Si no cultivo la tierra, me comerán - Capítulo 185

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Xu Helai tenía un carácter amable y trataba a todos con cordialidad. Incluso al hablar prestaba mucha atención a no sobrepasarse.

Por eso, aquella forma ligeramente sutil de llamarlo «ese amigo tuyo» revelaba con claridad el rechazo que sentía hacia Wen Shu.

A veces, simplemente había personas que parecían destinadas a llevarse mal.

Aunque Wen Shu nunca le había hecho ni dicho nada, Xu Helai sencillamente no lo soportaba.

Por supuesto, Wen Shu sentía exactamente lo mismo.

Ambos lo sabían perfectamente, pero nunca lo demostraban delante de Xia Chen.

Sin embargo, detestar a alguien no significaba ignorarlo.

Xu Helai recordaba muy bien que una de las cosas que más le molestaban de Wen Shu era que se pasaba el día pegado a Yuanbao.

Era un hombre adulto y, aun así, se comportaba como un niño que todavía no había sido destetado.

Además, carecía por completo de tacto. Cada vez que Yuanbao iba a buscarlo, Wen Shu aparecía siguiéndolo a todas partes, sin separarse ni un paso.

Era insoportablemente molesto.

Por eso, al no verlo ese día, Xu Helai se sintió bastante extrañado.

Solo que al principio estaba demasiado feliz y no quiso mencionar a alguien que arruinaría su buen humor, así que dejó pasar el asunto de forma natural.

Ahora, como de repente necesitaba encontrar algún tema de conversación y no se le ocurrió nada, su mente se nubló por un instante y terminó soltando aquella pregunta.

En cuanto terminó de hablar, se arrepintió.

¿Para qué había mencionado a ese hombre sin ninguna necesidad?

Pero las palabras ya habían salido de su boca y no podía recuperarlas.

Además, Xia Chen ya había respondido. Tras vacilar un momento, dijo con vaguedad:

—Zijian… salió a ocuparse de un asunto.

Lo de preparar el regalo para la ceremonia de unión…

Aunque toda su familia ya lo sabía y hasta algunos amigos cercanos habían oído rumores, delante de su ingenuo compañero de infancia seguía sintiendo cierta vergüenza al decirlo directamente.

Él no se atrevía a decirlo, pero alguien estaba dispuesto a hacerlo por él.

Xia Chen había enviado a Nan Ge’er a acompañar al viejo taoísta Xu. Sin embargo, quién sabía si el anciano no se había dado cuenta de que su discípulo no quería marcharse o si lo hizo a propósito, porque se quedó de pie allí mismo esperándolo.

Nan Ge’er tampoco se movió.

Los dos observaron cómo Xu Helai intentaba torpemente iniciar una conversación con Xia Chen.

Que intentara hablar con él no era el problema.

¿Pero por qué había tenido que escoger precisamente ese tema?

Hasta el viejo taoísta sintió ganas de suspirar.

La agudeza que Nan Ge’er había mostrado el día de su propuesta de matrimonio parecía haber sido solo un destello momentáneo.

Una vez extinguida, desapareció para siempre.

Incluso era posible que aquel día hubiera gastado de golpe demasiado de su limitada inteligencia, porque Xia Chen sentía que ahora era todavía más tonto.

Xia Chen acababa de responder con discreción cuando aquel muchacho adoptó una expresión que decía claramente: «Sé un secreto, pregúntame, pregúntame».

Sonriendo de oreja a oreja, le dijo a Xu Helai:

—¿Adivina para qué salieron el tío Wen y mi maestro?

Wen Shu había sido instructor de la guardia y todavía conservaba el cargo de capitán, aunque casi nunca se ocupara de los asuntos cotidianos.

Así que no había nada extraño en que Nan Ge’er lo llamara maestro.

Muchas gracias, pero Xu Helai no quería saberlo en absoluto.

De no haber sido una persona bondadosa por naturaleza, hasta habría deseado que Wen Shu no regresara nunca.

Cada día que no tenía que verlo, sentía que el cielo era más azul, el agua más clara y su estado de ánimo mucho mejor.

Después de recriminarse en secreto por aquellos pensamientos mezquinos, Xu Helai forzó una sonrisa.

—¿Qué fue a hacer?

Xia Chen ya quería cubrirse la cara.

También deseaba darle una paliza a aquel desafortunado sobrino suyo.

Nan Ge’er, que llevaba años causando problemas y recibiendo golpes por ello, percibió la mirada poco amistosa de su tío menor.

La experiencia acumulada le permitió darse cuenta de inmediato de que probablemente volvía a estar en problemas.

Encogió el cuello, desvió la mirada y terminó fijándola en el viejo taoísta Xu, quien observaba la escena en silencio y con evidente diversión.

Al instante se le ocurrió una idea.

Sujetó al anciano del brazo y dijo con urgencia:

—Vamos, vamos. Esos bollos rellenos ya no estarán buenos cuando se enfríen. Será mejor que se los llevemos rápido.

