Si no cultivo la tierra, me comerán - Capítulo 35
Esa noche, mientras charlaba con Zijian, Xia Chen recordó la nueva cosecha que había obtenido aquel día y, de pronto, se le ocurrió preguntarle a su pequeño compañero:
—Zijian, ¿cuál es la fruta que más te gusta?
La planta mutante había producido ocho frutos, todos de aspecto diferente. Por sus formas originales, parecían ser manzana, fresa, naranja, cereza, lichi, uva y durazno; todas frutas dulces y fragantes.
Movido por su extraño sentido del humor, Xia Chen les había puesto nombres a los frutos mutantes.
Al de manzana lo llamó: «Te rociaré toda la cara con sangre de manzana».
Los demás sabores siguieron el mismo patrón.
También le había preguntado a Xia Tongban por qué no había uno con sabor a kiwi, pues a él le gustaban bastante.
Xia Tongban respondió:
[Es demasiado feo. No está a la altura de una protagonista Mary Sue.]
Xia Chen:
—…
¡Qué injusticia para el kiwi!
Mientras hablaba con Zijian, Xia Chen se había distraído un poco, así que decidió aprovechar para averiguar las preferencias de su amigo.
—¿Por qué se te ocurrió preguntarme eso de repente? —replicó Zijian.
Reflexionó durante un momento antes de responder:
—Las cerezas, supongo.
—¿Eh? ¿De verdad son las cerezas?
Xia Chen se sorprendió un poco.
Tenía la impresión de que eran más populares entre las chicas. Aunque Zijian siempre se mostraba amable y sereno con él, Xia Chen podía percibir que, en realidad, su personalidad debía de ser bastante fría y distante.
Escucharlo decir de repente que su fruta favorita eran las cerezas producía un contraste inesperadamente adorable.
—Porque son pequeñas, rojas y muy bonitas —respondió Zijian con una sonrisa.
Después le devolvió la pregunta:
—¿Y cuál es la fruta favorita de Yuanbao?
Xia Chen se quedó paralizado.
De repente recordó que Zijian no podía ver.
Entonces, ¿le gustaban las cerezas no porque fueran deliciosas, sino porque las consideraba bonitas?
Durante un instante, Xia Chen sintió una punzada de tristeza.
—¿Yuanbao?
—¡Ah! Yo… me gustan muchas frutas —respondió Xia Chen al volver en sí—. Pero creo que mi favorita es la naranja.
A Xia Chen no le gustaban demasiado las frutas completamente dulces. Prefería que tuvieran un poco de acidez y, si era posible, que fueran muy jugosas.
—En una finca que me dejó mi madre crece una variedad de naranja dulce de excelente sabor. Cuando vengas a la capital imperial, te invitaré a probarla. O puedes darme una dirección y haré que te envíen algunas. ¿Qué te parece?
Otra vez con lo mismo.
Xia Chen suspiró, entre resignado y divertido.
Durante los últimos años, Zijian había intentado convencerlo constantemente de ir a la capital imperial. Como él siempre se negaba, buscaba toda clase de maneras de averiguar dónde se encontraba.
Si Xia Chen estuviera solo, no le habría importado darle su dirección. Después de tantos años de relación, Zijian había demostrado ser alguien digno de confianza.
Sin embargo, también estaba su familia.
No se atrevía a correr el riesgo.
Él guardaba demasiados secretos. Cuantas más personas los conocieran, mayor sería el peligro. No podía apostar la seguridad de su familia por una posibilidad incierta.
—Deja de intentar engañarme para que vaya —murmuró Xia Chen.
La intención de Zijian era tan evidente que ambos la conocían perfectamente.
—Espérame un poco más. El maestro dijo que no debería tener problemas para aprobar el examen de juren. Tarde o temprano tendré que ir a la capital imperial. Cuando llegue ese momento, iré a verte.
A pesar de fracasar una vez más en su intento de atraerlo, Zijian no se desanimó y cambió de tema con naturalidad.
—¿Cómo te fue en el examen, Yuanbao?
—No estuvo mal. No creo que tenga problemas con el examen del distrito. Si me desempeño bien, quizá también apruebe el de la prefectura. En cuanto al de la academia… lo importante será participar —respondió Xia Chen con calma.
Antes de transmigrar, Xia Chen había leído muchas novelas sobre los exámenes imperiales.
En ellas, si los protagonistas no conseguían al menos los tres primeros puestos menores y un resultado perfecto, casi les daba vergüenza llamarse genios. Uno tras otro alcanzaban la gloria en los exámenes a los diecisiete o dieciocho años, desfilaban a caballo por las calles y, de paso, se casaban con alguna princesa.
