Me convertí en el malvado esposo de un juren - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - Jiang Ji parte hacia la prefectura
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Ye Li y Jiang Ji entraron uno detrás del otro en la sala principal.

Ye Li apenas había logrado afirmarse cuando se vio envuelto en un abrazo familiar.

Sin embargo, Jiang Ji todavía llevaba en la mano un guan de monedas de cobre, y con sus movimientos aquella pesada sarta se balanceaba frente a los ojos de Ye Li, tintineando sin parar.

Ye Li no pudo evitar reír.

—Será mejor que primero dejes el dinero.

Pesaba ocho jin. ¿Cómo iba a besarlo mientras cargaba con semejante sarta de monedas?

Al escucharlo, Jiang Ji pasó un brazo por sus hombros y ambos entraron en la habitación oeste.

Jiang Ji dejó las monedas sobre la mesa. Antes siquiera de que pudiera volverse hacia Ye Li, este ya había rodeado su cintura con los brazos.

Jiang Ji sonrió y lo abrazó. Con un ligero impulso, lo levantó y sentó sobre la mesa.

Uno estaba de pie.

El otro, sentado.

El atardecer teñía de naranja la ventana entreabierta detrás de Ye Li, y parte de aquella luz penetraba en la penumbra de la habitación.

Ye Li estaba sentado en medio de aquella claridad, con una sonrisa radiante en el rostro. La escena rebosaba tanta vida que casi resultaba bulliciosa y, en un instante, Jiang Ji se quedó mirándolo embelesado.

Sus labios tardaron en descender.

Ye Li se puso orgulloso al notarlo. Extendió los brazos y rodeó el cuello de Jiang Ji.

—¿Tan guapo soy?

Aquella frase hizo volver en sí a Jiang Ji.

Sin embargo, a Jiang Ji siempre le había gustado verlo presumir.

Especialmente en aquel momento.

Tomándolo a él como frontera, a su espalda se extendía una habitación sumida en penumbras; frente a él, en cambio, todo era luminoso, cálido y lleno de color, suficiente para disipar todas las sombras del pasado.

Todo lo ocurrido durante los últimos seis años se había vuelto insignificante con la llegada de la persona que tenía frente a él.

Jiang Ji soltó una risa suave. Sostuvo el rostro de Ye Li entre sus grandes manos y lo contempló con un cuidado casi reverente.

El afecto en sus ojos era directo, ardiente.

Incluso alguien tan descarado como Ye Li comenzó a sonrojarse poco a poco bajo aquella mirada.

Era raro verlo avergonzado.

Jiang Ji lo encontró encantador y sintió que su alegría aumentaba. Le acarició suavemente las mejillas un par de veces antes de inclinarse finalmente para besarlo.

En el instante en que sus labios se encontraron, ambos, que llevaban tanto tiempo sin intimidad, sintieron un ligero estremecimiento en el corazón y se acercaron todavía más.

¡La última vez que habían estado así había sido hacía un mes!

Casi al mismo tiempo, entreabrieron los labios y buscaron la lengua del otro.

Aquel aroma familiar hizo que cerraran los ojos por instinto, concentrándose únicamente en el beso.

No había ninguna otra intención detrás de él.

Los dos simplemente querían utilizar aquel contacto para calmar la añoranza que se había acumulado durante más de un mes.

Sin embargo, evidentemente no era el momento adecuado.

En el patio, Jiang Ya olfateó el aroma cada vez más intenso que flotaba en el aire y finalmente no pudo contenerse.

Gritó hacia la sala principal:

—¡Li-ge! ¿Ya está lista la sopa de pollo?

Estaba tan impaciente que ni siquiera esperó la respuesta de Ye Li. Se levantó de su pequeño banco y corrió hacia la casa mientras gritaba:

—¡Li-ge, Li-ge! ¡La sopa de pollo huele riquísimo! ¿Ya está lista?

Los gritos que se acercaban rápidamente obligaron a las dos personas de la habitación a separarse.

