¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 74

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Durante un largo rato, el silencio reinó a su alrededor.

Era plena madrugada y, afuera, todo permanecía en calma, salvo el ocasional canto de algún pájaro o insecto. La habitación de Ketron también estaba sumida en un silencio tranquilo, sin una sola palabra entre ellos.

Al menos, en apariencia.

Eddie, que normalmente no dejaba de hablar, y Ketron, que siempre se volvía más conversador cuando estaba con Eddie, permanecían completamente callados.

Por supuesto, dentro de Eddie se desataba una auténtica tormenta.

¿Qué significaba pedirle ayuda para luego decirle que se quedara quieto?

No…

Antes de eso.

Pedir ayuda debía referirse a eso, ¿verdad?

Había sido el propio Eddie quien mencionó primero la maldición del Nightmare.

También había visto la evidente erección de Ketron.

Y, aun así, seguía siendo incapaz de relacionar a Ketron con el deseo sexual.

¿Mi bebé haciendo algo así…?

En la mente de Eddie, Ketron seguía siendo simplemente su bebé.

No era que ignorara que Ketron era capaz de ensuciarse las manos sin vacilar cuando era necesario, e incluso de actuar con más crueldad de la estrictamente necesaria.

Había escrito suficiente sobre él para saberlo.

Pero el Ketron que tenía delante siempre había sido, para Eddie, como un gato.

Manso.

Obediente.

Amable.

Trabajador…

A veces era tan dulce que Eddie no podía evitar preguntarse:

«¿De verdad este niño tan bueno derrotó al Rey Demonio?»

Sobre todo, transmitía una imagen casi ascética.

No había manera de que una palabra como deseo sexual encajara con un chico así.

Por supuesto, racionalmente lo sabía.

Ketron era un adulto.

Y además estaba en la edad en la que el deseo sexual alcanzaba su punto más intenso.

Pero, aun así…

No conseguía unir ambas ideas.

Sin embargo, ese pensamiento fue desvaneciéndose poco a poco cuando Ketron se puso de pie.

Su gran cuerpo se alzó frente a Eddie, observándolo desde arriba.

Por alguna razón, el corazón de Eddie comenzó a latir con fuerza.

Ketron era más alto y corpulento que él, así que no tenía nada de extraño que lo mirara desde arriba.

Pero era la primera vez que lo inmovilizaba de aquella manera, ocupando claramente la posición dominante.

Y Eddie volvió a darse cuenta de lo grande que era su gato.

Y también de lo grande que era aquello que seguía presionándolo por debajo debido a la cercanía de sus cuerpos.

—…Haa…

Ketron observó a Eddie en silencio.

Luego deslizó una mano bajo su ropa y comenzó a quitarse lentamente la camiseta.

No era más que el gesto natural de quitarse una prenda innecesaria.

Pero, para Eddie, aquello era prácticamente un striptease delante de sus propios ojos.

Sus ojos se abrieron sin querer.

Muy pronto quedó al descubierto la parte superior de su cuerpo.

Estaba cubierta de pequeñas cicatrices, pero precisamente por eso resultaba todavía más impresionante.

No era la primera vez que Eddie la veía.

Ketron siempre entrenaba sin camiseta porque, según decía, iba a sudar de todos modos.

Y Eddie solía llevarle algo de beber durante esos entrenamientos.

Su torso desnudo no debería resultarle extraño.

…O al menos así tendría que haber sido.

Entonces…

¿Por qué en ese momento le parecía tan consciente de él?

Sentía que estaba perdiendo la cabeza.

Incluso el simple gesto de Ketron apartándose el cabello de la frente, molesto por algunos mechones que se habían desordenado al quitarse la ropa, le resultaba seductor.

La profunda cicatriz del costado, donde parecía haber perdido un trozo de carne.

La marca del hombro, como si una enorme cuchillada hubiera atravesado esa zona.

Y las innumerables cicatrices más pequeñas que recorrían su cuerpo.

Todo aquello, unido a los músculos que se tensaban con cada movimiento, formaba un cuerpo intimidante.

Pero, por alguna razón…

Intimidaba a Eddie de una forma completamente distinta.

Sin darse cuenta, tragó saliva.

Ketron no parecía tener intención de detenerse.

Se bajó los pantalones y la ropa interior de una sola vez.

