¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 47
Eddie inclinó la cabeza al ver las dos flores que habían aparecido de repente, pero asumió que la segunda era para Ketron, que estaba sentado a su lado, así que no le dio mayor importancia.
Observó por un momento las dos flores recién cortadas y luego volvió la mirada hacia Ketron.
Sus ojos se encontraron cuando Ketron, que estaba bebiendo la bebida isotónica que Eddie le había dado, levantó la vista para mirarlo.
Eddie lo contempló en silencio durante unos segundos y, como si algo se hubiera apoderado de él, extendió la mano y le colocó una flor detrás de una oreja.
—…¿?
Ketron se quedó inmóvil un instante.
La flor, acomodada detrás de la oreja de aquel hombre alto, de rostro normalmente severo, resultaba un tanto desproporcionada, pero al mismo tiempo hacía que el nivel de frescura de su apariencia, que antes rozaba el cero, se disparara de golpe.
Para Eddie, era casi un milagro.
La ternura que ya rondaba el cien había pasado directamente al doscientos.
—Jajaja.
Animado por el resultado, tomó la otra flor y la colocó detrás de la otra oreja de Ketron.
Ketron lo miró con una expresión momentáneamente desconcertada por aquel comportamiento tan extraño, pero no hizo ningún intento por impedirlo.
La predicción de Eddie había sido correcta.
Era imposible que un hombre tan guapo no luciera bien con flores.
La belleza siempre combinaba con la belleza.
Ketron lo observó unos instantes y, en lugar de quitarse las flores, decidió dejar tranquilamente que Eddie siguiera sosteniéndole el rostro.
Qué chico tan obediente.
Eddie sonrió satisfecho y le dio un golpecito juguetón en la mejilla con un dedo antes de volver la vista hacia la arena del torneo, donde todavía no había comenzado ningún combate.
Siempre le había gustado más ver a jugadores expertos en YouTube que jugar él mismo, así que se acomodó con tranquilidad, convencido de que ser espectador era la opción más cómoda.
La postura perfecta para disfrutar del espectáculo.
Ese fue el último instante de paz entre ambos…
…antes de que la escena cambiara.
La anomalía llegó sin hacer ruido.
Sin el menor aviso.
—¡Vamos, salchichas recién hechas!
Además de las muchachas que repartían flores, también había numerosos vendedores ambulantes que llevaban pequeños puestos sujetos al cuerpo y ofrecían comida y bebida.
—Mmm.
Eddie dudó un momento al ver pasar un puesto con unas salchichas que olían deliciosamente.
Claro que en la tienda de conveniencia vendían salchichas calientes, pero no tenía ninguna a mano.
Y, además, el sabor de una salchicha precocinada de tienda jamás podía compararse con el de una recién asada, jugosa y llena de grasa.
—¿Me da dos, por favor?
—¡Enseguida!
Eddie decidió comprar una también para Ketron.
Justo cuando estaba rebuscando en el bolsillo para sacar unas monedas de plata…
Clic.
Escuchó un sonido.
Un sonido que le resultaba inquietantemente familiar.
Como enormes engranajes encajando unos con otros y comenzando a girar con fuerza.
Sobresaltado, levantó la cabeza de inmediato.
Clic… clic… clic…
El sonido se hizo cada vez más intenso.
Era imposible ignorarlo.
Pero, por supuesto, tampoco tenía sentido que dentro del Coliseo apareciera de repente un gigantesco mecanismo cuyos engranajes resonaran hasta sus oídos.
A su alrededor todo seguía igual.
La multitud continuaba murmurando con entusiasmo mientras esperaba el inicio del torneo.
Nadie parecía notar nada extraño.
Como si únicamente Eddie pudiera oír aquel ruido.
El comerciante frente a él simplemente esperaba el pago con la misma expresión de antes.
Era como si solo Eddie pudiera escuchar aquellos engranajes.
Clic…
Cuando el sonido finalmente cesó, Eddie respiraba agitadamente, como si acabara de correr a toda velocidad.
—¿Señor?
El vendedor lo llamó, confundido al verlo inmóvil y pálido con las monedas aún en la mano.
Era evidente que él no había escuchado absolutamente nada.
—Ah… perdón.
Eddie reaccionó y pagó con rapidez.
¿Lo habré imaginado…?
Sabía perfectamente que esa no era la respuesta.
Pero intentó convencerse de ello.
Porque, de lo contrario…
Aquella situación era demasiado extraña.