Apenas habían terminado de secarse con un pañuelo la humedad de los labios cuando Jiang Ya irrumpió en la habitación.

—¡Li-ge, Li-ge!

Jiang Ji se adelantó, se inclinó y apoyó las manos sobre sus pequeños hombros.

Ye Li aprovechó para bajar de la mesa de un salto.

Jiang Ya era tan pequeño que su hermano mayor le bloqueaba por completo la vista. Inclinó la cabecita para intentar mirar dentro de la habitación.

—¿Dónde está Li-ge?

—Aquí estoy.

Ye Li se acercó riendo y le acarició la cabeza.

—Pequeño glotón. Vamos, ya debe estar lista.

En cuanto escuchó «lista», Jiang Ya se olvidó de todo lo demás.

—¡Lleva muchísimo tiempo cocinándose! ¡Seguro que ya está!

Incluso comenzó a contar con sus pequeños dedos.

—Dos pollos, cuatro muslos. ¡Uno para cada uno!

¡Podría comerse un muslo entero él solo!

Sus grandes ojos brillaban.

Jiang Ji se divirtió al verlo.

—Date prisa y dale las gracias a tu Li-ge. La buena vida que tenemos ahora nos la trajo él.

—¡Gracias, Li-ge!

Jiang Ya gritó inmediatamente con una voz especialmente fuerte.

Después añadió:

—¡Li-ge, cuando crezca, definitivamente seré muy filial contigo!

Ye Li no esperaba que de repente soltara algo así y se echó a reír. Tomándolo de la mano mientras salían, preguntó:

—Ya-ge’er es muy bueno. Entonces, ¿puedes ser filial conmigo desde ahora?

—¡Sí!

Jiang Ya asintió con su cabecita, aunque su pequeño rostro estaba lleno de confusión.

—Li-ge, ¿cómo puedo ser filial contigo?

—Mmm… Si te portas bien y me haces caso, ya estarás siendo filial conmigo.

Al escuchar aquello, Jiang Ya se llenó inmediatamente de orgullo.

¡Él siempre se portaba muy bien!

Resultaba que llevaba todo ese tiempo siendo filial con Li-ge.

Pero era verdad que la buena vida de su familia había llegado gracias a Li-ge. No podía limitarse únicamente a ser filial de aquella manera.

Levantó el rostro y declaró:

—Li-ge, de ahora en adelante no solo te haré caso. ¡También recogeré mucha más leña!

Ye Li no paraba de reír.

—Sí, sí, sí. Qué buen niño.

Jiang Ji, por su parte, sintió cierto alivio.

Como él no estaba en casa, sus dos hermanos pequeños tenían que esforzarse más.

Por fortuna, pronto habría un resultado.

Ya faltaba poco.

Aquella cena dejó a toda la familia completamente satisfecha.

Cuando Ye Li había preparado la sopa, había añadido algunos trozos de cáscara de sandía.

Como se había cocinado durante mucho tiempo, la cáscara prácticamente se había deshecho en el caldo. No solo equilibraba la grasa propia de la sopa de pollo, sino que además le aportaba un ligero dulzor refrescante.

Cuando las familias de la aldea guisaban pollo, una sola ave solía acompañarse con más de media olla de verduras.

Ye Li, en cambio, no había añadido ninguna otra verdura aparte de la cáscara de sandía.

Los cuatro alternaban bocados de torta y de pollo.

Era una comida extraordinariamente lujosa.

Entre todos acabaron con los dos pollos.

Jiang Mai y Jiang Ya volvieron a comer hasta quedar atiborrados y solo entonces fueron a asearse.

Jiang Ya originalmente quería dormir con Ye Li y Jiang Ji, pero Jiang Mai consiguió convencerlo de regresar con él.

La separación estaba cerca.

El hermano mayor y Li-ge seguramente tenían muchas cosas que decirse.

¡Ellos no debían molestarlos!

Los dos pequeños fueron comprensivos y se acostaron obedientemente.

Así, Ye Li y Jiang Ji finalmente tuvieron tiempo para estar solos.

