Mi esposo hizo fortuna vendiendo té con leche en bambú - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - El nudo de los enamorados
El tiempo siempre pasaba volando cuando había mucho que hacer y, antes de que se dieran cuenta, el noveno mes ya estaba llegando a su fin.
Aparte de la creciente expectativa que llenaba su corazón, la vida de Qiao Suiman transcurría igual que de costumbre. Pensándolo bien, él y Lu Dongqing llevaban casi diez días sin verse y, según las antiguas costumbres, no volverían a encontrarse hasta el decimoctavo día del mes siguiente.
Qiao Suiman suspiró mientras seleccionaba los frijoles mungo sobre la bandeja de aventar.
Últimamente hacía más frío y las ventas de sus bebidas ya no eran tan buenas como antes. Además, en el pueblo habían abierto cada vez más puestos y tiendas de bebidas; solo en el Mercado del Este ya había más de diez.
Algunos comerciantes calentaban las bebidas sobre el fuego para que los clientes pudieran sostener una taza caliente entre las manos, lo que naturalmente atraía a mucha gente. En cambio, el vendedor que antes había imitado su puesto había desaparecido hacía tiempo. Probablemente su negocio se había visto demasiado afectado y ya no había podido continuar.
Los tubos de bambú también se vendían cada vez menos. Casi todos los que estaban dispuestos a comprarlos ya tenían uno. Después de todo, una persona solo necesitaba uno, así que adquirir más no tenía sentido. Por eso, hacía ya un tiempo que no le pedía a Lu Dongqing que tallara más.
Casualmente, Lu Dongqing había sido llamado a trabajar al pueblo.
El futuro suegro de Mei-ge’r tenía bastante influencia. Un rico comerciante de la ciudad visitó su casa, quedó fascinado con la cabaña de bambú y enseguida contrató gente para construir una igual.
Ahora que el clima empezaba a enfriar, Qiao Suiman no entendía por qué aquellos ricos querían levantar cabañas de bambú. Pero mientras hubiera dinero de por medio, poco importaba el motivo.
En ese momento elaboraba tres tipos de bebidas: bebida de perilla, bebida de osmanto y té de jazmín.
Sin embargo, muchos vendedores del pueblo ofrecían una variedad mucho mayor. Especialmente aquellos con dinero y contactos, capaces de conseguir toda clase de frutas. Solo en cuanto a variedad, él ya estaba en clara desventaja.
Después de montar su puesto la última vez, comprendió que no podía depender únicamente de la fama que le había dado el magistrado del condado. Necesitaba ofrecer más opciones.
Pero las bebidas se enfriaban rápidamente cuando permanecían mucho tiempo expuestas, por lo que en esa época eran mucho más difíciles de vender que durante los meses cálidos.
Si tan solo pudiera abrir una tienda en el pueblo…
Qiao Suiman dejó escapar otro suspiro.
Para campesinos como ellos, aquello era demasiado difícil.
Comprar un local estaba completamente fuera de su alcance por el momento. Incluso alquilar uno costaría varios taeles de plata al mes. En ese momento tenía menos de diez taeles ahorrados, suficiente apenas para pagar medio año de renta, y aun así solo alcanzaría para un local en una zona apartada.
Cuanto más pensaba en ello, más agobiado se sentía.
Al final decidió dejar de darle vueltas.
Lavó cuidadosamente los frijoles mungo y comenzó a preparar gachas de frijol mungo. Aún faltaban tres días para volver a instalar su puesto. Como ahora oscurecía antes y las bebidas ya no se vendían tan bien, solo necesitaba preparar ocho barriles cada vez, por lo que el trabajo era mucho más ligero que antes.
Ese día Qin Yu y Qiao Ruifeng habían ido a la aldea vecina a recoger los nuevos edredones que habían encargado y debían estar de regreso muy pronto.
La dote de Qiao Suiman era muy similar a la de cualquier ge’r de la aldea.
Incluía dos edredones nuevos, dos mudas de ropa nuevas, dos pares de zapatos nuevos y un baúl de madera.
De hecho, podía considerarse una dote bastante buena.
En cuanto al dinero que había logrado ahorrar, Qiao Ruifeng lo guardaba por él. Ese dinero no formaba parte de la dote, así que no había necesidad de llevarlo consigo. Siempre podría recuperarlo si algún día lo necesitaba.
Qiao Suiman no estaba preocupado en absoluto por si volvería a verlo.
Si su hermano y Qin Yu hubieran querido quedarse con ese dinero, jamás le habrían permitido conservarlo durante tanto tiempo.
Además, sin su hermano quizá ni siquiera habría sobrevivido hasta ese día.
Aunque tuviera que entregarles todos sus ahorros, lo haría sin la menor vacilación.
Mientras estaba perdido en sus pensamientos, Qiao Ruifeng y Qin Yu regresaron empujando un carrito hasta el patio.
—Xiao Man, ven a verlo —dijo Qin Yu con una sonrisa—. No me extraña que la tía Shuifen nos recomendara a esa familia. Sus edredones son realmente impecables. Valió la pena hacer un viaje tan largo y esperar tanto tiempo.
Las gachas ya estaban listas, así que Qiao Suiman respondió primero, apagó el fuego del fogón, se limpió las manos en el delantal largo y salió de la cocina.
Sobre el carrito descansaban los gruesos edredones de algodón, blancos como la nieve. Solo con mirarlos daban una sensación de calidez.
