¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 96

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Ante esas palabras, Su Majestad el Emperador se quedó inexpresivo por un momento. Luego estalló en carcajadas, como si hubiera escuchado algo increíblemente gracioso, y se sentó despreocupadamente en la cama de Eddie.

Después, con una expresión muy divertida, abrió la boca.

—Sabes, deberías agradecer que el difunto Emperador fuera un ermitaño. Si no hubiera sido de esos que en su juventud solo iban a la academia, habrías pasado toda tu vida escuchando: «¿Oh? ¡Es el hijo del Emperador!», solo por tener esa cara.

—¿…?

—Yo soy el que no se parece a él.

Aunque el difunto Emperador era su propio padre, cuando lo mencionó no hubo ni una pizca de afecto en el rostro del Emperador.

Más bien parecía sentir repulsión, fastidio o incluso ira.

—No muchas personas recuerdan el rostro de Su difunta Majestad. Ni siquiera concedía las audiencias habituales a los nobles. Tampoco se reunía contigo con frecuencia. Con un hombre así sentado en el trono, la autoridad imperial cayó hasta el fondo, como si solo estuviera esperando que apareciera el Rey Demonio.

—Me sorprende más que haya logrado engendrarte fuera del palacio.

Aquellas palabras contenían una mezcla de hostilidad hacia el difunto Emperador y una admiración sarcástica por haber sido capaz de tener un hijo menor en medio de todo aquello.

—En cualquier caso, por suerte para ti, solo algunos de los nobles que asistieron a la academia con él recuerdan su rostro.

—…

—Sí. Por ejemplo, ¿el conde Demays?

Eddie parpadeó un momento, preguntándose quién era el conde Demays, pero enseguida recordó el rostro del noble de bigote que lo había acosado en el pasado.

¡El hombre que lo había mirado con una expresión cargada de emoción y había dicho que se parecía a la persona que admiraba y amaba!

Entonces…

¿El amor no correspondido del que había hablado era el difunto Emperador?

Al ver a Eddie con la boca abierta ante lo absurdo de que el Emperador supiera perfectamente que aquel hombre lo había acosado, este añadió:

—Aunque solo seamos hermanos por parte de padre, eso no cambia el hecho de que somos hermanos. ¿O es que ahora ya no quieres considerarme como tal?

En las obras de ficción era bastante común que un hijo ilegítimo de la familia imperial creciera fuera del palacio y terminara convirtiéndose en una figura similar a un rey del mundo clandestino.

Pero Eddie nunca había tenido relación con ningún mundo clandestino.

Incluso las personas de la facción nobiliaria de las que se había ocupado por medio de Ebon, estrictamente hablando, no habían sido eliminadas bajo órdenes que Eddie hubiera dado en su estado actual.

Eddie no tenía ninguna razón para sentir hostilidad hacia el Emperador.

Negó con la cabeza.

—No, no es eso.

—Hmm.

El Emperador se acarició la barbilla y observó a Eddie.

Sus ojos brillaban con agudeza, como si intentara descubrir qué intención se escondía tras sus palabras, pero se suavizaron un poco cuando Eddie apartó la mirada con una expresión ligeramente incómoda.

—Entonces, si no es eso, ¿por qué mi querido hermano me haría de pronto una pregunta semejante?

—…

—En ese caso, Paki, mira esto.

Señaló la cicatriz de su frente.

Aunque con el paso del tiempo se había vuelto blanca, la marca seguía siendo clara y demostraba que en su momento había sido una herida bastante grande.

En circunstancias normales, Eddie no debería haber sabido nada al respecto.

Sin embargo, era una cicatriz que le resultaba imposible no reconocer.

—…Hermano, estabas jugando sobre la puerta, te caíste y había una roca ahí…

—Exactamente.

El Emperador sonrió ampliamente.

—¿Fue cuando tenías siete años? Fui a jugar al lugar donde te hospedabas y ocurrió el accidente. Si decía que me había lastimado, habrían armado un escándalo y me habrían llevado con el médico imperial sin importar si la herida era grave o no. Como no quería regresar al Palacio Imperial, solo me limpié la sangre de cualquier manera y al final me quedó esta cicatriz.

El relato que contaba mientras recordaba el pasado era muy parecido a un incidente ocurrido entre Lee Jeong-hoon y Lee Jeong-han, aunque algunos detalles eran distintos.

Lee Jeong-han había estado jugando sobre la puerta de la casa de campo cuando cayó y se golpeó la frente contra una roca. Ambos habían mantenido el accidente en secreto porque temían que sus padres los regañaran.

—Este es un secreto que solo tú y yo conocemos.

—…

—¿Y aun así dices que no eres mi hermano?

Salvo por el cabello rubio, era idéntico a Lee Jeong-han en apariencia, personalidad e incluso en sus recuerdos compartidos.

Si aquella persona no era su hermano, entonces ¿quién podría serlo?

Era distinto.

Algunas cosas, sin duda, eran diferentes.

Aquel hombre había crecido como Emperador en ese mundo, y tanto el lugar en el que había vivido como los años que había experimentado eran completamente distintos de los de Lee Jeong-han.

Pero, aun así, era el hermano de Eddie y tenía muchas más similitudes con Lee Jeong-han que diferencias.

Y, al mismo tiempo, era también el hermano de Lee Jeong-hoon.

Un ser exactamente igual al hermano que había creído perdido y al que pensaba que jamás volvería a ver.

Eddie no podía apartarse de alguien así.

Tampoco sabía cómo hacerlo.

—Hermano.

—Sí.

—¿Podrías llamarme Jeong-hoon solo una vez?

