Me convertí en el malvado esposo de un juren - Capítulo 97
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- Capítulo 97 - Yu Cai: Cerrar su corazón al amor
Las palabras de Yu Cai dejaron a Ye Li sumamente sorprendido.
Frunció el ceño y preguntó:
—Hermano Cai, ¿cuándo ocurrió esto?
¡Había sido demasiado repentino!
Yu Cai continuó con una sonrisa amarga:
—Hace un tiempo, mi padre le pidió a mi otro padre que me buscara a alguien adecuado. Ayer por la tarde, mi padre fue a verme. Durante este tiempo realmente se esforzó mucho en buscar a alguien para mí. Solo que… encontró a un juren militar que había perdido a su esposa. Es de la capital de la prefectura.
—…¿Un juren militar?
Ye Li quedó atónito.
No, un momento. ¿Los requisitos del fulang Wu no eran simplemente que hubiera estudiado, procediera de una familia decente y fuera una buena persona?
¿Cómo había terminado el alguacil Yu buscando a un juren militar?
¡Por mucho que fuera un juren militar, seguía siendo un juren! ¿Cómo iba Yu Cai a poder manejar a alguien así?
¿No estaba haciendo las cosas a lo loco?
La confusión de Ye Li era demasiado evidente, así que Yu Cai le explicó:
—Todos estos años, él siempre ha sentido que está en deuda conmigo. Cree que los requisitos de mi padre son demasiado bajos para mí, así que decidió por su cuenta buscarme a alguien mejor.
—Pero… tampoco hacía falta llegar al extremo de buscar un juren militar, ¿no?
Ye Li seguía considerando bastante absurda la decisión del alguacil Yu.
Al ver su expresión, Yu Cai comprendió que no sabía demasiado sobre estas cuestiones y le explicó:
—Un juren de los exámenes militares está muy lejos de tener la misma posición que un juren de los exámenes civiles.
—Un juren militar no puede obtener un cargo oficial y la cantidad de tierras exentas de impuestos que puede poseer es apenas la mitad de la que corresponde a un juren civil. Además, un juren civil puede convertirse en maestro de una escuela privada o conseguir algún puesto sin rango oficial en una escuela del condado, pero un juren militar tiene pocas salidas.
—Aunque, por lo menos, tampoco tiene que preocuparse por comida o ropa.
Ye Li comprendió de inmediato.
Dicho así, ¿no parecía que sus condiciones eran más o menos comparables con las de la familia Wu?
Entonces el alguacil Yu tampoco había emparejado a dos personas al azar.
Pero ¿qué había sucedido exactamente?
Al ver que Ye Li quería preguntar, pero se contenía, Yu Cai dejó escapar otra sonrisa amarga y continuó:
—Nuestro condado tiene circunstancias especiales, así que cada año la corte entrega una suma de dinero para que el magistrado reclute y entrene milicianos locales.
—Mi padre, como alguacil del condado, está a cargo de ese asunto. Ese juren militar quería conseguir un puesto de cierta importancia entre los milicianos, así que mi padre pensó en intentar emparejarnos.
Al oírlo, Ye Li asintió mentalmente.
La decisión del alguacil Yu sí tenía cierta lógica.
Aunque aquella situación tenía toda la pinta del típico hombre pobre que buscaba ascender mediante el matrimonio, el alguacil Yu también actuaba movido por el cariño hacia su hijo.
Además, Yu Cai tampoco exigía permanecer con alguien toda la vida. Si en el futuro las cosas no funcionaban, bastaba con separarse en buenos términos.
Mientras pensaba en eso, Yu Cai añadió:
—Cuando mi padre le habló de mí, no le dijo toda la verdad. Ese juren militar creía que yo solo cojeaba ligeramente y que eso no afectaba mi vida cotidiana.
—Pero después vino a escondidas a Banxianju. Cuando descubrió que mi cojera era bastante grave, renunció incluso al puesto que buscaba y regresó a la capital de la prefectura.
Ye Li:
—…
Al recordar cómo se había sentido la tarde anterior al enterarse de aquello, la nariz de Yu Cai se agrió y la amargura volvió a inundar su corazón.
Qué humillante.
Demasiado humillante.
Pero tampoco podía culpar a aquel juren militar.
En asuntos como este, ambas partes debían estar dispuestas.
Al ver que los ojos de Yu Cai comenzaban a humedecerse, Ye Li se apresuró a decir:
—Hermano Cai, ya sabes cómo son los casamenteros: ¡de su boca salen puras mentiras! Antes escuché un chiste. Un casamentero le presentó un hombre a un ge’er y le aseguró que medía ocho chi. Pero cuando el ge’er fue a conocerlo, descubrió que el hombre solo alcanzaba los ocho chi… ¡si saltaba!
