Maestro del Debuff - Capítulo 1251

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—Procedan a redactar los contratos —ordenó Siegfried.

—¡Como ordene, Majestad!

Los Señores Demonio leyeron los contratos que Siegfried había arrojado ante ellos, pero sus reacciones tras revisar el contenido no fueron precisamente buenas.

—Mmm…

—A mis subordinados no les gustará mucho esto…

—Esto es un poco…

Los Señores Demonio parecían preocupados después de leer las cláusulas del acuerdo.

Su reacción era natural, pues los términos no mencionaban nada acerca de que los humanos apostaran sus almas como garantía. Era un acuerdo justo en el que tanto las tropas del Imperio Proatine como los demonios salían beneficiados.

Sin embargo, el problema era que los demonios necesitaban energía espiritual para fortalecerse, y celebrar contratos injustos con humanos era una de sus principales fuentes de energía del alma.

Concedían los deseos de los humanos y luego robaban y absorbían sus almas como pago. Pero si el contrato no incluía el alma como compensación, los demonios no veían ningún beneficio en aceptarlo.

—Si me permite, mi señor. No creo que mis seguidores acepten estas condiciones…

—¿No es esto simplemente… trabajo voluntario?

—Será difícil convencerlos con términos como estos…

Los Señores Demonio parecían perdidos y sin saber qué hacer.

Reverenciaban y respetaban a Siegfried, pero convencer a los demás demonios con semejantes condiciones era demasiado complicado.

—Ugh… Bola de idiotas musculosos —gruñó Siegfried con frustración antes de preguntar—. ¿Dónde creen que es el mejor lugar para reunir almas humanas?

—¿Eh?

—¿Emm… las prisiones?

—¿No es haciendo contratos con numerosos humanos…?

Los Señores Demonio respondieron inclinando la cabeza, confundidos.

—¡La guerra! Cuando estalle una guerra, nuestras tropas lucharán en primera línea. Entonces podremos absorber las almas de los enemigos que matemos. Lo llamamos contrato, pero en realidad es un despliegue al campo de batalla. ¿Acaso no es mejor absorber almas en una guerra que esforzarse por conseguir una sola mediante un contrato humano? ¡Piensen en cantidad antes que calidad!

Una persona capaz de celebrar un contrato con un demonio proporcionaba una enorme cantidad de energía espiritual de altísima calidad. Sin embargo, la energía espiritual obtenida en el campo de batalla era de menor calidad y en menor cantidad.

Si se comparaban, las almas obtenidas mediante contratos eran cien veces mejores que las recogidas en una guerra.

Por otro lado, conseguir una sola alma contractual era un proceso largo, mientras que obtener muchas almas en el campo de batalla era bastante sencillo. En otras palabras, una batalla a gran escala podía proporcionar cientos de almas en cuestión de minutos, mientras que se desperdiciaban días enteros intentando cosechar el alma de un único contratista.

—¡Oh!

—Bueno, eso cambia las cosas…

—¡El Gran Rey Demonio tiene razón!

Finalmente, los Señores Demonio comprendieron el razonamiento de Siegfried y coincidieron en que las condiciones del contrato eran bastante buenas.

—Y además otorgaré Poder Demoníaco a quien traiga más tropas —añadió Siegfried.

—¿Eh?

—¡Mm!

—Oh…

Los ojos de los Señores Demonio se abrieron de par en par.

El Poder Demoníaco era la principal fuente de energía de todos los demonios, y el Poder Demoníaco del Rey Demonio era la fuente más pura de todas. Naturalmente, poseía un valor inmenso.

La energía demoníaca manejada por el Rey Demonio era tan densa y de tan alta calidad que constituía una recompensa incluso más atractiva que miles de almas humanas juntas. Por ello, la oferta de Siegfried era algo tan impactante que podía alterar por completo la jerarquía del Reino Demoníaco.

—Oigan, ¿qué hacen ahí parados? ¡Dense prisa y comiencen a reclutar! —gritó Siegfried con impaciencia.

—¡Su gracia es inconmensurable, Gran Rey Demonio!

