Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota - Capítulo 65

  1. Home
  2. All novels
  3. Transmigré después de que el CEO villano quedara en bancarrota
  4. Capítulo 65
Prev
Next
Novel Info

Después de terminar su declaración en la comisaría, Pei Sheng entregó la grabación al abogado para que se encargara del asunto. Para cuando finalmente salió, ya habían pasado dos horas.

El abogado había sido contratado por Chen Xingyang siguiendo sus instrucciones.

Por una vez, Zhou Shaoran se había dado cuenta de que algo le había ocurrido a su jefe y había ido hasta la comisaría. Esperó afuera hasta que Pei Sheng salió.

En cuanto lo vio, se apresuró a acercarse.

—Hermano Pei, ¿por qué siento que tienes muy mala cara? ¿No te habrás lastimado? ¿O te intoxicaste con monóxido de carbono?

Zhou Shaoran dio una vuelta a su alrededor y, al ver una gran zona enrojecida en la espalda de Pei Sheng, exclamó ansioso:

—¡Te llevo al hospital!

Pei Sheng parecía agotado. Apenas se sentó en el auto, sintió los párpados pesados.

—No hace falta. ¿Dónde están Lado y mis flores?

—Llevé a Lado a mi casa. Mis padres cuidarán de él. Las flores están en el asiento trasero. Solo es un ramo, ¿por qué sigues tan pendiente de él?

Al ver el aspecto de Pei Sheng, Zhou Shaoran extendió una mano para tocarle la frente, pero Pei Sheng la esquivó.

—No me toques. Tengo pareja.

Incluso le mostró el fondo de pantalla de su teléfono.

Después volteó a mirar las flores en el asiento trasero y, al comprobar que seguían intactas, respiró aliviado.

Zhou Shaoran observó el fondo de pantalla con extrañeza.

—¿No usabas siempre una foto de Lado? ¿Por qué ahora tienes a Gu Lin?

—Un novio competente usa a su pareja como fondo de pantalla.

En realidad, la noche anterior, después de terminar la videollamada con Gu Lin, Pei Sheng había pensado que su rostro se veía muy bonito en la pantalla y simplemente lo había puesto.

Zhou Shaoran chasqueó la lengua.

Si Pei Sheng todavía era capaz de razonar de esa manera, probablemente no tenía nada demasiado grave.

—Ahora que tu casa quedó quemada, ¿quieres quedarte unos días en la mía?

Pei Sheng se cubrió el abdomen con una mano.

—Primero llévame a la Universidad de Ning.

Se recostó contra el asiento. Sentía frío.

—Quiero pasar las fiestas con Gu Lin. Si se queda solo y nadie lo acompaña, volverá a llorar.

—¡Ah! Con razón no dejabas de preguntar por esas flores. Eran para Gu Lin.

Zhou Shaoran se rio y lo molestó:

—Hermano Pei, antes nunca me había dado cuenta de que fueras tan atento.

Al voltear, vio que Pei Sheng ya se había quedado dormido.

Así que dejó de hablar.

Era evidente que realmente estaba agotado.

Zhou Shaoran simplemente subió un poco la temperatura del aire acondicionado.

Cuando llegaron a la Universidad de Ning, lo llamó:

—Hermano Pei, ya llegamos.

Pei Sheng no respondió.

Zhou Shaoran tuvo que empujarlo ligeramente para despertarlo.

En cuanto abrió los ojos, el estómago, que llevaba casi un día entero sin recibir alimento, comenzó a retorcerse de dolor.

—¿Qué hora es? —preguntó Pei Sheng en voz baja.

—Ya son las tres y media.

El rostro de Pei Sheng se veía realmente mal.

Preocupado, Zhou Shaoran extendió una mano y le tocó la frente.

Se sobresaltó.

—¡Hermano Pei, tienes la frente ardiendo!

Pei Sheng se la tocó él mismo.

—No es para tanto.

—¡¿Cómo que no es para tanto?! ¡Seguro tienes todo el cuerpo ardiendo! —Zhou Shaoran comenzó a ponerse nervioso—. ¡Primero vamos al hospital y después buscamos a Gu Lin!

Pei Sheng no tenía ganas de discutir con él.

—Ve al edificio de dormitorios de Gu Lin.

—¡Estás enfermo, jefe!

Zhou Shaoran lo miró incrédulo.

—¡Y tienes fiebre alta!

Pei Sheng sabía que la fiebre ya lo tenía mareado y aturdido.