Después de ordenar la cocina, fueron juntos al pequeño cobertizo a bañarse.

En plena oscuridad, no hicieron nada más. Poco después regresaron a la habitación envueltos en grandes toallas de tela.

Jiang Ji estaba a punto de marcharse para ocuparse de algo importante y, además, el camino sería accidentado.

Originalmente, Ye Li no pensaba agotar sus energías.

Pero Jiang Ji no era tan frágil como él imaginaba.

Era un joven de dieciocho años que, durante los últimos seis meses, había comido y vivido muy bien.

¿Solo iba a pasar tres días sentado en un carro de mulas?

¿Qué podía tener eso de agotador?

Por eso, al regresar a la habitación, Jiang Ji lo subió a la mesa y allí lo hicieron una vez.

Sin embargo, como al día siguiente todavía tenían que ir al condado, Jiang Ji no le permitió hacer un split. La postura fue bastante convencional.

Después se trasladaron al kang y allí utilizaron una única postura:

Frente a frente.

A esas alturas, para ambos, la conexión emocional era incluso más importante que el placer físico.

Si no podían contemplar el rostro del otro, ¿cómo podían llamarlo hacer el amor?

Si ahora no se miraban unas cuantas veces más, ¿cómo soportarían la añoranza durante la próxima separación?

Se miraron.

Se besaron.

Volvieron a mirarse.

Volvieron a besarse.

Incluso después de terminar, continuaron repitiendo lo mismo.

Pero la noche era demasiado corta.

Al día siguiente todavía debían ir al condado.

Se limpiaron rápidamente y, aunque ninguno quería separarse del otro, finalmente se acostaron.

A la mañana siguiente, Jiang Ji fue temprano a casa de Jiang Tong para recoger el carro de bueyes.

Al contemplar la imponente casa nueva de la familia de Jiang Tong, Jiang Ji se alegró sinceramente por ellos, pero no sintió nada más.

Su propia casa era vieja, ciertamente, pero nunca había pensado en renovarla.

No tenía goteras y en verano era fresca.

Como mínimo, todavía podían vivir allí otros diez años.

Además, aquella casa conservaba sus recuerdos con sus padres.

Por eso, la idea de construir una nueva nunca se le había pasado por la cabeza.

Cuando llevó el carro de bueyes de regreso a casa, Ye Li ya había preparado el desayuno.

Después de comer, pusieron en marcha la preparación del tofu.

Los dos pequeños salieron a cortar hierba, mientras Ye Li y Jiang Ji llevaron más de cien jin de monedas de cobre al condado.

Primero fueron a la casa de cambio y cambiaron las monedas por lingotes de plata.

Después se dirigieron a la escuela para recoger los libros, pinceles y tinta de Jiang Ji.

Las vacaciones de la escuela comenzaban oficialmente aquel día. Jiang Ji había regresado a casa antes de tiempo el día anterior, así que el maestro Han todavía estaba impartiendo clases.

Esperaron un rato.

Cuando terminó la clase, ambos fueron al despacho del maestro Han para devolverle el dinero que había adelantado por el alquiler del transporte.

Ye Li también había llevado tofu frito y huevos centenarios.

El día anterior le había pedido expresamente a Ye Liang que reservara dos jin.

El maestro Han tenía un rostro bondadoso y afable.

En realidad, no era demasiado mayor: apenas pasaba de los cuarenta años.

Además, había obtenido el título de juren a los treinta.

Jiang Ji siempre lo había considerado un modelo a seguir.

El maestro Han animó a Jiang Ji con unas cuantas palabras y después elogió a Ye Li por ser un fulang virtuoso.

Dijo que, desde que Jiang Ji se había casado, no solo había mejorado enormemente su alimentación, sino que últimamente su carácter también se había vuelto mucho más sereno y estable.

Ya no mostraba aquella amargura ni la tensión constante de antes.

Naturalmente, el maestro Han omitió mencionar lo irritable que Jiang Ji había estado justo después de casarse.

Sus palabras hicieron que la buena impresión de Ye Li hacia él aumentara considerablemente.