Yu Cai:
—…
Aquel chiste era completamente nuevo para él.
Al escucharlo de repente, toda su atención se desvió hacia eso.
Sin embargo, sus ojos ya estaban cubiertos de lágrimas.
Ahora no sabía si llorar o reír.
Al ver que el chiste había surtido efecto, Ye Li decidió continuar.
—Hay otro. Un casamentero le dijo a un ge’er que el hombre que quería presentarle había comido del arroz del gobierno. ¿Y sabes qué resultó ser?
—…¿Qué? —preguntó Yu Cai, con la curiosidad completamente despierta.
Si había comido del arroz del gobierno, ¿no significaba que había trabajado alguna vez en el yamen?
Ye Li no prolongó el suspenso.
—¡Resultó que el «arroz del gobierno» al que se refería el casamentero era la comida de la cárcel! ¡Ese hombre había estado preso!
Yu Cai:
—…
Lo miró durante unos instantes y finalmente no pudo contenerse. Frunció los labios y soltó una risa.
—¿De dónde escuchaste todas esas cosas?
—Una vez que fui al pueblo a divertirme, las escuché por casualidad.
Ye Li inventó una excusa cualquiera.
Había contado aquellos chistes, por un lado, para animar a Yu Cai y, por otro, porque quería decir un par de palabras en defensa del alguacil Yu.
Así que añadió:
—Hermano Cai, eres apuesto. Supongo que el alguacil Yu pensó que lo mejor era dejar que se conocieran primero. Quizá, después de verte, terminaría interesado en ti.
—Además, tampoco es como si no tuvieras a nadie que te atienda. En las familias adineradas no faltan sirvientes. Tal vez, a ojos del alguacil Yu, tu problema para caminar no fuera tan importante.
Al ver que la sonrisa desaparecía del rostro de Yu Cai y volvía a mostrarse abatido, Ye Li se apresuró a consolarlo:
—Claro, yo no conozco todos los detalles y quizá esté equivocado. Pero hay tantísima gente en el mundo. Con tus condiciones, tarde o temprano encontrarás a alguien que te agrade.
—Además, ese juren militar ni siquiera se atrevió a mostrarse ante ti. Quién sabe qué aspecto tendría.
—No vale la pena dejar que algo así arruine tu estado de ánimo.
¿No valía la pena?
Yu Cai apretó los labios.
Por supuesto que sabía que no valía la pena.
Lo que le dolía eran las ilusiones que se había hecho.
Un juren militar que deseaba conseguir aquel puesto había preferido renunciar a una oportunidad tan buena simplemente porque lo despreciaba.
Quizá realmente debía hacer lo que su padre había dicho y buscar a alguien con condiciones inferiores.
En realidad, al principio también había sentido que aquello era rebajarse demasiado.
Sí, era cojo.
Pero tenía dinero.
Y tampoco era feo.
¿De verdad tenía que conformarse con alguien solo porque supiera leer?
Sin embargo, después de lo ocurrido, lo había comprendido.
Resultaba que cualquiera cuyas condiciones fueran medianamente buenas realmente lo despreciaría.
Su hermano mayor tenía razón.
Si se casaba, sería como cansarse de vivir bien y buscarse sufrimiento por voluntad propia.
Al pensar en ello, una expresión de frustración apareció en su rostro.
—La última vez utilicé tus palabras para hacer callar a mi hermano mayor. Los hechos han demostrado que yo estaba equivocado.
—Mi hermano mayor realmente lo decía por mi bien.
—…¡Hermano Cai! No seas tan pesimista.
¿Acaso no estaba todavía el xiucai Peng?
Sin embargo, Ye Li tenía una duda, así que preguntó:
—Pero, hermano Cai, primero dime una cosa. Si el alguacil Yu vino expresamente a contarte lo ocurrido, ¿qué piensa hacer ahora?
Si no tenía ningún plan, ¿para qué se lo había contado y le había causado semejante disgusto?
Yu Cai exhaló largamente y miró a Ye Li.
—Quiere que vea si entre los estudiosos hay alguien adecuado. Los que practican artes marciales en nuestro condado no son apropiados.
—Y me contó expresamente lo sucedido para atribuirse el mérito y demostrarme que realmente se ha esforzado por mí.
Ye Li se quedó sin palabras.
—Eso…
¿Solo para atribuirse el mérito le había contado algo que lo haría sentirse tan mal?
