Si no cultivo la tierra, me comerán - Capítulo 268

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  4. Capítulo 268 - Extra 3 (22)
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—Joven maestro, Li Yao, Xia Yi y los demás ya regresaron del Bosque de las Cien Bestias.

La mano con la que Wu Mingyang se secaba se detuvo por un instante, aunque enseguida recuperó su expresión indiferente.

—¿Cómo les fue?

El sirviente que había acudido a informar mostró cierta vacilación. Wu Mingyang le dirigió una mirada de soslayo y este bajó la voz:

—El equipo de Li Yao… ascendió por completo a tres estrellas. Xia Yi alcanzó las cuatro.

Wu Mingyang ya no pudo mantener la calma en el rostro.

Su equipo había permanecido ocho días completos en el Bosque de las Cien Bestias y había obtenido resultados bastante buenos. Sabía que el grupo de Li Yao se había quedado allí durante un mes entero, así que esperaba que regresaran con grandes avances.

Sin embargo, jamás imaginó que todos ascenderían a tres estrellas.

—¿La información es fiable?

—Ya fue confirmada. Acudieron a la escuela para actualizar sus registros.

Todos ellos seguían estudiando en la Primera Escuela Secundaria de Linyan. Para participar en la competencia, podían permitir que la escuela presentara la información del equipo o inscribirse bajo el nombre de sus familias.

El grupo de Wu Mingyang, por ejemplo, participaría directamente en representación de la familia Wu.

En cambio, como Xia Chen y Ji He mantenían una relación de cooperación con Li Yao, no querían que al equipo se le colocara la etiqueta de la familia Li.

Era preferible competir en nombre de la escuela. Además, Xia Chen le debía un favor al director y estaba dispuesto a concederle aquel reconocimiento.

Wu Mingyang mostró una expresión ausente.

—Li Yao… también ascendió a tres estrellas…

Sus palabras no sonaron como una pregunta, sino como un suspiro.

El sirviente no se atrevió a responder. Bajó la cabeza e intentó reducir al mínimo su presencia.

¿Quién no sabía que su joven maestro y el joven maestro Li llevaban enfrentándose desde niños?

Él había servido a Wu Mingyang desde muy pequeño y había peleado innumerables veces contra Li Yao y sus sirvientes.

Incluso había presenciado cómo, antes de que pudieran utilizar cartas, ambos jóvenes se atacaban con puños y patadas hasta dejar al otro cubierto de moretones.

Su joven maestro tenía un gran talento y toda la familia Wu lo mimaba. Cualquier pequeño golpe o rasguño bastaba para causar un gran alboroto.

Sin embargo, cuando peleaba con Li Yao, podía soportar incluso acabar con la cabeza abierta y sangrando. Se negaba a detenerse hasta devolverle cada golpe.

Después de convertirse en cardistas, ambos jóvenes continuaron compitiendo sin ceder un paso.

Como Wu Mingyang poseía una ranura de talento más, había logrado mantenerse apenas por encima de Li Yao.

Ahora el joven maestro Li se le había adelantado y había ascendido primero.

Wu Mingyang debía de estar hirviendo de frustración.

¿Cómo iba el sirviente a atreverse a hablar? Si provocaba su mal humor y este se desquitaba con él, estaría perdido.

Permaneció inmóvil durante un largo rato, pero no escuchó ningún otro sonido.

Confundido, levantó los ojos a escondidas.

La expresión de su joven maestro ya había recuperado la calma. La leve melancolía de antes parecía haber sido solo una ilusión.

Antes de que pudiera pensarlo con detenimiento, Wu Mingyang arrojó la toalla y salió con grandes pasos.

—Prepáralo todo. Volveré a llevar al equipo al Bosque de las Cien Bestias.

El sirviente corrió tras él.

