¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 56
—¿Qué es esto?
Ketron, que había regresado después de resolver la situación al frente, estaba cubierto de sangre.
A mitad del combate había percibido cierto alboroto en la retaguardia, pero también había sentido una onda de maná familiar y comprendió que la Espada Sagrada se había movido por su cuenta, así que terminó de encargarse de lo que tenía delante antes de volver.
Sin embargo, ni siquiera Ketron esperaba encontrar a la Espada Sagrada bajo aquella forma.
—Ya volviste.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Ketron veía la forma humana de la Espada Sagrada.
Y en ese estado, estaba abrazando a Eddie por detrás con una expresión satisfecha.
La forma en que entrecerraba los ojos mientras hundía el rostro en la nuca de Eddie mostraba una satisfacción que ni siquiera Ketron le había visto jamás.
—…
Al mirar alrededor, vio que todos los hombres enmascarados que habían atacado desde la retaguardia yacían inconscientes, con los ojos en blanco.
Ninguno estaba muerto.
Los demás pasajeros permanecían apartados en las esquinas del carruaje, observándolos con incomodidad. Parecían comprender a grandes rasgos lo que había ocurrido, pero sus rostros reflejaban una confusión absoluta.
—Ket, ¿estás bien?
Al ver toda la sangre que cubría el cuerpo de Ketron, Eddie intentó acercarse para revisarlo, pero la Espada Sagrada lo sujetó con fuerza y se negó a soltarlo.
Sintiendo como si una roca le rodeara la cintura, Eddie miró de reojo a la Espada Sagrada, pero apartó rápidamente la vista cuando se encontró con aquellos ojos grises que le sonreían con un afecto extrañamente intenso.
A pesar de sus habituales habilidades sociales, el rostro de Eddie dejaba claro que no tenía idea de cómo tratar con aquella espada…
No, persona.
No, espada.
—No estoy herido. Estoy bien.
Mientras respondía, Ketron miró con desaprobación a la Espada Sagrada.
Le había ordenado proteger a Eddie si era necesario, pero eso no significaba que tuviera que transformarse en humano.
Podía haber neutralizado fácilmente a los enemigos sin adoptar aquella forma.
Claro que ya era bastante extraño que una espada utilizara magia, pero que se transformara en una persona sorprendería a cualquiera.
La espada debía saberlo.
Entonces, ¿por qué?
Eddie mostraba una expresión vagamente resignada mientras era abrazado por el hombre, es decir, por la Espada Sagrada.
Además, su ropa estaba completamente desarreglada.
Tenía prácticamente la mitad superior del cuerpo al descubierto.
Y en ese estado estaba siendo abrazado por otro hombre.
La ceja de Ketron se crispó.
—Suéltalo.
Al oírlo, la Espada Sagrada, que hasta entonces había sostenido a Eddie con expresión satisfecha, entrecerró los ojos.
—Bueno, «Eddie» no parece molesto.
Por supuesto, Eddie jamás había expresado semejante opinión.
—No puede sentir rechazo hacia quien le salvó la vida. ¿Verdad?
Era como contemplar a alguien de rango muy superior decirle a un subordinado: «¿Qué estás haciendo? Sonríe».
Eddie no respondió.
Parecía desconcertado.
A Ketron le dolía la cabeza.
Aquella maldita Espada Sagrada poseía conciencia.
Y una muy marcada.
Una conciencia arrogante y caprichosa.
Por culpa de eso, durante sus viajes había causado tantos problemas al menor descuido que Ketron había terminado sudando frío incontables veces.
Adoptar forma humana era algo excepcional.
El propio Ketron solo lo había presenciado una o dos veces.
Requería demasiada energía como para hacerlo con frecuencia, no podía mantenerse durante mucho tiempo y, sobre todo, la Espada Sagrada rara vez veía la necesidad de humanizarse.
Según ella, el cuerpo humano era simplemente incómodo.
Pero ahora…
Abrazaba con fuerza a Eddie y mostraba una expresión de absoluta satisfacción, como si se preguntara por qué no había hecho antes algo tan maravilloso.
Ketron tenía otro dolor de cabeza.
¿Cómo debía explicarlo?
¿Qué podía decirle a Eddie sobre aquel extraño fenómeno de una espada transformándose en humano?
Sin embargo, mientras reflexionaba sobre ello, encontró la respuesta en un lugar inesperado.
Si simplemente le contaba a Eddie la verdad sobre su pasado, ya no tendría que preocuparse por nada de eso.
Podía decirle que él era el verdadero Héroe y que aquella espada que poseía era la Espada Sagrada.
Aunque resultara difícil de comprender, se parecía a un antiguo ser espiritual con conciencia propia, capaz de adoptar forma humana de aquella manera.
—…
Sin embargo, apenas lo pensó, sintió que las yemas de los dedos se le enfriaban y cerró el puño.
Ketron no tenía intención de revelar su pasado a nadie.
La idea ni siquiera se le había cruzado por la cabeza.
Después de todo, era un pasado que había desaparecido.
Y, por encima de todo…
Nadie le creería.
Si los recuerdos de todo el mundo habían sido borrados y reemplazados, ¿acaso una historia sobre el intercambio del verdadero Héroe no sería tomada como una invención absurda?
Tendría suerte si no lo consideraban un demente.
Pero ¿qué ocurriría con Eddie?
¿Sería diferente?
No…
Lo sería.
Ketron estaba seguro.
En cuanto llegó a esa conclusión, el calor volvió a las yemas de sus dedos.