Y demasiado aterradora.
El comerciante, satisfecho por la venta, le entregó el cambio mientras sonreía.
—Nuestras salchichas son enormes, y además compra dos para usted solo. Debe comer mucho más de lo que aparenta.
—No, es que estoy con…
Al lado de mi amigo…
Pero esa expresión no terminaba de convencerlo.
Eddie dudó un momento sobre cómo debía presentar a Ketron.
Al final decidió que tampoco era algo importante.
—Las voy a comer con mi amigo. Está sentado aquí al lado.
—¿Su amigo?
—Sí.
Mientras respondía, volvió la cabeza hacia el asiento de al lado.
Y abrió los ojos de golpe.
Ketron había desaparecido.
Solo permanecían allí las dos flores que Eddie le había colocado detrás de las orejas.
Era como si únicamente Ketron se hubiera desvanecido del mundo.
¿Eh?
Ketron sabía perfectamente que Eddie se ponía ansioso cuando estaba solo.
Precisamente por eso intentaba no alejarse nunca de él.
Y, si necesitaba marcharse por algún motivo, siempre se lo decía antes.
Así que aquello estaba mal.
Muy mal.
El vendedor añadió entonces, extrañado:
—Pero… usted ha estado solo todo este tiempo.
—¿Qué?
Eddie lo miró sin comprender.
Ketron había estado sentado allí hacía apenas unos segundos.
—¿Desde cuándo?
Aquella pregunta hizo que el comerciante pusiera una expresión aún más extraña.
—Llevo un buen rato pasando por esta zona.
Desde el principio ha estado usted solo.
¿Perdió a su compañero o algo así?
Eddie escuchó la pregunta, pero fue incapaz de responder.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo y sintió los labios completamente rígidos.
Las puntas de sus dedos comenzaron a enfriarse.
Ni siquiera la bolsa térmica que sostenía podía combatir aquel frío.
Con el rostro completamente pálido, bajó la vista hacia sus manos.
El vendedor, viendo que ya había terminado la transacción, lo observó unos segundos con desconcierto y finalmente se alejó en silencio.
—¡Salchichas! ¡Salchichas recién hechas!
La voz del comerciante se fue perdiendo en la distancia.
Eddie permaneció inmóvil, contemplando fijamente el asiento vacío.
¿No estuvo aquí desde el principio?
Entonces…
¿Dónde está Ketron?
…¿Dónde está?
¿Por qué?
¿Cuándo?
No…
¿Por qué?
¿En qué momento empezó a torcerse todo?
Mientras su mente daba vueltas desesperadamente, de pronto vio el enorme panel mágico que llevaba un rato actualizándose.
【Lista de participantes】
Ketron.
En cuanto vio claramente aquel nombre escrito entre los participantes…
Se puso de pie de un salto.
Las personas sentadas detrás protestaron por el brusco movimiento, pero Eddie ni siquiera les prestó atención.
Les entregó las dos salchichas que aún sostenía.
—¿Eh? ¿Qué…?
—¡Cómanselas!
Les gritó con fuerza.
Y salió disparado de allí.
Ni él mismo sabía de dónde había sacado semejante energía.
Había muchísima gente alrededor.
En cualquier otra ocasión se habría encogido de miedo.
Pero ahora…
Ni siquiera sentía temor.
La adrenalina recorría todo su cuerpo.
—¡Perdón! ¡Déjenme pasar!
Ya no le importaba el asiento que tanto esfuerzo le había costado conseguir.
Solo tenía una idea en la cabeza.
Llegar al primer piso.
¿Por qué el nombre de Ketron aparece en la lista de participantes?
¿Por qué?
Corrió sin detenerse.
Era la primera vez que lo hacía desde que había llegado a este mundo.
En su vida anterior siempre había procurado mantenerse en forma cuando tenía tiempo.
Pero después de morir tan joven terminó pensando que todo aquello había sido inútil, así que, desde entonces, apenas hacía el ejercicio indispensable.
Ahora sentía cómo sus fuerzas se agotaban rápidamente.
Cuando regrese…
Tengo que empezar a entrenar.
Aunque sea siguiendo la rutina de Ketron.
Apretó los dientes.
Solo podría cumplir esa promesa si primero lograba encontrarlo.
Así que corrió con todas sus fuerzas.
Cuando finalmente llegó al primer piso, apenas quedaban personas.
Solo había unos cuantos encargados conversando tranquilamente.
