Mago de Arena del Desierto Ardiente - Capítulo 320
En cuanto Zeon regresó a casa y colgó su túnica en el perchero, Gaia salió volando como si hubiera estado esperándolo.
— ¡Pii!
“¡Gaia! ¿Has estado bien?”
— ¡Piii!
“¿Sí? Seguro te aburriste.”
Zeon acarició suavemente la cabeza de Gaia.
Gaia cerró los ojos, disfrutando la caricia.
Su cola se movía lentamente, clara señal de satisfacción.
Mientras Zeon había estado lidiando con el Distrito Norte, Brielle había estado tan enfocada en crear el generador de maná que no había podido jugar bien con Gaia.
Por eso estaba quejándose de aburrimiento.
Zeon dirigió una mirada hacia la habitación de Brielle.
Normalmente, ella habría sido la primera en darse cuenta de que había llegado, pero no mostró señales de salir.
Eso significaba que estaba totalmente inmersa en su trabajo.
Zeon no se molestó en llamarla.
Sabía que cuando ella entraba en ese nivel de concentración, lo mejor era dejarla sola.
Se sentó en el sofá y miró sin pensar por la ventana.
Gaia flotó a su lado y se recargó en él.
— ¡Pii! ¡Piii!
No dejaba de piar, como un perrito lloriqueando cuando su dueño regresa después de mucho tiempo.
Zeon soltó una risa y le rascó debajo de la barbilla.
Gaia dejó de chillar de inmediato.
Los dos permanecieron así, mirando por la ventana en silencio.
Su momento de paz terminó abruptamente cuando Brielle abrió su puerta de golpe.
“¡Está listo!”
Levantó ambas manos, emocionada.
“¿Terminaste el generador de maná?”
“¿Eh? ¿Zeon? ¿Cuándo llegaste?”
“Hace un ratito.”
“¿Y ni siquiera me llamaste?”
“Te veías muy concentrada.”
“Bien hecho. Estaba en un punto crucial.”
“Entonces, ¿el generador de maná está realmente terminado?”
“¡Sip!”
Brielle respondió con absoluta confianza.
Zeon le dio una palmadita en la cabeza y dijo:
“Buen trabajo.”
“¡Hehe! Bueno, al menos todo ese esfuerzo valió. ¿Quieres verlo?”
“Sí. Vamos a verlo.”
Zeon la siguió hasta su habitación.
Dentro había un generador aún más grande que el que estaba afuera.
“Está bastante grande.”
“Si queremos proveer electricidad para mucha gente, necesitamos capacidad suficiente. Así que lo hice mucho más grande.”
“Buena decisión.”
“Mientras sigamos suministrando piedras de maná, este debería dar electricidad para cientos de hogares. Haremos funcionar este primero, y si funciona bien, haré unos cuantos más.”
“Entonces vámonos al subterráneo.”
“¿Ahorita?”
“Sí.”
“¡De acuerdo!”
Brielle de inmediato tomó su sombrero puntiagudo y se preparó para salir.
Zeon guardó el generador de maná en su subespacio, se puso la túnica y salió.
Entonces Brielle recordó algo y preguntó:
“Oye, por cierto, ¿qué pasó con eso?”
“¿Qué cosa?”
“Los cazadores.”
“¡Ah! ¿Eso? Me encargué.”
“¿De verdad?”
“Sí.”
“Qué bien. Una preocupación menos.”
Brielle se veía aliviada.
“¿No te da curiosidad?”
“¿De qué?”
“¿Qué les pasó a los cazadores?”
“No. Sé que tú lo manejaste.”
Brielle sabía mejor que nadie lo despiadado que Zeon podía ser con sus enemigos.
No necesitaba preguntar para saber que los Mercenarios de Helbrin habían tenido un final miserable.
Zeon añadió:
“Me encargué de todos, excepto de uno.”
“¿Por qué?”
“Tiene una habilidad para detectar bestias.”
“Eso es útil.”
“Por eso lo entregué al Mercado Goblin.”
“Buena decisión.”
“¿Estás bien con eso?”
“¡Estoy bien! Si fuera la yo de antes, quizá no, pero ahora… ya no me afectan esas cosas. Me he vuelto más fuerte.”
Brielle le sonrió.
Su sonrisa brillante y despreocupada hizo que Zeon asintiera.
Cuando se conocieron, ella estaba adicta a las drogas y apenas se mantenía en pie.
Pero ahora, era lo suficientemente fuerte—mental y físicamente—como para no derrumbarse por cosas así.
Ver su crecimiento llenó a Zeon de satisfacción, haciendo sus pasos más ligeros mientras caminaban hacia el distrito subterráneo.
Entraron por un pasaje oculto en una alcantarilla, en un callejón apartado de los barrios bajos.
Como era de esperar, el olor familiar los recibió.
La primera vez que bajaron ahí, el hedor había sido insoportable.
Pero después de acostumbrarse, ya no era tan abrumador.
Tras recorrer los túneles subterráneos tipo laberinto por un rato, llegaron al asentamiento donde vivían Zetoya y su gente.
“¡Ah!”
Zetoya fue el primero en verlos.
Brielle agitó la mano.
“Ha pasado un tiempo. ¿Cómo has estado?”
“Bien.”
“Me alegra oírlo.”
“¿Y-el generador de maná?”
“Está listo.”
“¿D-de verdad?”
“Claro.”
Brielle sonrió y miró a Zeon.
Sin dudarlo, Zeon sacó el generador de maná de su subespacio y lo colocó en el centro del lugar subterráneo.
“E-eso…”
“¿De verdad es un generador de maná?”