Había observado a Jiang Ji hasta en los detalles más pequeños.

Realmente era un buen maestro que se preocupaba por sus alumnos.

Después de salir de la escuela, compraron algunos artículos de uso cotidiano, como una palangana y polvo dental.

Al dejar todo preparado desde ahora, Jiang Ji no tendría que comprar esas cosas cuando llegara a la prefectura.

Además, se acercaba el aniversario de la muerte del padre de Jiang Ji.

Para entonces, Jiang Ji todavía estaría en la prefectura, así que decidieron ir aquel mismo día a presentar sus respetos por adelantado.

Después de todas aquellas compras, cuando regresaron a casa, Ye Liang y los dos pequeños ya habían almorzado.

Por la tarde, Jiang Ji y Ye Li llevaron a Jiang Mai y Jiang Ya hasta las tumbas ancestrales de la familia Jiang.

Allí rindieron homenaje al padre de Jiang Ji y también se despidieron de su madre.

Pidieron a los dos mayores que, desde el más allá, protegieran a Jiang Ji y lo ayudaran a regresar convertido en xiucai.

Después de volver del cementerio, los aldeanos comenzaron a llegar uno tras otro.

Esta vez nadie llevaba monedas.

Ya habían expresado su apoyo.

Ahora simplemente venían a conversar un rato.

No entendían de estudios, pero Jiang Ji ya era la persona más instruida de Yezaopo.

Además, las condiciones económicas de la familia habían mejorado.

Para que Jiang Ji estudiara, Jiang Dahe y la familia Ye ya no tenían que apretarse el cinturón.

Así que le aconsejaron que se relajara y simplemente hiciera todo lo posible.

Ye Li y Jiang Ji guardaron en el corazón la buena voluntad de todos.

Poco después, Bao Beiyuan y Gong Lisheng también llegaron en un carro de mulas.

Los dos le regalaron a Jiang Ji un juego completo de pincel, tinta, papel y piedra de tinta.

Al igual que los aldeanos, también le aconsejaron mantener la calma y limitarse a dar lo mejor de sí.

Recibir tantas bendiciones de golpe conmovió profundamente a Jiang Ji.

Su vida se había vuelto tan buena que casi parecía irreal.

¡Parecía que todo el mundo estaba lleno de buenas personas!

Sin embargo, cuando Bao Beiyuan y Gong Lisheng estaban a punto de marcharse, Jiang Ji llevó a Bao Beiyuan a un lado.

—Tú también debes cuidarte. Ya te has castigado durante suficiente tiempo. El tío Bao definitivamente no querría verte torturándote así.

Bao Beiyuan sonrió al escucharlo.

—No te preocupes por mí. Sé lo que hago. Tú concéntrate en el examen. Esperaré tus buenas noticias.

Luego añadió:

—De verdad, haz todo lo posible. Si yo mismo no pude aprobar, al menos tienes que dejarme presumir de tener un hermano xiucai.

Y, con total solemnidad, declaró:

—¡Espero que mi hermano se convierta en un dragón!

Jiang Ji:

—…

Respiró hondo y estaba a punto de seguir intentando convencerlo cuando Bao Beiyuan giró sobre sus talones, dispuesto a marcharse.

Incluso llamó a Ye Li y le pidió que se llevara a Jiang Ji.

Bao Beiyuan saltó al carro de mulas y apremió a Gong Lisheng para que partiera cuanto antes.

Jiang Ji no tuvo más remedio que tragarse todas sus preocupaciones.

Olvídalo.

Volvería a hablar con él cuando regresara de la prefectura.

Después de que Bao Beiyuan y Gong Lisheng se marcharan, Ye Liang también terminó de freír el tofu y las frutas de masa.

Ya había dicho todo lo que tenía que decir.

Las dos familias vivían lejos una de la otra y los Ye no podrían llegar a tiempo al día siguiente para despedir a Jiang Ji.

Ye Liang solo le pidió que estuviera tranquilo.

No necesitaba preocuparse por la casa ni por los campos.

