Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 92

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Aquellas palabras fueron como una puñalada directa al corazón de Jiang Huaizhi.

El Alfa soltó una sonrisa amarga. La figura del niño hacía rato que había desaparecido de su vista, pero aquella mirada inocente de hacía un momento seguía grabada en su mente, imposible de borrar.

—Él también es mi hijo, Xiao Yuan —suspiró Jiang Huaizhi.

Los ojos de Tang Yuan se enrojecieron ligeramente. Permaneció en silencio frente a él, con la barbilla alzada para evitar mirar su expresión.

—¿Y tú qué has hecho por él? —preguntó Tang Yuan en voz baja—. Xiao Man ni siquiera te conoce y, en el futuro, tampoco te conocerá.

—¿De verdad tenemos que llegar a este extremo?

Jiang Huaizhi no entendía por qué Tang Yuan insistía tanto en trazar una línea clara entre los dos. Casi suplicante, le tomó la mano y habló con seriedad:

—Xiao Yuan, ¿no puedes escuchar mi explicación una sola vez? Leí la carta que me dejaste, pero no puedo aceptarlo. Llevo más de un año buscándote y jamás he pensado en volver con Yun Ran. ¿Por qué no quieres creerme?

Tang Yuan no quería seguir hablando del tema. Le parecía humillante.

Sin embargo, Jiang Huaizhi no soltaba su mano, y Tang Yuan comprendió que tendría que darle una explicación.

El omega levantó la mirada.

—Si… el hermano Yun Ran aceptara estar contigo, ¿seguirías diciendo que nunca has pensado en volver con él?

En realidad, Tang Yuan no quería formular aquella pregunta. Hacerlo equivalía a demostrar cuánto le importaba, pero, en el fondo, aquello era lo único que quería saber.

No quería ser la segunda opción de nadie y mucho menos limitarse a ser una esposa adecuada. Ya se lo había explicado en la carta que le dejó a Jiang Huaizhi. No entendía por qué el hombre seguía aferrándose a él.

—Faltan menos de tres meses para que nuestro matrimonio se disuelva automáticamente. Terminemos esto en buenos términos.

Tang Yuan estaba cansado. Quería volver adentro para ver a Xiao Man.

Jiang Huaizhi lo llamó antes de que pudiera irse.

—Tang Yuan…

Esta vez utilizó su nombre completo, con una solemnidad poco habitual.

Tang Yuan apretó los puños.

—¿Vas a terminar de una vez?

Parecía una pequeña bestia recién destetada, feroz y amenazante, enseñando las garras y los dientes.

Al verlo así, Jiang Huaizhi tuvo por un instante la ilusión de haber regresado al principio de todo, a cuando aquel pequeño omega, cada vez más atrevido, le exigía que saliera con él.

Tang Yuan también había tenido mucho carácter al principio. Solo después se había vuelto poco a poco más dulce y considerado. Cuando Jiang Huaizhi regresaba a casa entrada la noche, le preparaba una taza de té caliente y se quedaba tranquilamente a su lado, abrazándolo.

—¿Y si te digo que de verdad me gustas? —La voz de Jiang Huaizhi se elevó, casi hasta alcanzar el volumen de un muchacho que, en medio del patio de la escuela, reúne todo su valor para confesarse a la persona de la que está enamorado.

Tang Yuan se detuvo.

Jiang Huaizhi sabía que había perdido la cabeza.

En circunstancias normales jamás habría hecho algo semejante. Ya había pasado de los treinta y ahí estaba, imitando a un jovencito con una confesión amorosa. Sonaba completamente absurdo.

Pero sabía que, si no lo hacía ahora, perdería a Tang Yuan para siempre.

Tang Yuan todavía no había respondido cuando su tío menor abrió la puerta de golpe y se acercó hecho una furia.

—¡Jiang Huaizhi! ¿¡Qué demonios estás gritando!?

Tang Chi tenía el rostro lívido. Detrás de él venían varios Alfas con evidente actitud hostil, todos con los brazos cruzados mientras miraban indignados a Jiang Huaizhi.