Las personas, que habían estado observando a Zeon con desconfianza, se acercaron lentamente al generador como si una fuerza invisible las atrajera.
Era algo que siempre habían deseado, pero jamás se habían atrevido a esperar.
Algunos tenían lágrimas en los ojos.
Brielle volteó hacia Zeon.
“El generador necesita piedras de maná para funcionar.”
“Yo pondré la primera como regalo.”
Zeon sacó una enorme piedra de maná de su subespacio.
No era una piedra cualquiera de una mina—provenía de una bestia de rango B.
Su pureza y capacidad estaban a un nivel completamente distinto.
Mientras Zeon insertaba la piedra en el generador, dijo:
“Esta sola piedra debería durar años sin problemas.”
Click.
Con un sonido metálico, la piedra encajó perfectamente.
Brielle puso su mano sobre el botón del generador.
“Bien, lo voy a encender.”
“Adelante.”
“¡Arranca!”
Presionó el botón con firmeza.
Wooooom…
El generador rugió como una bestia despertando de su letargo.
“¡Ahhh!”
“¡Sí funciona!”
“Dios mío…”
Los residentes del subterráneo, que habían observado con emoción y ansiedad, abrieron los ojos de par en par.
Algunos colapsaron llorando.
“Snif… Por fin tendremos electricidad.”
“¿De verdad está generando energía?”
“¿Esto significa… que por fin podremos vivir como humanos?”
Zeon sacó algunos objetos más de su subespacio—focos y cables eléctricos.
Colocó los focos en el techo y conectó los cables.
La gente los observaba conteniendo la respiración.
Una vez que todo estuvo listo, Zeon dijo:
“Muy bien. Voy a conectarlo.”
Unió los cables directamente al generador.
En ese instante—
El oscuro espacio subterráneo se iluminó como si el sol hubiera salido.
“¡Wooooah! ¡Luz!”
“¡Tenemos luz de verdad!”
Un grito de alegría estalló.
Los niños saltaban felices, mientras los adultos caían de rodillas como si estuvieran presenciando un milagro.
Incluso los ojos de Zetoya se pusieron rojos de emoción.
“Es real… Por fin podremos vivir como personas.”
Brielle lo miró y preguntó:
“¿Qué tal mi regalo? ¿Te gusta?”
“¡Claro! Jamás olvidaremos esta luz.”
Zetoya asintió, aún hipnotizado por los focos encendidos.
En ese momento—algo dentro de él comenzó a cambiar.
Y el primero en notarlo fue Zeon.
Agarró la mano de Brielle y dio un paso atrás.
“Ese chico… está despertando.”
“¿Qué? ¿En serio?”
Brielle volteó a verlo, sorprendida.
“Está reuniendo maná a su alrededor. Esa es la señal de un despertar.”
Algunos despertaban sin señales, mientras que otros tenían despertares tan evidentes como ese.
Zeon y Brielle se alejaron más, cuidando de no molestarlo.
Los residentes también sintieron el cambio y se hicieron a un lado.
Bajo las miradas de todos, el despertar de Zetoya continuó.
Justo cuando la gente empezaba a impacientarse—
El maná a su alrededor se condensó de golpe.
¡Boom!
Una explosión silenciosa estalló dentro del pecho de Zetoya.
“Hoo…”
Exhaló y abrió los ojos.
Zeon avanzó.
“Felicidades. Has despertado.”
“¿Y-yo… realmente desperté?”
“Mira tu muñeca. Deberías ver tu insignia de rango.”
“¡Ah…!”
Zetoya revisó su muñeca apresuradamente.
Había siete barras rojas—tres de ellas brillando.
Era el símbolo de un Despertado Marcial de rango D.
Aunque solo él sabía los detalles de sus habilidades, comenzar en rango D significaba que su potencial superaba por mucho al de los Despertados comunes.
“No lo puedo creer… realmente desperté…”
Zetoya murmuró, incrédulo.
Brielle le dio una palmada en el hombro.
“¡Felicidades! Por fin lo lograste.”
“Gracias… Aún no se siente real.”
“Lo entenderás cuando medites un rato. Así vas a descubrir tus habilidades.”
“¿Habilidades?”
“No todos los Despertados Marciales son iguales. Vas a desarrollar habilidades que vayan con tu naturaleza. Cuando las descubras, entrena como loco para mejorarlas.”
“Ya veo. ¿Así se hace más fuerte uno?”
“Sí. Y si puedes, caza bestias. Los Despertados Marciales se fortalecen peleando.”
“Lo haré.”
Zetoya apretó el puño.
Una energía poderosa recorrió su pequeña mano, como si un diminuto sol hubiera nacido dentro de él.
Sentía las miradas de la gente a su alrededor.
Había expectativa… y miedo.
Él comprendía ese sentimiento.
Incluso en ese lugar sucio bajo tierra, habían aparecido Despertados antes—pero la mayoría había usado su poder para oprimir a los demás, convirtiéndolos en esclavos.
Por eso le temían.
Como Despertado Marcial de rango D, podría dominarlos fácilmente si quisiera.
Pero Zetoya no tenía intención alguna de hacer eso.
‘No usaré este poder para aplastar a otros. Echaré a quienes nos atormentan y traeré paz a este lugar.’
Con esa firme decisión, miró a Zeon—el hombre que lo había salvado a él y a su gente, y que incluso les trajo ese milagroso generador.
Zetoya respiró hondo y declaró:
“Lo juro.”
“¿Mm?”
“No importa qué pase, si me llamas, me alzaré desde este subterráneo y pelearé a tu lado.”
“Bien.”
“Juro por mi vida—que nunca romperé este voto.”
La voz del chico no temblaba ni un poco.