Yu Cai bajó la cabeza y contempló los ladrillos verdes del suelo con cierta confusión.
—Todos estos años siempre ha querido hacer algo por mí. Antes, cada vez que llegaba alguna festividad, me compraba telas, joyas y me daba dinero.
—Este año, cuando se enteró de que quería abrir un negocio, intercambió propiedades con alguien para conseguirme la escritura de Banxianju.
—Pero mi padre dice que tiene miedo. Miedo de recibir todavía más retribución por sus actos.
—Porque aquel año mi padre le dijo que todo lo sucedido era su castigo y que, si continuaba siendo un ingrato, acabaría perdiendo incluso su cargo.
—Mi padre dice que me trata bien porque quiere conservar su puesto.
Ye Li:
—…
Todo era muy complicado.
Justo estaba a punto de pensar que, al menos, el alguacil Yu había cumplido hasta cierto punto con sus responsabilidades como padre. Después de todo, la naturaleza humana era complicada y no podía definirse simplemente en términos de blanco o negro.
Pero no esperaba que el alguacil Yu actuara así porque temía sufrir todavía más represalias…
Mientras Ye Li permanecía sin palabras, Yu Cai volvió a mirarlo.
—Li-ge’er, ¿sabes una cosa? En realidad, en aquel entonces, al principio él y mi padre todavía conservaron un mínimo de cordialidad entre ellos.
—Mi padre nunca se llevó bien con mi abuelo y mi abuela. Desde que él se convirtió en baihu, mis abuelos comenzaron a darse aires. Trataban a mi padre como si fuera un sirviente y hasta imitaron las reglas de las familias adineradas: servirles durante las comidas, lavarles los pies y cosas así.
—¿Cuándo había soportado mi padre semejantes humillaciones? Terminó discutiendo violentamente con él.
—Así que él hizo que mis abuelos permanecieran en la antigua residencia, para evitar que mi padre siguiera sufriendo.
—Pero nadie esperaba que aparecieran aquellos bandidos errantes.
—…¿En aquel entonces culpó al tío Wu por eso? —preguntó Ye Li apresuradamente.
Yu Cai negó con la cabeza.
—Quizá no tuvo tiempo de hacerlo. En cuanto recibieron la noticia, la persona que había tomado como concubina enloqueció y vino a atacarme. Mi padre se enfureció y le dio una buena reprimenda.
—Él sabía que estaba en falta. Incluso si después terminó sintiendo resentimiento, tampoco tuvo cara para decirlo.
Ye Li:
—…
Seguramente tuvo que tragárselo hasta reventar.
Bien merecido.
Yu Cai suspiró y continuó:
—Quizá temía cargar con la reputación de ingrato, o quizá realmente estaba agradecido por todo lo que la familia Wu había hecho por él. En cualquier caso, en aquel entonces todavía trataba a mi padre con bastante respeto.
—Si no hubiera ocurrido lo de los bandidos, nuestra familia habría terminado como tantas otras familias de funcionarios: esposa principal, concubinas, hijos legítimos e ilegítimos, todos mezclados en un mismo caos.
—Ahora que lo pienso, esa clase de vida no solo sería aburrida, sino también agotadora.
—No quiero estar preguntándome por qué me trata bien. Mucho menos quiero que mis hijos tengan que pasar por cosas como estas. Tampoco espero ya esa felicidad pasajera de la que hablaba mi padre.
—Es demasiado agotador.
—Estar solo es mejor.
Ya había aprendido la lección.
De verdad.
Verlo tan completamente desanimado hizo que Ye Li sintiera, además de compasión, una punzada de dolor por él.
Para ser sincero, Ye Li se llevaba muy bien con Yu Cai.
Aunque era hijo del alguacil del condado, jamás había adoptado aires de superioridad frente a él, un simple fulang del campo.
Además, el puré de taro generaba unas ganancias enormes, pero precisamente porque Yu Cai estaba allí, Ye Li no sentía la menor preocupación. Sabía que Yu Cai lo respaldaría.
Aunque Yu Cai ya había aprendido a preparar el puré de taro, no había prescindido de él para producirlo y venderlo directamente en Banxianju.
Por eso, tanto por razones personales como comerciales, Ye Li deseaba sinceramente que fuera feliz.
¡Un joven tan bueno merecía ser feliz!
Ya que tenía que hablar, ¿por qué esperar a otro día?
Podía aclararlo todo hoy mismo.
¡La manera más rápida de ayudar a alguien a superar un desengaño amoroso era ponerle a otra persona delante!
