¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 52

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Así que eso era.

Eddie llegó a otra conclusión.

A la historia no le importaban en absoluto las pequeñas narrativas personales. Sin embargo, quería que los acontecimientos principales, los verdaderamente importantes, fueran decisiones que condujeran al final.

En el caso de aquel torneo, debía de existir alguna razón de peso por la que Ketron tuviera que participar y ganar.

Por eso, cuando Eddie le había sugerido que se limitaran a mirar en vez de competir, había escuchado aquel chirrido de engranajes desalineándose.

En ese momento lo había atribuido a su imaginación y lo había ignorado.

Pero la historia ya le había dado una advertencia.

Una advertencia de que las líneas argumentales incorrectas serían corregidas.

Clonc, clonc.

Como el latido de un corazón humano, los engranajes de la historia encajaban y giraban con fuerza.

Ahora que se había convertido en un personaje de aquel relato, su propio corazón también debería haber estado acelerándose.

—…

Sin embargo, por alguna razón, Eddie solo sentía terror al escuchar aquel sonido.

Como un ser perteneciente a ese mundo.

Como una existencia diminuta e insignificante…

Era el miedo inevitable ante un poder absoluto.

¿Qué le sucedería cuando aquella historia llegara a su final?

Si concluía según el desenlace que había visto, su función como ayudante habría terminado.

Teniendo en cuenta el destino de un perro de caza una vez cumplido su propósito, habría sido extraño que no sintiera miedo.

Sin embargo, aquel temor pronto se desvaneció entre los vítores que todavía no cesaban.

—…Uf.

Eddie cerró el puño y se golpeó suavemente el pecho, intentando calmar los frenéticos latidos de su corazón.

Por supuesto, no sirvió de mucho…

Su corazón latía.

Estaba vivo.

Seguía vivo en ese momento.

Pero Lee Jeong-hoon, quien había sido en su vida anterior, ya había muerto y desaparecido.

Así como la vida solo se recibe una vez, también existe una única cantidad de aliento destinada a cada persona.

Por eso, aquella vida actual era una etapa adicional para Eddie.

No.

Para Lee Jeong-hoon.

Si podía utilizar aquella vida extra para hacer feliz a Ketron, el protagonista de la historia, entonces aquello tampoco estaría mal.

No.

Aunque Ketron no fuera el protagonista.

Eddie deseaba que fuera feliz independientemente de semejantes consideraciones.

—…¿Cuándo terminé encariñándome tanto contigo?

Eddie sonrió con amargura.

La historia quería con todas sus fuerzas que Eddie fuera el ayudante de Ketron.

Y Eddie también lo deseaba.

Si sus intereses coincidían, él y aquella «historia» podían mantener una relación de cooperación bastante buena.

Decidió hacer todo lo que estuviera a su alcance.

Para asegurarse de que Ketron obtuviera un final feliz perfecto.

Al día siguiente, Eddie y Ketron se dirigieron sin vacilar hacia la capital, Irena.

Aunque era el vencedor del torneo, Ketron no tenía ningún vínculo con Sandern.

Además, ni él ni Eddie estaban en condiciones de saborear o disfrutar las secuelas de la victoria, cada uno por sus propios motivos.

La mente de Eddie estaba llena de pensamientos complicados.

Ketron, por su parte, no sentía ningún entusiasmo particular por haber ganado.

En cualquier caso, ninguno de los dos se opuso a regresar inmediatamente a la posada.

El viaje de vuelta fue tranquilo.

Quizá porque Sandern se había convertido prácticamente en un festival destinado a sacar provecho de los turistas, y porque estos acostumbraban viajar primero a la capital antes de dirigirse al torneo, los carruajes con rumbo a Irena estaban relativamente poco concurridos.

Aun así, Eddie había esperado algún tipo de trato más propio de un campeón.

Pero nadie los retuvo, por lo que ambos pudieron dirigirse cómodamente hacia la capital.

Ganar el torneo no otorgaba ningún honor ni recompensa extraordinarios.

No era una competencia especialmente tradicional, sino un evento creado principalmente como entretenimiento.

El honor de ser el vencedor de un torneo patrocinado por el Emperador y un lingote de oro como premio era todo lo que recibía el ganador.

Al menos oficialmente.

¡Bum!

—Ugh.

El carruaje dio una violenta sacudida, como si hubiera pasado sobre una roca.

Eddie dejó escapar un gemido ante lo terrible que era el trayecto.

Al igual que durante el viaje de ida, para regresar habían tenido que conseguir que alguien los llevara.

Eddie no era precisamente un posadero adinerado.

Ketron, por su parte, era un plebeyo cuya única posesión valiosa era la Espada Sagrada.

Claro que ahora también tenían el lingote de oro que habían recibido como premio.

Pero un lingote que todavía no había sido cambiado por dinero no era más que una carga pesada.

Por fortuna, estaba guardado dentro de la bolsa de almacenamiento espacial, así que al menos no tenían que soportar su peso.

En cualquier caso, ninguno de los dos podía permitirse un carruaje costoso y cómodo, ni poseían caballos.

Así que, naturalmente, tenían que conseguir un carruaje o un caballo prestado.

El problema era que Eddie no sabía montar.

Por eso habían tenido que contratar un carruaje tanto para ir a Sandern como para salir de allí.

Durante el trayecto de ida habían logrado abordar un carruaje regular que viajaba entre ciudades.

Ahora, en cambio, iban dentro del carro de carga de una caravana mercantil bastante grande.