Parecía que todos los asistentes ya habían entrado al Coliseo.
El torneo estaba a punto de comenzar.
Al verlo llegar jadeando, uno de ellos chasqueó la lengua.
—¿Participante?
—Ah… no… Este… yo…
Incluso sin aliento, Eddie no sabía cómo describir a Ketron.
Pensándolo bien…
Ni siquiera podían llamarse amigos.
Tampoco eran exactamente empleador y empleado.
Solo entonces cayó en la cuenta de que, en realidad…
No tenían ninguna relación definida.
Si tenía que escoger la palabra más cercana, probablemente sería…
Amigo.
—Necesito hablar con… un amigo mío. Es participante. ¿Puedo entrar?
Al final eligió aquella palabra imprecisa.
Los encargados negaron con la cabeza.
—Lo sentimos, pero por aquí solo pueden entrar los participantes del torneo.
—Si tiene algún mensaje, podemos entregárselo. Díganos únicamente el nombre de la persona.
Era bastante amable por su parte.
Pero…
¿Qué podía decirles?
Había corrido hasta allí impulsado por el pánico.
Ni siquiera comprendía lo que estaba ocurriendo.
El nombre de Ketron aparecía en la lista de participantes.
Él estaba sentado completamente solo entre el público.
Sí…
Ese era exactamente el escenario que habría ocurrido si Ketron hubiera decidido participar en el torneo.
Pero eso jamás había sucedido.
Eddie nunca había tomado esa decisión.
Jamás había convencido a Ketron de hacerlo.
Y no era tan torpe como para no darse cuenta de que la realidad había cambiado de forma completamente antinatural.
Sin embargo…
Aunque fuera consciente de ello, no dejaba de ser una persona común y corriente.
No tenía forma de abrirse paso por la fuerza entre aquellos encargados de expresión severa para ir a buscar a Ketron.
Finalmente preguntó con voz débil:
—Las… inscripciones para el torneo… fueron hace tiempo, ¿verdad?
—Así es.
El plazo terminó hace ya una semana.
—…
El plazo había cerrado hacía una semana.
Y, sin embargo…
Ketron figuraba como participante.
Eso significaba que no solo había cambiado el presente.
También había cambiado el pasado.
Más de una semana atrás…
Ketron se había inscrito.
No.
El pasado había sido reescrito para que se hubiera inscrito.
A pesar de que…
Él jamás lo había hecho.
Al ver cómo el rostro de Eddie perdía todo el color, los encargados intercambiaron miradas, interpretando mal la situación.
Uno habló con tono cuidadoso.
—¿Es un asunto realmente urgente?
Podemos hacerle llegar el mensaje inmediatamente.
—¿A quién debemos entregárselo?
Pero Eddie no tenía ningún mensaje.
Lo más probable era que Ketron ni siquiera fuera consciente de que algo estaba mal.
Después de todo…
En ese pasado alterado, seguramente había sido el propio Eddie quien lo había animado a participar.
¿Qué podía decirle?
La historia ha cambiado.
La historia de este mundo ha cambiado de repente.
¿Y a quién podía contárselo?
Él era, probablemente…
El único extraño en este mundo.
En ese instante…
Clonc.
Un sonido desconocido resonó en sus oídos.
Era un ruido grave y profundo.
Como el de gigantescos engranajes encajando y comenzando a girar.
Como si una inmensa máquina acabara de ponerse en marcha.
Al mismo tiempo…
El viento desapareció.
Eddie levantó bruscamente la cabeza.
Solo entonces se dio cuenta de que el frío que lo había estado envolviendo se había desvanecido por completo.
Ya no había sonido.
Ya no había frío.
Y ya no estaba frente a los encargados del Coliseo.
Ni siquiera estaba en Sandern.
Quizá…
Ni siquiera seguía dentro de ese mundo.
A su alrededor solo había un espacio vacío.
Nada.
La única fuente de luz era un único haz luminoso que descendía desde lo alto —¿el techo?, ¿las estrellas?— e iluminaba un solo objeto.
Un libro.
Como hipnotizado, Eddie caminó hacia él.
No había nada más.
Todo lo demás permanecía sumido en la oscuridad.
Avanzó mucho más despacio de lo habitual.
Pero solo tardó unos instantes en llegar.
Sobre la cubierta de cuero negro, unas elegantes letras formaban el título.
《El Héroe ya no oculta tan bien su poder — Parte 2》