Así que Ye Li dijo inmediatamente:
—Hermano Cai, entonces échale un vistazo a los estudiosos de nuestro condado. Quizá haya alguno adecuado.
Pero Yu Cai negó con la cabeza.
—No quiero seguir buscando. ¿No dice el viejo refrán que entre los hombres sin corazón abundan los estudiosos?
—Pero ahora mismo tienes delante a uno que parece bastante bueno.
—…¿Quién?
Yu Cai lo miró con curiosidad.
Ye Li señaló en dirección al salón delantero.
—El xiucai Peng.
—¿El xiucai Peng?
Yu Cai se quedó tan sorprendido que casi abrió los ojos como platos.
¿Peng Ximing?
Ye Li asintió con absoluta seriedad.
—Hermano Cai, no estoy intentando emparejarlos sin fundamento. Él tiene un título académico, su aspecto está bastante bien y tampoco es descuidado. Lo único es que su familia es algo pobre.
—Pero es muy trabajador. Está acostumbrado a servir té, llevar agua y hacer toda clase de tareas. Si algún día tuviera que cuidarte, no estaría nada torpe.
Su explicación era tan razonable que Yu Cai recordó inevitablemente el día en que Peng Ximing se había presentado por iniciativa propia para solicitar trabajo.
Lo miró con incredulidad.
—Li-ge’er, ¿fuiste tú quien hizo que Jiang Ji le dijera expresamente que Banxianju estaba contratando empleados?
¿Ya desde entonces había pensado en emparejarlos?
Ye Li volvió a asentir.
—Fui yo. Pero no dije ni una sola palabra sobre lo demás. Él no sabe nada.
—Ahora mismo, los únicos que conocemos esto somos tú, Jiang Ji y yo. Puedes observarlo de vez en cuando. No afecta a nada.
Yu Cai:
—…
Frunció el ceño y apretó los labios.
Aquello era demasiado inesperado para él.
No estaba preparado en absoluto.
¿El xiucai Peng?
¿Li-ge’er realmente consideraba adecuado al xiucai Peng?
Peng Ximing, Peng Ximing…
Involuntariamente, comenzó a buscar en su memoria todo lo que sabía sobre él.
En realidad, no habían tenido demasiado contacto.
Yu Cai era el dueño y Peng Ximing un empleado. Lo que más le importaba era saber si Peng Ximing holgazaneaba o si trabajaba con dedicación.
En cuanto a los demás aspectos…
Bueno, la impresión más profunda que tenía de él era que no poseía la pedantería rancia de muchos estudiosos.
Sabía dejar de lado su posición y admitir abiertamente que su familia era pobre.
No era hipócrita.
Tampoco se pasaba el día quejándose, como algunos estudiosos, de que nadie reconocía su talento ni se lamentaba de su propia desgracia.
Mucho menos se consideraba superior por su condición de xiucai, despreciaba a los demás empleados o hablaba constantemente con expresiones rebuscadas para presumir de sus conocimientos.
Era una persona franca y sencilla.
Pero, aparte de eso, Yu Cai no sabía mucho más.
Cuando Peng Ximing le había pedido permiso para trabajar jornadas completas durante las vacaciones, solo había mencionado que su familia era pobre.
Yu Cai no sabía exactamente hasta qué punto lo era.
Sin embargo, a simple vista, tampoco parecía tener ningún mal hábito.
En cuanto a su apariencia…
Cejas pobladas, ojos grandes y facciones regulares.
No podía decirse que fuera extraordinariamente atractivo.
Pero tampoco le desagradaba.
Al pensarlo de ese modo, miró inconscientemente a Ye Li.
Al ver que este lo observaba lleno de expectación, por alguna razón sintió un poco de vergüenza.
—¿Por qué pensaste en él?
—Porque parece adecuado. Ha estudiado, no tiene mal aspecto y parece una buena persona. En cuanto a cómo es su familia, eso tendrás que averiguarlo discretamente tú mismo.
Ye Li sonrió.
—…No significa que yo vaya a gustarle.
Yu Cai bajó la mirada.
¿Y si se esforzaba en investigar a su familia y al final Peng Ximing, igual que aquel juren militar del día anterior, simplemente lo despreciaba?
Qué vergüenza.
Además, llegado ese momento, el xiucai Peng seguramente ya no podría seguir trabajando en Banxianju.
Su familia ya atravesaba dificultades económicas. Si por culpa de aquello perdía el empleo en Banxianju, ¿no estaría Yu Cai perjudicándolo?