Cuando fueron a buscar transporte, el líder de la caravana reconoció a Ketron como el vencedor del día anterior y les dijo:

—¡Si trabajan como nuestros escoltas, no les cobraré el viaje!

Eddie aceptó encantado la oferta, ahorrándose así el costo del carruaje.

La capital, Irena, y Sandern, donde se había celebrado el torneo, eran ciudades vecinas unidas por un camino extremadamente bien pavimentado.

Claro que, de vez en cuando, podían pasar sobre una roca como acababa de ocurrir.

Pero teniendo en cuenta que se encontraban en una época medieval sin asfalto, aquella podía considerarse una carretera muy bien mantenida.

Como conectaba dos ciudades importantes, naturalmente circulaban por allí muchas personas, caballos y carruajes, por lo que resultaba difícil que ocurriera algo grave.

Precisamente por eso, Eddie aceptó sin dudar la labor de escolta en una ruta donde rara vez aparecían bandidos.

Ketron, por supuesto, no hizo ningún comentario al respecto.

—Ahora que lo pienso, Ket.

Eddie se dirigió a Ketron, que permanecía sentado en silencio a su lado, sosteniendo la Espada Sagrada entre los brazos.

Cuando Ketron volvió la cabeza para mirarlo, su rostro no mostraba ni rastro de emoción o alegría, a pesar de haber ganado el torneo del que todo el mundo hablaba.

Bueno, aunque ahora hubiera sido olvidado, seguía siendo un Héroe que alguna vez había sido famoso en todo el mundo.

Además, la especialidad de Ketron era combatir como un espadachín mágico que utilizaba activamente magia de batalla.

Tenía sentido que ganar un torneo en el que la magia estaba prohibida y no había oponentes especialmente poderosos no le causara gran impresión.

—¿Viste al Emperador en persona?

—Sí lo vi, pero no pude acercarme por motivos de seguridad.

—Ya veo.

Como el torneo había sido patrocinado por el Emperador, él mismo había acudido a presenciarlo.

Eddie había estado demasiado lejos y demasiado alterado como para ver qué aspecto tenía el soberano de aquel mundo.

Sentía curiosidad porque el Emperador era un personaje mencionado de vez en cuando en 《El Héroe ya no oculta tan bien su poder》, pero nunca había aparecido directamente.

Al igual que aquel «Eddie», cuya figura el autor jamás había definido de manera concreta, Eddie se preguntaba cómo habían cobrado forma personajes como el Emperador, que apenas tenían presencia dentro de la historia.

También sentía curiosidad por saber qué clase de persona había sido originalmente aquel «Eddie».

No parecía ser un simple posadero, sino alguien de una importancia extraordinaria en la segunda parte.

Volvió a preocuparse al preguntarse si sería capaz de desempeñar correctamente el papel de «ayudante del protagonista».

Ugh.

Definitivamente, ser un personaje secundario es mucho más cómodo.

Ocupar un papel principal no es nada sencillo.

Eddie dejó caer la cabeza sobre el hombro de Ketron.

Su mente seguía completamente revuelta.

Lo que debía haber sido una salida casual había terminado convirtiéndose en un encuentro inesperado con verdades demasiado pesadas.

Ketron ajustó su postura para permitir que Eddie descansara con mayor comodidad sobre su hombro.

Después de un largo silencio, habló en voz baja.

Lo hizo suavemente, por si Eddie se estaba quedando dormido.

—Mientras ganaba, vi un rostro conocido.

Aunque Ketron estaba siendo considerado por si Eddie se había quedado dormido, este no mostraba el menor rastro de sueño.

Con los ojos entreabiertos, preguntó:

—¿Un rostro conocido?

—Sí.

Un rostro conocido.

¿A quién podría haber visto?

Durante unos instantes, Eddie permaneció apoyado en su hombro, reflexionando sobre lo que acababa de decir.

Entonces se incorporó de golpe.

—¿U-un rostro conocido? ¿Quién?

Por alguna razón, Eddie creyó saber a quién había visto Ketron.

Tenía una sospecha…

Y, esperando estar equivocado, preguntó con urgencia.

Ketron inclinó ligeramente la cabeza, desconcertado por su reacción.

—Un antiguo compañero de viaje.

La confirmación lo golpeó como una bala.

Argh.

Eddie se pasó los dedos por el cabello con frustración.

¡Como si su mente no estuviera ya lo bastante complicada, ahora se había añadido otro problema!

Ketron había visto a Arthur.

Eso significaba que Arthur también debía haberlo visto a él.

Con toda aquella multitud coreando con entusiasmo el nombre de Ketron el día anterior, era imposible que no se hubiera dado cuenta.

Ahora que lo pensaba, el torneo se había promocionado ampliamente como una competencia cuyo vencedor podría disputar un combate amistoso contra el Héroe, Arthur.

Aunque Arthur había renunciado a participar alegando problemas de salud, aun así podía haber asistido como espectador.

Eddie miró cautelosamente a Ketron.

Se había preguntado cómo reaccionaría al encontrarse con Arthur.

Sin embargo, para su sorpresa, Ketron no parecía sentir nada en particular.

Debería querer despedazarlo.

Debería estar furioso.

En la obra original…

No.

En la primera parte, Ketron había sucumbido a la oscuridad mientras soñaba con vengarse, ¿no era así?

Pero el Ketron actual no ardía de ira.

Paradójicamente, para Eddie, aquella calma revelaba una furia todavía más profunda.

—Entonces… ¿cómo fue?

Eddie preguntó mientras tragaba saliva sin darse cuenta.

Ketron lo observó durante unos instantes antes de responder con voz serena.

—Parecía estar bien.

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