¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 53
Uf.
Eddie apenas logró contener el suspiro que estaba a punto de escapársele.
Arthur había descubierto la existencia de Ketron. Se había dado cuenta de que seguía vivo, perfectamente bien y dentro del Imperio.
Cuando Augustine los había visitado, Eddie había temido que Arthur o Boram aparecieran de inmediato, pero se sintió aliviado cuando todo permaneció en calma.
Jamás imaginó que se encontrarían de esta manera.
No, quizá…
¿Era por eso que la historia quería que Ketron participara en el torneo?
¿Para que Arthur se diera cuenta de que estaba vivo?
—Argh.
Probablemente no fuera el único propósito, pero la situación sin duda se había vuelto complicada.
Dada la posición de Arthur, podía averiguar fácilmente quién era Ketron y dónde residía en ese momento.
¿Seguiría siendo segura la posada de Eddie?
—Ket, ¿estás bien?
Preocupado por el estado emocional de Ketron, Eddie le sostuvo las mejillas.
Ketron lo miró con los ojos ausentes.
—No tengo ningún motivo para no estarlo.
Ketron respondió con una leve sonrisa.
Era una sonrisa que últimamente mostraba con cierta frecuencia, pero únicamente ante Eddie.
Sin pensar, Eddie rozó suavemente con el pulgar los labios sonrientes de Ketron.
Fue un acto inconsciente, y hasta él mismo se sorprendió.
Ketron ya había regresado a su característica expresión impasible, como si jamás hubiera sonreído.
Eddie se apresuró a explicarse.
—Perdón, es solo que… tu sonrisa es bonita. Lo hice sin pensar.
Fue un comentario impulsivo, pero lleno de sinceridad.
No era el tipo de cosa que solía decirse a un hombre adulto, grande y de piel oscura, pero Ketron siempre le había parecido bonito desde el principio, así que, según los criterios de Eddie, no resultaba extraño ni inapropiado.
Entonces Ketron fue un paso más allá.
—Tú eres más bonito.
—…
Santo cielo.
¿Cómo podía alguien con ese rostro decir semejantes cosas?
¿No debería ser un delito?
—¡Ejem! ¡Ejem!
Mientras Eddie se agitaba por dentro, alguien se aclaró la garganta desde un rincón del carruaje.
Eddie alzó rápidamente la cabeza y miró a su alrededor.
Ah, cierto.
No eran los únicos que viajaban allí.
También había otras personas que, como Eddie y Ketron, se dirigían de Sandern a Irena.
Todas las miradas estaban clavadas en ellos.
Alguien silbó, mientras otros permanecían sentados con el rostro enrojecido o evitaban la mirada de Eddie.
—¡Contrólense un poco! No son los únicos dentro del carruaje.
El hombre que se había aclarado la garganta para llamarles la atención gruñó.
—Ah, lo siento.
Aunque no comprendía del todo qué era exactamente lo que debían controlar, Eddie se disculpó, suponiendo que se refería a que hablaran más bajo.
—Estos jóvenes de ahora… ¡Tsk!
El comentario sonó sorprendentemente parecido a lo que las generaciones mayores de la época de Jeong-hoon solían decir sobre la llamada generación MZ, por lo que Eddie soltó una risa involuntaria.
Se enderezó.
Como el carro de carga no era muy espacioso, era natural que permaneciera sentado muy cerca de Ketron, así que volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro.
Ketron bajó ligeramente el hombro para que Eddie pudiera descansar con mayor comodidad.
Al desaparecer el espectáculo, las miradas de los demás se dispersaron y el silencio regresó al carruaje.
Eddie todavía albergaba muchas preocupaciones, pero, aun así, aquel momento era bastante tranquilo.
—¡Alto! ¡Deténganse!
Sin embargo, como si el simple pensamiento de Eddie hubiera provocado algo, todos los carruajes se detuvieron de repente.
—¿Qué sucede?
—¿Qué pasó?
Las personas que viajaban en el mismo carro comenzaron a murmurar.
No entendían por qué la caravana se había detenido tan bruscamente.
Desde la parte delantera llegaba un gran alboroto, y una tensión inexplicable se extendió por todos los carruajes.
Eddie volvió instintivamente la mirada hacia Ketron.
Gracias a su excelente oído, Ketron había entrecerrado los ojos.
—Parece que han aparecido bandidos.
—¿Bandidos?
¿Bandidos?
¿Qué clase de acontecimiento aleatorio era ese, como sacado de Mapa-Flax-Story?
Eddie sacudió la cabeza con fuerza al darse cuenta de que no era momento de imaginar a un NPC colgado boca abajo diciendo: «Aquellos que deseen convertirse en bandidos, vengan a mí…».
Había oído que en algunas regiones aparecían bandidos o salteadores de caminos.
Sin embargo, era poco probable que ocurriera algo así entre la capital, donde residía el Emperador, y una ciudad próspera.
En especial en la ruta por la que estaban viajando, un camino seguro y muy transitado, utilizado principalmente por caravanas y viajeros.
El interior del carruaje se sumió inmediatamente en el caos.
—¿Bandidos? ¿Dijiste bandidos?
—¿Bandidos?
Los demás pasajeros se agitaron al escuchar las palabras de Ketron.
La mayoría eran personas que regresaban a casa después de haber asistido al torneo en la ciudad vecina.