Ye Li intentó persuadirlo:
—Hermano Cai, no te menosprecies. Además, esto solo es un proceso de selección. Tampoco significa que tenga que ser él. Pero primero puedes averiguar cómo es su situación familiar. Eso no tiene nada de malo.
Yu Cai:
—…
Después de unos instantes, negó con la cabeza.
—Mejor déjalo.
No quería volver a pasar por una situación tan vergonzosa como la del día anterior.
Que Li-ge’er se hubiera enterado una vez ya era suficientemente humillante.
No quería pasar vergüenza otra vez.
Una vez tomada la decisión, sonrió y miró a Ye Li.
—Buen Li-ge’er, sé que haces esto por mi bien y que realmente te has esforzado pensando en mí. Te lo agradezco de corazón.
—Pero dejemos que esto dependa del destino. No quiero forzarlo.
Al ver que Ye Li todavía quería persuadirlo, cambió de tema con una sonrisa.
—Hablemos del puré de taro. Por lo que veo, trescientos jin diarios tampoco son suficientes. ¿Qué te parece si aumentamos un poco más la producción?
—…¿Cuánto quieres aumentarla? —preguntó Ye Li.
—¿Qué tal trescientos cincuenta jin? ¿Podrán con tanto trabajo?
—Sí. Entonces dejémoslo provisionalmente en trescientos cincuenta jin.
Podía pedirle a Gao Jun que fuera a ayudar.
También era alguien de confianza.
Como Gao Jun no gozaba de muy buena salud, nunca había entrado a trabajar en el taller.
Preparar puré de taro, aparte de tener que soportar el frío en las manos, en realidad no era un trabajo pesado.
Una vez acordada la cantidad, Yu Cai volvió a sonreír.
—Buen Li-ge’er, por mí hasta llevaste a Jiang Ji antes de tiempo a la escuela del condado. ¿Qué te parece esto? Mañana tráelo aquí y ustedes dos pueden ir al tercer piso a disfrutar de un poco de tranquilidad.
Ye Li negó con la cabeza.
—No hace falta. Mañana iré a buscarlo y comeremos cualquier cosa en el pequeño restaurante.
Luego añadió:
—Pero, hermano Cai, ¿de verdad no quieres tener una relación tan cariñosa como la nuestra?
Yu Cai:
—…
¿Cómo habían vuelto otra vez al mismo tema?
Claro que quería.
El problema era que no encontraba a nadie.
Al pensar en Peng Ximing, se mordió el labio.
De todas formas, él no iba a tomar la iniciativa de investigar a la familia Peng.
No quería volver a pasar vergüenza.
Ye Li comprendía sus sentimientos.
No volvió a intentar convencerlo, porque ya se le había ocurrido otra manera.
Sin embargo, ya era bastante tarde.
Después de salir de Banxianju, regresó directamente a la aldea.
Una vez allí, fue a casa de Jiang Dahe para dejar el carro de bueyes, pero descubrió que no había nadie, así que regresó con el carro a su propia casa.
Al entrar, vio a toda la familia de Jiang Dahe, además de Jiang Dachuan y Gao Jun, reunidos junto al pozo lavando taros.
Eso le ahorraba problemas.
Ye Li contrató inmediatamente a Gao Jun, Jiang Dahe y Jiang Dachuan.
Con unas ganancias tan elevadas, ¿cómo iba a permitir que Jiang Dahe y Jiang Dachuan trabajaran gratis?
¡Él no era un capitalista sin escrúpulos!
Además, con tres personas más ayudando, Liang Erxiang y los demás podrían trabajar con mayor tranquilidad.
Así, al día siguiente, el puré de taro que Ye Li envió a Banxianju alcanzó los trescientos cincuenta jin.
Después de dejar la mercancía, ni siquiera tuvo tiempo de alegrarse por las ganancias de aquel día.
Se apresuró a ir a la tienda de telas para entregar las medidas y comprar más tela. Después de correr de un lado a otro, consiguió llegar a la puerta de la escuela del condado justo cuando terminaban las clases.
Cuando encontró a Jiang Ji, los dos fueron a comer al restaurante de fideos que frecuentaban.
Sentados junto a una pequeña mesa, Ye Li le contó la idea que se le había ocurrido.
—Habla con el xiucai Peng. Dile que su padre podría hacer como el viejo Shi y venir a nuestra aldea a comprar huevos centenarios para revenderlos. Por poco que gane, al menos sería otra fuente de ingresos.
¡De esa manera podrían averiguar un poco sobre la situación de la familia Peng sin despertar las sospechas de nadie!