Pero ya había llegado a la Universidad de Ning.

Quería ver a Gu Lin.

—Entonces quédate sentado. Voy a comprarte un antipirético.

Zhou Shaoran estaba completamente resignado.

Esta vez Pei Sheng no se opuso.

Permaneció sentado en silencio mientras el dolor de estómago se volvía cada vez más intenso.

Tomó el teléfono y vio los mensajes que Gu Lin le había enviado.

LL: ¡En cuanto termine el examen, regresaré a casa a buscarte!

LL: Espérame en casa.

LL: ¡Te prepararé un montón de cosas ricas!

Los había enviado una hora antes.

Pei Sheng se había quedado dormido en cuanto subió al auto y ni siquiera había revisado el teléfono.

De repente, una enorme sensación de miedo le atravesó el pecho.

Temía que Gu Lin encontrara la casa completamente destrozada.

Y todavía le aterraba más que viera la locura que había dentro de él.

Pei Sheng abrió la ventanilla y gritó hacia Zhou Shaoran:

—¡Regresa! ¡Llévame de vuelta!

En aquellas condiciones no se atrevía a conducir él mismo.

Su estado físico era demasiado malo y temía provocar un accidente.

Zhou Shaoran no sabía qué había ocurrido, pero obedeció instintivamente. Volvió al auto y arrancó.

—¿Qué pasó?

—Gu Lin regresó a casa.

La frente de Pei Sheng estaba cubierta de sudor frío.

La camisa que llevaba debajo también estaba completamente empapada en la espalda.

Llamó a Gu Lin.

Este respondió alegremente:

—Pei Sheng, ya casi llego. ¿Qué quieres comer? Puedo pasar por el mercado y comprar los ingredientes.

A Pei Sheng le dolía muchísimo la garganta.

Levantó la cabeza y parpadeó varias veces antes de escuchar su propia voz ronca:

—Gu Lin, no regreses. Espérame afuera.

—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?

—No. No estoy en casa y tú no tienes llave.

Gu Lin finalmente recordó ese detalle y rio.

—Está bien. Entonces te espero afuera hasta que regreses para llevarme a casa.

—Bien.

Pei Sheng apretó todavía más la mano contra el abdomen.

—Regresaré enseguida.

—Mmm.

Gu Lin respondió obedientemente.

—No tengas prisa. Conduce con cuidado.

La llamada terminó.

Zhou Shaoran miró el sudor que resbalaba por la frente de Pei Sheng.

—¿Qué demonios te pasa?

—Conduce más rápido —ordenó Pei Sheng fríamente.

Gu Lin bajó del autobús y comenzó a caminar tranquilamente hacia el complejo residencial.

Al ver a varias parejas por la calle cargando ramos de flores, sus ojos se iluminaron de repente.

Él también quería regalarle flores a Pei Sheng.

¡Le regalaría noventa y nueve!

Gu Lin siguió caminando hasta encontrar una floristería.

Al entrar, la empleada pareció reconocer algo y comenzó a hablar con él.

Gu Lin se quedó sorprendido.

¿Pei Sheng había comprado flores allí?

—Hoy un joven muy guapo encargó un ramo de gerberas —dijo la empleada sonriendo.

Gu Lin preguntó con cierta incredulidad:

—¿Llevaba consigo un golden retriever enorme?

—Sí. Llamaba Lado al perro.

Gu Lin no esperaba semejante coincidencia.

Así que Pei Sheng también había comprado flores para él.

La alegría comenzó a burbujearle por dentro.

—¿Y las flores que compró eran bonitas?

Apenas terminó de preguntar, se arrepintió.

—¡No, no! Olvídalo, no me lo digas. Si me cuentas, dejará de ser una sorpresa.

Gu Lin sonrió de oreja a oreja.

—Quiero un ramo de noventa y nueve rosas. Es para mi novio.

—Se nota que tienen una relación muy bonita. Prepararlo puede tardar un poco. ¿Te parece bien si te lo entregamos a domicilio dentro de dos horas?

La empleada le entregó el formulario.

—Escribe aquí la dirección y el número de teléfono.

Gu Lin lo llenó rápidamente.

La empleada lo tomó y, después de leerlo, preguntó sorprendida:

—¿Vives en el edificio tres, departamento 302, de este complejo? ¿Tu novio está bien? Esta mañana hubo una explosión de gas allí. El incendio fue bastante grande.

—¿Qué?

