¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 58

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?!
  4. Capítulo 58
Prev
Next
Novel Info

Después de despertar, Ketron avanzó con dificultad hacia el Imperio tras enterarse de que el grupo del Héroe se dirigía allí.

La guerra había destruido muchos puntos de teletransportación. El desierto donde abrió los ojos por primera vez se encontraba en un país extranjero muy lejano, a cerca de un mes de viaje incluso cabalgando sin detenerse.

Ni siquiera con todas las monedas de oro que llevaba podía permitirse viajar cómodamente mediante los puntos de teletransportación que aún funcionaban, así que no tuvo más remedio que desplazarse a caballo pese a sus heridas.

Eso ralentizó considerablemente su recuperación.

Por suerte o por desgracia, Arthur se dedicaba a disfrutar en cada ciudad, donde lo recibían con grandes celebraciones y banquetes, así que el lento avance de Ketron no difería demasiado de la velocidad con la que Arthur regresaba al Imperio.

Cuanto más se acercaba, más confirmaba que toda la gloria recaía sobre Arthur.

Y Ketron no pudo evitar comprenderlo.

Arthur lo había traicionado.

Sus compañeros lo habían traicionado.

Le habían arrebatado la gloria que le pertenecía por derecho.

Cuando Ketron finalmente llegó al Imperio, no había obtenido nada aparte de la miserable certeza de que lo habían traicionado.

¿Adónde debía ir ahora?

¿Qué debía hacer?

…¿Qué era él ahora?

Ya no era el Héroe Ketron.

Toda su historia —haber escapado del orfanato, aprendido esgrima entre mercenarios, sido elegido por la Espada Sagrada, detenido él solo oleadas de monstruos en reinos vecinos, cambiado el curso de la guerra y, finalmente, derrotado al Rey Demonio— había desaparecido.

No.

Ahora le pertenecía a otra persona.

Ketron ya no sabía quién era.

De no ser por el dolor persistente en el costado y el pesado peso de la Espada Sagrada sobre la espalda, quizá ni siquiera habría sabido si aquello era real.

Entre personas que reían y celebraban, arrojando pétalos de flores y monedas de plata, Ketron caminó solo, sumido en la oscuridad, tambaleándose hasta dejarse caer contra una pared.

Solo entonces comprendió que estaba sufriendo.

Que estaba triste.

—Ketron es realmente malo expresando sus emociones, ¿verdad?

—Bueno… ¿y qué? Le queda bien a un héroe.

—¡Jajaja! ¡Es cierto! ¡Los héroes suelen ser taciturnos, Arthur!

Las voces de sus compañeros hablando de él surgieron de repente en su mente.

—Eso de ser héroe…

La voz de Arthur, refunfuñando ante los otros dos, que parecían defender la torpeza de Ketron, se dispersó dentro de su cabeza.

Gota a gota.

Las lágrimas cayeron de los ojos de Ketron.

¿Era resentimiento?

¿Impotencia?

¿Dolor físico?

¿La agonía de haber sido olvidado?

¿Por qué estaba llorando?

Ni siquiera él podía saberlo.

Pero algo era seguro.

Le dolía.

No podía respirar correctamente.

De su garganta escapaban sonidos ásperos y trabajosos.

—¡Oye, tú!

La persona que entonces sacudió el cuerpo de Ketron y le habló era un joven al que jamás había visto.

Una persona de mirada clara.

En aquel momento, eso atrajo más a Ketron que su llamativa apariencia.

—Si necesitas un lugar tranquilo, ¿quieres entrar?

Necesitaba un lugar donde respirar.

No.

Necesitaba un lugar al cual escapar.

Necesitaba algún sitio donde apartar la mirada de aquella gloria que se había alejado de él.

Así que aceptó.

Aceptó la bondad de aquel hombre.

Había planeado marcharse pronto.

Una vez que lograra ordenar un poco sus pensamientos, una vez que decidiera qué debía hacer, abandonaría aquel lugar y jamás regresaría.