Después puso en práctica la fuerza y velocidad extraordinarias propias de un Despertado y arrastró al viejo taoísta fuera de allí en un abrir y cerrar de ojos.

Xia Chen guardó silencio.

Xu Helai también guardó silencio.

Al principio, Xu Helai no sentía la menor curiosidad.

¿Por qué iba a preocuparse por el paradero de alguien que detestaba?

Pero Nan Ge’er había hablado a medias y luego se había marchado con aquel aire misterioso, despertando su interés en contra de su voluntad.

—El joven señor Wen…

—Él…

Los lóbulos de las orejas de Xia Chen se enrojecieron en silencio.

A esas alturas, seguir ocultándolo ya no tenía sentido.

Tosió suavemente e hizo todo lo posible para sonar tranquilo.

—Fue a preparar el regalo para la ceremonia de unión.

—Ah… ¿la ceremo…? ¿La ceremonia de unión?

Xu Helai se quedó aturdido.

Durante un instante incluso creyó haber escuchado mal.

Una emoción compleja e indescriptible surgió en su interior, una mezcla de pérdida, amargura y melancolía.

—Sí, la ceremonia de unión —confirmó Xia Chen.

Desvió la mirada y se rascó la mejilla con vergüenza. Sentía como si estuviera confesándole su orientación sexual a un amigo heterosexual.

Aunque, pensándolo bien, la situación social de ese mundo era incluso mejor que la de su vida anterior.

Después de todo, el matrimonio entre ellos era legal.

Siendo así, su Pajarito no tendría nada en contra de él solo porque le gustaran los hombres, ¿verdad?

Habían crecido juntos desde pequeños y Xia Chen tampoco quería perder a un amigo debido a su orientación.

Xu Helai sintió un nudo en la garganta.

La amargura que llenaba su pecho le impedía mantener la sonrisa.

Tras luchar consigo mismo, preguntó con dificultad:

—¿Con quién va a celebrar la unión?

No es Yuanbao.

No es Yuanbao.

Definitivamente no es Yuanbao…

Xia Chen sintió que el calor le subía a las mejillas.

Este compañero suyo antes sabía hablar con mucha elegancia.

¿Por qué ahora tenía que obligarlo a explicarlo todo con tanta claridad?

—Conmigo.

Xia Chen se esforzó por decirlo con total naturalidad, como si su unión con Wen Shu fuera algo completamente lógico.

Al pronunciar esas palabras, levantó ligeramente la barbilla y en su rostro apareció, sin que él mismo lo notara, una expresión de orgullo y felicidad.

La amargura del corazón de Xu Helai pareció subirle hasta la garganta y extenderse por toda su boca.

En sus ojos, habitualmente suaves y sonrientes, se ocultó una profunda opresión.

Sin pensar, preguntó con tono acusador:

—¿No habías dicho que ustedes eran amigos, que eran como hermanos?

Xia Chen se quedó sin palabras.

Aquello le había dado justo donde dolía.

Como amigo, ¿no podía ayudarlo a ocultar aquella contradicción?

¿Por qué tenía que exponerlo de esa manera?

—Bueno… las relaciones entre las personas no permanecen siempre iguales. Antes éramos amigos, pero después… poco a poco comenzamos a gustarnos. Naturalmente, quisimos estar todavía más cerca.

Xia Chen no deseaba analizar ante otra persona todos los cambios de su corazón ni el proceso de sus sentimientos.

Pero al ver a su compañero tan afectado, no pudo evitar sentir cierta compasión.

Ay…

Quizá Pajarito era uno de esos hombres completamente heterosexuales incapaces de aceptar una relación entre dos hombres.

—¿Comenzaron a gustarse… los dos?

Xu Helai descubrió que le costaba comprender incluso aquellas palabras tan sencillas.

Así que Wen Shu no estaba enamorado por su cuenta.

¿Sus sentimientos eran correspondidos?

Claro.

Si Yuanbao no lo amara, ¿quién podría obligarlo a unirse con él?

—¿Qué te ocurre?

Su amigo tenía los ojos desenfocados y el rostro tan pálido como si hubiera recibido una noticia aterradora.

Xia Chen agitó una mano frente a su cara, lleno de preocupación.

No podía ser…

¿Acaso Pajarito también era homofóbico?

—No… no pasa nada.

Xu Helai tenía el rostro completamente blanco.

Se esforzó por levantar las comisuras de los labios para que su expresión no fuera tan desagradable.

Si después de aquello todavía no comprendía sus propios sentimientos, entonces realmente sería un idiota.

Por desgracia, ya era demasiado tarde.

Había comprendido demasiado tarde y también había actuado demasiado tarde.

Sacó de entre sus ropas una pequeña bolsa que había mantenido cuidadosamente oculta.

Volcó con precaución unas cuantas cosas que parecían semillas y se las entregó a Xia Chen.

—Esto es para ti. Espero que a Yuanbao… todo le salga bien.

Era incapaz de decir algo como «felicidades por tu matrimonio».

Solo pudo expresarlo de una manera tan vaga.