Gu Lin se quedó inmóvil durante un segundo.

—¿Una explosión de gas?

Innumerables pensamientos atravesaron su mente.

Incluso llegó a preguntarse si la llamada que acababa de tener con Pei Sheng había sido una alucinación.

Se dio la vuelta y salió corriendo.

El viento rugía con fuerza y le revolvía el cabello.

Con las manos temblorosas, volvió a llamar a Pei Sheng.

Esta vez no consiguió comunicarse.

La mente de Gu Lin solo podía repetir una cosa:

Se acabó.

Cuando finalmente llegó frente al departamento 302, encontró la puerta cerrada.

Desde afuera no podía saber qué había ocurrido dentro.

Apoyó las manos sobre las rodillas y trató desesperadamente de recuperar el aliento.

Después golpeó varias veces la puerta.

Temía que Pei Sheng estuviera adentro.

Al tocar el picaporte, descubrió que habían cambiado la cerradura por una electrónica con contraseña.

Probó con el cumpleaños de Pei Sheng.

Error.

Introdujo la contraseña de desbloqueo de su teléfono.

Error.

Probó 123456.

Error.

Todo el cuerpo de Gu Lin temblaba.

Incluso los dedos le temblaban al tocar los números.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera controlarlas.

Hasta que una figura apareció detrás de él, bloqueando la luz.

Gu Lin levantó la cabeza.

Vio el rostro de Pei Sheng.

Estaba pálido, sin una sola gota de color, y su aspecto mostraba claramente que había llegado apresuradamente.

Aun así, lo miró con una ligera sonrisa.

—La contraseña es 1220. El día en que comenzamos a salir.

En aquel instante, el corazón de Gu Lin finalmente volvió a su sitio.

Se abalanzó sobre Pei Sheng y lo abrazó con tanta fuerza que lo hizo retroceder contra la pared.

Rodeó firmemente su espalda con los brazos, como si necesitara confirmar que realmente estaba allí.

Con la voz entrecortada por el llanto, repitió varias veces:

—Pei Sheng… Me asustaste muchísimo.

Pei Sheng también dejó escapar un largo suspiro de alivio y lo envolvió entre sus brazos.

—Estoy bien.

Apoyó la ardiente palma sobre la nuca de Gu Lin y se recargó contra la pared para evitar caer.

—¿No te dije que me esperaras?

—Me asusté muchísimo.

Gu Lin se pegó todavía más a él, sin dejar prácticamente ningún espacio entre ambos.

Las lágrimas caían desordenadamente sobre el hueco de su cuello.

Levantó el rostro para mirarlo.

—¿Cómo ocurrió la explosión? ¿Te lastimaste?

Pei Sheng quiso levantar una mano para secarle las lágrimas.

Pero ya no le quedaban fuerzas.

Toda la energía que tenía la había gastado hacía un momento en sostener a Gu Lin.

Ahora solo podía dejarse caer contra su cuerpo.

Cerró los ojos agotado, apoyó la barbilla sobre su hombro y murmuró:

—Gu Lin… el fuego era realmente enorme…

Gu Lin sintió de repente todo el peso de Pei Sheng caer sobre él.

Lo miró apresuradamente.

Al notar su respiración abrasadora, le tocó la frente.

Estaba ardiendo.

Alarmado, lo sostuvo y lo ayudó a bajar.

Zhou Shaoran había estacionado abajo.

En cuanto vio a Gu Lin ayudando a Pei Sheng a caminar, supo que finalmente la enfermedad había terminado por derribarlo.

Se apresuró a llevarlos al hospital.

Después de todo aquel caos, Gu Lin sentía el cuerpo completamente helado.

Permaneció junto a la cama mientras esperaba a que el médico terminara de examinar a Pei Sheng.

—Fiebre alta, úlcera gástrica aguda y una ligera intoxicación por monóxido de carbono —explicó el médico.

Zhou Shaoran preguntó rápidamente:

—No es demasiado grave, ¿verdad?

—Le administraremos medicación y veremos si mañana le baja la fiebre.

El médico dio unas indicaciones sencillas.

—También tendrá que tomar medicamentos. Mañana comprueben si puede comer. Si puede, denle un poco de gachas de arroz.

Después de explicar las indicaciones, el médico se marchó a preparar la receta.

Zhou Shaoran lo siguió.

En la habitación solo quedaron Gu Lin y Pei Sheng, que dormía profundamente.