Después de darle aquellas últimas recomendaciones, cargó la cesta de tofu frito a la espalda y se marchó.

El patio finalmente quedó en silencio.

Jiang Ji miró a Ye Li.

Ye Li le sonrió.

—Entremos. Revisa otra vez el equipaje por si falta algo.

Naturalmente, no faltaba nada.

Comparado con la vez anterior, Jiang Ji llevaba ahora un pequeño saco adicional lleno de artículos de uso cotidiano.

La cesta que contenía su dinero también era mucho más pesada.

Todo había mejorado de verdad.

Solo faltaba que regresara convertido en xiucai.

La cena de aquel día fue relativamente ligera.

Ye Li preparó sopa de calabaza, coció mantou al vapor y salteó carne de cerdo en tiras con pimiento verde.

Antes de emprender un viaje largo, no convenía comer demasiado grasoso.

Después de cenar, los dos pequeños se fueron obedientemente a dormir.

Jiang Ji y Ye Li subieron al kang.

Como al día siguiente debían levantarse temprano, apagaron directamente la lámpara de aceite y se acostaron.

Sin embargo, por mucho que lo intentaron, el sueño no llegaba.

Jiang Ji terminó rindiéndose.

Abrió los ojos, se volvió y miró a Ye Li, que estaba acostado a su lado.

Ye Li tampoco dormía.

Al escuchar el movimiento, también se giró para quedar frente a él.

La luz de la luna diluía la oscuridad de la habitación, permitiéndoles distinguir apenas el rostro del otro.

Jiang Ji levantó una mano y acarició suavemente dos veces la mejilla de Ye Li.

—La próxima vez que vaya a la prefectura, tú y yo iremos juntos.

Aquella sola frase hizo florecer una sonrisa en el rostro de Ye Li.

Precisamente estaba despierto pensando en eso.

—Entonces escribe un diario. Escribe lo que veas durante el camino y cómo te sientas cada día. Cuando regreses, al leer esas palabras será como si hubiera viajado contigo a la prefectura.

En la oscuridad, después de que terminara de hablar, los ojos de Jiang Ji parecieron iluminarse.

Tomó la mano que Ye Li había dejado despreocupadamente sobre la estera.

—Bien.

Ye Li añadió:

—Es una lástima que de verdad no sepa escribir demasiado bien.

—Además, yo me quedaré en la aldea repitiendo cada día lo mismo que hice el anterior. Aunque estés lejos, en la prefectura, solo tendrás que levantar la cabeza, mirar el cielo y podrás imaginar qué estaré haciendo.

Si él hubiera sido realmente una persona nacida en aquella época, probablemente no habría encontrado nada malo en semejante vida.

Pero no era el verdadero Ye Li.

Había conocido un mundo inmenso y, además, allí no tenía ninguna otra forma de entretenimiento.

Una vez resueltas sus necesidades básicas de comida y abrigo, solo podía sentir un vacío cada vez mayor.

Por fortuna, tenía a Jiang Ji.

Su buen esposo era verdaderamente la mayor fuente de vida en sus monótonos días y lo único que esperaba con auténtica ilusión.

Ye Li no mostró melancolía al decir aquello.

Pero, al escucharlo, Jiang Ji no pudo evitar fruncir el ceño.

Repetir cada día lo mismo que el anterior…

Aquello sonaba un poco extraño.

Sin embargo, la gente de la aldea siempre había vivido así.

Y, cuando se trataba de Ye Li, Jiang Ji siempre evitaba hacer conjeturas o dejar volar demasiado su imaginación.

Por eso, simplemente preguntó:

—Entonces, ¿qué tal si de ahora en adelante salimos más a conocer otros lugares?

Ye Li no esperaba semejante respuesta.

De inmediato sintió una agradable dulzura en el corazón.

Sabía captar lo importante.

Sin embargo, para Ye Li, todos los lugares de aquella época eran más o menos iguales.

En su vida anterior no era como si nunca hubiera visto dramas históricos.

