La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 165

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  4. Capítulo 165 - Bendecido por el Cielo
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Yu Jinli y Jiang Mosheng caminaban al frente, mientras el resto del personal los seguía detrás. Al ver a Yu Jinli, que parecía una gran bola de nieve en medio del paisaje nevado, no pudieron evitar murmurar entre ellos.

—El traje protector que llevamos se ajusta automáticamente a la temperatura. Apostaría a que el joven maestro Yu también lleva uno. ¿Por qué sigue vistiendo tantas capas? —preguntó en voz baja un joven de carácter alegre.

—Hay un tipo de frío que se llama “el jefe cree que tienes frío” —respondió su compañero con calma.

El joven rascó su cabeza, confundido, sin entender la respuesta. Aun así, como era lo que el jefe quería, ellos, como subordinados, no debían decir nada.

El Monte Kunlun abarcaba un territorio enorme, así que el equipo se dividió en varios grupos para buscar. De otra forma, no terminarían la misión ni en muchos días.

Por suerte, las personas de la era interestelar contaban con tecnología avanzada y habían creado un dispositivo especializado en detectar nuevas plantas.

En la era interestelar, las plantas eran cada vez más escasas, especialmente los alimentos naturales comestibles. Por eso se inventó este aparato, que permitía detectar plantas en la naturaleza con el fin de descubrir más alimentos naturales.

Había que admitir que el poder de los glotones no debía subestimarse, sin importar la época.

Ahora, ese detector podía usarse para encontrar raíces de jade blanco.

Cualquier nueva planta no registrada en el dispositivo podía ser detectada por él.

Aunque en la Tierra había muchas plantas que el detector no reconocía, estas se registraban automáticamente al ser detectadas por primera vez, lo que hacía las búsquedas mucho más prácticas.

Por supuesto, los registros también podían eliminarse manualmente, así que, después de encontrar una raíz de jade blanco, podían borrar la entrada y continuar buscando otra.

Cada equipo llevaba un detector y se dispersó en cuatro grupos para buscar las raíces.

Las raíces de jade blanco eran plantas espirituales de alto nivel y bastante raras, así que Yu Jinli no estaba seguro de si encontrarían alguna en el Monte Kunlun.

Pero como no había mejor alternativa, solo podían ir montaña por montaña, esperando que la suerte los acompañara.

Yu Jinli era probablemente un koi afortunado bendecido por el cielo, porque, tras recorrer apenas dos millas, él y Jiang Mosheng encontraron rastros de la planta en un rincón pequeño.

Como su nombre indicaba, la raíz de jade blanco era la raíz de una planta completamente blanca como el cristal, tan translúcida que casi se confundía con la nieve circundante. Si no se observaba con atención, sería fácil pasarla por alto.

Por fortuna, contaban con el detector, o la búsqueda habría sido aún más difícil.

La raíz que hallaron no era muy grande, medía alrededor de diez centímetros, pero bastaba para que Yu Jinli intentara fabricar el elixir cuatro o cinco veces.

Con sumo cuidado, Yu Jinli retiró la nieve alrededor y excavó con cautela, procurando no dañar la raíz ni disminuir su eficacia medicinal.

El tiempo que le tomó desenterrar la raíz fue casi igual al que habían empleado en encontrarla. Un impaciente jamás habría podido completar la tarea, pero Yu Jinli era paciente y meticuloso; y al tratarse de una planta tan valiosa, su paciencia creció aún más.

Finalmente, logró extraer la raíz de jade blanco y de inmediato la guardó en una caja de hielo que había traído consigo, para evitar que su energía espiritual se disipara.

—Ah Sheng, por fin tenemos todos los ingredientes. Ya puedo comenzar a fabricar el elixir —dijo Yu Jinli, entusiasmado.

Llevaban dos días en la Tierra, más el tiempo de viaje, cinco días en total. El regreso tomaría otros tres, así que en realidad solo le quedaban seis días para practicar.

Tenía que fabricar el elixir dentro de ese plazo; no podía permitirse ningún retraso.

De inmediato, Yu Jinli pidió al resto del personal que siguiera buscando más raíces en el Monte Kunlun, mientras él y Jiang Mosheng regresaban rápidamente a la nave. Era hora de comenzar la refinación del elixir.

Antes de venir a la Tierra, Yu Jinli ya había planeado fabricar el elixir allí mismo si reunían los materiales, para no quedarse corto en caso de necesitar más.

Además, era más seguro hacerlo en la Tierra, donde no correrían el riesgo de ser espiados.

Por eso, antes de partir, Yu Jinli había mandado fabricar varios hornos de elixir según los recuerdos que tenía de los antiguos. Después de todo, nunca se sabía qué podía suceder durante el proceso, y los hornos a veces explotaban. No estaba de más tener varios de repuesto.

