Si no cultivo la tierra, me comerán - Capítulo 175

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A unos diez li al suroeste de la capital imperial se extendía una cadena montañosa.

En el pasado había circulado la noticia de que en aquellas montañas brotaba una fuente termal, por lo que muchas familias nobles y poderosas compraron terrenos allí con la intención de construir residencias de descanso.

Sin embargo, por alguna razón, poco después la recién descubierta fuente termal comenzó a presentar problemas.

Uno de los hijos de una familia de nobles murió mientras se bañaba en una de las piscinas. Después circularon rumores de que las aguas eran venenosas, mientras otros aseguraban que el feng shui de aquella zona era desfavorable.

Había opiniones de todo tipo, pero ninguna explicación confirmada.

Lo único cierto era que, al final, aquellos terrenos montañosos quedaron abandonados.

Fu Zhan guio a varios soldados montaña arriba siguiendo la ruta que Wen Shu le había indicado.

El bosque estaba cubierto por una capa de nieve blanca.

El carruaje no podía avanzar por allí, así que Fu Zhan guardó el carruaje de calabaza en una de las calabazas y continuó a pie junto con los soldados.

El antiguo sendero de montaña llevaba mucho tiempo sin ser transitado y estaba cubierto de hierbas silvestres. Ahora, además, se había acumulado tanta nieve que, de no ser por el mapa proporcionado por Wen Shu y porque Fu Zhan confiaba en que aquel hombre no se burlaría de él sin motivo, nadie habría imaginado que bajo aquella extensión blanca existía un camino.

El grupo avanzó con gran dificultad.

La nieve de la montaña era tan profunda que, cada vez que daban un paso, media pierna se hundía en ella.

De vez en cuando se distinguían construcciones abandonadas a medio terminar. Probablemente eran las residencias que aquellos nobles habían comenzado a edificar.

Todos los elegidos para acompañar a Fu Zhan eran hombres fuertes y de excelente condición física.

Antes de partir les habían preparado una buena comida, así que habían recuperado tanto la energía como las fuerzas.

No se detuvieron en el camino.

Reunieron toda su voluntad y continuaron escalando.

El lugar indicado por Wen Shu se ocultaba en una hondonada muy apartada. Caminaron durante casi medio día antes de encontrar una pequeña residencia campestre casi completamente enterrada bajo la nieve.

La construcción era bastante refinada.

Wen Shu la había preparado en el pasado como uno de los refugios donde pretendía invitar a Xia Chen a vivir.

No solo había almacenado allí suficientes provisiones, sino que detrás de la casa brotaba una fuente de agua caliente y habían construido una piscina termal.

Aunque llevaba un año sin que nadie la cuidara, aquella residencia, levantada con gran esfuerzo, no estaba demasiado deteriorada.

Seguía siendo un lugar excelente para resguardarse del frío durante el invierno.

Siguiendo las indicaciones de Wen Shu, Fu Zhan encontró el sótano donde se guardaban las provisiones.

Aunque lo llamaban bodega subterránea, se parecía más a un enorme sótano, con el suelo completamente cubierto de ladrillos de piedra.

Fu Zhan y los soldados bajaron sosteniendo antorchas.

En cuanto vieron el interior, todos quedaron atónitos.

El sótano estaba dividido en varias habitaciones, cada una repleta de toda clase de recursos: grano, carne curada, telas, sal, numerosos condimentos y canastas enteras de verduras, brotes de bambú y hongos secos.

Todo se había almacenado cuidadosamente por categorías.

Había una enorme cantidad de cada producto.

El grano, en particular, ocupaba por completo una habitación.

—Joven general, esto…

Los soldados recorrieron el sótano y regresaron tartamudeando, incapaces de expresarse con claridad.

Desde el regreso de Fu Zhan, sus comidas habían mejorado. Todos sabían que había traído alimentos.

Sin embargo, aparte de Fu Zhen y unas cuantas personas, nadie había visto con sus propios ojos las reservas de los almacenes.

Ahora tenían frente a ellos una cantidad tan inmensa de grano que, incluso antes del apocalipsis, habría sido difícil contemplar algo semejante fuera de los graneros militares.

Fu Zhan también estaba sorprendido y complacido.

Si administraban con cuidado las provisiones que Xia Chen le había enviado, podrían sobrevivir durante todo el invierno.

Si además conseguían reunir más suministros por su cuenta y cultivaban las calabazas, incluso les quedaría un excedente.

Cuando Wen Shu le dijo que había recursos guardados allí, Fu Zhan había supuesto que se trataría, como mucho, de unos cien jin de grano y algunos otros artículos.

Después de todo, conocía la mala fama de aquellas montañas abandonadas.

¿Quién almacenaría grandes cantidades de provisiones en un lugar tan remoto?

Pero encontrar algo de comida ya habría sido suficiente.

En esos momentos, Fu Zhen y sus hombres podían recorrer durante todo un día la capital imperial sin conseguir siquiera diez jin de grano.