Solo cuando Xia Chen comenzó a estudiar de verdad para los exámenes imperiales comprendió que leer sobre otra persona presentándolos resultaba muy emocionante, pero hacerlo personalmente era una auténtica tortura.
El examen de estudiante infantil apenas era el de nivel más bajo.
Xia Chen llevaba cuatro años estudiando con diligencia y ni siquiera se atrevía a asegurar que aprobaría.
En los exámenes modernos, salvo en materias como Lengua, casi todo tenía respuestas estandarizadas. Incluso en Lengua existían criterios de puntuación.
En cambio, los exámenes imperiales antiguos eran mucho más subjetivos. Con examinadores distintos, dos personas del mismo nivel podían acabar una aprobada y la otra rechazada.
Para colmo, en su vida anterior Xia Chen había estudiado ciencias, concretamente informática, una especialidad que después de transmigrar no le servía absolutamente para nada.
Las únicas obras literarias que le interesaban eran toda clase de novelas.
Pedirle que elaborara una extensa disertación sobre un tema construido a partir de fragmentos tan inconexos que ni el propio autor original habría reconocido resultaba bastante cruel.
Después de varios años de disciplina bajo el maestro Meng, Xia Chen apenas había logrado comprender un poco cómo funcionaba todo aquello.
Además, debía tener cuidado de no entusiasmarse demasiado mientras escribía y acabar introduciendo ideas modernas sin darse cuenta.
Por eso había afrontado aquel examen con mucha tranquilidad.
Lo consideraba simplemente una prueba de práctica.
Su maestro había dicho que esta vez serviría para adquirir experiencia y que, cuando volviera a presentarse, tendría muchas más probabilidades de aprobar.
Zijian tampoco esperaba que estuviera tan tranquilo.
En realidad, en su opinión, su pequeño mentiroso no era demasiado adecuado para recorrer el camino de los exámenes imperiales.
Dentro de pocos años llegaría una época caótica. Aunque los eruditos también podían protegerse, necesitaban tener un corazón recto y suficiente valor para repeler demonios y disipar energías malignas.
El pequeño mentiroso tenía un corazón recto.
Pero en cuanto a su valor…
Los eruditos que se acobardaban al primer susto rara vez vivían demasiado.
Sin embargo, no podía decirlo abiertamente.
No tenía ninguna razón válida para convencerlo de abandonar los exámenes imperiales.
Además, si el pequeño mentiroso realmente dejaba de presentarse, ¿dónde iría a buscarlo?
Claramente era tímido, de corazón blando y fácil de engañar, pero en aquel asunto se mostraba obstinadamente firme.
Zijian había intentado sonsacarle información de todas las maneras posibles, dando rodeos, engañándolo y persuadiéndolo con palabras dulces.
Aun así, solo había conseguido obtener algunos datos vagos.
El lugar exacto donde vivía seguía ocultándolo con enorme cuidado.
Al ver que la flor comenzaba a cambiar de color, ambos comprendieron que la energía estaba por agotarse. Se despidieron y terminaron la comunicación.
Capital imperial.
Wen Shu colocó la maceta sobre un pequeño mueble instalado especialmente junto a la cama y llamó a Zheliu.
—Ve a la finca y trae algunas naranjas dulces. Ordena que las cuiden bien.
—Sí, joven señor. Iré a ocuparme de ello ahora mismo —respondió Zheliu con una reverencia.
Sin embargo, después de contestar permaneció en el mismo sitio, con una expresión vacilante, como si quisiera decir algo.
Wen Shu habló con frialdad:
—Di lo que tengas que decir.
Zheliu dudó durante unos instantes antes de abrir la boca.
—Hoy vino alguien de la residencia del marqués de Anping. Usted se negó a recibirlo, pero mañana es… es el aniversario de la muerte de la señora. El marqués dijo que enviaría gente para recogerlo y llevarlo de regreso…
Wen Shu guardó silencio unos instantes.
Zheliu había mencionado aquel asunto varias veces porque lo había visto crecer y lo consideraba su verdadero amo.
Durante los últimos dos años, la residencia ni siquiera había enviado su asignación mensual.
Temía que Wen Shu perdiera por completo su posición y deseaba que aprovechara aquella oportunidad para regresar.
En su vida anterior, Wen Shu tampoco se encontraba en la residencia del duque Dingguo en esa época.
