La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 166

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  4. Capítulo 166 - El Joven Maestro es el Dios de la Suerte
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—Sí, haré todo lo posible. Lo lograremos —dijo Yu Jinli, apretando su pequeño puño con una expresión decidida.

Sin la guía de su shifu ni alguien que le señalara el error, solo le quedaba intentar una y otra vez hasta descubrir por sí mismo el paso correcto para mezclar los líquidos.

Yu Jinli colocó nuevamente los ingredientes en el horno. Esta vez eligió otra combinación: emparejó la flor dorada con la raíz de jade blanco, y la hierba de bambú amargo con el fruto bermellón. Sin embargo, el intento falló incluso más rápido que antes: el horno explotó justo cuando la primera pareja de líquidos se encontró.

Yu Jinli no se desanimó y continuó experimentando. En el cuarto intento, decidió mezclar la raíz de jade blanco con la hierba de bambú amargo por un lado, y las otras dos por el otro.

Pero antes de que pudiera completar la mezcla, sintió de pronto una oleada de dolor en su cuerpo. Era la sensación del agotamiento total, como un río que se seca. Gimió de dolor, y por supuesto, el intento volvió a fracasar.

—¡Castañita, qué pasa! —exclamó Jiang Mosheng, al ver su expresión de sufrimiento. Corrió hacia él y lo sostuvo para que no cayera.

—N-no pasa nada… estaré bien después de descansar un poco —murmuró Yu Jinli.

No se dio cuenta hasta ese momento de que su poder espiritual se había agotado casi por completo, y que incluso estaba al borde de la sobrecarga. Ese punzante dolor era precisamente la señal del agotamiento.

Tan concentrado había estado en fabricar el elixir y analizar la forma correcta de combinar los líquidos medicinales, que no notó que su poder espiritual ya no era tan abundante como antes. Y fabricar elixires consumía una enorme cantidad de energía espiritual. Era casi un milagro que solo ahora hubiera llegado al límite.

Si hubiera logrado mezclar los líquidos y se hubiese dado cuenta del agotamiento en el siguiente paso —que requería aún más energía—, habría sido realmente peligroso.

Yu Jinli se sintió afortunado de haberlo notado a tiempo.

Jiang Mosheng, preocupado, colocó una corriente de su propia energía espiritual en el cuerpo de Yu Jinli y enseguida percibió el problema. De inmediato intentó aumentar la transmisión de energía, pero Yu Jinli lo detuvo.

—Ah Sheng, este lugar está lleno de energía espiritual. Puedo recuperarme absorbiéndola directamente. Tú encárgate de protegerme —le pidió apresurado.

Jiang Mosheng quería seguir transfiriéndole energía para que no sintiera tanto dolor, pero tenía razón. Debía conservar su poder para protegerlo en caso de que surgiera algún peligro.

Aun así, lo sostuvo entre sus brazos mientras Yu Jinli cerraba los ojos y comenzaba a absorber frenéticamente la energía del entorno, transformándola en poder espiritual dentro de su cuerpo.

Los equipos de búsqueda regresaron y se disponían a informar a Jiang Mosheng, pero él les lanzó una mirada tan afilada que los líderes de grupo se tragaron las palabras al instante.

Entonces todos se dieron cuenta de que Yu Jinli estaba “durmiendo” en brazos del jefe. Su rostro estaba tan ennegrecido que, sin mirar de cerca, casi no lo habrían reconocido.

Llenos de confusión, los miembros del equipo se sentaron a cierta distancia para descansar.

¿Qué había pasado? ¿Por qué el joven maestro Yu tenía la cara tan negra y el cabello tan despeinado, como si acabara de sobrevivir a una explosión? Pero si el jefe estaba allí, ¿cómo podía haberlo dejado lastimarse?

No entendían nada y tampoco se atrevían a preguntar, así que guardaron silencio. Aquel enigma se convertiría en uno de los misterios sin resolver que llevarían en el corazón.

Yu Jinli permaneció en estado de meditación hasta la noche. Para entonces, ya había recuperado completamente su poder espiritual y se sentía lleno de energía.

Deseaba empezar a fabricar el elixir de inmediato, pero con tanta gente presente no era prudente hacerlo. Aunque todos los miembros del equipo habían sido seleccionados personalmente por Jiang Mosheng y eran de confianza, cuanto menos personas supieran de esto, mejor.

Además, solo le quedaba la última porción de materiales, así que sería mejor esperar al día siguiente y prepararlo todo con calma.

—¿Encontraron raíces de jade blanco hoy? —preguntó Yu Jinli.

Los miembros del equipo negaron con la cabeza, frustrados.

—Revisamos cada rincón de la montaña, pero no encontramos ninguna. Mañana buscaremos en otra —respondieron.

—Las raíces de jade blanco son raras. Es normal que no hayan hallado —los consoló Yu Jinli.

El joven más extrovertido, Zhou Kang, pareció recordar algo y dijo de repente:

—Joven maestro Yu, el jefe siempre dice que usted es el dios de la suerte, y yo también lo creo después de estos días. ¿Por qué no nos dice: “Mañana encontrarán raíces de jade blanco”? Tal vez así las encontremos de verdad.

