La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 167

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Ahora podía continuar con la elaboración del elixir, y tenía el presentimiento de que pronto tendría éxito.

Después de que el equipo de Zhou Kang encontrara dos frutos bermellón por la tarde, quedaron aún más convencidos de la identidad de Yu Jinli como dios de la suerte. Todos se volvieron sus fans leales y deseaban que el joven maestro Yu los bendijera con aún más buena fortuna.

Los resultados del equipo de Zhou Kang fueron tan alentadores que llamaron la atención de los otros grupos, que no habían conseguido gran cosa en todo el día.

Al enterarse de la razón por la que el equipo de Zhou Kang había logrado reunir tantos materiales, cada vez más personas iban a pedir la bendición de Yu Jinli.

Ahora, Yu Jinli tenía abundantes ingredientes para fabricar el elixir y ya no tenía que preocuparse por la escasez. Podía dedicarse por completo a la elaboración, sin distracciones y con total confianza.

El esfuerzo dio frutos. Tras otros cuatro días, Yu Jinli finalmente consiguió fabricar el elixir.

Los elixires, blancos como el cristal y relucientes, con una fragancia herbal, yacían ahora en la palma de Yu Jinli. Eran cinco en total, y cada uno estaba tan redondito y adorable que daban ganas de tragárselo de un bocado.

—Ah Sheng, mira. ¡Lo logré, lo logré! —dijo Yu Jinli exaltado, mostrándole en la mano los elixires purificadores de toxinas.

Jiang Mosheng había presenciado todo el proceso con sus propios ojos y sabía lo arduo que había sido fabricar esos elixires.

Acarició el suave cabello de Yu Jinli; sus ojos rebosaban afecto e indulgencia mientras lo elogiaba con una sonrisa:

—Mi castañita es increíble. Mamá y papá estarán tan felices cuando se enteren. Se sentirán orgullosos de ti también.

—Jeje… —Yu Jinli se sonrojó con el halago, tomó rápidamente uno de los elixires y se lo puso en la boca a Jiang Mosheng—. Toma tú uno primero. También hay que eliminar tus toxinas.

Ahora que ya dominaba el método correcto para fabricar los elixires y aún quedaban bastantes materiales, podía hacer más cuando hiciera falta. Además, papá solo necesitaba tomar uno para sanar. Aun así, aunque el efecto disminuyera con cada toma, seguir teniendo más elixires sería beneficioso para la salud.

Por otro lado, la toxina en el cuerpo de Jiang Mosheng era más abundante y más nociva. Aunque el elixir purificador de toxinas no podría eliminarla por completo, sí podría aliviarla. Incluso si solo lo hacía sentir un poco mejor, ya valía la pena.

El elixir se disolvió apenas tocó la boca. Jiang Mosheng sintió cómo un refrescante sabor herbal descendía por su garganta. Luego, la energía espiritual y el poder medicinal del elixir se precipitaron hacia la toxina escondida en su cuerpo y comenzaron a purificarla.

Jiang Mosheng lo percibió con atención. Era cierto: la toxina se había reducido gracias al elixir, y todo su cuerpo se sentía más ligero y ágil.

La toxina del supermente zerg —que los médicos de toda la Federación no habían conseguido curar— estaba siendo purificada por ese elixir. Asombroso. Estaba convencido de que cualquier otro tipo de toxina sería eliminado de inmediato.

Sorprendido, Jiang Mosheng también sintió que el peso sobre sus hombros se hacía más grande. Si la existencia de ese elixir milagroso llegaba a oídos de otros, habría muchas miradas codiciosas puestas sobre su pequeña castañita, y con ello más peligros para él.

Entendía que un talento sobresaliente estaba condenado a despertar envidia y, por ende, a resultar herido.

Por lo tanto —aunque hacer público ese elixir de efectos increíbles beneficiaría a la humanidad—, no lo haría, porque solo su pequeño era capaz de fabricarlo, y por muy bueno que fuera, jamás podría satisfacer la demanda aun trabajando sin descanso día y noche. Para entonces, el elixir se convertiría en un producto exclusivo de los ricos, inalcanzable para la gente común.

Si ese era el destino, no tenía sentido publicarlo.

Claro que, si se divulgaba, la familia Jiang obtendría gran provecho, porque las demás grandes familias sin duda tendrían que ceder ante ellos si querían el elixir. La familia Jiang ocuparía así una posición inquebrantable.

No obstante, Jiang Mosheng no sacrificaría a Yu Jinli por interés personal, y estaba seguro de que ni Jiang Zhentao ni Qiao Mulan aceptarían algo así.

Solo quedaban cuatro días para que Jiang Zhentao empeorara por la recaída de la toxina, mientras que el viaje de regreso en nave tardaba tres. Así que apenas les quedaba tiempo. Una vez fabricados los elixires, comenzaron los preparativos para volver.

Yu Jinli se quedó de pie en la Tierra, amando cada centímetro de ella, pero debía partir.

—Te traeré de vuelta —prometió Jiang Mosheng. Sabía que ese era el verdadero hogar de su pequeño. Pese a los milenios y a los cambios, el hecho de que alguna vez hubiese vivido allí no cambiaría jamás.

—Sí. ¡Volveremos! —respondió Yu Jinli con seriedad y una mirada firme.

—¡Volveremos! —reafirmó Jiang Mosheng.

De hecho, seguramente habría un segundo viaje a la Tierra, porque, aunque el elixir purificador de toxinas podía aliviar la toxina en los cuerpos de Jiang Mosheng y Jiang Zhentao, no podía curarla por completo.