Sin embargo, ese no era el momento ni el lugar para semejante conversación.
Los hombres enmascarados yacían inconscientes por todas partes y había personas que fingían no escuchar mientras claramente aguzaban el oído.
Ketron suspiró.
—Primero debemos borrarles la memoria. Después nos iremos.
—No quiero.
—Al…
Ketron se detuvo antes de pronunciar «Albatross» ante la actitud desafiante de la Espada Sagrada.
Vio que Eddie lo observaba con expresión vacía.
Aunque había decidido contárselo todo, revelar de repente el nombre de la legendaria espada con conciencia propia no sería prudente.
Ketron volvió a suspirar.
La magia que conocía estaba enfocada principalmente en el combate.
Aunque podía utilizar hechizos básicos y sencillos, no se le daban bien las técnicas avanzadas como manipular los recuerdos de otras personas.
La Espada Sagrada se burló de Ketron.
—¿Por qué suspiras tanto?
Albatross no parecía tener una intención genuina de negarse a hacer lo que Ketron había dicho.
Antes de utilizar magia, miró a Eddie, que seguía atrapado entre sus brazos con expresión aturdida, y sonrió radiantemente.
—Nos veremos más tarde, Eddie.
Tras decirlo, chasqueó los dedos.
En un instante, todo quedó envuelto en un destello de luz.
Después de que Albatross «limpiara» la situación, el viaje de regreso a la posada de Eddie transcurrió sin contratiempos.
Aunque habían sido atacados por bandidos, el líder de la caravana tuvo la fortuna de contar entre sus acompañantes con el vencedor del torneo, por lo que lograron superar la crisis sin sufrir grandes pérdidas.
Como muestra de agradecimiento, le entregó a Ketron un artefacto.
También tuvieron que ocuparse del pequeño asunto de entregar a los bandidos a los guardias de la capital, pero nada de aquello retrasó demasiado a los dos hombres.
Sí.
A los dos hombres.
Albatross había regresado a su forma de espada y se comportaba como si jamás hubiera adoptado apariencia humana ni presumido de sus impresionantes habilidades mágicas.
—¡Eddie! ¡Ketron!
Sebastian salió corriendo a recibirlos, casi llorando de alegría al verlos regresar.
Eddie contempló desconcertado aquel saludo exagerado, como si no se hubieran visto en meses.
Más tarde se enteró de que, durante su ausencia, Sebastian había estado aprendiendo recetas de kimchi mientras Gerold lo sometía a una presión terrible por ser analfabeto.
—Han trabajado duro.
Aunque Eddie saludó alegremente a Sebastian y Gerold, que se habían esforzado tanto, su mente estaba ocupada con pensamientos completamente distintos.
«Te lo explicaré todo cuando regresemos».
Eso era lo que Ketron había dicho después de que todo quedara resuelto.
Eddie había asentido en silencio.
Incluso con su limitada capacidad para captar ciertas cosas, no era difícil adivinar qué quería contarle Ketron.
Para explicar lo ocurrido con la Espada Sagrada, necesariamente tendría que hablar de cómo se había convertido en su dueño.
Y para eso tendría que revelar que él mismo era el verdadero Héroe.
Sin embargo, la actitud de Ketron hacía que la conciencia de Eddie le doliera.
Ketron confiaba en él.
Por eso había elegido contarle los hechos que llevaba tanto tiempo ocultando, en vez de optar por la solución sencilla de borrar también la memoria de Eddie.
Pero, a diferencia de Ketron, que estaba dispuesto a contar su historia, Eddie no podía revelarle la verdad.
«Ya conozco tu historia. Leí la obra original y tú eres el protagonista… Este es el segundo acto de tu historia y yo soy tu ayudante».
Pero era algo que no debía revelar.
¿Se debía simplemente a que decirlo sería escoger un camino doloroso, como tomar la píldora roja?
No.
En el instante en que lo dijera, la «historia» se derrumbaría.
Nadie se lo había explicado, pero lo sabía por instinto.
Del mismo modo que había comprendido instintivamente que había encarnado como ayudante dentro de aquella historia, si el protagonista de la obra descubría que era el protagonista, la trama naturalmente dejaría de avanzar como debía.
Así que, en cierto sentido, Eddie estaba engañando a Ketron.
¿Qué derecho tenía entonces a enfadarse porque Ketron hubiera ocultado su pasado como Héroe?
Para empezar, ni siquiera era algo por lo que pudiera enfadarse.
Una persona olvidada no tenía ninguna obligación de desenterrar su pasado y revelárselo a quienes la rodeaban.
Su mente era un caos.
Cuanto más intentaba desenredar los hilos dentro de su cabeza, más abrumado se sentía.
—Por ahora… comamos primero.
Después de ordenar provisionalmente sus complicados pensamientos, Eddie volvió a ponerse frente a la cocina después de varios días.
Sin importar cuáles fueran sus preocupaciones, como ser humano primero tenía que encargarse de comer y dormir.
Acababan de regresar del viaje y, quizá porque habían vivido más cosas de las esperadas, estaba terriblemente cansado.
Al mismo tiempo, tenía hambre.
Pero también estaba agotado.
Así que en realidad no tenía ganas de cocinar…
¿No habría algo sencillo que pudiera preparar?
Después de ausentarse varios días, le resultaba incómodo pedirle a Gerold que cocinara, pero tampoco se le ocurría de inmediato qué podía hacer él mismo.
Eddie permaneció pensativo durante unos instantes.