Mi esposo hizo fortuna vendiendo té con leche en bambú - Capítulo 91
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Aldea Hedong.
Los vítores y las conversaciones de la multitud no cesaban. Sin importar la ocasión, las competencias animadas siempre despertaban el entusiasmo de la gente. En medio de aquel ambiente festivo, la sonrisa de Qiao Suiman se volvió aún más brillante.
Los clientes compraban sus bebidas y se marchaban felices para seguir viendo la carrera. Qin Yu permanecía sentado detrás del carro. Aunque desde allí no tenía una vista clara, aún podía distinguir lo que sucedía a grandes rasgos. La aldea Xiahe había avanzado a la tercera ronda y en ese momento estaban sorteando el orden de salida.
Al principio, Qiao Ruifeng no quería que él fuera a mezclarse con la multitud. Conforme el embarazo de Qin Yu se hacía más evidente, también había empezado a sentirse peor y por las noches sufría frecuentes calambres en las piernas. Por eso, Qiao Ruifeng compraba leche de cabra con mayor frecuencia, aunque Qin Yu siempre se tapaba la nariz para beberla. Sin embargo, aburrido de quedarse en casa, insistió en acompañarlo a la aldea Hedong.
—Xiao Man, la competencia de Bebidas Aromáticas será dentro de unos días. ¿Ya tienes alguna idea? —preguntó Qin Yu.
Al pensar en ello, Qiao Suiman no pudo evitar sentirse preocupado.
—Todavía no. Compré algunas flores secas y hojas de té, pero no encuentro la manera de relacionarlas con el tema de «la vida».
—De verdad que estos organizadores son increíbles —refunfuñó Chen Xuesheng, frunciendo los labios—. Si es una competencia, ¿no basta con que la bebida sea deliciosa? ¿Por qué tienen que poner temas tan rebuscados?
—¿Qué eso de «la vida»? No es como si al beberla alguien fuera a dar a luz. Eso ya sería un remedio milagroso. —Zhou Shuifen negó con la cabeza.
Qin Yu suspiró suavemente.
—Si al menos pudiera beberse después del parto, también estaría bien. Así no tendría que seguir tomando tanta leche de cabra.
Zhou Shuifen soltó una carcajada.
—Tú, ge’er, esa leche de cabra es muy valiosa. Rui-xiaozi te compra todos los días. Mucha gente de la aldea te tiene envidia.
Qiao Suiman, que había estado escuchando la conversación, frunció profundamente el ceño.
De pronto, algo pareció destellar en su mente.
Se quedó inmóvil, olvidándose incluso de lo que estaba haciendo, mientras intentaba atrapar aquel pensamiento fugaz entre el enredo de sus ideas.
Recordó cuidadosamente la conversación que acababan de tener Zhou Shuifen y Qin Yu.
«Vida», leche de cabra, sabor suave…
Los ojos de Qiao Suiman se iluminaron de inmediato. Levantó la cabeza de golpe y sujetó el brazo de Lu Dongqing. Justo cuando estaba a punto de hablar, los vítores de la multitud estallaron a su alrededor.
A lo lejos, varios botes dragón ya habían dejado atrás la curva del río y entraban en la recta final. En cabeza iba el bote de la aldea Xiahe, con Qiao Ruifeng y Lu Xuesong ocupando la posición de los remeros delanteros.
Qiao Suiman reprimió la emoción y observó fijamente el río sin pestañear. Todos los que estaban a su alrededor hacían lo mismo.
Finalmente, al ritmo constante de los remos, el bote de la aldea Xiahe volvió a cruzar la meta en primer lugar.
—¡Otra vez primeros!
—¡Ganamos!
Muchos habitantes de la aldea Xiahe estaban presentes y, al ver que su aldea volvía a alzarse con el campeonato aquel año, todos estallaron en vítores.
Qin Yu acariciaba su vientre mientras repetía una y otra vez:
—Ganamos… ganamos…
Como si estuviera hablándole al pequeño que llevaba dentro.
Lu Dongqing no pasó por alto el movimiento que Qiao Suiman había hecho unos instantes antes. Bajó la cabeza y le preguntó:
—¿Querías decirme algo hace un momento?
Qiao Suiman bajó la voz y susurró:
—Ya se me ocurrió. ¡Ya sé qué usar!
Aunque hablaba en voz baja, el entusiasmo y la alegría en su tono eran imposibles de ocultar.