Para eliminarla del todo se requería el elixir que disipa el funesto destino, cuyos ingredientes también debían encontrarse en la Tierra.

No había prisa. Ese elixir era de cuarto nivel, mientras que la habilidad de Yu Jinli para fabricar elixires acababa de ascender al tercer nivel. La diferencia de dificultad entre ambos era enorme.

En el arte de la alquimia, entre el tercer y el cuarto nivel había una línea divisoria. No era fácil cruzarla.

Durante el regreso, todos iban con el ánimo más ligero, porque los elixires ya estaban hechos y Jiang Zhentao sería salvado.

Tres días después, la nave espacial aterrizó puntualmente en la estrella capital. Para evitar llamar la atención, no se posó directamente en la residencia Jiang; dio una vuelta por las afueras y se estacionó en un lugar discreto.

Jiang Mosheng y Yu Jinli se disfrazaron y se apresuraron a regresar a casa.

Los espías enviados por Yu Hongrui y otros para vigilar a la familia Jiang vieron a personas sospechosas entrar en la residencia y comenzaron a informar a sus respectivos superiores.

Preocupado por el estado de Jiang Zhentao, Jiang Mosheng no tenía tiempo de ocuparse de los espías, pero, con una sola mirada de reojo, hizo que todos se estremecieran y no recuperaran el pulso normal hasta que él ya llevaba rato dentro. Fue como si hubieran hecho un recorrido por el infierno.

—Mamá, ya volvimos —llamó Yu Jinli alegremente en cuanto entró.

Qiao Mulan ya había recibido la noticia de su retorno y esperaba ansiosa en la sala. De no ser por la necesidad de mantener la discreción, habría ido personalmente a recogerlos.

—Castañita, ¿cómo va lo del elixir? —al ver a Yu Jinli, Qiao Mulan se emocionó de inmediato y preguntó con nerviosismo.

Tenía pensado preguntar si los dos niños habían enfrentado algún peligro, pero en ese momento su mente estaba ocupada solo por la imagen de Jiang Zhentao débil en la cama, y no pudo formular ninguna otra pregunta.

Por suerte, Jiang Mosheng y Yu Jinli entendían bien las ansiedades y preocupaciones de Qiao Mulan y no se ofendieron.

Yu Jinli le mostró un pequeño frasco de jade en la mano y sonrió:

—Aquí están los elixires. Lo logré.

Qiao Mulan miró el brillante frasquito de jade; los ojos se le humedecieron al instante y abrazó con fuerza a Yu Jinli. Su corazón, suspendido por casi dos semanas, por fin se aquietó.

—Gracias, castañita, gracias… —sollozó Qiao Mulan.

Yu Jinli era la estrella de la suerte de su familia. Sin él, quizá su hijo y su esposo ya la habrían dejado, y ella no lo habría soportado.

¡Fue su pequeña castañita quien los salvó a ellos y a la familia Jiang!

—Mamá, ¿cómo está papá ahora? Vayamos a verlo primero —dijo Yu Jinli, dándole suaves palmaditas en la espalda para calmarla.

—Sí —respondió ella. Aunque tenía lágrimas en el rostro, sus labios se curvaban hacia arriba: eran lágrimas de alegría.

Se secó la humedad con rapidez y dibujó una sonrisa más luminosa, para presentarse con el mejor aspecto ante la persona más importante para ella.

Los tres se encaminaron al dormitorio de Jiang Zhentao. Qiao Mulan abrió la puerta con cuidado, para no asustar al hombre que estaba dentro.

—Entren —susurró Qiao Mulan a Jiang Mosheng y Yu Jinli.

—¿Eres Lan-er? —preguntó Jiang Zhentao con una voz ronca que ya no sonaba como la de un hombre de mediana edad.

—Sí. Ah Sheng y castañita han vuelto. Vinieron a verte —Qiao Mulan se acercó de prisa a la cama, le acomodó cuidadosamente el edredón y luego acercó un vaso de agua. Humedeció un algodón y le mojó los labios resecos y agrietados.

Solo entonces Yu Jinli lo vio con claridad y se quedó atónito por un segundo.

Tal vez por la infección de la toxina, Jiang Zhentao lucía ahora demacrado; en su rostro pálido y enfermizo, sus ojos habían perdido el brillo y parecía incapaz de enfocar.

Jiang Mosheng dio zancadas hasta la cama y agitó la mano frente a los ojos de Jiang Zhentao. Como esperaba, su padre no reaccionó. Al instante, el rostro de Jiang Mosheng se ensombreció.

—No te preocupes. Supongo que la infección se extendió a los ojos. Luego volveremos a suprimir la toxina, y cuando papá tome el elixir, podrá ver de nuevo —dijo Yu Jinli, tomando la mano de Jiang Mosheng para reconfortarlo.

—Castañita… —al oír la voz de Yu Jinli, Jiang Zhentao tanteó el aire con la mano, con su sonrisa afable de siempre.

Yu Jinli se apresuró a tomar esa mano extendida:

—Papá, ya volvimos.

—Les agradezco lo que han hecho. Llevo muchos años con esta toxina y ya me he acostumbrado. Perdón por haberlos hecho preocupar a ti y a Lan-er esta vez —dijo Jiang Zhentao con disculpa.

—Papá, no te preocupes. Estoy aquí —dijo Yu Jinli animado, dándose una palmadita en el pecho.

Curaría la toxina tanto de su padre como de Ah Sheng y los haría volver a estar tan sanos como antes.

Al escucharlo, tanto Jiang Zhentao como Qiao Mulan sonrieron, y la mirada con que veían a Yu Jinli se volvió aún más cálida y cariñosa.

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