Eso era lo que había decidido.

Sin embargo, al permanecer junto a aquel hombre, Ketron encontró tranquilidad.

Incluso cuando se sentía desconcertado por su comportamiento excéntrico, incluso cuando le parecía extraño y sospechoso, apartaba la mirada y se decía que no tenía nada que ver con él.

Pero, en algún momento, quedó completamente cautivado por aquel hombre.

Hasta el punto de contarle el pasado olvidado que había decidido no revelar jamás a nadie.

—…

Eddie, que había escuchado en silencio la larga historia de Ketron sin interrumpirlo una sola vez, no pudo hablar durante un buen rato ni siquiera después de que terminara.

Ya conocía aquella historia porque la había leído.

La vida de Ketron, transmitida a través de un texto, era trágica y fascinante al mismo tiempo.

Una historia perfecta para consumir.

El relato de madurez de un muchacho talentoso pero desafortunado.

Sin embargo, solo resultaba entretenido cuando era completamente ficticio.

Como experiencia sufrida por alguien a quien Eddie conocía, era una historia demasiado cruel.

¿Y cuánta desesperación habría encerrado su desenlace?

Eddie ni siquiera podía comenzar a definir las emociones que Ketron debió de sentir cuando comprendió la traición.

No se atrevía a afirmar que lo entendía.

Así que, en vez de consolarlo con palabras, extendió los brazos con vacilación y lo abrazó.

Atrajo hacia sí a alguien más grande que él.

Ketron, hundido en los brazos de Eddie, no rechazó el contacto.

Eddie lo sostuvo y respiró profundamente durante unos instantes.

Por alguna razón, sentía la respiración pesada.

Al principio no supo qué era aquella sensación, pero después comprendió que se trataba de una mezcla caótica de emociones.

Compasión, ira y tristeza.

«Ket, yo… quiero devolverte tu gloria».

Eddie pronunció en silencio aquellas palabras que no podía decirle en voz alta.

«Quiero devolverte tu gloria y conducirte hacia un final feliz».

Y después…

Después, cuando el papel de Eddie como ayudante terminara…

Los ojos de Eddie se ensombrecieron ligeramente sin que él mismo lo notara.

«No sé qué me sucederá, pero eso es lo que deseo».

—Has sufrido mucho, Ket.

Eddie acarició el cabello de Ketron y pronunció aquellas palabras en lugar de todos los pensamientos complejos que se agolpaban dentro de él.

Ketron, todavía acurrucado tranquilamente entre sus brazos, preguntó en voz baja:

—¿Me crees?

La mayoría de las personas dirían que era una historia demasiado inverosímil.

Se reirían y le pedirían que dejara de inventar fantasías.

Pero Eddie sabía mejor que nadie que todo aquello era cierto.

No pudo evitar soltar una leve risa.

—Por supuesto. Tú no eres de los que mienten.

—¿No es una historia difícil de creer?

—Quizá, pero…

Para cualquiera que no fuera Eddie, habría sido un relato imposible de creer.

Incluso si lo aceptaban, seguramente conservarían ciertas dudas.

Pero Eddie no era como esas personas.

—Yo te creo.

Aunque no hubiera conocido la obra original, habría creído en las palabras de Ketron.

Conociéndola, ni siquiera existía lugar para la duda.

Eddie no confiaba en poder fingir que desconocía por completo aquella historia, ni actuar como si la escuchara por primera vez.

Así que, en vez de reaccionar de manera exagerada, intentó comprender los sentimientos de Ketron.

Quería demostrarle que creía por completo en su relato.

Eso era todo lo que podía hacer.

Pero para Ketron, aquel «todo» sería muy valioso.

—Creo en tu historia. Además… sinceramente, no pareces lo bastante hábil mintiendo como para inventar algo así.

La última parte fue una broma ligera.