Por poco que hubiera allí, habría valido la pena hacer el viaje.

Nunca imaginó que Wen Shu hubiera escondido semejante cantidad.

Una leve sospecha surgió en la mente de Fu Zhan.

Con la identidad de Wen Shu, por muy poco apreciado que fuera dentro de su familia, nadie se atrevería a descuidarlo en asuntos básicos como la comida o la ropa.

Entonces, ¿por qué había almacenado tantos recursos en un lugar tan apartado?

Era casi como si hubiera sabido de antemano que aquella catástrofe ocurriría.

En cuanto ese pensamiento cruzó su mente, Fu Zhan sintió un escalofrío.

Reflexionó detenidamente y desenterró de sus recuerdos todas las noticias que alguna vez había escuchado sobre la residencia del duque Dingguo, tratando de unir aquellos fragmentos dispersos.

Recordaba que, en el pasado, Wen Shu, el joven heredero del ducado, había gozado de una gran reputación.

Se decía que era inteligente desde niño, precoz, prudente y que había adquirido fama por su talento a una edad temprana.

Sin embargo, cierto año desapareció de repente de la vida pública.

Al parecer enfermó gravemente y fue enviado a recuperarse.

Pero su salud nunca mejoró y, con el paso del tiempo, fue desvaneciéndose por completo de la vista de los demás.

Fu Zhan no recordaba en qué año exacto había desaparecido Wen Shu, pero cuanto más lo pensaba, más extraño le parecía.

Era el hijo legítimo mayor del duque.

Además, su familia materna pertenecía a un clan prestigioso.

Mientras creciera sano y salvo bajo la protección de sus parientes maternos, tarde o temprano heredaría el ducado Dingguo.

La posibilidad de que hubiera sido víctima de una conspiración tampoco terminaba de encajar.

Si alguien hubiera querido perjudicarlo, no le habría permitido adquirir fama desde el principio y atraer la atención de otros clanes.

Además, aunque realmente le hubiera ocurrido algo, la familia Lin no habría permanecido indiferente.

Era el hijo legítimo mayor del duque Dingguo. De ninguna manera podrían haberlo abandonado tan fácilmente.

A menos que…

Fu Zhan frunció el ceño.

¿Qué podía haber llevado a Wen Shu a retirarse voluntariamente?

Aunque no ambicionara la fama ni el poder, por el carácter que Fu Zhan conocía de él, tampoco parecía alguien capaz de entregar sin más todo lo que le pertenecía a su hermano menor legítimo.

Quizá se debía a que sabía que toda aquella riqueza y gloria desaparecerían algún día como humo.

En un mundo como aquel, la identidad de heredero legítimo de un ducado ni siquiera valía tanto como una bolsa de arroz.

Fu Zhan recordó también los elogios que los habitantes de Ciudad Wangxiang dedicaban a Xia Chen.

Uno de ellos decía que, durante la siembra de primavera, todos habían seguido sus indicaciones.

Por lo que Fu Zhan sabía, su hermano adoptivo no parecía poseer la capacidad de predecir el clima.

Al principio había supuesto que se trataba de alguna habilidad no revelada de una planta mutante.

Ahora, sin embargo, pensó que quizá alguien le había advertido de antemano.

Entonces, ¿Wen Shu podía predecir el futuro?

Fu Zhan permaneció inmóvil durante mucho tiempo, contemplando las habitaciones llenas de provisiones.

Cuanto más pensaba que su conjetura podía ser cierta, más aterradora le resultaba.

Desde la llegada del caos había recorrido miles de li y había visto innumerables personas extraordinarias con toda clase de habilidades.

Pero nunca había oído hablar de alguien capaz de prever el futuro.

Los secretos del cielo no debían revelarse.

Desde tiempos antiguos, ¿cuántas personas capaces de conocer el destino habían tenido un buen final?

Fu Zhan no pudo evitar preguntarse por qué Wen Shu le había revelado aquella ubicación.

Si realmente podía prever el futuro, debería saber que Fu Zhan descubriría que algo no encajaba.

Incluso si no poseía esa capacidad, Wen Shu tampoco era alguien tan descuidado.

¿Se lo había contado porque confiaba en él?

¿O porque había «visto» que nunca lo traicionaría?

Fu Zhan no podía comprenderlo.

Wen Shu ocultaba demasiados secretos.

Lo único que podía considerarse afortunado era que aquel hombre insondable, cuya naturaleza recta o malvada resultaba difícil de discernir, hubiera entregado todo su corazón a Xia Chen.

Y su hermano adoptivo era una persona íntegra.

Fuera como fuera, Wen Shu le había regalado una cantidad enorme de provisiones.

Fu Zhan recordaría aquella deuda de gratitud y, si alguna vez tenía la oportunidad, sin duda se la devolvería.

Después de ordenar sus pensamientos, dejó de vacilar y sacó las calabazas para empezar a guardar los recursos.

Por fortuna, había pensado que, como nadie más podía utilizarlas, no tenía sentido dejarlas en casa y se las había llevado todas.

