¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76
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—¿Una pesadilla, eh? De verdad que es otra cosa.

Después de pasar toda la noche a merced de Ketron, Eddie apenas consiguió abrir los ojos, aferrándose al último hilo de lucidez que le quedaba.

Había subestimado la resistencia de alguien tan joven, prácticamente un niño.

No… quizá era simplemente porque ese chico era el Héroe, así que tanto su vigor como su energía sexual estaban completamente fuera de lo normal.

Tras aquella intensa noche, Eddie permanecía tendido en la cama, pensando distraídamente en esas cosas.

Sentía que debía concentrarse en cualquier cosa para olvidar, aunque fuera un poco, la vergüenza que lo consumía.

En ese momento, lo único que llenaba su cabeza era la mezcla de bochorno, incomodidad y timidez que le había subido hasta la coronilla.

Mientras estaban haciéndolo, ambos habían estado tan absortos que no repararon en nada. Pero ahora que todo había terminado, Eddie no tenía idea de cómo enfrentarse a la oleada de vergüenza que lo invadía.

—Haa…

Exhaló un largo suspiro cuando, por fin, su respiración agitada comenzó a tranquilizarse un poco. Ketron, todavía recostado sobre él, depositó un beso en su cuello.

Al principio, incluso tocarlo le había resultado difícil.

Ahora, en cambio, parecía completamente acostumbrado a cada una de las veces que acercaba sus labios a los de Eddie.

—…

Y bastó con que aquellos labios rozaran su cuello para que todos los momentos compartidos durante la madrugada desfilaran nuevamente por su mente.

Eddie soltó un gemido ahogado, incapaz de hacer nada con el calor que le abrasaba el rostro.

Esto me está volviendo loco. Prácticamente hicimos de todo menos llegar al final. ¿De verdad estuvo bien?

El pensamiento llegó demasiado tarde.

El agua ya estaba derramada.

Eddie no era precisamente un experto, pero, al menos, debería haber tenido algo más de experiencia que un virgen de veinte años.

Sin embargo, había terminado completamente arrastrado por el ritmo de Ketron, haciendo una cosa tras otra sin darse cuenta.

Sentía que iba a morirse de vergüenza.

¿Qué demonios estoy haciendo con un chico tan joven?

Ese pensamiento ocupaba la mitad de su cabeza.

Pero me alegra que la maldición de la Pesadilla parezca haber desaparecido.

La otra mitad estaba llena de ese alivio.

Una cucharada de vergüenza.

Esa era, más o menos, la mejor forma de describir el estado actual de Eddie.

Aun así…

Aunque sintiera que iba a morir de la vergüenza, se alegraba de que Ketron pareciera estar mucho mejor que antes.

Decían que quien sufría la maldición de la Pesadilla padecía un dolor tan insoportable que, si no satisfacía su deseo, podía morir o sufrir terribles consecuencias físicas.

Pero ya no tendría que preocuparse por eso.

Ketron lo abrazaba mientras se frotaba contra él con una expresión de satisfacción tan evidente que cualquiera habría podido notarla.

Esto no es un gato. Es un guepardo, un leopardo, un jaguar… en fin, algo demasiado grande para llamarlo gato…

No. Mi bebé sí es un gato.

Eddie sacudió la cabeza justo antes de caer por completo en ese peligroso pensamiento. Observando a su gato negro, que seguía restregándose contra él, murmuró con voz débil:

—Estoy cansado…

No era como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico.

Tal como Ketron había dicho al principio, Eddie prácticamente se había limitado a permanecer acostado.

Y, aun así, estaba completamente agotado.

Mentalmente también se sentía exhausto por muchas razones.

Todo había empezado con el Rey Demonio.

Después vino el ataque de pánico de Ketron al pensar que Eddie había estado a punto de morir.

Y luego todo lo que hicieron para romper la maldición de la Pesadilla.

—Eddie.

Sin embargo, tener aquel enorme cuerpo acurrucado entre sus brazos, ronroneando con una expresión de absoluta satisfacción…

No era algo tan desagradable.

Aunque seguía dándole un poco de vergüenza que ambos continuaran completamente desnudos.

¡Y que además sus partes inferiores siguieran pegadas!

¡Eso también era muy vergonzoso!

Sintiendo que el rostro volvía a arderle, Eddie intentó ocultar sus mejillas enrojecidas.

Se esforzó por ignorar la sensación que seguía percibiendo debajo de la cintura.

Por supuesto, era imposible.

—Ket… ¿ya estás bien?

Por fin formuló la pregunta que llevaba demasiado tiempo posponiendo.

Pero tanto Eddie como Ketron ya conocían la respuesta.

Ketron estaba completamente bien.

Más que bien.

Estaba ridículamente saludable.

Eddie lo había comprobado con su propio cuerpo.

Aun así, no pudo evitar preguntar.

La maldición de la Pesadilla superaba con creces cualquier cosa que hubiera podido imaginar.

Ketron, que hasta entonces había permanecido abrazándolo mientras ronroneaba, levantó lentamente la cabeza.

Al ver aquella expresión completamente satisfecha, Eddie no pudo evitar suspirar aliviado.

Entonces Ketron cerró los ojos y volvió a apoyar la cabeza sobre su pecho.

—Estoy bien.

Solo entonces Eddie soltó un profundo suspiro de alivio.

Menos mal.

Por muy avergonzado e incómodo que estuviera, lo importante era que Ketron se encontraba bien.