Al verlo así, Lu Dongqing también sonrió.
—Qué bueno que lo hayas descubierto. ¿Necesitamos comprar más ingredientes?
—Sí…
Antes de que pudiera terminar de hablar, varios clientes rodearon el carro.
—¡Qiao-ge’er! ¿Todavía te queda Bebida de Moras y Tieguanyin Aromático?
—Sí.
Qiao Suiman levantó las tapas para que pudieran verlo.
—Tres tubos de cada una. También nos llevaremos los tubos de bambú. Los diseños de este año son incluso más bonitos que los del año pasado. Pon cada bebida en el diseño correspondiente.
—De acuerdo.
Qiao Suiman sonrió con calidez. Recordaba perfectamente a aquellos clientes. Habían sido los primeros en comprar las bebidas en tubos de bambú el año anterior. Eran habitantes del pueblo que solían visitar con frecuencia la tienda.
Después de la competencia, los espectadores comenzaron a regresar a sus casas.
Al pasar frente al puesto de Qiao Suiman, primero llamaba su atención el carro tirado por el burro; después, los delicados tubos de bambú tallados y los barriles de bebidas envueltos con telas de colores bordadas con distintas flores y plantas. Muchos se detenían a mirar y preguntaban con entusiasmo.
Había tanta gente reunida que, tras recibir el premio, Qiao Ruifeng regresó rápidamente para situarse al lado de Qin Yu y protegerlo cuidadosamente, evitando que alguien pudiera empujarlo.
Cuando terminaron de atender a aquel grupo de clientes, todas las bebidas se habían agotado. Los que llegaron después solo pudieron lamentar no haber comprado antes. Si querían volver a probarlas, tendrían que ir hasta el pueblo.
Una vez que la multitud se dispersó, Lu Xuesong y Miao Lianhua regresaron desde la orilla del río rebosantes de alegría.
Aquel día, Lu Xuesong había sido el centro de atención. Como toda la gente de la aldea Hedong estaba presente, Tang Guo’er naturalmente también había asistido. Después de permanecer un rato con ellos, no pudo resistirse y se adelantó para ver mejor la carrera.
A juzgar por la enorme sonrisa que no abandonaba el rostro de Lu Xuesong, era evidente que había vuelto a hablar con Tang Guo’er.
Tras intercambiar unas palabras con ellos, todos notaron que ya se estaba haciendo tarde.
En circunstancias normales, ya deberían haber recogido el puesto para regresar a casa.
Qiao Suiman esperó hasta encontrar un momento oportuno y le dijo a Lu Dongqing:
—Todavía necesitamos comprar leche de cabra.
Lu Dongqing se sorprendió un poco.
Aunque lo pensó detenidamente, seguía sin comprender qué pretendía hacer Qiao Suiman, pero aun así asintió.
—Está bien. Ya que estamos en la aldea Hedong, preguntaré dónde queda la granja y pasaremos por allí.
Qiao Suiman sonrió y asintió.
Sabiendo que ambos regresarían al pueblo, Miao Lianhua, Zhou Shuifen y Chen Xuesheng conversaron un poco más con ellos, animando a Qiao Suiman a no presionarse demasiado y asegurándole que, al final, todo saldría bien. También prometieron ir al pueblo el día de la competencia para apoyarlo.
Qiao Suiman aceptó con una sonrisa radiante.
Mientras tanto, Lu Dongqing preguntó a Qiao Ruifeng cómo llegar a la granja de cabras. Después de despedirse de todos, ambos condujeron el carro hacia allí.
Cuando por fin estuvieron solos, Lu Dongqing preguntó:
—¿Cómo se te ocurrió usar leche de cabra?
Qiao Suiman bajó la cabeza con timidez.
—Se me ocurrió cuando escuché hablar a la tía Shuifen y al hermano Qin Yu. Como el tema de la competencia es «la vida», lo primero en lo que pensé fue en el nacimiento de un niño. Los bebés necesitan leche, pero los ge’er no pueden amamantarlos, así que solo pueden alimentarlos con papilla de arroz o leche de cabra. Mucha gente no soporta su sabor, así que pensé que, si lograra hacerla más suave y agradable de beber, personas como el hermano Qin Yu, que está a punto de dar a luz, podrían tomar más. ¿No encajaría eso también con el tema de «la vida»?
Los labios de Lu Dongqing se curvaron en una sonrisa.