Por fortuna, Xia Chen tampoco le prestó demasiada atención.

Recibió las semillas, las movió un par de veces sobre la palma de su mano y preguntó con curiosidad:

—¿Qué es esto?

Xu Helai bajó la mirada hacia él y explicó en voz baja:

—Son las semillas de una planta mutante que encontramos durante el viaje. Después de que la planta fuera quemada hasta quedar reducida a cenizas por unos talismanes, solo quedaron estas semillas. Recordé que siempre te ha gustado reunir semillas de todo tipo.

—¿Una planta mutante?

Xia Chen se llenó de sorpresa y alegría.

Como no había podido salir de Ciudad Wangxiang, llevaba mucho tiempo sin encontrar plantas mutantes y su Libro Mágico tampoco había podido seguir subiendo de nivel.

Aunque su capacidad actual ya era suficiente, tratándose de algo parecido a un arma, no llevarlo al nivel máximo era prácticamente una tortura para alguien obsesionado con completarlo todo.

Además, hacía mucho que no obtenía una planta mutante verdaderamente poderosa.

Durante aquel periodo, aparte de la Flor Espía, solo habían aparecido unas cuantas plantas extrañas cuya utilidad resultaba difícil de explicar.

Por ejemplo, había una flor multicolor con una capacidad de teñido extremadamente intensa.

Xia Chen, buscando problemas por cuenta propia, la había probado en secreto.

Resultó que hasta podía teñir el cabello.

Terminó con la cabeza cubierta de mechones rojos desiguales y no se atrevió a salir de casa.

Más tarde tuvo que volver a teñírselo utilizando pétalos negros para recuperar su color original.

También había una planta cuyo líquido aumentaba la sensibilidad de la piel.

Su producción era extremadamente escasa y Xia Chen no tenía idea de para qué podía servir.

Había probado a untárselo sobre las sienes y la sensación era parecida a la de un ungüento refrescante, aunque mucho menos intensa.

Xia Chen sospechaba que, como su entorno actual era bastante tranquilo y ya no vivía en constante combate, las plantas mutantes que aparecían en su espacio también desarrollaban propiedades más suaves.

Incluso Xia Tongban aparecía cada vez con menor frecuencia.

Como Xia Chen estaba demasiado ocupado, el tiempo que pasaba dentro del espacio se había reducido enormemente.

Y cuando entraba y lo llamaba, dos de cada tres veces Xia Tongban no aparecía.

Cuando Xia Chen preguntaba por él, solo recibía una respuesta entrecortada y llena de interferencias, diciendo que estaba acumulando energía y que necesitaba entrar en reposo para reducir el consumo.

Aquello asustó tanto a Xia Chen que pensó que su energía volvía a ser insuficiente.

Le preguntó repetidamente cómo podía reponerla, temiendo que aquel compañero que lo había llevado hasta ese tiempo y espacio desapareciera algún día.

Para Xia Chen, Xia Tongban ya no era únicamente una ventaja especial.

También era un buen amigo que lo había acompañado y ayudado durante todo ese tiempo.

Si tuviera que elegir entre conservar el espacio o conservar a Xia Tongban, elegiría a Xia Tongban.

Más tarde, Xia Tongban le aseguró que estaba bien y que no desaparecería de repente.

Sin embargo, no le explicó para qué estaba acumulando energía.

Aun así, Xia Chen confiaba en que no le haría daño ni realizaría nada que pudiera perjudicar aquel mundo.

Bastaba observar las distintas misiones que había emitido.

Aunque Xia Tongban fuera una inteligencia artificial, definitivamente no tenía el papel de villano.

Volviendo al asunto, Xia Chen estaba verdaderamente feliz de recibir aquellas semillas mutantes de Pajarito.

Solo sentía un poco de lástima al saber que la planta original había sido destruida.

De haberla absorbido el Libro Mágico, quizá habría vuelto a subir de nivel.

Pero obtener las semillas ya era bastante bueno.

Después de todo, Pajarito y los demás no disponían de ninguna herramienta de almacenamiento espacial.

Las plantas mutantes solían ser enormes, así que habría sido demasiado pedir que transportaran una entera.

Xia Chen guardó las semillas cuidadosamente y con gran alegría, decidido a plantarlas apenas regresara.

Además, como había recibido un objeto tan valioso, tenía que preparar un regalo de agradecimiento.

La vivienda y los recursos básicos de supervivencia no contaban, pues era algo que debía ofrecerles de todos modos como retribución a quienes habían salvado la vida de su familia.

Aparte de eso, pensaba regalarle dos Huluwá a Xu Helai, además de algodón de fuego y otros objetos útiles.

Después de hacer los cálculos mentalmente, Xia Chen volvió a preguntar por las semillas.

Las plantas que crecían a partir de semillas mutantes solían conservar cierta relación con la planta original.

Quería saber qué aspecto tenía aquella planta y cuál era su capacidad.

Xu Helai no ocultó nada.

—Era un melocotonero gigantesco, cubierto por completo de flores. Su aroma era embriagador y era increíblemente hermoso.

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