—¡Su gracia es inconmensurable, Gran Rey Demonio!

—¡Su gracia es inconmensurable, Gran Rey Demonio!

Los Señores Demonio respondieron al unísono antes de salir disparados de la sala de reuniones, decididos a reclutar más soldados que los demás, incluso si tenían que arrastrar a sus propios subordinados al campo de batalla.

—Vaya… estos tipos pueden ser bastante simples a veces —murmuró Siegfried con una sonrisa.

Convencer a los demonios era sorprendentemente fácil.

Bastaba con ofrecerles una oportunidad para volverse más fuertes y seguirían cualquier orden.

La ley del más fuerte.

Los demonios eran una raza impulsada únicamente por el poder, y ese instinto natural era la herramienta perfecta para dirigirlos.

‘Ahora que los demonios están convencidos, es hora de ir al Reino Celestial.’

Siegfried abandonó el Reino Demoníaco y se dirigió directamente al Reino Celestial.

Una vez allí, se reunió con Miguel y le presentó exactamente la misma idea: que las tropas del Imperio Proatine celebraran contratos con los ángeles.

—¿Q-Qué es esto, Siegfried…? —tartamudeó Miguel mientras leía los términos del acuerdo.

—¿No puedes verlo? Aquí dice que los ángeles serán desplegados en el campo de batalla junto a nuestras tropas —respondió Siegfried como si la pregunta fuera absurda.

—Pero esto es demasiado… demasiado radical.

Humanos, demonios y ángeles formando una misma unidad y luchando hombro con hombro en el campo de batalla.

Nadie en toda la historia del mundo había imaginado siquiera que algo así pudiera suceder.

—Sinceramente, no estoy seguro de que esto funcione. Mis hermanos y hermanas podrían mostrarse reacios a aceptar este arreglo… —dijo Miguel.

—¿Y qué importa que sean reacios? —preguntó Siegfried encogiéndose de hombros.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?

—Esto trata de preservar la paz mundial. Se trata de la armonía entre los tres reinos.

—P-Pero eso…

—Las tres razas finalmente se unirán después de mil años de conflictos. Nunca ha ocurrido algo semejante. ¿No es algo monumental? Felicidad, amor, esperanza y paz mundial… ese es su lema, ¿no? ¿Me equivoco?

—S-Sí, pero…

—Estoy convencido de que los nobles ángeles no dejarán pasar esta oportunidad solo porque no les agrade luchar junto a los demonios. Quiero decir, los demonios ya han comenzado a reclutar tropas. ¿Por qué el gran y honorable Reino Celestial habría de acobardarse?

—Pero aun así…

—¿O tal vez estaba equivocado? Quizá ustedes no desean la paz en…

—¡No! ¡Eso es precisamente lo que anhelamos! —exclamó Miguel.

Como Arcángel Supremo, no podía rechazar una oportunidad así, especialmente después de enterarse de que los demonios ya estaban reuniendo tropas para la guerra.

—Entonces reúne a tus fuerzas y tenlas listas.

Siegfried le dedicó una sonrisa cálida y amable.

Sin embargo, en el fondo aquella sonrisa no tenía nada de cálida ni de amable.

‘Jejeje… ¡Como esperaba, estos ángeles son tan fáciles de manejar como los demonios!’

Los ángeles se inclinaban instintivamente hacia ideales nobles como la justicia, el amor, la armonía, la amistad y la paz.

A diferencia de los demonios, obsesionados únicamente con el poder, los ángeles eran criaturas extremadamente altruistas.

Por eso, presentarles una causa noble que beneficiara a muchos hacía que la consideraran su deber.

—Supongo que estamos de acuerdo. ¿Puedo dejar esto en tus manos? —preguntó Siegfried.

—Sí, puedes estar tranquilo. Reuniremos nuestras fuerzas y las enviaremos al Reino Medio muy pronto —respondió Miguel asintiendo.

Al final, el Arcángel Supremo cayó víctima de la elocuencia de Siegfried y decidió que los ángeles participarían en la guerra venidera.

Unos días después, comenzó a ocurrir un fenómeno completamente nuevo dentro del Imperio Proatine.