Poco después llegó una enfermera para colocarle el suero.

La aguja atravesó la vena de Pei Sheng, pero ni siquiera reaccionó.

Estaba demasiado cansado.

Su respiración era larga y profunda.

Tendido tranquilamente sobre la cama del hospital, parecía extremadamente vulnerable.

Como una flor hecha de nieve.

Gu Lin incluso temía que, si lo tocaba, Pei Sheng pudiera desaparecer.

Después de que la enfermera se marchara, Zhou Shaoran regresó y le entregó a Gu Lin el abrigo de Pei Sheng.

—Póntelo. No vaya a ser que tú también termines resfriado.

—Gracias, hermano Zhou.

Gu Lin se envolvió con el abrigo de Pei Sheng y hundió la barbilla en el cuello de la prenda.

Percibió un ligero olor a cigarrillo.

—No pasa nada. Mañana estará mejor —lo consoló Zhou Shaoran.

Gu Lin preguntó:

—¿Qué ocurrió?

—Wang Zhichu fue a buscar a Pei Sheng. Probablemente tuvieron algún conflicto y ocurrió el accidente.

Zhou Shaoran no sabía demasiados detalles y tampoco le parecía apropiado hablar demasiado del asunto.

Otra vez Wang Zhichu.

Gu Lin cerró los puños con fuerza.

No conseguía comprender qué demonios quería aquella mujer.

—El hermano Pei ya consiguió que la detuvieran. No te enfades.

Zhou Shaoran suspiró.

—La verdad es que está demasiado cansado. Ahora que enfermó, aprovechemos para que descanse bien durante unos días.

Gu Lin lo miró.

Finalmente hizo la pregunta:

—¿Él no puede dormir?

—¿No lo sabías?

Zhou Shaoran pareció desconcertado.

—Ustedes duermen juntos. ¿Nunca te diste cuenta?

Gu Lin negó con la cabeza.

—Algunas veces me despierto para ir al baño y descubro que él sigue despierto. Pensaba que estaba trabajando hasta tarde, así que nunca le di demasiada importancia.

—Desde que el hermano Pei regresó, no ha podido dormir normalmente. Lleva así bastante tiempo, por eso lo está pasando bastante mal.

Las palabras de Zhou Shaoran golpearon con fuerza el corazón de Gu Lin.

Así que realmente no podía dormir.

Zhou Shaoran sintió que quizá había hablado demasiado.

Miró la hora.

—Puedo buscar un cuidador. ¿Quieres que te reserve una habitación en un hotel cercano para que descanses?

Gu Lin se negó.

—No hace falta. Yo cuidaré de él. Tú regresa a descansar.

Zhou Shaoran sabía que la pareja necesitaba su propio espacio, así que no insistió.

—Haré que alguien les traiga ropa limpia a los dos.

Se levantó y se marchó.

La habitación quedó en silencio.

Gu Lin contempló las profundas ojeras bajo los ojos de Pei Sheng y sintió que le dolía el corazón.

Le tocó suavemente la frente.

Después bajó la cabeza y rozó sus labios con los suyos.

Sus lágrimas saladas cayeron sobre los labios de Pei Sheng.

Pei Sheng abrió los ojos lentamente, todavía aturdido.

Al ver aquellos ojos húmedos, se pasó la lengua por los labios.

Sabían a lágrimas.

Las comisuras de sus labios pálidos se curvaron ligeramente.

Extendió una mano, tocó los ojos de Gu Lin y le secó las lágrimas.

—¿Por qué me besas estando enfermo? ¿No tienes miedo de contagiarte?

—No.

Gu Lin apretó los labios mientras lo miraba fijamente.

Repitió con firmeza:

—No tengo miedo.

Pei Sheng sonrió al ver la preocupación y el cariño que llenaban los ojos de Gu Lin.

Todas las emociones que había acumulado parecieron desvanecerse.

Solo quedó aquella intensa palpitación, completamente real, dentro de su pecho.

A los ojos de Gu Lin, Pei Sheng seguía siendo increíblemente atractivo incluso con los ojos enrojecidos por la fiebre y el cabello desordenado.

Pei Sheng acarició lentamente su suave mejilla con la yema de los dedos.

Su respiración ardía.

Sus labios, enrojecidos por la fiebre, estaban secos.

Los entreabrió ligeramente y su profunda y agradable voz llegó hasta Gu Lin:

—Entonces baja un poco la cabeza. Yo también quiero besarte.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first