—Yuanyuan, entra. No le hagas caso. Yo me encargo de él.

Tang Chi llevó a Tang Yuan detrás de él.

Tang Yuan mantuvo la mirada fija en el rostro de Jiang Huaizhi, con una expresión complicada. El omega movió los labios como si quisiera decir algo, pero finalmente guardó silencio.

Se dio la vuelta y le dijo en voz baja a Tang Chi:

—Voy adentro a ver a Xiao Man.

Luego se marchó.

—¡Xiao Yuan, lo que dije es verdad! —añadió Jiang Huaizhi apresuradamente.

Tang Yuan no volvió la cabeza y no tardó en entrar en la casa.

El resultado de aquella primera confesión impulsiva, hecha sin pensar en las consecuencias y con la sangre hirviendo, había sido un completo desastre.

Jiang Huaizhi miró a Tang Chi, que lo observaba como si quisiera lanzarse sobre él, abrió las manos y sonrió con amargura.

—Viejo Tang, tampoco hace falta llegar a esto. No he hecho nada. Si vuelves a golpearme, inevitablemente tendremos que ir juntos a la comisaría a tomar el té. ¿No tuviste suficiente con la carta de reflexión que escribiste la última vez?

—¡Cállate de una vez! —Tang Chi no tenía ninguna intención de tratarlo amablemente—. ¿Y qué si escribí una carta de reflexión? ¿Acaso tú no tuviste que escribir una también? Ja. El flamante presidente del Grupo Fengjiang, apostado todos los días frente a nuestra casa espiando. ¡Ni siquiera te da vergüenza!

Jiang Huaizhi sonrió sin enfadarse.

—Ahora puede decirse que conseguí lo que quería. Gracias, viejo Tang.

—…

Tang Chi sintió que, dicho de aquella manera, parecía como si de repente se hubiera convertido en cómplice de Jiang Huaizhi.

Al notar que varios de sus sobrinos lo miraban con evidente sospecha, como si creyeran que se había pasado al bando enemigo, Tang Chi se enfureció.

—¿¡Por qué demonios me das las gracias!? ¡Yo no te ayudé en nada!

Jiang Huaizhi se limitó a sonreír.

El Alfa no explicó nada más. Se despidió cortésmente de ellos, subió a su auto y se marchó.

Le agradecía a Tang Chi haber aparecido justo a tiempo, impidiendo que Tang Yuan alcanzara a rechazarlo.

Tener un poco más de tiempo para que Tang Yuan pudiera pensar en lo que acababa de decir ya jugaba a su favor.

**

Cuando Tang Yuan llegó a la sala, su tercer hermano bajaba justamente por las escaleras.

—Yuanyuan, ya regresaste. Entonces ve a ver a Xiao Man. Acabo de llevarlo al cuarto de juegos; está armando bloques. Yo voy a pedirle a la cocinera que le prepare unas galletitas.

—Mm.

Tang Yuan asintió, aunque enseguida mostró cierta preocupación.

—Hermano, no dejes que le haga demasiadas. Xiao Man no sabe controlarse en absoluto. Ya tiene caries.

Su tercer hermano sonrió.

—¿Qué va a saber un niño de controlarse? No te preocupes tanto. No pasa nada porque coma un poco de dulce.

Tang Yuan no pudo hacer nada.

Cuando estaban en el país C, al menos todavía podía controlar un poco lo que comía Xiao Man. Ahora, cada vez que intentaba ponerle límites, los demás eran los primeros en compadecerse del niño y no lo dejaban hacerlo.

La abuela había preparado especialmente el cuarto de juegos para Xiao Man antes de que regresaran a casa. La decoración estaba llena de encanto infantil y había juguetes de todas las formas y colores. Era tan adorable que, la primera vez que Xiao Man lo vio, comenzó a saltar y agitar los brazos de emoción.

Tang Yuan abrió la puerta con cuidado, queriendo ver qué estaba haciendo el pequeño.