El Ejército Imperial Proatine creó una nueva unidad de tres integrantes compuesta por un humano, un demonio y un ángel.

Al principio, el ambiente entre ellos era extremadamente incómodo.

Desde la perspectiva humana, tanto los ángeles como los demonios eran seres aterradores.

Y como los ángeles y los demonios se habían odiado mutuamente desde siempre, sus relaciones podían describirse como pésimas.

Por ello, incluso después de formar las unidades mixtas, era raro verlos conversar entre sí.

Sin embargo, aquella atmósfera incómoda fue cambiando gradualmente.

Siegfried organizó un evento nacional llamado Noche de la Armonía, y gracias a él, las tres razas comenzaron poco a poco a acercarse.

La Noche de la Armonía era un evento muy sencillo.

Cada soldado de Proatine debía invitar a su casa al demonio y al ángel con quienes había firmado contrato para compartir una cena. A partir de ahí, las tres razas debían convivir y fortalecer sus lazos de camaradería.

‘Mmm… Me pregunto cómo les estará yendo. Espero que se estén llevando bien.’

Siegfried se disfrazó y recorrió personalmente las casas de los soldados para observar el ambiente.

—Oh, cielos, bienvenidos, bienvenidos. ¡Pasen, por favor!

La anciana madre de un soldado abrió la puerta y recibió a un demonio y un ángel que permanecían incómodamente de pie en la entrada.

—¡Qué demonio tan gallardo y varonil! ¡Y qué hermoso ángel! ¡Pareces un joven noble! Entren, por favor, y siéntanse como en casa.

Aunque la anciana estaba nerviosa, aun así los hizo pasar y los recibió como invitados.

—Mi hijo está atrás asando carne. La preparó especialmente para ustedes, así que aunque no esté muy buena, espero que la disfruten.

Siegfried siguió observando mientras las distintas familias recibían a sus invitados.

—Gracias por venir. No hemos preparado mucho, pero espero que lo disfruten.

—Esta es mi madre, y ellas son mi esposa y mi hija.

—Ellos son Sir Halpis, el demonio, y Sir Haurel, el ángel. Tengo un contrato con ambos y lucharán junto a mí en el campo de batalla. Por favor, preséntense.

Un soldado abrió la puerta y saludó al ángel y al demonio con una cálida sonrisa.

Otro presentó a su familia a sus nuevos compañeros. Otro presentó primero a sus nuevos camaradas y luego les pidió que se presentaran.

Por lo que pudo observar Siegfried, la Noche de la Armonía estaba funcionando mejor de lo esperado.

Las tres razas compartían la mesa y, poco a poco, las conversaciones comenzaban a surgir mientras la incomodidad inicial desaparecía.

Por supuesto, era demasiado optimista esperar que todos se llevaran perfectamente bien en una sola noche.

—Tsk, tsk… Qué modales tan deplorables tienes en la mesa. Qué comportamiento tan inculto y bárbaro. Ah, disculpa, supongo que esperaba demasiado de un simple demonio.

—¿Qué dijiste? No te entendí muy bien porque sonabas como un babuino estirado con un palo metido donde no da el sol, cabeza de pájaro.

En algunas casas, ángeles y demonios terminaban discutiendo mientras los humanos presentes se quedaban paralizados del miedo.

Sin embargo, gracias a las estrictas órdenes del Rey Demonio Siegfried y del Arcángel Supremo Miguel, la situación nunca llegó a salirse de control.

Cada vez que un ángel y un demonio comenzaban a discutir, los soldados de Proatine corrían desesperadamente para mediar entre ambos.

Aunque sabían perfectamente que no habría una pelea física, no podían evitar sudar frío cada vez que los ángeles y demonios levantaban la voz o golpeaban la mesa.

‘Bueno, así es como se construyen los lazos’, pensó Siegfried con una sonrisa.

Estaba convencido de que sus relaciones mejorarían con el tiempo.

Aunque tuvieran culturas, creencias e incluso temperamentos diferentes, luchar codo a codo contra un enemigo común acabaría forjando vínculos profundos.

