Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 91
Xiao Sheng no sabía de qué estaban hablando e incluso les hizo un gesto con la mano desde donde estaba.
—¿Es por mí?
Tang Yuan negó enérgicamente con la cabeza.
—No, no es por ti. Es por nosotros.
—¿Cómo puede ser? —Yun Ran bajó la cabeza. Parecía estar a punto de llorar y su voz estaba cargada de dolor—. Nunca quise entrometerme entre ustedes, de verdad. Lo siento, Xiao Yuan, yo…
—No es por ti.
Tang Yuan le tomó la mano.
Cuando se marchó de allí y dejó aquella carta para Jiang Huaizhi, ya lo había pensado todo con claridad.
No se había ido porque la aparición de Yun Ran le provocara celos, ni porque le importara que Jiang Huaizhi apenas tuviera tiempo para acompañarlo. Simplemente no podía soportar que la persona que compartía su almohada jamás lo hubiera amado.
Tang Yuan era un idealista de pies a cabeza. Aunque sabía que, a ojos de muchas personas, el amor que anhelaba no podía compararse con algo tan sencillo como «ser compatibles», aun así se había lanzado a él sin vacilar, como una polilla hacia el fuego. Lo que nunca había sabido era que la persona a la que creía que podría conmover poco a poco ya tenía a alguien en su corazón.
—Cuando decidí casarme con él, en realidad nadie de mi familia estaba de acuerdo —dijo Tang Yuan en voz baja—. Pero yo pensaba que, como me gustaba, quería casarme con él. Así que todos terminaron cediendo y me dejaron hacer lo que quisiera. Al principio pensé que él llegaría a quererme, pero…
Tang Yuan le sonrió.
—A quien ama es a ti.
—…
—Estos dos últimos años no estuve en el país, por eso no me puse en contacto contigo. De verdad lo siento.
Tang Yuan le explicó por qué había pasado tanto tiempo sin comunicarse con él. Durante su embarazo, su estado había sido bastante inestable. Los médicos incluso habían advertido que, si volvía a sufrir cambios emocionales demasiado intensos, podía tener un parto difícil. Aquellas palabras tocaron el punto débil de la señora Tang, quien insistió en enviarlo al extranjero para que cambiara de ambiente y se despejara. A pesar de su avanzada edad, seguía viajando todos los meses para visitarlo.
—En realidad, estoy muy agradecido con todas las personas que tengo a mi lado. No tengo nada de qué quejarme. Creo que ya he sido muy afortunado —dijo Tang Yuan con calidez.
—Pero… —Yun Ran se mordió ligeramente los labios. Parecía no comprenderlo y terminó soltando—: La persona a la que ama ahora eres tú, no yo.
—Hermano Yun Ran, lo veo con mucha claridad.
En realidad, Tang Yuan no quería hablar de aquel tema. Había pasado muchísimo tiempo sin permitirse volver a pensar en Jiang Huaizhi.
Pero Yun Ran se puso ansioso y comenzó a hablar atropelladamente.
—Es verdad, créeme. Puedo darme cuenta. ¿Cómo podría no quererte? Antes, incluso cuando venía al hospital a verme, hablaba de ti muy a menudo. A veces ni siquiera él mismo se daba cuenta. Las flores que me traía eran las que tú habías cultivado con tus propias manos y, de vez en cuando, se le escapaba decir cuál de las flores del jardín era tu favorita. También se acordaba siempre de pasar por esa panadería que tanto te gusta al salir del hospital y comprarte tus panes de pasta de azufaifa favoritos. Yo lo sé, sé todo eso. ¿Cómo podría no quererte? Lo nuestro ya quedó en el pasado, Xiao Yuan…
Tang Yuan lo interrumpió.
Los ojos del omega eran claros como el agua mientras lo miraba con dulzura.
—No hablemos más de otras personas, ¿sí? Hoy quédate conmigo.
Los ojos de Yun Ran se enrojecieron.
Tang Yuan lo tomó de la mano y sonrió. Empezó a contarle, sin parar, toda clase de anécdotas divertidas de cuando Xiao Man era más pequeño. Al mencionar que la noche anterior el niño casi se había puesto a llorar porque él mismo había desarmado el rompecabezas que estaba haciendo, no pudo contener la risa. Incluso le prometió que, dentro de unos días, llevaría a Xiao Man para que pudiera conocerlo.
—Seguro que te caerá muy bien —dijo Tang Yuan.
Yun Ran todavía quería decir algo, pero no quería hacerlo sentir mal, así que se limitó a escucharlo en silencio, con los labios apretados.
Xiao Sheng contempló desde lejos a los dos omegas conversando uno al lado del otro. Dudó un momento, pero finalmente envió un mensaje a aquel número que conocía tan bien.
