¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 95
—Eddie, ¿estás seguro de esto?
Ketron se colocó delante de Eddie para protegerlo, como si no pudiera confiar en el Emperador. El marqués Rivalt, que estaba detrás, fulminó a Ketron con la mirada por mostrarse tan abiertamente precavido ante el Emperador pese a ser súbdito del Imperio, pero a Ketron no le importó.
¿Acaso un gato elegía cuándo bufar y cuándo no?
Eddie soltó una risita al verlo comportarse así.
—No pasa nada con él.
Al menos, probablemente no, a juzgar por su rostro.
Eddie no añadió esas palabras que se guardó para sí y se limitó a tranquilizar a Ketron.
—Ket, ¿puedes quedarte despierto y esperarme hasta que regrese?
Últimamente, cada vez que se sentía intranquilo, Eddie buscaba a Ketron como si fuera su refugio.
Al escuchar aquello, Ketron comprendió que, aunque Eddie aparentara estar bien, en realidad se encontraba bastante inestable.
Sin embargo, ya no podía detenerlo. Tanto Eddie como el Emperador querían hablar a solas.
Chasqueó la lengua y se apartó.
Cuando Ketron asintió, Eddie se llevó al Emperador. Ambos subieron al segundo piso, aparentemente rumbo a la habitación de Eddie.
A pesar de ser el Emperador y, en teoría, alguien extremadamente cuidadoso con su seguridad, ni él ni el marqués Rivalt parecían preocupados por dejarlo a solas con Eddie en un lugar desconocido.
Como si no desconfiar de Eddie fuera lo más natural del mundo.
Ketron quería averiguar de qué hablarían, igual que había querido hacerlo con Augustine, pero contuvo el impulso.
Eddie había prometido regresar, así que podría preguntarle qué habían hablado cuando terminara la conversación.
Alguien de la posición del Emperador no maltrataría a Eddie y, además, la Espada Sagrada estaba en su habitación. Incluso si algo salía mal, no se produciría el peor de los escenarios.
—Tú debes de ser Ketron.
El marqués Rivalt se dirigió a Ketron, que seguía mirando fijamente las escaleras por las que Eddie había subido.
Al girar la cabeza, Ketron vio a un noble de cabello negro y ojos azules, muy parecido a Gerold, observándolo con severidad.
—Tú y yo tenemos algunas cosas de las que hablar.
Detrás de él, Gerold suspiró en voz baja.
Ya fuera el hermano mayor o el menor, ambos tenían la misma actitud autoritaria.
Con aquel pensamiento indiferente, Ketron asintió y tomó asiento en una mesa cercana.
Así comenzó una larga conversación.
Eddie condujo a su hermano, el emperador Ricarius, hasta su habitación.
El Emperador entró por primera vez y observó el lugar con bastante curiosidad.
No es que hubiera mucho que ver, pues Eddie llevaba un estilo de vida bastante minimalista.
Entonces vio la caja de música sobre la mesa auxiliar y la abrió de inmediato con una expresión todavía más intrigada.
La canción de apertura de la caricatura que Eddie había estado escuchando llenó la habitación.
—Ebon trabajó mucho en esto. Incluso metió a Gerold en el asunto. ¿Te gusta? ¿Te gustó el regalo?
Es algo que antes te gustaba.
Eddie se limitó a contemplar al hombre que pronunciaba aquellas palabras sin decir nada.
Ya había oído antes el nombre del Emperador.
Ricarius Lasite Bergamin.
Le había parecido un nombre innecesariamente largo y complicado, pero resultaba que también tenía un hermano con un nombre igual de innecesariamente largo.
Pakirius.
Ese era el verdadero nombre de «Eddie».
Y su posición era la de hermano del Emperador.
Lo único seguro era que los dos no se parecían en absoluto.
Aunque alguien afirmara que eran hermanos, nadie lo creería.
Cuando Lee Jeong-hoon estaba junto a su hermano, todos decían:
«¡Vaya, se nota enseguida que son hermanos!».
Se parecían muchísimo.
Cuando era pequeño, ni siquiera sabía qué eran los gemelos y les había preguntado a sus padres:
«Mamá, ¿mi hermano y yo somos gemelos?».
Eso había hecho reír a todos.
Sin embargo, aquellos dos hermanos no se parecían en nada.
Bueno…
Quizá habría sido extraño que así fuera.
El rostro de Eddie era completamente distinto al de Lee Jeong-hoon.
Por lo tanto…
Era imposible que el Emperador, que tenía el rostro de Lee Jeong-han, se pareciera a Eddie.
La pequeña figura de Eddie girando, los personajes que le gustaban a Lee Jeong-hoon dando vueltas a su alrededor…
Y Eddie, o mejor dicho, Pakirius, compartía esos mismos gustos.
Tal vez la caja de música de Ebon y la propia existencia de Ebon fueran algo parecido a una advertencia dirigida a Eddie.
Una advertencia de que aquel mundo no estaba completamente desvinculado de «Lee Jeong-hoon».
Una advertencia de que un personaje que apenas había sido desarrollado en 〈El Héroe no oculta demasiado su poder〉 podía haber sido creado como alguien relacionado con Lee Jeong-hoon.
—Hermano.
Al escuchar a Eddie, el Emperador se volvió hacia él.