—Joven maestro, Liu Haoming apenas acaba de recuperarse de sus heridas. Además, falta menos de medio mes para que partan a participar en las eliminatorias del Torneo Juvenil. Si alguien vuelve a resultar herido, podría afectar su desempeño.

Wu Mingyang no redujo el paso. Evidentemente ya había considerado aquella posibilidad.

—Haz que el tío Shiyi venga a verme.

Consideraba que la calidad general de su equipo no era inferior a la del grupo de Li Yao.

Sin embargo, ellos habían logrado permanecer un mes entero en el bosque, mientras que su equipo había tenido que salir después de ocho días.

La única razón era que la mayoría de sus compañeros estaban heridos, especialmente Liu Haoming, cuyas lesiones eran graves y exigían que regresara para recuperarse.

Por lo tanto, el equipo de Li Yao debía poseer una carta curativa extremadamente eficaz.

Ambos llevaban tantos años enfrentándose que las familias Wu y Li conocían bastante bien los recursos de la otra.

Si la familia Li hubiera tenido desde antes una carta semejante, no habría podido ocultarla de los informantes de la familia Wu.

Si no se equivocaba, debía tratarse de aquellos extraños frutos que el poderoso hombre había mostrado en la sala de espera.

Una sola carta podía materializar varios frutos, y uno de ellos bastaba para preparar una cantimplora completa de medicina. Con solo un poco de aquella agua, habían conseguido mantener con vida a Xia Cheng, que sufría una hemorragia interna.

Wu Mingyang nunca había visto una carta curativa semejante.

Su familia tampoco había obtenido información después de investigarla, pero sin duda era una carta de muy alto nivel.

Tampoco habían descubierto nada sobre la identidad de aquel hombre.

Un cardista de alto nivel tan poderoso parecía haber surgido de la nada.

Su padre ya le había advertido que, aunque no lograran establecer una buena relación con él, bajo ninguna circunstancia debían ofenderlo.

Incluso le había mostrado la información recopilada sobre Xia Cheng.

Solo entonces Wu Mingyang comprendió que aquel miserable lo había engañado.

No era que nunca hubiera notado las pequeñas maquinaciones de Xia Cheng.

Sin embargo, había creído que, como su talento era superior pero se veía obligado a mantenerse bajo sus órdenes, estaba resentido y actuaba por inconformidad.

Wu Mingyang no le había dado importancia.

Lo único que necesitaba era la capacidad de combate de Xia Cheng, no su lealtad.

Después del Torneo Juvenil, cada uno seguiría su propio camino, así que nunca se preocupó por ello.

Pero aquel miserable no solo había utilizado a escondidas el nombre de Wu Mingyang para cometer numerosas maldades, sino que además había intentado provocar un conflicto entre él y Xia Yi, casi causándole una desgracia.

Wu Mingyang no era idiota.

Naturalmente había comprendido las intenciones de Xia Cheng aquel día.

Sin embargo, como ya estaba resentido con Xia Yi por haber rechazado su invitación y unirse al equipo de Li Yao, no lo detuvo.

Ahora Xia Yi tenía a alguien que lo respaldaba.

Y aquel poderoso hombre lo consentía de manera evidente.

Wu Mingyang no sabía cómo se habían conocido.

Con las capacidades de aquel hombre, su identidad y posición no podían ser bajas.

No debía faltarle ninguna clase de amante hermoso.

Aunque Xia Yi era realmente atractivo, ¿cómo había conseguido conquistar de repente el corazón de una figura tan importante?

La información obtenida por su familia decía que ambos tenían un compromiso matrimonial previo.

Pero la manera en que aquel hombre miraba a Xia Yi no se parecía en absoluto a la de alguien que simplemente obedecía un acuerdo establecido por sus mayores.

Aquello era un cariño extremo, un sentimiento hundido hasta los huesos.

Wu Mingyang continuó reflexionando mientras esperaba la llegada de Wu Shiyi.

Cuando el sirviente lo condujo hasta allí, Wu Shiyi inclinó el cuerpo.