**
Tang Yuan acompañó a Yun Ran a su librería y parque favoritos. Yun Ran llevaba mascarilla y sombrero, cubriéndose de pies a cabeza. Mientras paseaban, los dos conversaron sobre todo lo que había sucedido durante aquellos últimos dos años y su estado de ánimo mejoró considerablemente. Aunque Tang Yuan no podía distinguir bien su expresión, sí podía ver la sonrisa sincera en los ojos de Yun Ran.
Sin embargo, incluso después de despedirse de Yun Ran y emprender el camino de regreso, sus palabras continuaban dando vueltas en la mente de Tang Yuan.
¿Jiang Huaizhi… podría quererlo?
Tang Yuan vaciló apenas unos segundos antes de sacudirse aquella idea de la cabeza con fuerza.
Era imposible.
Hacía mucho que había comprendido la realidad. No iba a dejarse tambalear por unas cuantas palabras ambiguas.
Tang Yuan tomó un taxi de regreso a la residencia de la familia Tang. Apenas bajó del vehículo, sintió que algo no estaba bien.
La ventanilla de un Maybach negro estacionado junto a la calle descendió lentamente.
Tang Yuan miró hacia allí por casualidad. En cuanto reconoció a la persona que estaba dentro, sus pies parecieron quedarse pegados al suelo.
Se quedó paralizado durante unos segundos antes de darse la vuelta y caminar hacia la casa.
Pero el hombre reaccionó más rápido. Ya había abierto la puerta del auto y corrido tras él cuando lo sujetó de la muñeca.
—Xiao Yuan.
La voz de Jiang Huaizhi estaba un poco ronca. Lo miró fijamente, con emociones complejas reflejadas en los ojos.
—¿Cuándo… regresaste? No sabía nada.
—No tengo por qué decírtelo.
Tang Yuan intentó soltarse, pero no pudo.
—¡Suéltame!
El alboroto llamó la atención de los demás. El mayordomo Ji salió apresuradamente desde detrás de la entrada y, al ver la escena frente a él, mostró una expresión bastante incómoda.
—Joven señor, no es que no se lo haya dicho, es solo que… el señor Jiang se negó a marcharse. Dijo que quería verlo —explicó el mayordomo Ji.
Tang Yuan apretó los labios.
Ahora que había alguien más presente, Jiang Huaizhi naturalmente ya no podía seguir sujetándolo contra su voluntad.
—Xiao Yuan, no lo malinterpretes. No quiero hacerte daño.
Jiang Huaizhi lo soltó lentamente y habló con voz suave.
—Habla conmigo, ¿sí? Hace mucho que no te veo. Yo… te he extrañado mucho.
—…
Tang Yuan apartó la mirada. No quería seguir hablando de aquello con él.
—¡Papá!
De repente se escuchó la vocecita infantil de un niño.
Tang Yuan volvió la cabeza y vio que Xiao Man había salido sin que nadie se diera cuenta. En cuanto el pequeño lo vio, sus ojos se iluminaron y corrió hacia él con sus cortas piernitas.
Temiendo que se cayera, Tang Yuan se apresuró a acercarse y lo tomó en brazos.
Xiao Man se aferró con fuerza a su cuello. Todo su cuerpo quedó envuelto por aquel aroma familiar y el niño se mostró rebosante de alegría. Entonces volvió la cabeza y descubrió que junto a ellos había un desconocido que no apartaba los ojos de él.
El pequeño miró a Jiang Huaizhi con curiosidad, parpadeando mientras se llevaba un dedo a la boca y apoyaba la cabeza de lado contra Tang Yuan.
—¿Tío? —preguntó Xiao Man en voz baja.
Tang Yuan le sacó suavemente el dedo de la boca.
—No lo llames tío.
Xiao Man no entendió qué quería decir y estaba a punto de preguntar cuando la voz ansiosa del tercer hermano llegó desde no muy lejos.
—Mayordomo Ji, ¿viste adónde se fue Xiao Man? ¿Cómo pudo desaparecer en un instante? Xiao Man…
Su voz se detuvo abruptamente.
Había visto al niño en brazos de Tang Yuan y al Alfa que estaba junto a él.
—Hermano, lleva a Xiao Man adentro —dijo Tang Yuan.
El tercer hermano lanzó una mirada hostil hacia Jiang Huaizhi antes de asentir y tomar a Xiao Man en brazos.
Xiao Man no dejaba de volver la cabeza para mirarlos. Sus ojos permanecieron fijos en aquel tío desconocido hasta que entró en la casa y ya no pudo verlo.
—Él se llama… Xiao Man, ¿verdad? —preguntó Jiang Huaizhi en voz baja.
—Sí.
Tang Yuan respondió:
—Se llama Tang Man.