—¿Sí?
La forma en que sonrió con amabilidad al oírlo llamarlo de ese modo era exactamente igual a la de Lee Jeong-han.
Salvo por el cabello rubio, era el mismo rostro que Eddie recordaba.
Lee Jeong-hoon a los veintiocho años.
Lee Jeong-han a los treinta.
Sí.
Exactamente esa edad.
—¿Cuántos años tienes, hermano?
—Solo tienes que sumarle seis años a tu edad. ¿Lo olvidaste?
—A veces hasta olvido mi propia edad.
—Todavía no eres tan viejo como para eso, ¿no? Aunque yo también la olvido de vez en cuando.
El emperador Ricarius respondió con una sonrisa que tenía treinta años.
Exactamente la misma edad que Lee Jeong-han.
La conversación entre ambos fluía con absoluta naturalidad.
Eddie se encontraba claramente con él por primera vez, pero cuando veía aquel rostro y actuaba como solía hacerlo con su hermano, el Emperador respondía sin vacilar.
Como un hermano de verdad.
Como Lee Jeong-han.
Como si real y verdaderamente fuera Lee Jeong-han.
Pero eso no podía ser.
No debía serlo.
El corazón de Eddie latió con fuerza.
—¿Por qué no has dejado de llamarme «hermano» con tanto cariño desde hace rato? ¿Te sientes culpable por no haberme reconocido enseguida?
El Emperador cerró la caja de música y se acercó a Eddie.
Una mano conocida apartó suavemente el flequillo de su frente.
Incluso ese gesto le resultaba familiar, porque Lee Jeong-han solía hacérselo a Lee Jeong-hoon.
Lee Jeong-hoon y Lee Jeong-han eran hermanos muy unidos, casi como amigos.
Entonces…
¿Cómo debía interpretar Eddie al Emperador, que tenía el rostro de su hermano?
La misión principal de Ebon era asesinar.
La nota que había llevado Ebon.
Las palabras que decían que las tareas octava y novena habían sido completadas.
Las figuras clave de la facción nobiliaria asesinadas durante la novena tarea.
En realidad, al principio Eddie no había relacionado la nota de E con el marqués Meggin.
Más tarde, después de escuchar el mensaje de E, empezó a preguntarse si aquella nota podía referirse a eso.
Tras el incidente con el conde Almeida, comenzó a sospechar al ver otra nota de Ebon.
Y cuando contempló la caja de música y recordó cuál era el papel de Ebon, empezó a pensar…
Quizá Eddie pertenecía a la facción imperial.
Y quizá su posición dentro de ella era extraordinaria.
«Están intentando derribar el cielo».
En aquel momento, Eddie se había sentido confundido porque no comprendía por qué necesitaba saber algo así.
Pero aquellas palabras habían sido una advertencia de Ebon.
La facción nobiliaria se estaba preparando para atacar al Emperador.
Eddie tenía que actuar.
Sin embargo, en ese momento no tenía ninguna información, así que no pudo hacer nada.
De pronto asustado, Eddie preguntó con voz inquieta:
—Hermano, ¿estás bien? La facción nobiliaria…
—No, Paki. Hoy no vine para hablar de eso. Solo vine a verte, así que no tenemos que hablar de trabajo.
Pero el Emperador interrumpió las preocupaciones de Eddie.
—Además, ya casi no te queda nada por hacer. ¿No es por eso que de pronto te has dedicado con tanto entusiasmo a la posada, aunque antes nunca te importara demasiado? Me intriga saber de dónde sacas todas esas cosas, pero siempre te ha gustado coleccionar objetos extraños, así que tampoco resulta tan raro.
El Emperador pareció quedarse pensativo por un momento.
Sin embargo, al sentir la mirada de Eddie, volvió a sonreírle cálidamente.
—Siempre me siento culpable contigo. También con Ebon y Gerold. Me pregunto si te he impuesto una carga demasiado grande, hasta el punto de que ni siquiera puedes vivir con tu verdadero nombre.
—…
—Pero espera un poco más. Te lo prometo. Pronto vendré a buscarte y entonces podremos vivir juntos en el Palacio Imperial. ¿De acuerdo?
Aquellas no eran palabras que describieran un futuro incierto.
Eran palabras cargadas de esperanza por un futuro que inevitablemente llegaría algún día.
Un futuro que se aproximaba poco a poco.
El Emperador hablaba con sinceridad.
Esperaba de todo corazón el día en que pudiera llevar a su hermano al Palacio Imperial y vivir junto a él.
Eddie estuvo a punto de asentir sin darse cuenta.
Quería hacerlo.
Quería decir que sí.
Que quería vivir con su hermano.
Quería pronunciar aquellas palabras débiles.
Solo porque ese rostro era el de Lee Jeong-han.
Pero…
Pero Eddie, Lee Jeong-hoon, era una persona transportada a otro mundo.
Y a menos que Lee Jeong-han hubiera muerto en el otro mundo y hubiera poseído ese cuerpo —una posibilidad que ni siquiera quería imaginar—, entonces el verdadero hermano de ese hombre no era Lee Jeong-hoon.
—¿Y si…?
Eddie vaciló un momento, pero finalmente preguntó.
Tenía que hacerlo.
—¿Y si yo no fuera tu hermano?