Sin embargo, entonces estaba viajando para continuar sus estudios. Aunque no estuviera en casa, nadie olvidaba su existencia ni tenía que preocuparse de que su posición dentro de la familia fuera reemplazada.
En esta vida, en cambio, había pasado cinco años llevando una existencia desconocida en la montaña trasera del templo Baocheng.
El hijo legítimo mayor de la residencia del duque Dingguo, Wen Shu, se había ido desvaneciendo de la memoria de todos. Solo quedaba el rumor de que era enfermizo y se recuperaba lejos de casa.
Wen Shu sabía que en el futuro ocurriría una gran catástrofe.
Todo lo que ahora parecía importante terminaría convirtiéndose en humo.
Pero Zheliu no lo sabía, y por eso temía que Wen Shu perdiera realmente su poder.
Wen Shu permaneció en silencio.
No estaba considerando las palabras de Zheliu, sino recordando que en esta vida habían ocurrido muchas cosas que no existían en sus recuerdos.
En su vida anterior, el emperador Shengyuan había abdicado cuando él tenía trece años.
En esta vida, aquello había sucedido un año más tarde.
Por eso, el año actual debería haber sido el quinto de Xiyuan, pero era apenas el cuarto.
Los cultivos de alto rendimiento que habían aparecido de repente durante los últimos años tampoco habían existido en su vida anterior.
En los años previos a la llegada del caos, no era posible cultivar con estabilidad y el clima también había sido pésimo. Muchos plebeyos murieron de hambre por falta de alimentos.
Wen Shu había investigado expresamente las diferencias entre ambas vidas.
Aparte de las alteraciones provocadas por él mismo dentro de la residencia del duque Dingguo, siguió el rastro de los cultivos que habían aparecido de forma repentina y llegó hasta la residencia del general.
El primer arroz de alto rendimiento había sido presentado por la residencia del general.
Se decía que lo había descubierto accidentalmente un soldado bajo las órdenes del general Fu.
Sin embargo, la residencia había ocultado con gran cuidado la identidad concreta de aquel hombre.
Wen Shu no sabía si las personas que cultivara como subordinados se convertirían en cadáveres ambulantes el día en que los muertos se alzaran.
Por eso no se había molestado en formar su propia gente y no disponía de subordinados útiles.
Su investigación llegó hasta la residencia del general y allí se estancó.
Aunque se decía que los dos cultivos posteriores habían sido presentados por el gran ministro de Agricultura, Wen Shu tenía la vaga sensación de que el asunto también estaba relacionado con la residencia del general.
Incluso sospechaba que allí había alguien como él.
Y ya había fijado su atención sobre un posible objetivo:
Fu Zhen, el segundo joven señor de la residencia del general.
En su vida anterior, Fu Zhen ya había muerto en batalla a esas alturas.
De los cuatro hijos de Fu Yishan, solo había quedado el menor, Fu Zhan, quien también fue enviado al campo de batalla después de la muerte de Fu Zhen.
Wen Shu había combatido junto a Fu Zhan durante más de tres años, por lo que podían considerarse compañeros unidos por la vida y la muerte.
Después de convertirse en un hueso incorruptible, Wen Shu lo había buscado una vez, pero descubrió que Fu Zhan ya había muerto.
Cuando comenzó la época caótica, en la residencia del general solo permanecían el tío de Fu Zhan, que había perdido una pierna, y todas las mujeres de la familia.
Aunque contaban con varios cientos de soldados privados, muchos estaban discapacitados y sufrieron numerosas bajas.
Wen Shu había visitado la residencia del general e incluso les había entregado una partida de grano.
Por desgracia, cuando finalmente cayó la ciudad, había demasiados ancianos, mujeres y niños dentro de la residencia, y al final no pudieron resistir.
Algunas personas decían que Fu Zhan había salido a buscar a alguien y que había muerto durante el camino.
Wen Shu sabía a quién buscaba.
A la persona que amaba y con quien había crecido desde niño.
Aunque se trataba de otro muchacho, en aquella época los hermanos mayores de Fu Zhan todavía estaban vivos, por lo que la familia había permitido que ambos formalizaran un vínculo.
Incluso después de que la familia del muchacho cayera en desgracia, lo habían acogido durante varios años en la residencia del general.
Por desgracia, los hermanos mayores de Fu Zhan murieron uno tras otro en batalla sin dejar descendientes varones, solo algunas hijas.
Antes de que Fu Zhan partiera hacia la frontera, su abuela y su madre lo obligaron a casarse y consumar el matrimonio.
Solo cuando el vientre de la nueva esposa comenzó a crecer le permitieron marcharse.
