¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 75
No había tocado nada.
Nadie lo había tocado.
Y, aun así, le había bastado con ver a Ketron masturbándose mientras lo miraba para tener una erección.
Eddie la sentía de una manera demasiado evidente, con la parte inferior de su cuerpo rígida y presionando contra la ropa interior, así que terminó alzando un brazo para cubrirse el rostro.
¡Yo no soy quien está bajo una maldición! ¿Por qué demonios estoy excitado?
Se reprochó mentalmente, pero una excusa surgió por sí sola.
¿Cómo se suponía que no iba a excitarse cuando aquel hombre tan sexy estaba justo delante de él, mirándolo con esos ojos, hablando con esa voz y mostrando aquella expresión mientras se daba placer?
Además, ya no pudo contenerse cuando algo caliente, tanto que parecía a punto de quemarlo, salpicó su ropa interior.
Con los ojos húmedos, llamándolo constantemente por su nombre, respirando con dificultad mientras se masturbaba…
¿Cómo no iba a excitarse viendo algo así?
Pero, por mucho que intentara justificarse, seguía sintiéndose avergonzado.
La mirada de Ketron descendió hacia la ropa interior de Eddie, empapada por el semen pegajoso que él mismo había derramado.
—Eddie.
—…Ugh.
—Estás excitado.
Eddie quiso replicar mentalmente que ya lo sabía, pero no fue capaz de decirlo.
Estaba demasiado avergonzado.
Ketron frotó sobre la ropa interior de Eddie la mano cubierta de semen.
La tela, que ya estaba mojada por el líquido viscoso que había derramado, quedó todavía más empapada.
Los ojos de Ketron se oscurecieron durante un instante.
Después, los dedos que se deslizaban lentamente sobre la ropa interior engancharon el borde y tiraron de ella.
—¿Eh…?
Eddie se horrorizó al sentir que le quitaban su única defensa.
Apartó de inmediato el brazo con el que se cubría los ojos, pero ya era demasiado tarde para detenerlo.
La parte inferior de su cuerpo quedó expuesta.
La ropa interior que había resbalado por sus piernas terminó cayendo al suelo junto a la cama por obra de Ketron.
—…
—…
Eddie se quedó completamente inmóvil, apenas capaz de respirar.
Ketron contemplaba fijamente la parte inferior de su cuerpo, ahora al descubierto.
La habitación estaba oscura, pero Ketron seguramente podía verlo con tanta claridad como si fuera pleno día.
Abrumado por la vergüenza, Eddie intentó juntar las piernas por instinto.
Sin embargo, tuvo que detenerse porque la gruesa cintura de Ketron se interponía entre ellas.
Eddie cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos, sintiendo que iba a morir de vergüenza.
Entonces lo vio.
Aquello seguía completamente rígido, de una forma casi imposible de creer después de que acabara de correrse.
Eddie abrió mucho los ojos sin querer y preguntó:
—Ket, ¿no acabas de correrte…?
Pero, en cuanto formuló la pregunta, encontró la respuesta por sí mismo.
Ketron solo tenía veinte años.
Estaba en una edad en la que su vigor podía ser excesivo.
No sería extraño que su recuperación también fuera extraordinaria.
Además, había recibido la maldición del Nightmare.
Así que una recuperación tan absurda tampoco resultaba inexplicable.
Es decir…
Todavía…
—¿La maldición… sigue ahí?
No había terminado.
Al parecer, la maldición del Nightmare no podía eliminarse con una sola eyaculación.
Eddie levantó la vista hacia Ketron, como si le preguntara si estaba en lo cierto.
El hombre, que no había dejado de observarlo, asintió.
—Creo que tenemos que hacerlo un poco más.
Después de decirlo, Ketron acercó su miembro al de Eddie, que permanecía expuesto.
Eddie, que había bajado la guardia, se estremeció al sentirlos rozarse.
—Ah, espera, ugh…
Ketron sujetó al mismo tiempo el suyo y el de Eddie con una de sus grandes manos.
Apenas lograba abarcar el suyo por sí solo, así que, al añadir el de Eddie, no podía rodearlos por completo.
Pero era suficiente.
Muy pronto, Eddie quedó atormentado por un calor insoportable que hacía destellar su visión mientras la mano de Ketron se movía arriba y abajo.
Todo su cuerpo ardía.
La parte inferior, que estaba en contacto directo, parecía quemarse de verdad cada vez que ambos miembros se frotaban.
Sintió que la punta se humedecía rápidamente y que los troncos quedaban empapados.
No podía distinguir si el líquido preseminal era suyo o de Ketron.
Solo sabía que uno de los dos producía una cantidad considerable.
O quizá ambos.
Todo estaba mojado por el líquido transparente que seguía escapando.
—Hngh… ngh… ugh…
—Haa… Eddie.
Era una estimulación que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.
Desde que había llegado a aquel mundo, había estado demasiado ocupado adaptándose como para pensar siquiera en sus deseos o en la necesidad de aliviarse.
Quizá por eso toda la lujuria acumulada estalló de golpe.
El sonido húmedo era demasiado vergonzoso.
Pero la sensación del miembro de Ketron frotándose contra el suyo dentro de aquella gran mano resultaba tan placentera que Eddie tuvo que morderse con fuerza el labio para no mover las caderas inconscientemente.
Sin saber qué hacer, Eddie extendió una mano y empujó el pecho de Ketron.
Naturalmente, Ketron no se movió ni un centímetro.
Más bien, la piel que tocaba su palma estaba tan caliente que parecía que iba a quemarse.
Bajo su mano podía sentir los latidos frenéticos de su corazón.
¿Mi corazón también está latiendo así ahora mismo?
