Me convertí en el malvado esposo de un juren - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - ¿Te ha poseído algún espíritu maligno?
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Jiang Mai y Jiang Ya corrieron hasta Jiang Ji y, sin importarles tener las manitas grasientas, uno se abrazó a su cintura y el otro a su pierna.

Mientras tanto, parloteaban sin parar:

—¡Hermano, hermano! ¿Por qué regresaste a estas horas?

—¡Hermano, hermano! ¡Te extrañé mucho!

Ye Li contempló la escena, pero su mirada terminó fija en el rostro de Jiang Ji.

Había recibido los recuerdos del dueño original, así que sabía perfectamente qué aspecto tenía aquel esposo que le había caído del cielo.

Pero los recuerdos eran como ver una película. El impacto visual no podía compararse en absoluto con tener a la persona de carne y hueso frente a él.

Su esposo tenía cejas largas y ojos ligeramente rasgados. Sumados al puente recto de su nariz y sus labios algo finos, sus facciones le daban un aire un tanto intimidante.

Pero también era extraordinariamente apuesto.

Sus rasgos eran marcados, sus ojos vivos y su estatura superaba definitivamente el metro ochenta. Bastaba con que permaneciera de pie junto a la entrada para que a Ye Li le costara apartar los ojos de él.

¡Qué hombre tan atractivo y de facciones intensas!

Solo estaba un poco delgado.

Llevaba una túnica larga de cuello cruzado que se parecía un poco a una túnica taoísta. La prenda y sus amplias mangas parecían colgar de una vara de bambú.

La mirada de Ye Li recorrió a Jiang Ji de arriba abajo y después de abajo arriba.

Tras examinarlo dos veces, quedó sumamente satisfecho.

Levantó la mano izquierda y le dio un toque en el hombro a Ye Liang.

—Hermano mayor, ve a decir algunas cosas buenas de mí.

—La última vez que regresó me encontró golpeando a Pequeño Mai y a Ya-ge’er y se enfadó muchísimo. Dile que me he reformado y que ahora soy una persona nueva.

—¡Claro! —aceptó Ye Liang sin vacilar.

Con expresión alegre, caminó hacia Jiang Ji.

Ahora Li-ge’er podía ganar dinero y se llevaba bien con Pequeño Mai y Ya-ge’er. Lo único que todavía preocupaba a Ye Liang era si podría llevarse bien con Xiao Ji.

Definitivamente tenía que elogiar mucho a Li-ge’er.

En ese momento, Jiang Mai y Jiang Ya ya estaban tirando de las manos de Jiang Ji para llevarlo a la cocina.

Ye Liang aprovechó para decir:

—Xiao Ji, regresaste justo a tiempo. Ve a lavarte las manos y siéntate a tomar un poco de caldo. Li-ge’er preparó caldo de huesos. Mira qué aroma tiene.

Después volvió la cabeza hacia Ye Li y le pidió que se apresurara a servirle un tazón de caldo a Jiang Ji.

—Está bien.

Ye Li adoptó una expresión obediente y entró rápidamente en la cocina.

Jiang Ji frunció ligeramente el ceño.

Apartó la mirada de Ye Li y observó a Ye Liang, su cuñado mayor.

Exceptuando a Ye Li, aquel inútil, todos los miembros de la familia Ye eran personas amables.

Ye Liang lo trataba como si fuera su propio hermano menor y Jiang Ji también lo respetaba mucho.

Lo invitó a entrar:

—Hermano Liang, entremos y sentémonos a comer. Pero… ¿qué está pasando? Por un momento pensé que me había equivocado de casa.

Al escucharlo, Ye Liang soltó una sonora carcajada.

Aquella risa sorprendió a Jiang Ji.

La familia Ye vivía en la pobreza. El trabajo pesado e interminable había envejecido a Ye Liang mucho más de lo que correspondía a su verdadera edad.

Siempre había sido un hombre de pocas palabras y aspecto cansado.

¡Era la primera vez que Jiang Ji lo veía reír de una forma tan abierta y alegre!

Ye Liang explicó entre risas:

—Xiao Ji, no te equivocaste de casa. Li-ge’er cambió de carácter. ¡Además, aprendió a hacer tofu!

—El tofu inflado que prepara es muy popular. ¡Ahora tanto él como la familia Ye pueden ganar varias decenas de monedas de cobre al día!

—…

Jiang Ji quedó atónito.

Sus ojos ligeramente rasgados se abrieron bastante.

¿Aquel inútil no solo sabía hacer tofu, sino que además podía ganar decenas de monedas todos los días?

—¡Hermano, hermano! Lo que dice el hermano Liang es verdad. Come carne. Esto lo compró el hermano Li esta mañana.

Jiang Mai intentó meter en las manos de su hermano mayor el hueso que ya había roído hasta la mitad.

Aquella persona le había lavado el cabello, así que estaba dispuesto a hablar bien de él.