Después de ser templada por las llamas de la guerra, la camaradería entre las tres razas sin duda se volvería sólida.

Así, el Imperio Proatine formó una alianza sin precedentes entre humanos, ángeles y demonios.

Y con ello comenzó la preparación para la próxima guerra contra el Imperio Marchioni.

Por supuesto, esa no fue la única preparación.

Gracias a los esfuerzos de Siegfried, el Imperio Proatine avanzó a pasos agigantados en el campo de la magia. Los innumerables libros que había traído fueron estudiados por los magos imperiales, elevando sus capacidades a niveles completamente nuevos.

‘Solo espera. Voy a enviarte un regalo todavía más grande.’

A esas alturas, estaba seguro de que el emperador estaba echando humo por el regalo anterior, y no podía evitar emocionarse al pensar en darle una sorpresa aún mayor.

—¡Hora de pasar tiempo con mi querida hija!

A la mañana siguiente, Siegfried inició sesión temprano, ansioso por ver a Verdandi.

Después también planeaba pasar un rato con Brunhilde antes de comenzar sus actividades del día.

—¿Eh? ¿Qué es esto?

Siegfried frunció el ceño al notar que todo seguía oscuro.

—¿Me equivoqué al iniciar sesión?

Pensó eso porque el amanecer aún no había llegado.

Dentro del juego, el ciclo de día y noche del Imperio Proatine era idéntico al de Corea en el mundo real. Si el sol brillaba en Corea, también brillaba en Proatine. Si el sol se ponía en Corea, también se ponía en Proatine.

Siegfried se había levantado temprano, había hecho ejercicio, se había duchado, desayunado una ensalada de pechuga de pollo con café e iniciado sesión alrededor de las nueve de la mañana.

Para entonces, el sol ya debería haber salido en Proatine.

Sin embargo, no había ni rastro de él.

‘¿Leí mal la hora? Supongo que debió ser eso.’

Pensó que quizá se había confundido después de levantarse tan temprano.

Después de todo, sus horarios de sueño eran irregulares y ni siquiera había salido de casa.

—¡Kyuuu! ¡Patrón punk!

En ese momento, Hamchi apareció corriendo mientras gritaba presa del pánico.

—¡Algo anda mal! ¡Kyuuu!

—¿Eh? ¿Qué ocurre?

—¡El sol no salió! ¡Kyuuu!

—¿Qué?

—¡Ya es de mañana, pero el sol sigue desaparecido! ¡¿A dónde fue el sol?! ¡Kyuuu!

—¿Qué demonios estás diciendo…?

—¡Kyuuu! ¡Es verdad! ¡Ya son las nueve de la mañana y sigue sin haber sol! ¡Ni siquiera está nublado! ¡El sol desapareció!

—¿E-Eso siquiera es posible…?

Siegfried no lograba comprender lo que Hamchi estaba diciendo.

¿El sol no había salido?

¿El sol había desaparecido?

¿Qué clase de disparate era ese?

—¡Kyuuu! ¡Es verdad! ¡El sol realmente no salió! ¡Va retrasado!

—Oye, seguro que son las nubes cubriéndolo. No te alteres tanto.

—¡Kyaaaah! ¡No! ¡¿Por qué no le crees a Hamchi, patrón punk?!

—Iré a comprobarlo yo mismo. ¿Contento?

—¿Kyuu?

—Espera aquí.

Tras decir eso, Siegfried se elevó hacia el cielo.

Atravesó las nubes para comprobar personalmente si el sol realmente había desaparecido o si simplemente estaba oculto por el mal tiempo.

—¿Qué demonios…?

Murmuró completamente atónito.

Incluso después de atravesar las nubes y alcanzar la estratósfera, el sol seguía sin aparecer por ninguna parte.

A esa altitud debería haberlo visto sin falta.

Pero por más que buscó, no encontró ni rastro de él.

—¿De verdad… desapareció el sol?

Si el sol realmente había desaparecido, entonces el Reino Medio estaba condenado.

Sin el calor proporcionado por el astro, una era glacial sería inevitable.

Y el mundo entero acabaría congelándose.

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