Qiao Suiman los tocó y comprobó que eran de una calidad excelente. Eran más del doble de gruesos que el que utilizaba actualmente.
A partir de ese invierno ya no tendría que preocuparse por pasar frío.
—Qin Yu-ge, ¿por qué solo hay dos edredones? —preguntó confundido.
Medio mes antes habían acordado hacer tres: dos para su dote y uno para que Qiao Ruifeng y Qin Yu lo usaran durante el invierno.
—Al principio ese era el plan, pero luego recordamos que todavía queda uno en la habitación de padre. Cuando haga más frío, simplemente lo pondremos encima del otro —explicó Qiao Ruifeng.
Los edredones viejos nunca abrigaban tanto como los nuevos.
Qiao Suiman comprendió enseguida que su hermano y su cuñado solo intentaban ahorrar dinero.
Durante los últimos meses Qin Yu había estado tratando su pierna, y aquello había costado bastante plata. Además, las ganancias por la venta de bebidas ya no eran tan buenas como antes, así que naturalmente querían evitar cualquier gasto innecesario.
Estaban dispuestos a conformarse con un edredón viejo para ellos mismos, pero no dudaron en gastar al menos dos taeles de plata para comprarle dos nuevos.
A eso todavía había que sumar toda la carne y las verduras que tendrían que adquirir para preparar el banquete de bodas y agasajar a los aldeanos.
La mayor parte de los regalos de compromiso que Lu Dongqing había entregado se habían gastado en un abrir y cerrar de ojos.
Las telas enviadas habían sido utilizadas para confeccionar su ropa nueva. Además de los dos conjuntos que formarían parte de la dote y que aún no había estrenado, también le habían hecho otros dos que ya llevaba puestos desde hacía algún tiempo.
Su hermano y Qin Yu estaban decididos a que se casara con toda dignidad.
Qiao Suiman sintió un profundo calor en el corazón.
—Ge… Qin Yu-ge…
Qiao Ruifeng le revolvió el cabello.
Desde que Qiao Suiman había crecido, rara vez volvía a hacer ese gesto.
Sonriendo, dijo:
—No puedo permitir que nadie menosprecie a mi hermanito, ¿verdad? Además, todavía tengo dinero, así que no hace falta ser tan tacaño.
—El edredón de la habitación de padre todavía es bastante grueso. Sería un desperdicio no usarlo. Mejor guardamos ese dinero para cuando tu Qin Yu-ge tenga un bebé.
—¡Deja de decir tonterías a plena luz del día! —Qin Yu le dio un codazo, fingiendo molestarse.
Al oír aquello, Qiao Suiman también rompió a reír.
—Es verdad. Entonces tendré que ganar todavía más dinero para comprarle cosas al pequeño.
—¡Ustedes dos… qué descarados son! —los regañó Qin Yu, aunque la sonrisa nunca desapareció de su rostro.
La vida iba mejorando poco a poco.
Tanto Qiao Ruifeng como Qiao Suiman insistían en que Qin Yu continuara con el tratamiento de su pierna. El médico también le había recetado algunos tónicos para fortalecer su organismo, que llevaba tomando con constancia.
Durante la última consulta, el médico les dijo que su salud había mejorado muchísimo.
Aunque todavía debía seguir aplicándose emplastos en la pierna, su estado interno ya no era tan delicado como antes.
Solo era cuestión de tiempo para que pudiera concebir.
—Ah, cierto. Dongqing nos pidió que te entregáramos esto.
Mientras hablaba, Qiao Ruifeng sacó una pequeña caja de madera de su bolsillo.
—Cuando regresábamos a la aldea, lo encontramos esperándonos en la entrada. Supongo que quería darte algo.
Qin Yu recordó entonces otro detalle.
—También dijo que pidió prestado un carruaje tirado por caballos a un pariente y que vendrá a recogerte el día dieciocho.
—¿¡Un carruaje de caballos!?
Los ojos de Qiao Suiman se abrieron de par en par y la mano que había extendido quedó inmóvil en el aire.
—Así es. Aunque sea prestado, en nuestra aldea nunca ha habido una boda en la que el novio llegue en un carruaje. Está claro que quieren que todos vean lo importante que eres.
El corazón de Qiao Suiman comenzó a latir con fuerza.
Jamás había visto un carruaje de cerca, mucho menos había subido a uno.
Y ahora viajaría en uno el día de su boda.
Lo estaban tratando con un cariño inmenso.
De pronto, sintió cierto resentimiento hacia aquella antigua costumbre que prohibía a los prometidos verse durante el mes previo a la boda.
Quería ver a Lu Dongqing.
Quería verlo en ese mismo instante.
Lo deseaba con todas sus fuerzas.
Qiao Ruifeng, que ya había superado la sorpresa desde hacía rato, no pudo evitar reír al ver la expresión atónita de su hermano.
Colocó la cajita de madera en las manos de Qiao Suiman.
—Ábrela. Veamos qué tesoro te envió esta vez.
Todavía aturdido, Qiao Suiman abrió lentamente la caja.
En su interior descansaba un nudo de los enamorados.
Nota del traductor:
同心结 (tóngxīn jié): también conocido como nudo de los enamorados, nudo del amor eterno o nudo de corazones unidos. Es un tradicional nudo ornamental chino, generalmente tejido con dos cordones entrelazados, que simboliza el amor eterno, la unión inseparable y el deseo de que dos personas permanezcan juntas para toda la vida. También se utiliza como amuleto de buena fortuna para las parejas.