Además, tal como esa persona había dicho, aquello ni siquiera podía considerarse hablar bien.

¡Solo estaba diciendo la verdad!

Las palabras de Jiang Mai sorprendieron nuevamente a Jiang Ji.

La última vez que había regresado a casa había encontrado a aquel inútil levantando un grueso palo para golpear a Pequeño Mai.

¡La ferocidad con la que lo hacía parecía indicar que quería devorarlo!

Pero ahora Pequeño Mai…

En ese momento, Jiang Ya ya había arrastrado a Jiang Ji hasta la entrada de la cocina.

Ye Li estaba colocando un tazón de caldo de huesos sobre la mesa.

Al verlo en la puerta, sonrió.

—Esposo, ven a tomar caldo de huesos.

—¿?

Jiang Ji lo miró como si hubiera visto un fantasma.

—¿Te ha poseído algún espíritu maligno?

—…

La comisura de los labios de Ye Li se crispó.

Terminó de colocar el tazón sobre la mesa, se enderezó y fulminó a Jiang Ji con la mirada.

—Sí. No solo me ha poseído un espíritu maligno, también les puse un gu a Pequeño Mai y a Ya-ge’er. Ahora los dos obedecen todo lo que les digo. ¿Tienes miedo?

Jiang Ji:

—…

Ahora fue él quien se quedó sin palabras.

Sin embargo, interiormente se sintió mucho más cómodo.

Sí.

Así estaba mejor.

¿Por qué demonios lo había llamado «esposo» de repente?

Casi le daba un susto de muerte.

—Ya, ya. Xiao Ji, lávate las manos y come. Seguro que todavía no has almorzado —intervino Ye Liang entre risas para aliviar el ambiente.

Al escuchar aquello, Jiang Mai se apresuró a decir:

—Hermano, iré a traerte agua para que te laves las manos.

Le metió el gran hueso a Jiang Ji en las manos, dio media vuelta y corrió hacia el pozo.

En cuanto a lo del gu y que ahora obedecían a Ye Li…

En fin.

Aquel inútil realmente había cambiado, así que Jiang Mai decidió no desenmascararlo.

Jiang Ya, por su parte, ni siquiera sabía qué significaba ponerle un gu a alguien.

Aunque era cierto que ahora estaba bastante dispuesto a hacerle caso a Ye Li.

Levantó su carita y dijo sonriendo:

—Hermano, el hermano Li es muy bueno. Nos lavó el cabello a mi segundo hermano y a mí, me dejó roer huesos grandes y también nos paga un salario.

—¡Una moneda al día! ¡Mi segundo hermano y yo ya hemos ahorrado catorce monedas!

Aquellas palabras dejaron nuevamente a Jiang Ji tan sorprendido que perdió el habla.

¡Era inaudito!

¿Aquel inútil era capaz de hacer todas esas cosas?

Ye Li, en cambio, dirigió a Jiang Ya una mirada de aprobación.

Muy bien.

Aunque era pequeño, tenía las ideas bastante claras.

No había dicho ninguna tontería; había mencionado directamente todos los puntos importantes.

Después volvió la mirada hacia Ye Liang.

En cuanto Ye Liang recibió aquella señal, también habló:

—Xiao Ji, dentro de un rato Li-ge’er comenzará a freír tofu inflado. Ver para creer. De verdad ha cambiado.

—Pero eso puede esperar. Pequeño Mai ya trajo el agua. Primero lávate las manos y luego nos sentamos a comer mientras hablamos.

—¡Hermano mayor, lávate las manos!

Jiang Mai regresó corriendo con una palangana de agua.

La mente de Jiang Ji estaba un poco confusa.

Mientras escuchaba a Jiang Ya parlotear sin parar, se lavó las manos.

Después se sentó a la mesa.

Frente a él había un tazón de caldo de huesos de un tono blanquecino, con muchas gotas de grasa flotando en la superficie y varios dátiles rojos.

Además de dos pedazos de hueso, contenía bastantes granos de maíz.

Su intenso aroma le llegaba directamente a la nariz, haciendo que sintiera todavía más hambre.

Realmente aún no había almorzado.

Durante los últimos días, la preocupación de que aquel inútil maltratara a sus dos hermanos menores lo había mantenido sumido en una constante ansiedad.

Quería regresar a casa.

Sin embargo, sus estudios eran pesados y los exámenes imperiales representaban su única salida.

No podía descuidar lo verdaderamente importante.

Además, tenía un encargo pendiente de copiar un libro. Si se retrasaba, solo recibiría la mitad del pago.

Y, lo que era más importante, no había encontrado una buena manera de solucionar el problema del maltrato que sufrían sus hermanos.

Después de varios días de dudas, la noche anterior finalmente había pensado en una solución apropiada.

Ese otoño participaría en el examen de la academia.