De lo contrario, unas cuantas personas jamás habrían podido transportar tantas cosas.

Era la primera vez que los soldados presenciaban un método tan milagroso y todos quedaron asombrados.

Sin embargo, habían sido cuidadosamente seleccionados por Fu Zhen y eran hombres completamente fiables, por lo que Fu Zhan no necesitaba ocultarles el uso de las calabazas.

Guardar los recursos dentro no era tan sencillo como pensarlo.

El usuario tenía que tocar los objetos que deseaba almacenar.

Como había demasiadas cosas, Fu Zhan tardó bastante en guardarlas todas.

Habían recorrido una larga distancia y escalado durante medio día.

Además, se demoraron un tiempo considerable en el sótano.

El cielo ya empezaba a oscurecer.

Si descendían en ese momento, la noche los alcanzaría a mitad del camino.

Sería peligroso encontrarse con zombis en la oscuridad.

Fu Zhan tomó una decisión inmediata.

Ordenó a los soldados limpiar una habitación de la residencia para pasar allí la noche.

Descenderían de la montaña al amanecer del día siguiente y regresarían a casa.

Quizá porque aquella zona profunda de la montaña estaba deshabitada y no había olor a sangre humana que atrajera a los zombis, el lugar permanecía tranquilo.

Entre las provisiones preparadas por Wen Shu había de todo.

El grupo limpió un poco, preparó algo sencillo para comer y organizó turnos de vigilancia.

Después, cada uno se retiró a descansar.

Al mismo tiempo, a miles de li de distancia, toda la familia Xia se encontraba reunida en el salón principal de la casa de Ciudad Wangxiang.

La atmósfera era silenciosa y bastante incómoda.

El señor y la señora Xia ocupaban los asientos principales.

A un lado estaban Xia Dalang y su familia, junto con Xia Chen y Wen Shu.

En el lado opuesto, casi completamente vacío, solo se sentaban dos personas: Nan-ge’er y Liu Jiao.

El rostro siempre alegre y sonriente de Liu Jiao mostraba en ese momento una profunda incomodidad.

Nan-ge’er, sentado a su lado, seguía teniendo una expresión completamente confundida, como si no entendiera qué estaba ocurriendo.

Al verlo, a Xia Dalang le picaban las manos por las ganas de golpearlo.

Xia Chen también se sentía un poco impotente, aunque en el fondo estaba ligeramente agradecido.

Después de descubrir por accidente que toda su familia ya había decidido incluso de quién adoptarían un hijo él y Zi Jian y qué nombre le pondrían, comprendió que ya no podía seguir ocultando su relación con Zi Jian.

Aunque, en realidad, nunca había conseguido engañar a nadie.

De todos modos, debía comunicarlo formalmente a su familia.

Sin embargo, antes de que reuniera el valor para hablar, salió a la luz el asunto entre Nan-ge’er y Liu Jiao.

Alguien de la ciudad los había visto caminando tomados de la mano.

Además, Liu Jiao llevaba puestos la bufanda y el gorro de Nan-ge’er.

Aquel no era el mundo abierto de la vida anterior de Xia Chen.

Incluso en aquella sociedad moderna, si un muchacho y una muchacha jóvenes, sin parentesco entre sí, caminaban de la mano y compartían prendas de abrigo, cualquiera comprendería que su relación no era ordinaria.

Mucho más en aquella época.

En una sociedad antigua y conservadora, ni siquiera los matrimonios jóvenes caminaban tomados de la mano cuando salían juntos.

Aquello se consideraba… demasiado íntimo.

Por tanto, que Nan-ge’er y Liu Jiao fueran vistos de aquella forma equivalía prácticamente a anunciar ante todo el mundo:

«Nuestra relación no es normal».

En esas circunstancias, si no daban una explicación seria, Liu Jiao acabaría enfrentándose a toda clase de rumores desagradables.

Aunque fuera una persona extraordinaria, no podía impedir que los demás hablaran a sus espaldas.

En cuanto la familia Xia recibió la noticia, llamó de inmediato a Liu Jiao a la casa.

Querían saber qué pensaba la muchacha y, al mismo tiempo, formalizar cuanto antes su relación con Nan-ge’er.

Con su sobrino atrayendo toda la atención, al menos cuando Xia Chen anunciara que él y Zi Jian habían confirmado su relación, la familia no concentraría todas sus miradas en ellos.

Xia Chen estaba realmente preocupado.

En cuanto confesara la verdad, era muy probable que sus padres quisieran organizar de inmediato una ceremonia para que él y Zi Jian formaran un vínculo.

Después de todo, desde la perspectiva de su familia, seguramente llevaban mucho tiempo comportándose como una pareja de ancianos casados.

Ahora Nan-ge’er se había sacrificado valientemente y había salido primero al frente.

Gracias a él, Xia Chen podría disponer de un poco más de tiempo para convivir con Zi Jian, adaptarse el uno al otro y acostumbrarse al cambio repentino de su relación.

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