Eddie sonrió, y Ketron, acurrucado entre sus brazos, también esbozó una pequeña sonrisa.

Para acabar de compartir una historia tan difícil, el ambiente no resultaba demasiado pesado.

Eso era un alivio.

—Entonces, Ket, ¿qué quieres hacer a partir de ahora?

En esencia, aquella pregunta significaba si deseaba vengarse.

Después de guardar silencio por unos instantes, Ketron respondió:

—No quiero hablar de algo tan grandioso como la venganza. Es demasiado patético como para convertirlo en el propósito de mi vida.

Una valoración despiadada.

—Pero…

Ketron cerró los ojos entre los brazos de Eddie mientras continuaba:

—Eso no significa que vaya a quedarme de brazos cruzados mientras ocupa mi lugar.

Era la voz más fría que Eddie le había escuchado jamás.

—Lo haré caer.

Después de aquellas palabras, Ketron permaneció en silencio durante un rato.

Eddie había esperado que fuera un tema doloroso, pero el rostro de Ketron se veía sorprendentemente sereno.

—Por casualidad…

Eddie, que contemplaba aquel rostro, preguntó:

—¿El antiguo amigo con el que te encontraste… era Arthur?

Ketron respondió sin dificultad:

—Sí.

Lo sabía.

Aunque Eddie ya estaba convencido por dentro, escucharlo directamente de Ketron hizo que se sintiera peor.

¿Cuánto debió de dolerle a aquella persona vulnerable ver con sus propios ojos a quien lo había traicionado, aunque no dijera nada al respecto?

Eddie acarició suavemente el cabello de Ketron, lleno de preocupación.

Ketron cerró los ojos y se abandonó a aquel contacto que ya le resultaba familiar.

—¿Estás bien con que Arthur haya descubierto que sigues vivo?

—Ahora que ha reparado en mi existencia, intentará acercarse de alguna manera, pero no me preocupa demasiado.

Después de decirlo, Ketron dejó escapar un «Ah», como si acabara de recordar algo.

—Espero que esto no cause problemas a la posada. No había pensado en ello.

—No te preocupes. Gerold podrá encargarse de la mayoría de los problemas comunes.

Con Ketron cerca, no había demasiado que temer.

Y, si era necesario, Gerold también estaba allí.

Y Sebastian, aunque probablemente no sería de mucha ayuda.

—Aun así, por si acaso, permaneceré siempre a tu lado.

Mientras lo decía, Ketron alzó la mirada hacia Eddie desde donde estaba recostado.

Por alguna razón, en aquel instante el corazón de Eddie dio un salto.

—¿Eh? Ah, sí.

Sin que se diera cuenta, Ketron había terminado acostado con la cabeza sobre su muslo.

Al contemplar su rostro desde arriba, Eddie se volvió extrañamente consciente de aquel ángulo.

¿Mirar a alguien desde abajo no era un ángulo terriblemente poco favorecedor?

Ni siquiera durante sus días como Lee Jeong-hoon se había preocupado demasiado por semejantes cosas cuando estaba con sus novias, pero, por algún motivo, en ese momento le inquietaba enormemente.

Sobre todo porque Ketron no dejaba de mirarlo con tanta intensidad.

Además, aquella mirada le recordó de algún modo la forma intensa en que Ketron lo había observado en el baño comunitario de la posada de Sandern.

Una mirada persistente que hizo que Eddie apartara los ojos con incomodidad.

—Bueno, veo que me han olvidado por completo.

Ante el sonido cortante, el cuerpo de Eddie dio un respingo.

La parte superior del cuerpo de Ketron, que descansaba sobre su muslo, también se estremeció.

Eddie miró apresuradamente hacia atrás y vio las largas cintas sujetas a la empuñadura de la Espada Sagrada arrastrándose por el suelo.

Como si confesara ser la fuente del ruido, una de las cintas volvió a golpear el piso.

¡Tac!

De una forma que parecía expresar un enorme descontento.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first