Aquello que había estado presionando contra el abdomen de Eddie, oculto entre un espeso vello, quedó completamente al descubierto.

—…¿Eh?

Eddie no pudo evitar quedarse con la boca entreabierta.

Incluso en la oscuridad distinguía claramente la humedad brillante que cubría la punta.

Recordó haberlo visto fugazmente en el baño público de Sandern cuando aún no estaba erecto.

En aquel entonces Ketron había permanecido todo el tiempo cubierto con una toalla.

Y Eddie había evitado mirar por educación.

Aun así, incluso entonces había pensado en secreto que parecía enorme solo por la sombra que alcanzaba a distinguir.

Pero…

¿No era esto demasiado?

No…

Más que demasiado.

Era casi hacer trampa.

Completamente erecto, alcanzando casi la altura del ombligo…

Aquello superaba con creces el calificativo de grande.

Era…

Impresionante.

Teniendo en cuenta el físico de Ketron, tampoco era un tamaño imposible de imaginar.

Pero, aun así…

Seguía pareciéndole excesivo.

Ahora comprendía por qué antes, cuando había notado la dirección en la que Ketron lo llevaba escondido, le había parecido que el volumen era enorme.

Resultaba que allí ocultaba semejante monstruosidad.

Eso sí.

Para tener ese tamaño, la forma era sorprendentemente bonita.

Recta.

Y aquella punta húmeda…

Resultaba incluso linda.

—…

Además…

Era rosada.

Su tamaño imponía respeto, y las venas marcadas la hacían parecer todavía más intimidante.

Pero el color era de un rosa limpio y claro.

Normalmente, con semejante tamaño, uno esperaría un tono mucho más oscuro.

Sin embargo, aquel color tan claro hizo que Eddie comprendiera algo.

Ketron realmente no tenía experiencia en ese aspecto.

Al darse cuenta de ello, sintió que el rostro se le encendía todavía más.

Era como si una llama hubiera prendido definitivamente en el interior de su cuerpo, que llevaba un buen rato calentándose mientras contemplaba aquel supuesto «no striptease».

Y, aun así, seguía sin entender por qué reaccionaba de esa manera al contemplar el cuerpo de Ketron.

Lo único que pudo hacer fue cubrirse la cara con ambas manos.

Sentía que caminaba al borde de un precipicio.

Como si, en cuanto bajara un poco la guardia, su propio cuerpo reaccionara.

Y eso sería un desastre.

Ketron era quien había sido víctima de la maldición.

No Eddie.

Si a él también le ocurría algo…

De verdad querría morirse de vergüenza.

Ketron estaba haciendo aquello porque no tenía otra opción para librarse de la maldición.

¿Y él qué estaba pensando mientras veía a aquel chico luchar de esa manera y pedirle ayuda?

Solo podía avergonzarse de sí mismo.

Por mucho que se llamara pervertido una y otra vez, el cuerpo de Ketron seguía siendo increíblemente atractivo.

Aunque ambos fueran hombres.

Y el ambiente que se había creado, donde desde hacía rato solo se escuchaban sus respiraciones, resultaba peligrosamente sugestivo.

Es solo por el ambiente…

Eddie intentó convencerse.

—Eddie.

Cuando Ketron pronunció su nombre con una voz más grave de lo habitual, Eddie sintió un extraño cosquilleo en los oídos.

—¿Sí?

—Por favor…

—Abre las piernas.

Esta vez Eddie fue incapaz de responder de inmediato.

Su mente quedó completamente en blanco.

—…

¿Qué acaba de decir…?

Hasta la parte de su cerebro encargada del sentido común, que llevaba rato observando la situación con los brazos cruzados pensando «Bueno… si es por una maldición…», pareció exclamar:

«¿Eh? Esto ya es demasiado.»

Y, sin embargo…

Pensándolo fríamente…

En realidad no era para tanto.

Ni siquiera estaba desnudo.

¿Qué tenía de malo separar un poco las piernas?

Pero, aun pensando eso…

Eddie fue incapaz de moverse.

Ketron le había pedido ayuda.

Si no quería negarse, entonces debía aceptar.

Pero…

¿Por qué aquello era ayudar?

Aunque también le había dicho que solo tenía que quedarse quieto.

Bueno…

Si lo pensaba bien…

Eso también era quedarse quieto…

—Eddie.

La voz de Ketron volvió a llamarlo.