Los demás lo miraron como si fuera un tonto, pero él ignoró sus miradas y observó a Yu Jinli con ojos llenos de esperanza.

—Mañana encontrarán raíces de jade blanco —dijo Yu Jinli, complaciéndolo.

—¡Gracias, joven maestro Yu! Seguro las encontraremos mañana —respondió Zhou Kang con entusiasmo y una confianza inexplicable.

Esa noche, Yu Jinli y Jiang Mosheng se dedicaron a cultivar.

Cuando amaneció, Yu Jinli se sintió más enérgico que nunca. Tal vez esta vez lograría fabricar el elixir.

Mientras tanto, los equipos de búsqueda salieron nuevamente a explorar.

El destino del grupo de Zhou Kang era otra montaña nevada cercana al Monte Kunlun. Desde que entraron en el área, Zhou Kang se sentía lleno de una confianza inusual.

—Hoy encontraremos raíces de jade blanco —dijo convencido.

Los demás lo miraron igual que el día anterior, como si estuviera loco, y no pudieron evitar echarle un balde de agua fría.

—El joven maestro Yu dijo que las encontraríamos hoy. Él es el dios de la suerte, así que la suerte estará de nuestro lado —replicó Zhou Kang con una sonrisa, sin pensar que sus palabras eran supersticiosas.

Sus compañeros prefirieron no discutir y se concentraron en buscar.

Una hora después, un grito de sorpresa rompió el silencio.

—¡Las encontré! ¡Las encontré! —gritó Zhou Kang emocionado.

Todos corrieron hacia él y, al ver la raíz de jade blanco casi invisible entre la nieve, quedaron mudos.

—¡Ja, se los dije! El joven maestro Yu es el dios de la suerte. Les dije que hoy la suerte estaría de nuestro lado. Miren, ¿no es una raíz de jade blanco? —exclamó Zhou Kang, sonriendo orgulloso.

Los demás: “…”

¿De verdad el joven maestro Yu era el dios de la suerte?

Habían registrado todo el Monte Kunlun el día anterior sin resultados, y ahora, en apenas una hora, este joven novato encontraba una. Era realmente… increíble.

En realidad, ninguno creía en dioses, ni siquiera cuando el jefe llamaba así a Yu Jinli; lo tomaban como una expresión cariñosa.

Pero después de que Zhou Kang hallara la raíz, esa convicción empezó a tambalearse. Y cuando volvió a gritar de alegría por segunda vez, se derrumbó por completo.

Dos raíces de jade blanco en una sola mañana. Todos se miraron incrédulos, como si soñaran.

—¿De verdad las encontramos? —preguntó uno, aun dudando.

—¡Claro! Las encontré yo mismo —respondió Zhou Kang con orgullo.

—¿Dos en una mañana? ¿No se supone que son extremadamente raras? ¿No habremos cometido un error?

Zhou Kang, ofendido, replicó:

—¿Cómo vamos a estar equivocados? Mírenlas bien: son blancas como la nieve, con raíces transparentes, exactamente como las describió el joven maestro Yu. ¡No hay duda!

—Llamé a los otros equipos y ninguno ha encontrado nada… —dijo el líder del grupo, dejando la frase inconclusa. Pero todos entendieron lo que quería decir.

—Se los dije, el joven maestro Yu es el dios de la suerte. Dijo que las encontraríamos hoy, y aquí están. Los demás no encontraron nada, pero nosotros sí —Zhou Kang ya se había convertido en un devoto fanático de Yu Jinli y creía plenamente en la suerte que él les había otorgado.

Aunque los demás no lo creyeron al principio, después de hallar dos plantas espirituales seguidas no pudieron negar la evidencia. Nunca habían tenido tanta suerte, así que la causa era más que evidente.

—Llevemos las raíces de jade blanco al joven maestro Yu. Las necesita con urgencia. Estará feliz al verlas —dijo Zhou Kang apresurado.

Así, el equipo emprendió el regreso de inmediato.

Y tomaron la decisión correcta, porque justo en ese momento Yu Jinli había fallado su quinto intento y se había quedado sin materiales.

Planeaba salir con Jiang Mosheng a buscar más cuando Zhou Kang regresó con las dos raíces recién halladas. Así pudo continuar su práctica sin interrupción. Además, cada vez se sentía más preparado y no quería perder tiempo.

—¡Increíble! Encontraron dos tan rápido —exclamó Yu Jinli al ver las raíces.

—Jajaja, fue gracias a la bendición que nos dio ayer. Tuvimos buena suerte. Joven maestro Yu, ¿por qué no nos dice otra cosa que necesite? —dijo Zhou Kang acercándose con una sonrisa.

El rostro de Jiang Mosheng se ensombreció de inmediato. Estiró la mano y, sujetándolo por el cuello, lo lanzó de vuelta junto a su líder de equipo.

Zhou Kang se levantó, haciendo una mueca. El jefe sí que era un verdadero celoso.

—Digamos “frutos bermellones por la tarde”. Seguro los encuentran —dijo Yu Jinli con generosidad.

Conocía bien su propia habilidad. Aunque no era tan exagerada como decían sus admiradores, sí podía traer un poco de buena suerte a los demás.

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