Mientras percibía cómo los firmes músculos pectorales se tensaban bajo su palma, la punta de sus dedos encontró un pezón.
Sin pensarlo, Eddie lo presionó como si pulsara un botón.
—Ugh…
Ketron, que estaba completamente concentrado, bajó la mirada hacia la mano que descansaba sobre su pecho.
Después, con un gruñido, inclinó la cabeza hacia el torso de Eddie.
Y le mordió el pezón.
—¡Ah!
No dolió.
Pero Eddie se sobresaltó tanto que soltó un gemido.
Ketron lo miró de reojo, como si se disculpara, y pasó la punta de la lengua por el pezón.
Después comenzó a chuparlo como un bebé.
Mientras hacía rodar aquella pequeña protuberancia dentro de su boca, el cuerpo de Eddie se estremeció sin querer.
Nunca antes había sentido placer en el pecho.
—Ket, espera… ahí no…
Eddie intentó detenerlo mientras su mente se quedaba en blanco, pero Ketron ni siquiera fingió escucharlo.
Al final, no apartó los labios hasta dejar el pezón hinchado.
—Haa… ngh…
Con Ketron pegado a su pecho, las manos de Eddie no encontraban dónde apoyarse.
Se movieron torpemente hasta alcanzar sus hombros, y después rodearon su cuello.
En cuanto Eddie lo abrazó con ambos brazos y lo atrajo hacia sí, un sonido semejante al gruñido de un animal volvió a surgir de la garganta de Ketron.
—¡Aaaah…!
Incluso en medio de todo aquello, la mano que sujetaba y sacudía sus miembros no se detuvo.
Eddie sintió que el clímax se acercaba en medio de una oleada de placer.
—Ket… creo que voy a correrme, más despacio…
Eddie suplicó.
Pero, como durante todo aquel acto, Ketron no lo escuchó.
Al contrario.
Los sonidos húmedos se volvieron todavía más fuertes.
Con los movimientos más bruscos de su mano, la fricción entre sus cuerpos se intensificó.
Y, en el instante en que su visión destelló, Eddie ya no pudo contenerse y eyaculó dentro de la mano de Ketron.
Como lo estaba abrazando con fuerza, el semen de Eddie se dispersó desordenadamente sobre su propio abdomen y los marcados músculos de Ketron.
—Hiss…
Al ver las huellas calientes esparcidas sobre su vientre, Ketron alcanzó el clímax poco después.
Lo que expulsó empapó con calor el abdomen de Eddie.
Eddie se estremeció al sentir aquel líquido ardiente, casi abrasador, deslizarse sobre su piel.
Durante un rato, en la habitación solo se escucharon respiraciones agitadas.
Ambos estaban cubiertos de sudor.
Ketron movió ligeramente las caderas, frotando su miembro, que ahora se había ablandado un poco.
Como los dos estaban completamente mojados, el movimiento produjo sonidos húmedos y vergonzosos.
Eddie abrió los ojos al escuchar aquel ruido y vio cómo seguían rozándose.
Sintió que quería desmayarse.
Además, los movimientos de cadera de Ketron, que habían mejorado rápidamente durante aquella breve noche, parecían bastante hábiles.
Eso le provocó sentimientos un tanto complicados.
—Ket… ¿ya estás bien…?
Eddie preguntó con la voz ligeramente ronca.
Ketron no comprendió de inmediato a qué se refería.
Pero poco después recordó que estaba preguntándole si la inexistente maldición del Nightmare que había mencionado ya había desaparecido.
—…
La mirada de Ketron abarcó por completo la imagen de Eddie tendido desnudo sobre la cama, empapado en sudor.
Todo su cuerpo brillaba por la humedad.
Su rostro estaba rojo.
El cabello mojado se le pegaba a la piel.
Alrededor de los ojos, enrojecidos por las lágrimas que habían brotado de manera involuntaria, la piel se veía húmeda y sensible.
Si bajaba un poco la mirada, podía ver el pezón hinchado de un solo lado.
También el cuello y el pecho que había mordido varias veces mientras perdía la razón.
Había pequeñas marcas rojizas dispersas por su piel y rastros de semen cerca del ombligo, donde se insinuaban los músculos abdominales, aunque sus líneas no fueran demasiado marcadas.
Y, más abajo…
Podía ver el hermoso miembro de Eddie, completamente empapado y desordenado.
Aún seguía goteando líquido mientras se rozaba contra el suyo.
Los ojos de Ketron se oscurecieron.
Al frotar contra Eddie su miembro, donde el calor volvía a despertar, Eddie se estremeció y movió las caderas.
Ketron negó lentamente con la cabeza.
—No.
La maldición todavía no se había deshecho.
—Aún no… un poco más…
Necesitaban hacerlo un poco más.
Eddie dejó escapar un gemido al escucharlo.
Su rostro era una mezcla caótica de vergüenza y pudor, completamente rojo y turbado.
Pero al final asintió al saber que la maldición todavía no había desaparecido.
Ketron no sintió culpa alguna por engañar a alguien que confiaba en él.
Más que eso, su mente estaba dominada por un pensamiento mucho más simple.
El rostro que lloraba tan hermosamente bajo su cuerpo era demasiado agradable de contemplar.
Ketron mordió con suavidad el otro pezón de Eddie, el que todavía no había tocado, y reanudó los movimientos de sus caderas.
Gracias a todo lo que habían derramado en abundancia, el sonido húmedo y viscoso de sus cuerpos al rozarse se extendió con claridad por la habitación.
Ketron soltó un gemido satisfecho cuando Eddie alzó una mano temblorosa para rodearle el cuello.
El calor que volvió a arder entre ellos no se extinguió hasta que la madrugada terminó de consumirse.