—Joven maestro, ¿me mandó llamar?

—Tío Shiyi, quiero visitar al señor Wen. Si es posible, me gustaría comprarle algunas cartas curativas o la medicina que utilizaron la última vez. Después volveré a llevar al equipo al Bosque de las Cien Bestias para realizar un último entrenamiento intensivo antes del Torneo Juvenil.

Wu Shiyi era un anciano que lo había visto crecer, por lo que Wu Mingyang podía expresar sin reservas sus pensamientos delante de él.

Wu Shiyi escuchó en silencio y no rechazó la propuesta.

—La relación entre usted y el joven maestro Li nunca ha sido buena. Además, uno de los miembros de su equipo entró en conflicto con el señor Wen y el joven señor Xia. Podrían negarse a recibirlo o incluso humillarlo. ¿Está seguro de que desea ir?

—Sí.

Después de lo sucedido, Wu Mingyang había madurado un poco, aunque su orgullo permanecía intacto.

Al fin y al cabo, era uno de los jóvenes más destacados de la familia Wu.

Aunque fuera arrogante y dominante, jamás había carecido de la educación reservada a una élite.

Simplemente antes se había negado a pensar o actuar de ese modo.

—Li Yao y Xia Yi son compañeros, pero eso no significa que el señor Wen permita que Li Yao influya sobre él. Li Yao tampoco tendría el valor de exigirle nada.

Sonrió con un matiz burlón.

—Probablemente ni siquiera considere digna de atención a nuestra familia Wu. ¿Por qué iba a preocuparse por un conflicto tan insignificante?

Hizo una breve pausa y continuó:

—Además, aunque Li Yao es extremadamente irritante, no es de los que hablan mal de alguien a sus espaldas. Xia Yi y yo tampoco tenemos ningún conflicto imposible de resolver. No creo que intente perjudicarme.

Wu Shiyi lo miró con satisfacción.

—Joven maestro, ha madurado.

—Tío Shiyi, ¿qué clase de comentario es ese? —Wu Mingyang mostró una rara expresión de vergüenza—. ¿Acaso todavía soy un niño? Cuando alcance la fama en el Torneo Juvenil, haré que todo el mundo conozca el nombre de Wu Mingyang.

—Muy bien. Mientras conserve esa determinación, la familia Wu podrá mantener su gloria durante otros cien años.

—Basta, pongámonos en marcha. Ya ordené preparar el regalo para la visita. Si esta vez consigo comprar las cartas curativas, entrenaré debidamente en el Bosque de las Cien Bestias.

Su expresión se llenó de indignación.

—Si ese debilucho de Li Yao pudo hacerlo, no existe ninguna razón para que este joven maestro sea inferior a él.

En aquel momento, Xia Chen y Wen Shu estaban en casa estudiando distintas composiciones de mazos, sin saber que Wu Mingyang estaba a punto de visitarlos.

Después de que Xia Chen alcanzara las cuatro estrellas, el Libro Compañero dorado y rojo que había creado especialmente para la identidad de Xia Yi ya poseía dieciocho ranuras.

Eran más que las de dos de sus compañeros juntas.

Antes de que Wen Shu llegara, Xia Chen no se había atrevido a llamar demasiado la atención.

Pero tampoco quería aparentar una suerte tan pésima que oscureciera su talento.

Por eso, cada vez que ascendía, fingía obtener dos ranuras nuevas, un resultado que no era especialmente bueno ni malo.

Un cardista con entre siete y nueve ranuras de talento podía obtener de una a tres ranuras adicionales al ascender.

Xia Chen consideraba que ya había actuado con mucha discreción.

En realidad, conseguir una sola ranura también era bastante común.

Xia Cheng, por ejemplo, había obtenido únicamente una en una de sus dos ascensiones.

Sin embargo, cuando Wen Shu llegó, no solo le llevó dinero, sino también la seguridad necesaria para actuar sin miedo.