Aunque podía haber alguna excepción, casi todos eran plebeyos comunes de la capital con una situación económica relativamente cómoda.
Para ellos, los bandidos eran algo propio de regiones lejanas, completamente ajeno a sus vidas en la capital.
Además, a juzgar por el tamaño de la caravana y el alboroto que llegaba desde el frente, no parecía que fueran pocos.
Mmm, ¿qué hacemos?
Eddie no se sentía especialmente tenso.
¿Qué razón tenía para temer a simples bandidos cuando a su lado se encontraba un Héroe capaz de derrotar incluso al Rey Demonio?
La caravana también había contratado mercenarios, así que en principio no debería haber ningún problema.
A menos que la situación se volviera grave, Ketron ni siquiera tendría que intervenir…
—Tú… eres el vencedor del torneo, ¿verdad?
Mientras Eddie decidía limitarse a esperar y observar, una pareja que viajaba con dos niños en el mismo carruaje se dirigió a Ketron.
Eddie se sobresaltó en lugar de él.
Ante las palabras de la pareja, todos volvieron la atención hacia Eddie y Ketron.
Entonces, como si acabaran de comprender algo, comenzaron a hablar al mismo tiempo.
—¿Eh? No estaba seguro, pero ahora que lo pienso, ¡es cierto!
—No hay duda. Esa espada enorme… No es común ver a un espadachín de esa constitución cargando algo así.
—Exacto. Todo el mundo comentaba lo guapo que era. ¡Definitivamente es él!
…Parecía que la información sobre Ketron se había difundido bastante durante la noche.
O quizá algunos lo habían visto directamente en el torneo, aunque fuera desde lejos.
La recompensa consistía simplemente en el honor de ser el vencedor de una competencia patrocinada por el Emperador y un lingote de oro.
A primera vista, era un premio bastante poco llamativo.
Sí, superficialmente no tenía nada de especial.
Pero la verdadera recompensa concedida al vencedor del torneo era otra.
La fama.
Sin embargo, la fama era un arma de doble filo.
Cuando jugaba a tu favor, era algo bueno.
Pero cuando no lo hacía, podía volverse infinitamente perjudicial.
En cuanto las personas comprendieron que Ketron era el vencedor, lo miraron con expectación.
Esperaban que alguien con semejante habilidad se levantara de inmediato y se ocupara de los bandidos.
Pero si Ketron permanecía quieto y no hacía nada, enseguida lo tacharían de cobarde y comenzarían a criticarlo.
Sería una grieta fatal en la reputación que apenas acababa de comenzar a construir.
En 《El Héroe ya no oculta tan bien su poder》, la historia comenzaba en serio cuando Ketron tenía dieciocho años.
Aquel joven, que entonces era incluso menor que ahora, parecía preocuparse con frecuencia por la opinión que el mundo tenía de él.
Conforme avanzaba la historia, esa faceta fue desapareciendo poco a poco.
Aunque ahora ya tenía veinte años, Eddie recordaba con claridad cuánto le importaba su honor.
¿No había sentido una enorme conmoción y furia cuando Arthur le arrebató toda aquella gloria?
—…
Sin embargo, Ketron no confirmó ni negó nada.
Tampoco dio señales de que fuera a moverse.
Al verlo permanecer en silencio, los pasajeros comenzaron a murmurar entre ellos.
Eddie se apresuró a tomarle la mano.
Luego susurró tan bajo que solo Ketron pudiera oírlo.
—Ket, si no ayudas ahora, quién sabe qué dirán de ti.
Había trabajado tanto para reconstruir su reputación…
Aunque fuera insignificante comparada con la fama que poseía antes de ser olvidado, seguía siendo algo que Ketron apenas había logrado recuperar.
Eddie no quería verlo perderla una vez más.
—Si puedes ayudar, quizá deberías ir al frente…
—Si lo hiciera, podrías salir herido.
—¿Eh?
Eddie abrió los ojos de par en par ante aquellas palabras inesperadas.
Ketron lo miró con gravedad.
—No podemos asumir que los que están delante sean todos.
—Ah.
Quería decir que, mientras un grupo de bandidos atraía la atención en la parte delantera, los «verdaderos» podían estar saqueando la carga desde atrás.
Ketron tenía una amplia experiencia escoltando caravanas durante sus viajes por todo el continente.
Probablemente hablaba basándose en lo que había vivido.
¿Qué ocurriría si se dirigía al frente para ayudar y, mientras tanto, otro grupo de bandidos atacaba la retaguardia?
Sería un desastre.
Con solo personas comunes como Eddie, incapaces de usar magia o manejar una espada, tendrían suerte si los bandidos se limitaban a robar las mercancías.
También podían terminar asesinados o secuestrados.
Asesinados.
Eddie apretó inconscientemente la mano de Ketron.
Solo imaginar una espada apuntando en su dirección hizo que se le enfriaran las manos.
—También es más seguro que permanezca contigo.
—Pero…
Si la situación terminaba de esa manera, ¿qué dirían de Ketron?
Lo llamarían cobarde.
Sería un golpe devastador para una reputación que apenas comenzaba a construirse.
Y todo por culpa de Eddie.
Porque estaba intentando protegerlo.
…Era una posibilidad demasiado desagradable como para siquiera contemplarla.