Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 90

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Tang Yuan vio cómo el rostro de Yun Ran perdía todo color de inmediato.

Durante aquel juicio interminable, Yun Ran había soportado tener que revelar ante tanta gente los secretos más dolorosos y humillantes que guardaba en lo profundo de su corazón, y ni siquiera entonces había mostrado una desesperación semejante.

Tenía los ojos enrojecidos y miraba fijamente hacia el banquillo de los acusados.

La representante que estaba a su lado extendió una mano para sostenerlo y soltó una risa fría en dirección a Jiang You.

Sus labios se movieron apenas.

—Desvergonzado.

Desde la zona del público comenzaron a escucharse voces llenas de ira.

—¡No lo mereces!

—¡Vete a prisión y cumple tu condena!

—¡Qué asco!

A un lado, alguien lloraba en voz baja.

Tang Yuan vio que eran varias muchachas de dieciséis o diecisiete años que apretaban entre las manos carteles con el nombre de Yun Ran.

Seguramente eran sus fans.

La emoción de los seguidores comenzó a desbordarse.

Algunos intentaron cruzar la barrera que separaba las gradas del resto de la sala. Una muchacha incluso lanzó su teléfono hacia Jiang You mientras lo insultaba a gritos.

Aunque el personal encargado de mantener el orden trató de detenerla por la fuerza, ella no se calmó y comenzó a arrojar cualquier cosa que encontraba a su alcance.

La sala se convirtió en un caos.

Por todas partes se escuchaban insultos y la voz del juez presidente pidiendo a todos que se tranquilizaran.

Tang Yuan permaneció sentado y le pasó un paquete de pañuelos a unas fans que lloraban desconsoladamente.

En la gran pantalla, Jiang You seguía de pie en silencio.

Dejó que los objetos arrojados por la multitud lo golpearan.

Uno de ellos le abrió una herida en la frente y la sangre comenzó a correrle por el rostro.

Sin embargo, parecía no sentir dolor.

Levantó la mirada con obstinación hacia Yun Ran.

La representante había colocado a Yun Ran detrás de ella, protegiéndolo.

Desde la zona del público no era posible ver su expresión.

Solo se distinguían sus delgados hombros temblando ligeramente.

Su Yu, en cambio, parecía haber perdido por completo el alma.

Desde que escuchó la sentencia se había desplomado en el suelo y nadie conseguía levantarla.

Sostenía la mano de Jiang You y repetía una y otra vez entre sollozos:

—Mamá te hizo esto, Xiao You… mamá te hizo esto…

La mujer lloraba sin poder detenerse.

Todo frente a sus ojos parecía haber perdido el color.

En aquel entonces, Jiang You sí se lo había contado.

El muchacho acababa de comenzar el último año de preparatoria cuando acudió a ella completamente devastado.

Se arrodilló frente a su madre y le confesó que había cometido algo terrible.

No soportaba el tormento de su conciencia.

Quería ir a la policía y entregarse.

En aquella época acababa de diferenciarse como Alfa y todavía no podía controlar correctamente sus feromonas.

Después de seguir en secreto a Yun Ran durante varios meses, había visto la intimidad entre Yun Ran y su propio hermano.

Consumido por los celos y la ira, lo marcó.

En realidad, se arrepintió apenas terminó aquella noche.

Quería disculparse con Yun Ran.

Quería decirle que había sido él.

Quería responsabilizarse por lo sucedido.

Incluso quería casarse con Yun Ran cuando alcanzara la mayoría de edad.

Pero no se atrevía a enfrentarse a la mirada de decepción o de odio que Yun Ran tendría al despertar.

No quería que Yun Ran lo odiara.

Ni siquiera podía soportar imaginarlo.

Y cuando el muchacho, aterrorizado, acudió a aquella madre que para él parecía capaz de resolverlo todo, Su Yu solo le dijo que debía mantenerlo en secreto.

No le permitió entregarse.

Le dijo que solo había cometido un error.

Sí, había hecho algo malo.

Pero no podía arruinar toda su vida por un único error.

Su Yu le dijo a Jiang Jing que Yun Ran provenía de una familia humilde y que solo quería casarse con Jiang Huaizhi por el dinero de los Jiang.

Jiang Jing siempre escuchaba lo que ella decía y le creyó.

Desde entonces trató a Yun Ran con hostilidad y se negó a permitir que su hijo mayor lo llevara a casa.

Su Yu también sabía que alguien tan inseguro y tímido como Yun Ran no se atrevería a hacer público lo sucedido.

Y sus cálculos habían resultado correctos.

Yun Ran terminó separándose de Jiang Huaizhi.

Después pasó muchos años sin regresar a la ciudad B.

Desapareció durante bastante tiempo antes de empezar poco a poco a hacerse un nombre en la industria del entretenimiento.

Su Yu cerró los ojos con dolor.

Todo había sido culpa suya.

Ella había destruido al hijo al que más quería.

Si Jiang You se hubiera entregado voluntariamente entonces, jamás habría recibido una condena de diez años.

Diez años.

Era demasiado tiempo.

La vida de un joven que apenas comenzaba parecía haber sido cortada de raíz.

¿Quién sabía en qué se convertiría después de una década?

Sin embargo, comparado con Su Yu, que lloraba hasta casi desmayarse, Jiang You estaba mucho más tranquilo.

Le colocaron las esposas y lo separaron por la fuerza de su madre.

Los policías a su lado le ordenaron que se pusiera también el grillete electrónico y saliera.

No opuso resistencia.

Antes de marcharse, solo levantó una mano y limpió suavemente las lágrimas del rostro de Su Yu.

—Mamá, no llores.