Además, con el estado de los caminos de aquella época, viajar en un carro podía sacudirle hasta desarmarle los huesos.

Así que Ye Li sonrió.

—No hace falta.

—¿Por qué no? —preguntó Jiang Ji, desconcertado.

—Estoy demasiado ocupado y no puedo alejarme. Además, me dan miedo los caminos llenos de baches.

Ye Li solo dijo la mitad de la verdad.

Sin esperar a que Jiang Ji siguiera preguntando, sonrió y añadió:

—Pero, por fortuna, vivimos junto al canal Nantong. Cuando tengamos dinero y tiempo libre, podremos viajar en barco hacia el sur.

Jiang Ji comprendió lo que quería decir y dejó de preguntar.

Simplemente asintió.

—Bien. Iremos en barco.

—Ya que lo hemos acordado, deja de perder el sueño. En el futuro tendremos muchas oportunidades de viajar juntos. Duerme.

Jiang Ji respondió afirmativamente.

Era verdad.

Pensar demasiado no servía de nada.

A dormir.

Volvió a acostarse boca arriba y, esta vez, el sueño no tardó en llegar.

Ye Li, con el corazón lleno de dulzura, también se quedó dormido poco después.

A la mañana siguiente, Ye Li se levantó y preparó primero el desayuno.

Cuando terminó, Jiang Tong llegó con el carro de bueyes.

La prefectura quedaba al sureste del condado de Beiyang.

Por eso, Jiang Ji y sus compañeros habían acordado reunirse en la puerta sur de la ciudad.

Como debían atravesar todo el condado, naturalmente necesitaban utilizar el carro de bueyes.

Después del desayuno, Jiang Ji subió el equipaje al carro.

Ye Li, Jiang Mai y Jiang Ya también subieron.

Y, naturalmente, Jiang Dahe fue con ellos.

El grupo llegó a la puerta de la ciudad cuando todavía estaba cerrada.

Esperaron hasta que abrieron las puertas y fueron de los primeros en entrar.

Atravesaron la calle principal y llegaron a la puerta sur.

Los cocheros de la agencia de transporte ya estaban allí esperando con los carros de mulas y los carruajes de caballos.

Shi Yi, que estudiaba en la misma escuela que Jiang Ji, también había llegado.

Jiang Ji hizo las presentaciones.

Apenas habían intercambiado unas palabras de cortesía cuando llegaron, uno tras otro, los dos linsheng y los otros tres tongsheng.

Todos habían venido acompañados por familiares que los despedían.

Además de su grupo, aquel día también partían otros estudiantes que iban a presentar el examen.

Una gran cantidad de personas se apiñaba en aquel lugar, creando un ambiente bastante animado.

Pero el tiempo apremiaba.

Una vez reunidos todos, era hora de partir.

Trasladaron el equipaje a los carros de la agencia.

Solo las pertenencias ocuparon dos carros de mulas.

Los dos linsheng subieron al carruaje de caballos.

Jiang Ji y Shi Yi compartieron un carro de mulas.

Los otros tres tongsheng subieron juntos a otro.

Todo lo que había que decir ya se había repetido muchas veces.

La mirada de Jiang Ji pasó por Ye Li, Jiang Mai, Jiang Ya, Jiang Dahe y Jiang Tong.

Finalmente, volvió a detenerse en Ye Li.

Esbozó una sonrisa y levantó la mano para despedirse.

—Regresen. Todavía tienen muchas cosas que hacer en casa.

Los otros tongsheng y linsheng también comenzaron a pedirles a sus familiares que regresaran.

Entre una multitud de últimas recomendaciones, los carros comenzaron a avanzar.

Ye Li se apresuró a gritar:

—¡Te estaremos esperando!

Al escuchar aquellas palabras, Jiang Mai y Jiang Ya también comenzaron a gritar lo mismo.

Esta vez, la sonrisa de Jiang Ji se hizo mucho más profunda.

Ye Li lo estaba esperando.

Su familia lo estaba esperando.

Ahora le tocaba a él esforzarse.

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