu Yu negó con la cabeza.

—No siento nada.

Apenas terminó de hablar, Liu Qingzhi descubrió que los zombis que hasta entonces deambulaban sin rumbo parecían haber recibido algún tipo de estímulo.

De repente, todos comenzaron a correr en la misma dirección.

Si un zombi de alto rango estuviera convocando a los zombis de nivel inferior, estos no reaccionarían de aquella manera.

Liu Qingzhi entrecerró ligeramente los ojos.

Al concentrar su atención, entre los rugidos de los grupos de zombis pronto distinguió un zumbido constante.

Era parecido al sonido producido por un dron en movimiento.

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