…

Pero… ¿cuánto tiempo vamos a seguir así?

Ya había terminado.

Pensaba que ya podían separarse.

Pero Ketron no parecía tener la menor intención de hacerlo.

Seguía depositando pequeños besos sobre su cuello o la punta de su barbilla.

De algún modo, toda la situación daba exactamente la impresión de que acababan de compartir una relación física muy íntima.

Y eso era terriblemente vergonzoso.

Ahora que lo pienso…

Tras meditar un instante, Eddie habló con Ketron, que seguía sin apartarse de él.

—Ni siquiera nos hemos besado, y aun así terminamos haciendo todo esto primero.

Pensándolo bien, habían estado tan ocupados aliviando el deseo provocado por la maldición que habían hecho prácticamente de todo.

Pero, curiosamente, jamás se habían besado.

Al oír aquello, Ketron, que estaba besando distraídamente la punta de su barbilla, se quedó inmóvil y levantó la cabeza.

—¿Un beso?

—Sí. Normalmente hay un cierto orden…

Claro que aquello solo había ocurrido por culpa de la maldición de la Pesadilla.

No era obligatorio besarse.

Pero, según la idea que Eddie tenía de una relación «normal», todo solía empezar con un beso.

Ketron guardó silencio unos instantes.

Después bajó la vista hacia Eddie.

Sus ojos estaban clavados descaradamente en sus labios.

En realidad, Eddie no había querido decir: «¡Vamos a besarnos!»

Pero, fuera porque Ketron interpretó mal sus palabras o por cualquier otro motivo, permaneció observando sus labios unos segundos.

Luego inclinó la cabeza.

Y apoyó suavemente sus labios sobre los de Eddie.

Muah.

…¿Eh?

Eddie no esperaba que, solo porque lo hubiera mencionado, Ketron fuera a besarlo.

Todavía aturdido, lo miró fijamente.

Ketron volvió a juntar sus labios con los de Eddie.

Con una sonrisa preciosa, una de esas que rara vez le mostraba.

Muah.

Cuando sus labios volvieron a separarse, Eddie permaneció inmóvil unos segundos antes de sonrojarse.

No.

No solo la cara.

Sentía que todo el cuerpo se le había puesto rojo.

Por alguna extraña razón, aquello resultaba mucho más vergonzoso que cualquiera de las cosas que habían hecho hasta hacía un momento.

Como si realmente hubiera interpretado sus palabras como una invitación para besarse, Ketron siguió dándole pequeños besos.

Muah.

Muah.

Muah.

—…

Sin embargo, conforme aquellos besos continuaban, Eddie no pudo evitar poner una expresión extraña.

¿No vamos a besarnos de verdad?

…¿No se supone que este es exactamente el momento para un beso? ¿Cuánto tiempo piensa seguir dándome solo piquitos?

Incluso con el poco sentido común que Eddie tenía para esas cosas, le parecía evidente que ese era el momento adecuado para un beso de verdad.

Pero Ketron seguía limitándose a rozar ligeramente sus labios.

Hace un momento era tan salvaje… y ahora resulta que con los labios se pone así.

Aunque… esto también hace cosquillas.

Y se siente bastante bien…

Mientras pensaba eso, observó a Ketron, que continuaba mirándolo con expresión satisfecha mientras le daba otro pequeño beso.

Y entonces tuvo una revelación.

Ah.

—Ket… ¿acaso nunca has besado a nadie?

En cuanto escuchó la pregunta, Ketron dejó de moverse.

Como si jamás hubiera estado sonriendo ni besándolo.

—…

—…

Ketron desvió ligeramente la mirada.

Respuesta correcta.

Pleno al centro.

Ketron nunca había besado a nadie.

Por eso no sabía cómo hacerlo.

Así que simplemente juntaba los labios.

—Ja…

¿Y de dónde saca tanta confianza para ser tan adorable?

Una intensa sensación de realidad golpeó a Eddie.

¿Qué demonios estoy haciendo con un chico que no sabe absolutamente nada?

Se pasó una mano por el flequillo.

Esto me está volviendo loco.

Pero su vacilación no duró mucho.

—Ven aquí.

Sonriendo, sujetó las mejillas de Ketron y lo acercó hacia él.

Mientras contemplaba aquel rostro obediente, bonito, guapo, adorable… sencillamente maravilloso, susurró:

—Esto es un beso.

Y diciendo eso, cubrió los labios de Ketron con los suyos.

A diferencia de los ligeros piquitos que Ketron le había dado, esta vez el beso fue profundo.

Sin embargo, Ketron permaneció completamente rígido.

Ni siquiera intentó separar los labios.

Eddie se apartó apenas un instante y le susurró:

—Tienes que abrir la boca.

Luego añadió suavemente:

—¿Sí?

Ketron mostró una expresión que todavía resultaba un poco nueva para Eddie.

Pero ahora ya sabía perfectamente qué significaba.

Era la misma expresión que había visto incontables veces durante aquella madrugada.

La expresión de alguien completamente excitado.

Al ver que su buen gato entreabría obedientemente los labios con esa mirada, Eddie volvió a abrazarlo y profundizó el beso.

Fue una de esas decisiones impulsivas que solo podían tomarse al amanecer.

Ni siquiera se le pasó por la cabeza que aquel era el primer beso de Ketron.

Tampoco le quedaba la suficiente lucidez para pensar con calma que la maldición de la Pesadilla ya había desaparecido y que, en realidad, no necesitaban hacer nada más.

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