Aquello interrumpió por completo sus pensamientos.

Muy despacio, Eddie separó las piernas.

Si lo hubiera hecho sin pensar en cuanto escuchó la petición, quizá no habría sentido gran cosa.

Pero abrirlas lentamente bajo la mirada fija de Ketron hizo que una oleada de vergüenza lo invadiera.

Y era todavía peor porque solo llevaba puesta la ropa interior después de haberse quitado la camiseta por el calor.

Sintió un escalofrío recorrerle la parte baja de la espalda.

Conocía muy bien aquella sensación.

Era exactamente la que aparecía justo antes de que su propio cuerpo reaccionara.

Justo antes de que toda la sangre descendiera.

¿Pero qué hice yo?

Ni siquiera lo habían tocado.

Y no era como si estuviera viendo una película pornográfica.

Bueno…

En realidad tenía delante a un hombre muchísimo más sexy que cualquier película, ofreciéndole un espectáculo completamente en vivo.

¡Pero aun así…!

—Haa…

Los pensamientos de Eddie se interrumpieron de golpe.

Ketron, después de exhalar lentamente, se colocó entre sus piernas.

Más exactamente, se arrodilló entre ellas y rodeó su cintura con las piernas de Eddie.

De cualquier forma, Eddie terminó siendo acercado hacia él con las piernas abiertas.

La postura era tan impactante que quedó completamente paralizado.

Pero antes de recuperarse de la impresión, Ketron apoyó un brazo junto a la cabeza de Eddie, se inclinó sobre él y comenzó a masturbarse.

Toda la conmoción anterior dejó de tener importancia.

Los pensamientos desaparecieron por completo de la mente de Eddie.

El sonido húmedo de la mano deslizándose sobre su miembro, ya completamente mojado, sonaba demasiado cerca.

—Ah… Eddie…

Y, de vez en cuando…

Aquella voz pronunciando su nombre.

Eddie apenas consiguió contener el impulso de cubrirse la boca.

No era capaz de mirar hacia abajo.

Pero tampoco podía mirar el rostro de Ketron, que no apartaba los ojos de él.

Al final, cerró los ojos con fuerza.

—Eddie… se siente bien…

El problema fue que, al cerrar los ojos, su oído se volvió todavía más sensible.

Sentía que aquellas palabras violaban directamente sus oídos.

Notaba cómo el rostro, las orejas y todo el cuerpo le ardían.

Él no estaba haciendo nada.

Solo permanecía inmóvil, tal como Ketron le había pedido.

Ni siquiera estaba siendo tocado.

Y, aun así, toda la fuerza desaparecía de su cintura.

Si hubiera estado de pie, habría terminado desplomándose.

Ni siquiera fue capaz de preguntarse por qué Ketron necesitaba que él estuviera presente para algo que, en esencia, no era más que masturbarse.

Ni por qué pronunciaba su nombre mientras jadeaba.

Lo único que podía pensar era que las partes de sus cuerpos que permanecían en contacto estaban increíblemente calientes.

Al final, Eddie terminó abriendo otra vez los ojos.

Sentía que iba a volverse loco si seguía escuchando aquellos sonidos con los ojos cerrados.

El ruido húmedo continuaba resonando.

Su mirada quedó fija, casi hipnotizada, en la mano de Ketron moviéndose arriba y abajo.

Y entonces su expresión cambió.

Porque aquellos movimientos…

Resultaban demasiado hábiles.

…Como si los hubiera repetido muchas veces.

—¡Ghh…!

Cuando Ketron finalmente se corrió con un gemido ronco, manchando la ropa interior de Eddie, este no tuvo más remedio que admitir, al menos en parte, que había estado equivocado.

Su bebé…

No era tan ascético.

Tampoco era tan inocente ni tan ignorante de todo.

—…Ha…

Pero ese descubrimiento no era el verdadero problema.

El verdadero problema llegó cuando vio la expresión de Ketron en el momento de correrse.

En cuanto pensó que aquel rostro era demasiado sexy…

Sintió que la llama que ardía en lo más profundo de su cuerpo terminaba de prender por completo.

—…Ah, en serio.

Esto sí que me está volviendo loco.

Ni siquiera necesitaba mirar.

Lo sabía perfectamente.

Quien estaba excitado ya no era Ketron.

Era Eddie.

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