Claro que la calidad de esos hornos no podía compararse con los que él y su shifu usaban antes, pero dadas las circunstancias, no había alternativa.

Sacando los hornos de la nave, Yu Jinli se sentó frente a uno, cerró los ojos y repasó mentalmente todo el proceso de elaboración del elixir.

Los materiales que tenía le permitirían intentarlo unas cuatro o cinco veces, pero no podía desperdiciar ninguno, porque nadie sabía si tendría éxito antes de agotarlos.

Nunca antes había practicado con un elixir de tercer nivel, ya que su habilidad no era suficiente. Y ahora, con su cultivo más débil que antes, la posibilidad de fallar era alta. Por eso debía ser más cuidadoso que nunca.

Tras repasar el proceso una y otra vez en su mente, asegurándose de no cometer errores en ningún paso, Yu Jinli respiró hondo y finalmente comenzó.

Jiang Mosheng no podía ayudarle directamente en la elaboración, así que se mantuvo alerta, protegiéndolo.

El elixir purificador de toxinas se elaboraba con hierba de bambú amargo, flor dorada, fruto bermellón y raíz de jade blanco. Yu Jinli procesó primero las cuatro hierbas y luego las introdujo en el horno una a una, monitoreándolas con su conciencia espiritual. Dividió su energía espiritual en cuatro corrientes para separar y fundir las plantas en líquido, mientras inyectaba constantemente energía espiritual.

Después de eliminar las impurezas de los cuatro líquidos medicinales, los controló con su poder espiritual y los mezcló.

Con un fuerte ¡bang!, el horno explotó. El rostro blanco de Yu Jinli quedó manchado de hollín y su cabello erizado por la explosión.

—¡Castañita! —al oír el estruendo, Jiang Mosheng corrió hacia él tan rápido como pudo, mirándolo con preocupación.

—Estoy bien —respondió Yu Jinli agitando la mano para tranquilizarlo.

Las explosiones eran comunes cuando practicaba la fabricación de elixires. Lo único que lamentaba era haber perdido los materiales. Ahora solo le quedaban cuatro porciones.

Yu Jinli repasó mentalmente todo el proceso, sin omitir ningún detalle, intentando encontrar el error.

Al verlo pensativo, sin más daño que el hollín en su rostro y el cabello despeinado, Jiang Mosheng se relajó, le acomodó el cabello con una sonrisa divertida y lo dejó pensar.

No había fallado en ningún paso ni en la purificación de impurezas; la explosión se produjo al intentar mezclar los cuatro líquidos. Yu Jinli repasó el proceso, analizando dónde podría haber estado el problema.

Había leído la fórmula y los pasos de elaboración del elixir en el cuaderno de su shifu, y su memoria era tan buena que recordaba todo con una sola lectura.

Tras media hora de reflexión, Yu Jinli abrió los ojos. Sin preocuparse por su cabello despeinado, tomó otra porción de materiales, su expresión seria y concentrada.

No había errores en la fusión ni en la purificación; el problema debía estar en el paso más difícil: la mezcla de los líquidos.

En el intento anterior había tratado de fusionar los cuatro líquidos a la vez, lo que resultó en fracaso. Esta vez decidió mezclar solo dos a la vez.

Primero combinó los líquidos del fruto bermellón y la raíz de jade blanco, luego los de la flor dorada y la hierba de bambú amargo. Obtuvo así dos líquidos medicinales, diferentes en tamaño, que intentó unir.

Otro ¡bang! resonó. El horno volvió a explotar. El rostro de Yu Jinli quedó aún más negro y su cabello más esponjado que antes.

Habiendo presenciado esto una vez, Jiang Mosheng no se alarmó. Sus ojos miraban con ternura y paciencia a Yu Jinli, absorto y pensativo.

Así era su pequeño. Cuando se concentraba en algo, nada podía distraerlo. Incluso con el rostro tiznado y el cabello chamuscado, esa expresión seria y concentrada le resultaba adorable.

“¿Dónde demonios está el problema?” Yu Jinli frunció el ceño, desconcertado.

No le preocupaban las explosiones, ya que las había previsto y tenía una habitación llena de hornos de repuesto. Lo que realmente le dolía era desperdiciar los materiales, tan difíciles de conseguir.

—¿Qué fue lo que salió mal, por el amor del cielo? —murmuró para sí.

La mezcla de los líquidos era un paso indispensable; solo así los efectos medicinales podían fusionarse para crear un nuevo poder capaz de eliminar la toxina.

Pero no lograba superar esa fase. Si su shifu estuviera allí, sin duda identificaría el error al instante.

Yu Jinli se sintió algo desanimado.

—No te preocupes, tómate tu tiempo. Yo me encargaré de conseguir más materiales —lo consoló Jiang Mosheng al verlo abatido.

Yu Jinli respiró hondo y ajustó su estado de ánimo. Sabía que un mal humor solo provocaría más explosiones.

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