—Tiene sentido. Además, es muy probable que la prefectura haya organizado esta competencia precisamente para animar a la gente a crear nuevas recetas y darles una «nueva vida» a las bebidas.
Aunque ya tenía una idea, Qiao Suiman todavía no sabía exactamente cómo llevarla a cabo.
Su plan era comprar primero la leche de cabra y luego experimentar al regresar.
El carro se detuvo lentamente frente a la granja de cabras.
Sobre el carro iban duraznos frescos, ciruelas verdes y té silvestre seco de montaña que Qiao Ruifeng les había llevado temprano aquella mañana. Todo había sido recolectado por él y Qin Yu durante los últimos días.
En la entrada de la granja encontraron a un sirviente y le explicaron el motivo de su visita. El dueño de la granja de la familia Tang ordenó que los condujeran hasta una pequeña habitación donde Tang Xiao conversaba con un hombre corpulento.
Sobre la mesa había dos tubos de bebida.
Eran, precisamente, las bebidas preparadas por Qiao Suiman.
—Tío Tang, maestro Tang —saludaron Qiao Suiman y Lu Dongqing con una sonrisa.
—¡Ah, Qiao-ge’er, Lu-xiao xiongdi! ¡Qué coincidencia! Cuando escuché el aviso, pensé que tal vez eran ustedes. —Tang Xiao se levantó para recibirlos.
—Las bebidas están deliciosas. No es de extrañar que Guo’er siempre las elogie delante de la hermana Hua.
El maestro Tang, propietario de la granja, señaló las sillas cercanas para que tomaran asiento y preguntó:
—¿Han venido a comprar leche de cabra?
Ambos se sentaron y respondieron:
—Sí. Queremos intentar preparar una nueva bebida.
Los ojos de Tang Xiao se abrieron de par en par.
—¿La leche de cabra puede usarse para hacer bebidas?
El maestro Tang también arqueó ligeramente una ceja.
—Es la primera vez que escucho algo así.
Qiao Suiman se rascó la cabeza.
—Solo estamos haciendo pruebas. Todavía no sé cómo quedará, así que primero quisiera comprar unos cuantos cuencos de leche.
El maestro Tang soltó una sonora carcajada.
—Por supuesto, no hay problema. También tengo curiosidad por saber a qué sabrá una bebida de leche de cabra. ¿Cuánta necesitan?
Qiao Suiman reflexionó un momento.
—Empezaremos con cuatro cuencos grandes. Si luego no es suficiente, volveré a comprar más.
—Muy bien.
El maestro Tang hizo un gesto con la mano y llamó:
—¡Xiao Shi! Llévalos a sacar cuatro cuencos de leche recién ordeñada.
Xiao Shi era el mismo sirviente que los había guiado hasta allí.
Qiao Suiman entregó al maestro Tang un mace de plata antes de seguir a Xiao Shi junto con Lu Dongqing.
La granja de la familia Tang era enorme.
Mientras caminaba, Qiao Suiman no dejaba de mirar a su alrededor. Solo en la parte oriental había siete corrales, cada uno con más de una docena de cabras.
Xiao Shi trabajaba con gran destreza, pues llevaba mucho tiempo dedicado a esa tarea.
En poco tiempo llenó cuatro grandes cuencos de leche recién ordeñada, los cubrió cuidadosamente con tapas y se los entregó a Lu Dongqing.
Después de comprar la leche, ambos abandonaron la granja y emprendieron el regreso al pueblo.
Como Lu Dongqing temía que la leche pudiera derramarse, condujo el carro con mucha calma.
Cuando regresaron a la tienda, ya había oscurecido.
Lo primero que hizo Qiao Suiman fue llevar las frutas al almacén.
La habitación era fresca, ideal para conservarlas.
Después de lavar cuidadosamente los barriles en el patio trasero, se remangó y sacó la leche de cabra de la cesta de bambú.
Durante todo el trayecto la había llevado estrechamente pegada al pecho por miedo a que se derramara.
Después de todo, había costado un mace de plata; no podía desperdiciarse ni una sola gota.
Sabiendo lo ansioso que estaba por empezar a experimentar, Lu Dongqing sonrió.
—No hay mucha leche. Usa el fogón pequeño. Yo cocinaré el arroz en la olla grande y pondré también un poco de carne curada para cocinarla al vapor. Así no quedará ningún olor.
Las dos ollas grandes nuevas siempre se utilizaban exclusivamente para preparar bebidas.