El Emperador inclinó la cabeza ante la repentina petición de Eddie.

Sin embargo, enseguida pronunció aquel nombre, como si fuera incapaz de negarse a lo que le pedía.

—Jeong-hoon.

Por un instante, Eddie sintió que el corazón se le desplomaba.

Y, en otro sentido, también sintió alivio.

Así era.

Aquel hombre, que no había reaccionado en absoluto al escuchar ese nombre, no era Lee Jeong-han.

Si Lee Jeong-han hubiera poseído a alguien en ese mundo, ya se habría sorprendido al oírlo.

Así que, mientras pensaba que era un alivio y que no debía haberle ocurrido nada a Jeong-han, Eddie sintió que una opresión y una tristeza inexplicables le llenaban el pecho.

Su hermano lo estaba llamando.

La persona a la que había añorado incluso en sueños pronunciaba el antiguo nombre que él había intentado olvidar.

Con un rostro idéntico al que tanto había extrañado.

Con una voz que sonaba exactamente igual.

¿Cómo no iba a sentirse triste?

—Jeong-hoon.

En el pasado, todos los que lo conocían lo llamaban así.

El nombre que había olvidado, el nombre que creía haber perdido, salió de la boca del Emperador, que tenía el rostro de Lee Jeong-han, y Eddie sintió como si estuviera a punto de vomitar sangre.

Lo extraño.

Las emociones que había intentado olvidar mientras ordenaba los recuerdos de un pasado que había quedado muy atrás volvieron a llenar su corazón con un peso insoportable.

Te extraño, hyung.

Mientras contemplaba al ser que tenía delante, que era su hermano y al mismo tiempo no lo era, Eddie tardó mucho en responder, conteniendo sus emociones.

—Sí.

Eddie sonrió, reprimiendo el impulso de añadir:

Jeong-han, hyung.

Esperó que su sonrisa pareciera natural.

Había llegado la hora de que el Emperador y su séquito abandonaran la posada.

Hasta el último momento, el Emperador le prometió varias veces a Eddie que regresaría pronto.

—Esta vez vine únicamente porque quería verte. Nos veremos de nuevo, Paki.

Después de decir aquello, volvió a adoptar la apariencia de anciano con la que había llegado y salió primero de la posada.

El marqués Rivalt también siguió al Emperador después de intercambiar una mirada con Gerold y Ebon.

En cuanto los ruidosos visitantes desaparecieron, la posada quedó sumida en el silencio.

Eddie, que había estado despidiendo al Emperador con una sonrisa mientras agitaba la mano, borró toda expresión de su rostro apenas este desapareció, como si hubiera alcanzado su límite.

Incluso él, que siempre parecía llevar una sonrisa, estaba exhausto ese día.

Ya no le quedaba energía para seguir sonriendo.

Ketron, que lo observaba con atención mientras soltaba un profundo suspiro, se acercó.

—Eddie, ¿estás bien?

Eddie reunió todas las fuerzas que pudo para sonreírle a Ketron, que lo miraba con preocupación.

—Sí, estoy bien.

Por supuesto, no estaba bien en absoluto.

Ketron también parecía haber mantenido una larga conversación con el marqués Rivalt, y habría sido bueno saber de qué habían hablado.

Pero en ese momento, por más que Eddie intentara reunir la voluntad necesaria, no podía encontrarla.

—Ket, perdona por haberte hecho esperar y luego ponerme así. Estoy un poco cansado. ¿Podemos hablar mañana?

Al final, Eddie renunció a hablar con Ketron ese día.

Ketron examinó su rostro durante un rato, pero, al reconocer el profundo agotamiento que mostraba, asintió enseguida y dijo que lo entendía.

Eddie regresó directamente a su habitación.

Contempló en silencio la caja de música que el Emperador había estado manipulando, la colocó en una vitrina poco visible, se subió a la cama y se cubrió con la manta.

Aunque su cuerpo estaba terriblemente cansado pese a no haber hecho nada, no parecía que fuera a poder dormir.

Sin embargo, el sueño lo atrapó al instante, como por arte de magia.

Su conciencia volvió a ser absorbida por cierto espacio.

Sin que él siquiera lo notara.

Ah, es mi habitación.

Eddie, que contemplaba distraídamente el techo, comprendió dónde se encontraba al reconocer los alrededores.

La razón por la que se había quedado en blanco durante un rato parecía ser que no estaba en su apartamento, sino en la habitación que tenía en casa de sus padres.

¿Cómo terminé durmiéndome aquí?

Intentó recordar sus confusas memorias, pero no pudo.

Tenía la cabeza nublada, probablemente porque estaba muy cansado.

En su habitación de la casa familiar había bastantes cosas sin ordenar.

Había llevado muchas a su apartamento, pero, gracias a su apodo de vendedor ambulante, siempre tenía objetos repartidos por todas partes.

Jeong-hoon se levantó de la cama y se estiró.

¿Por qué estoy aquí? ¿Cuándo vine a casa de mis padres? Ya que estoy aquí, ¿debería llevarme la consola que pensaba recoger la última vez?

La habitación estaba casi igual que siempre, aunque parecía tener un poco de polvo.

¿Hace tanto que no vengo? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Ni siquiera podía saber qué día de la semana era.

No sabía si era un día laboral o fin de semana.

Como estaba en casa, parecía que debía ser fin de semana, pero al mismo tiempo también tenía la impresión de que era un día entre semana.

¿Por qué no puedo recordar nada?

Jeong-hoon inclinó la cabeza mientras miraba a su alrededor y salió lentamente de la habitación.

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