Hasta entonces, aquel inútil regresaría a vivir con la familia Ye.

Sus dos hermanos volverían a casa de su segundo tío.

Si aprobaba y se convertía en xiucai, cumpliendo así las expectativas de aquel inútil, obligaría a Ye Li a cambiar su comportamiento.

Además, para entonces ya no tendría que presentarse todos los días en la escuela privada.

Podría estudiar por su cuenta en casa.

Mientras él estuviera allí, sus dos hermanos no volverían a ser golpeados.

Y si suspendía el examen…

Entonces dejaría de estudiar.

Si aquel inútil era capaz de cambiar, intentaría seguir viviendo con él.

Si no podía cambiar, se separarían de mutuo acuerdo.

A partir de entonces, él y la familia Ye ya no se deberían nada.

Con su condición de tongsheng y la fuerza que tenía, podría cultivar la tierra durante las temporadas agrícolas y buscar trabajo en el condado cuando hubiera menos labores en el campo.

Con sus dos hermanos a su lado, de una forma u otra lograría que ninguno muriera de hambre.

Una vez que aquel pensamiento apareció, ya no pudo detenerlo.

Había dado vueltas en la cama hasta pasada la medianoche.

Al despertar esa mañana, pidió permiso a su maestro, permaneció en su alojamiento hasta terminar el encargo de copia que tenía pendiente y después fue a la librería para entregarlo y recibir su pago.

Nada más salir de la librería, regresó apresuradamente a casa.

¡Ese mismo día iba a mandar a aquel inútil de vuelta con la familia Ye!

Pero viendo la situación actual…

Parecía que su plan ya no sería necesario.

—Come. ¿Por qué no comes?

Al ver a Jiang Ji con la mirada baja, inmóvil y en silencio, Ye Liang no pudo evitar apremiarlo.

Jiang Ji salió de sus pensamientos.

Sonrió a Ye Liang, tomó la cuchara y bebió un sorbo de caldo.

—Está bueno, ¿verdad? Antes Li-ge’er cocinaba mal a propósito. Temía que, si la comida le quedaba rica, padre y apa le exigieran cocinar en cada comida —explicó Ye Liang con una sonrisa, justificando así la repentina mejora en las habilidades culinarias de su tercer hermano.

Por supuesto, aquella era la excusa que Ye Li había inventado para engañar a la familia Ye.

Al escucharla, los ojos de Jiang Ji se movieron hacia Ye Li, sentado frente a él.

Su mirada estaba cargada de evidente sospecha.

Ye Li se encontraba ocupado royendo un hueso.

Al percibir la mirada de su esposo, levantó los ojos.

Sus miradas se encontraron.

Ye Li tragó la carne que tenía en la boca y declaró con toda seguridad:

—¿No me crees? Pues no me creas. Así fueron las cosas.

De todos modos, no podía explicarlo claramente.

Así que no podía mostrar ni el menor rastro de culpabilidad.

Tenía que adoptar exactamente esa actitud irritante de «créelo si quieres y, si no, me da igual».

Y, efectivamente, después de escuchar aquello, Jiang Ji perdió inmediatamente las ganas de seguir investigando.

Apartó la mirada y se concentró en beber su caldo.

Ye Li soltó discretamente un suspiro de alivio.

Aquel esposo suyo tenía toda la pinta de ser difícil de engañar.

Más valía que no empezara a hacer preguntas hasta llegar al fondo del asunto.

La verdad era que todavía no había conseguido inventar una explicación especialmente razonable para justificar por qué de repente sabía preparar tofu.

Al contemplar aquella interacción, Ye Liang aconsejó:

—Xiao Ji, Li-ge’er realmente cambió de carácter. Ahora trata muy bien a Pequeño Mai y a Ya-ge’er.

—Solo que ha pasado poco tiempo contigo y, además, ustedes discutieron la última vez que regresaste. Por eso todavía está un poco impaciente contigo.

—Es un ge’er. Sé más comprensivo y no te pongas a discutir con él por cualquier cosa.

Al escuchar aquello, Jiang Ji recordó involuntariamente las palabras que Ye Li había pronunciado hacía un momento:

«Esposo, ven a tomar caldo de huesos».

Sus dedos se cerraron un poco más alrededor de la cuchara.

Aquel inútil había intentado reconciliarse con él.

Y él le había respondido preguntándole si estaba poseído…

Levantó los ojos para mirar a Ye Li.

Pero Ye Li también lo estaba mirando en ese preciso instante.

Sus miradas volvieron a encontrarse de improviso.

Jiang Ji todavía no había decidido qué expresión ponerle cuando Ye Li fue más rápido: puso los ojos en blanco, bajó la cabeza y siguió royendo tranquilamente su gran hueso.

—…

Jiang Ji se tocó la nariz y también bajó la mirada para continuar bebiendo su caldo.

Esta vez…

Había sido culpa suya.

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