Qiao Suiman nunca las empleaba para cocinar, temiendo que los olores de la comida permanecieran impregnados y alteraran el sabor de las bebidas.
No tener que preocuparse por preparar la cena hizo que el corazón de Qiao Suiman se llenara de calidez.
Durante los últimos días, Lu Dongqing había estado pendiente de él en todo momento, procurando levantarle el ánimo, y él nunca lo olvidaría.
Qiao Suiman colocó la leche de cabra sobre el fogón, luego se volvió y rodeó con los brazos la cintura de Lu Dongqing.
Alzando la cabeza, lo llamó en voz baja:
—Dongqing…
Después escondió el rostro contra su pecho y se frotó cariñosamente un par de veces.
—Eres tan bueno conmigo.
Lu Dongqing sonrió con evidente satisfacción.
Lo abrazó con fuerza, besó suavemente la parte superior de su cabeza y dijo:
—No te preocupes. Haz lo que quieras hacer. Estoy seguro de que lo lograrás.
De repente, Qiao Suiman sintió cómo la confianza volvía a llenar su corazón.
Sus labios se curvaron en una sonrisa luminosa.
—¡Mm!
Después de compartir un breve momento de cariño, ambos recordaron que aún tenían trabajo por hacer.
Qiao Suiman se dio la vuelta para lavar la olla pequeña. La enjuagó varias veces y hasta acercó la nariz para comprobar que no quedara ningún olor. Solo entonces encendió el fuego y comenzó a calentarla lentamente.
Había tantos ingredientes entre los que elegir que no sabía por dónde empezar.
Cuando Lu Dongqing ya llevaba un rato cocinando el arroz al vapor, por fin tomó una decisión.
Qiao Suiman dividió un cuenco grande de leche de cabra en cuatro cuencos pequeños.
Pensaba experimentar con uno cada vez.
Así tendría dieciséis oportunidades de probar distintas combinaciones.
Lavó unas naranjas dulces y unos duraznos, preparó un jarabe de naranja y, después de volver a limpiar la olla, hizo también un jarabe de durazno.
El siguiente paso era hervir la leche.
La leche de cabra cruda no podía beberse directamente.
En primer lugar, porque su fuerte sabor resultaba difícil de soportar.
Y, en segundo lugar, porque podía provocar dolor de estómago.
Era un conocimiento transmitido de generación en generación en la aldea.
Qiao Suiman añadió una almendra dulce a la leche mientras hervía, junto con un poco de agua para evitar que se quemara.
La dejó cocer durante el tiempo que tarda en consumirse medio incienso y luego retiró la almendra.
Se inclinó para olerla.
El olor fuerte prácticamente había desaparecido.
La leche ya estaba lista.
Solo hirvió la cantidad correspondiente a dos cuencos pequeños, con la intención de mezclar uno con el jarabe de naranja y el otro con el de durazno.
Sostuvo el cuenco de leche durante un instante, dudando.
Después apretó los dientes y lo vertió directamente sobre los jarabes.
¡Solo probándolo sabría si funcionaba!
Tras remover bien ambas mezclas, la leche pasó del blanco a un delicado tono amarillo anaranjado en un cuenco y a un suave rosa en el otro.
A simple vista resultaban bastante atractivas.
Empujó ambos cuencos hacia Lu Dongqing y, haciendo un pequeño puchero, le indicó que probara primero.
Lu Dongqing sonrió ligeramente.
Tomó primero la leche con naranja y bebió un sorbo.
Sus cejas se fruncieron apenas.
Después probó la de durazno.
Permaneció en silencio.
El corazón de Qiao Suiman se tensó.
—¿No está rica?
Apenas terminó de preguntar, antes incluso de que Lu Dongqing pudiera responder, tomó ambos cuencos y bebió un sorbo de cada uno.
Tras probarlos, él también se desanimó.
No sabían mal.
Pero el jarabe seguía siendo jarabe y la leche seguía siendo leche.
El sabor de la leche de cabra no cambiaba por añadir el jarabe, mientras que el dulzor afrutado también permanecía separado.
Era como beber un trago de bebida de frutas y, justo después, otro trago de leche de cabra.
—No pasa nada. Podemos probar otras recetas —lo consoló Lu Dongqing.
Qiao Suiman dejó escapar un suspiro y asintió.
Repasó mentalmente dónde podía estar el problema.
Al cabo de un momento, dijo:
—El jarabe no funciona… Probemos con flores secas.