Su Yu estaba completamente ahogada en lágrimas.

Repetía una y otra vez que todo era culpa suya y suplicaba que la arrestaran únicamente a ella.

Pero aun así terminó siendo apartada por la fuerza.

Jiang You volvió la cabeza y miró en silencio hacia el lugar donde había estado Yun Ran.

Ya no quedaba nadie allí.

Solo estaban los fans enfurecidos, escupiéndole mientras se lo llevaban.

Finalmente, fue empujado fuera de la sala.

El cielo estaba despejado, sin una sola nube.

Cuando Tang Yuan salió del tribunal, grandes extensiones de luz cálida cayeron sobre su cuerpo.

Pero ni siquiera un día tan hermoso conseguía despertar el ánimo.

La representante de Yun Ran lo llevó por un sendero lateral y finalmente consiguieron librarse de los periodistas y fans que los seguían.

Yun Ran parecía ausente.

Su representante permanecía en todo momento estrechamente a su lado.

—¿Eres amigo de Yun Ran? ¿También conoces al profesor Xiao Sheng? —le preguntó ella.

Tang Yuan lo pensó.

Sí.

Probablemente podían considerarse amigos.

Pero Yun Ran respondió antes que él.

Su voz no era fuerte, pero fue perfectamente clara.

—Es un muy buen amigo mío. Muy, muy buen amigo…

Solo habían pasado una temporada sin ponerse en contacto.

Algo pareció pinchar de repente el corazón de Tang Yuan.

La representante los miró a ambos.

—Entonces hablen ustedes. Regresaré dentro de un rato. Yun Ran, recuerda que mañana tienes una conferencia de prensa. Debes asistir para comunicar públicamente el resultado del juicio.

—Lo sé.

Yun Ran asintió ligeramente.

La representante se marchó, aunque permaneció a cierta distancia para dejarles un espacio tranquilo.

Tang Yuan también vio que Xiao Sheng se acercaba.

Sin embargo, la representante lo detuvo para impedirle ir con ellos.

Los dos intercambiaron unas palabras y finalmente se quedaron esperando en silencio bajo la sombra de unos árboles cercanos.

—Me alegra mucho que hayas venido.

Yun Ran tocó con algo de nerviosismo la mano de Tang Yuan.

Esbozó una pequeña sonrisa.

—¿Puedo… abrazarte?

—Claro.

Tang Yuan se quedó sorprendido un instante antes de abrazarlo suavemente y colocar una mano sobre su espalda.

Entonces descubrió algo.

Yun Ran era muy delgado.

Mucho más de lo que había imaginado.

Entre sus brazos parecía no haber más que un frágil conjunto de huesos que podría desmoronarse con solo tocarlo.

Tang Yuan sintió una profunda amargura.

—¿Estás bien? —preguntó.

—No estoy tan mal.

Al menos había descubierto que tenía el valor suficiente para enfrentarse a todo aquello.

Eso ya era muchísimo más de lo que había conseguido aquel antiguo yo suyo, cobarde y asustado.

—¿Crees que haber dado la cara hoy podrá servir de ejemplo para otras personas en el futuro?

Una ligera sonrisa apareció en los labios de Yun Ran.

Todavía recordaba lo que Tang Yuan le había dicho cuando intentó convencerlo tiempo atrás.

Si él no daba un paso al frente, todavía menos personas se atreverían a hacerlo.

Y entonces habría cada vez más casos semejantes.

Y más víctimas.

—Sí. Todos lo verán —respondió Tang Yuan con la voz ligeramente áspera.

La noche anterior, después de ver la noticia, se había quedado despierto hasta tarde leyendo todo lo relacionado con Yun Ran durante los últimos dos años.

Yun Ran ya era un cantante muy popular cuando salió a la luz que había sufrido una agresión sexual.

La noticia provocó un enorme debate.

Después, cuando Yun Ran hizo pública la situación y declaró que seguiría luchando por sus derechos, aparecieron toda clase de controversias.

Tang Yuan no podía imaginar cómo una persona con una fuerte tendencia depresiva había conseguido resistir tantos comentarios y discusiones.

Pero Yun Ran lo había hecho.

Durante aquellos dos años había usado su voz para defender a los Omegas que habían sufrido agresiones.

Había aprovechado su influencia para decirles a otros posibles afectados que aquello no era culpa suya.

Que no tenían por qué ocultarse.

Que tampoco tenían por qué sentirse avergonzados.

—Eres muy valiente. Lo has hecho mejor que cualquiera —dijo Tang Yuan con absoluta sinceridad.

Yun Ran sonrió.

Esta vez, su sonrisa fue mucho más pura que cualquiera de las anteriores.

—Todo eso me lo enseñaste tú. Eres mi pequeño maestro.

Tang Yuan respondió que no se atrevía a aceptar semejante título.

Los dos permanecieron juntos en silencio durante un rato.

De repente, Yun Ran preguntó:

—¿Él vendrá a recogerte después?

Tang Yuan hizo una pausa.

—No lo digo por nada especial —se apresuró a explicar Yun Ran—. Sé que los familiares directos del acusado no pueden entrar en la sala, así que por eso él no pudo acompañarte. Si viene a recogerte luego, yo me iré primero. No quiero molestarlos.

El corazón de Tang Yuan se contrajo.

No pudo evitar apretar con fuerza la mano de Yun Ran.

—Hermano Yun Ran, ¿qué estás diciendo? No me molestaría algo así. Solo que… él y yo ya nos separamos.

Tang Yuan habló con suavidad.

—¿El profesor Xiao no te lo contó?

Yun Ran se quedó inmóvil.

Instintivamente, volvió la cabeza hacia Xiao Sheng.

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