Con su poderoso hombre a su lado, realmente no tenía que preocuparse por nada.

Por eso, durante las dos ascensiones posteriores, Xia Chen optó directamente por el resultado máximo y añadió tres ranuras en cada ocasión, provocando la envidia de todos.

Cuando aparecía la Carta Compañera de un cardista, este comprendía de forma aproximada qué camino debía seguir en el futuro.

Más adelante, durante sus estudios, los maestros enseñaban específicamente las categorías de cartas y las distintas combinaciones posibles.

Muchas personas elegían desde pequeñas, bajo la guía de sus familias y maestros, el mazo más adecuado y reunían sus cartas en torno a aquella dirección.

Los niños de familias comunes solían preparar con anticipación varias configuraciones posibles, a veces incluso más.

Después las ajustaban según las cartas que lograran conseguir, porque quizá nunca pudieran reunir todas las piezas del mazo que mejor se adaptaba a ellos.

Los jóvenes ricos como Li Yao no sufrían aquella preocupación.

Él también tenía varios mazos alternativos, pero todos habían sido seleccionados entre las mejores opciones.

Su familia había preparado desde hacía tiempo las cartas que necesitaba.

Al principio, Xia Chen había convertido el Libro Compañero de Xia Yi en uno especializado en magia de fuego únicamente para enfurecer a Xia Cheng.

Como tenía pocas ranuras, carecía de dinero y existían pocas cartas de fuego útiles de bajo nivel, se había limitado a montar una combinación improvisada.

Ahora que el número de ranuras había aumentado drásticamente, dieciocho eran suficientes para formar un mazo muy completo, siempre que tuviera acceso a las cartas necesarias.

Después de regresar del Bosque de las Cien Bestias, Li Yao y Ji He se enteraron de que quería perfeccionar su mazo y le entregaron información recopilada por las familias Li y Yu.

Los documentos contenían composiciones clásicas y destacadas de magos de fuego que podían reunirse en la actualidad, además de datos sobre la mayoría de las cartas de ese elemento.

En realidad, ambos suponían que los conocimientos de Wen Shu serían más que suficientes para ayudar a Xia Chen a configurar un mazo adecuado.

Sin embargo, deseaban ganarse su buena voluntad y estaban dispuestos a hacer todo lo que pudieran.

No sabían que aquellos dos archivos eran precisamente lo que Xia Chen necesitaba.

—Hay que conseguir varias copias de Armadura de Llamas.

Xia Chen anotó aquella clásica carta defensiva de fuego de cuatro estrellas.

Para un mago frágil, cualquier carta protectora disponible debía incluirse en el mazo.

—¿Quieres Látigo de Fuego? —preguntó Wen Shu, señalando la ilustración de un látigo largo y delgado envuelto en llamas.

Xia Chen se mordió el labio.

—No sé usar látigos.

Aunque Látigo de Fuego era una carta de tres estrellas, tenía una capacidad destructiva considerable y una duración prolongada.

Era una carta de fuego con una excelente relación entre coste y efectividad.

Sin embargo, pocos magos de fuego la incluían entre sus primeras opciones.

La razón era sencilla: no podía controlarse mediante la mente. El propio cardista tenía que blandir el látigo.

¿Qué mago se dedicaría a aprender a utilizar uno?

El propietario de la carta no sufriría daño aunque la manejara mal, pero sus compañeros correrían un gran peligro.

—Yo sé usarlo. Puedo enseñarte.

Xia Chen ladeó la cabeza, lo pensó un momento y sonrió.

—Está bien. En realidad, me conviene aprender. Cuando vuelva a utilizar cartas de plantas, sabré aprovecharlo todavía mejor.

Por su talento natural y sus preferencias, seguía sintiéndose más atraído por las cartas de plantas.

Cuando tuviera la oportunidad, volvería a ese camino.

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