El pequeño amigo de la infancia de Fu Zhan ingresó en un templo el mismo día de la boda, se afeitó su larga cabellera y se convirtió en monje.
Sin embargo, en esta vida había ocurrido un cambio.
Fu Zhen no había muerto, aunque su esposa había dado a luz otra vez a una niña.
Según las noticias que Wen Shu había obtenido, la familia Fu parecía estar organizando un compromiso para Fu Zhan.
Después de todo, Fu Zhen había partido a la guerra durante varios años y nadie sabía si regresaría con vida.
Por lo tanto, aquel pequeño amigo de la infancia quizá acabaría convirtiéndose nuevamente en un joven monje.
En opinión de Wen Shu, si él tuviera a alguien en su corazón, jamás se casaría con otra persona ni permitiría que su amado escapara hasta el punto de no poder verlo ni siquiera antes de morir.
Pero él no era Fu Zhan.
En sus dos vidas, nunca había guardado verdaderamente a nadie en su corazón.
Aunque…
El pequeño mentiroso tal vez contara como medio.
Después de todo, era una flor que él mismo criaba.
Fu Zhan cargaba con demasiadas responsabilidades.
Tantas que ya no tenía derecho a perseguir el amor.
Wen Shu no pensaba intervenir en los asuntos de la residencia del general.
Aunque Fu Zhen realmente hubiera renacido, tampoco supondría un problema.
Había muerto demasiado pronto y no conocía la catástrofe que sacudiría el mundo en el futuro.
Por otra parte, los largos años de existencia confusa como un cadáver rígido que se alimentaba de sangre habían borrado casi por completo la humanidad de Wen Shu.
Solo durante aquellos años de cultivo sereno, al criar a un pequeño mentiroso y bromear y hablar con él todos los días, había recuperado apenas algo de apariencia humana.
Sin embargo, Wen Shu lo sabía perfectamente.
Su sangre se había enfriado hacía mucho tiempo.
Dentro del espacio del sistema, Xia Chen revisaba la tienda.
—Ban’er, haz que aparezcan semillas de cereza dulce.
A Zijian le gustaban las cerezas pequeñas y rojas, así que probablemente también disfrutaría de aquella variedad de cerezas grandes.
Podía cultivar algunas ahora y regalárselas cuando se conocieran en el futuro.
Xia Tongban parecía capaz de leerle la mente.
[Él no puede verlas. Aunque las cultives, no servirá de nada.]
Xia Chen frunció el ceño.
No le agradó que Xia Tongban dijera eso.
Aunque Zijian no pudiera verlas, seguían representando sus sentimientos.
Sin embargo, Xia Tongban cambió de tema de repente:
[¿Te gusta?]
—¿Qué?
Xia Chen soltó una carcajada.
—¿De qué estás hablando? Somos amigos. ¿Cómo podría gustarme Zijian? Ni siquiera lo he visto en persona.
[Estás cultivando fruta especialmente para él], señaló Xia Tongban con calma. [Los amigos no hacen algo así.]
—¿Cómo que no? Yo lo estoy haciendo —replicó Xia Chen, poco convencido.
[Nunca has cultivado nada especialmente para tu familia. Tampoco para tu amigo Xu Helai. Solo para él. Por lo tanto, es especial para ti.]
Eso es porque Zijian no puede ver y resulta demasiado fácil sentir pena por él, pensó Xia Chen.
Su familia comía lo que él cultivaba después de que ya estuviera sembrado. Tanto si les gustaba como si no, él ya había cultivado grandes cantidades, por lo que no existía la necesidad de plantar algo expresamente para ellos.
En cuanto a Xu Helai, el joven taoísta tenía un carácter particularmente bueno.
Se alegraba con cualquier cosa que Xia Chen le regalara y no parecía tener ninguna preferencia especial.
Por eso Xia Chen nunca había cultivado frutas expresamente para él.
Sin embargo, después de escuchar a Xia Tongban, no pudo evitar dudar.
¿De verdad era tan extraño lo que estaba haciendo?
No, no.
No podía permitir que Xia Tongban lo confundiera.
Entre Zijian y él solo existía una amistad completamente pura, una amistad entre caballeros tan ligera como el agua.
Definitivamente no era como Xia Tongban se lo imaginaba.
Seguramente aquel sistema se había quedado sin nada que hacer, había visto demasiadas novelas y dramas románticos y necesitaba borrar parte de su memoria.
¡Él pensaba casarse con una señorita de la antigüedad que fuera amable, hermosa, generosa y encantadora!