La brisa movía suavemente las cortinas. A través de la pequeña abertura de la puerta, Tang Yuan vio al niño de espaldas, ocupado con algo que no alcanzaba a distinguir.

Entró.

—Xiao Man.

El pequeño se volvió lentamente y, con evidente culpabilidad, escondió las manitas detrás de la espalda.

—Xiao Man, ¿volviste a comer chocolate a escondidas? —preguntó Tang Yuan.

—No.

Xiao Man negó con la cabeza como un sonajero.

Pero en cuanto abrió la boca, tenía todos los dientes manchados de negro.

Tang Yuan tuvo que contener la risa. Solo pudo suspirar, tomarlo de la mano y llevarlo a enjuagarse la boca. Después se agachó frente a él y comenzó a explicarle pacientemente:

—No es que papá no quiera dejarte comer chocolate. Es que comes demasiado y eso es malo para tus dientes. ¿Quién vino llorando a buscarme anoche porque le dolía un diente? ¿Ya se te olvidó?

Xiao Man jugueteó con sus deditos y reconoció obedientemente su error.

—Ya no comeré a escondidas. Papá, no te enojes.

Le encantaba abrazar a Tang Yuan. En cuanto el pequeño extendió los brazos, Tang Yuan lo levantó y lo estrechó contra sí, dejándolo acomodarse junto a su cuello.

Xiao Man olfateó suavemente mientras estaba entre sus brazos.

—Papá, hueles muy rico. Hoy hueles diferente.

Tang Yuan se quedó inmóvil.

El omega se mordió ligeramente el labio y respondió en voz baja:

—No hay nada diferente.

Pero sabía perfectamente por qué su aroma era distinto.

Jiang Huaizhi lo había marcado por completo. Aunque durante aquel último año y pico había atravesado sus celos de apareamiento recurriendo a inhibidores, cuando se encontraba con Jiang Huaizhi su cuerpo seguía reaccionando de manera involuntaria.

Hacía apenas un momento había sentido cómo las feromonas de ambos comenzaban a armonizar rápidamente, como si incluso la sangre que corría por sus venas estuviera empezando a hervir.

Tang Yuan no podía enfrentarse a la reacción de su propio cuerpo.

Por eso había regresado apresuradamente a la casa.

Xiao Man asintió sin comprender del todo. No sabía exactamente qué era diferente; simplemente percibía de manera instintiva que Tang Yuan no estaba de buen humor.

El niño levantó la cabeza y preguntó:

—Papá, ¿no te gusta ese tío?

Tang Yuan se irritó de repente y respondió con resentimiento:

—¡Ese hombre es un gran villano! Xiao Man, no le hagas caso y no lo llames tío.

Xiao Man apretó sus pequeños puños.

—Seguro que hizo sufrir a papá.

Tang Yuan se cubrió el rostro, frustrado.

—Xiao Man, no hablemos más de él, ¿sí?

—Mm. —Xiao Man asintió.

De pronto, el teléfono comenzó a sonar con una melodía familiar. Era el tono que Tang Yuan había configurado especialmente para las llamadas de Lin Miao.

—¿Hola? —Tang Yuan contestó de inmediato.

Del otro lado llegó la voz entrecortada del joven, que respiraba agitadamente. Parecía necesitar un enorme esfuerzo incluso para pronunciar unas pocas palabras.

—Tangyuan… ven rápido. Ya no aguanto más… Te… te envié la ubicación…

—¿Hermano Miao?

Tang Yuan se puso de pie de golpe.

—¿Qué pasó?

Pero la llamada se cortó casi de inmediato.

Antes de que terminara, Tang Yuan alcanzó a escuchar a Lin Miao discutiendo con otra persona.

Y la voz de esa persona le resultaba vagamente familiar.

No había tiempo para pensar.

Dejó a Xiao Man en el suelo y le indicó:

—Xiao Man, dentro de un rato ve tú solo a buscar a tu tercer tío para jugar. Tengo que salir un momento, ¿entendido?

Xiao Man abrió mucho los ojos y asintió obedientemente.

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