¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 3
Eddie se volvió, preguntándose si todo lo ocurrido hasta ese momento había sido un sueño y por fin había despertado.
Sin embargo, detrás de él seguían estando las escaleras que conducían al sótano de la Posada de Eddie.
Volvió a mirar al frente.
Allí continuaba su tienda de conveniencia, exactamente igual que justo antes de transmigrar.
—…¿Eh?
La sección de ramen, completamente abastecida y sin un solo hueco; la zona de gimbap triangular, rollos de gimbap y sándwiches; las cajas de almuerzo ordenadas por categorías en los estantes inferiores; los bocadillos, las gomitas, las bebidas para la resaca…
Todo era exactamente igual que en su tienda, la cual siempre había mantenido perfectamente organizada gracias a su personalidad meticulosa.
Incluso había un microondas, aunque en ese lugar no debería existir electricidad.
Como si estuviera poseído, Eddie se acercó al aparato y presionó el botón de inicio.
Con un zumbido, el temporizador se ajustó automáticamente a treinta segundos y el plato comenzó a girar.
La luz anaranjada que iluminaba el interior del microondas brillaba con intensidad.
Espera…
¿Cómo funcionaba sin electricidad?
Al darse cuenta de aquella contradicción, Eddie se apresuró a revisar la parte trasera del aparato.
No había ningún cable de alimentación.
—Hoo…
Decidió revisar también la máquina de café.
Un americano helado tamaño grande.
Una bebida que pensó que jamás volvería a probar.
Abrió un vaso lleno de hielo, lo colocó bajo la boquilla y presionó el botón del americano.
Con el familiar zumbido de la máquina, un aroma igualmente conocido rozó la nariz de Eddie.
Como era de esperar, tampoco había ningún cable conectado a la máquina.
Además, no parecía necesario rellenarla con agua ni granos de café.
Los alimentos con una vida útil corta, como los gimbap triangulares, no tenían etiquetas con fecha de caducidad.
No…
Ninguno de los productos tenía fecha de vencimiento.
Cuando retiró un gimbap triangular del expositor, otro apareció de inmediato para ocupar su lugar.
Lo mismo sucedía con el ramen, los bocadillos y todos los demás productos.
Era como si toda la tienda funcionara como una fábrica automatizada.
—Hooo…
Eddie permaneció aturdido durante un buen rato.
Solo era capaz de soltar sonidos como «hoo» y «hooo», como si hubiera perdido la capacidad de pronunciar cualquier otra palabra.
Una tienda de conveniencia en la que no era necesario preocuparse por acomodar primero los productos más antiguos ni controlar el inventario.
Y, al parecer, reabastecerla tampoco tenía costo alguno.
¿Podía existir semejante ventaja?
¿Ventaja?
—Ah.
Después de reflexionar durante unos instantes, Eddie finalmente tuvo una revelación.
Este era su beneficio como transmigrado.
Los últimos días, durante los cuales había refunfuñado porque había «transmigrado sin recibir ningún beneficio», de pronto parecían pertenecer a otra vida.
Era un secreto, pero cerca del segundo día después de transmigrar, Eddie había murmurado discretamente:
—…Ventana de estado.
Naturalmente, no apareció nada.
Después de todo, El Héroe No Oculta Demasiado Bien su Poder era una historia de fantasía clásica, por lo que no existía algo semejante.
Y aquella tienda probablemente era muchísimo mejor que la ventana de estado que había invocado tímidamente, solo por si acaso.
No.
Era buena.
En su vida anterior, no era más que una de las incontables tiendas de conveniencia repartidas por el mundo.
Tan solo en su complejo de apartamentos había cuatro.
Pero en este mundo…
Probablemente solo existía una.
—¡Ah!
Eddie tuvo otra revelación.
La semana de sufrimiento durante la cual se había devanado los sesos frente a aquel patético menú había perdido todo sentido.
¿Para qué iba a desarrollar platos adaptados al paladar de este mundo utilizando productos creados por empresas modernas?
¿Para qué experimentar una y otra vez, preocupado por si serían del agrado de los habitantes del Imperio?
¡Solo tenía que hervir agua o utilizar el microondas!
—Cof.
Eddie se cubrió apresuradamente la boca.
¿Estaba sorprendido?
¿Se encontraba repentinamente feliz por volver a ver aquella tienda que le resultaba tan familiar?
No.
Eddie no pudo evitar que las comisuras de sus labios temblaran.
Por supuesto, nadie lo observaba, pero sentía que en cualquier momento una radiante sonrisa capitalista se dibujaría en su rostro.
—…Me saqué la lotería.
Podía sentir el aroma de una gran oportunidad.
De pronto, Eddie tuvo una idea y corrió hacia la sección de ramen.
En las tiendas de conveniencia modernas, incontables productos nuevos aparecían y desaparecían siguiendo las tendencias.
A diferencia del pasado, ahora existían sabores de todo tipo.
Por supuesto, también había productos tradicionales que seguían siendo muy populares y conservaban su sabor de siempre.
Sin embargo, nunca faltaban los nuevos contendientes que comenzaban a ganar terreno.
Sí.
Por ejemplo, aquel ramen que a él también le gustaba mucho y que solía comer con queso durante los días más estresantes.
Eddie sonrió con malicia al encontrar el ramen en cuestión, cuyo empaque mostraba a un personaje escupiendo fuego.
Lo primero que hizo fue preparar un gran menú para colgarlo en la pared.
Comenzó escribiendo los pocos y miserables platos que ya tenían:
Papas fritas.
Pescado frito.
Bandeja de frutas.
Luego añadió una nueva opción debajo.
[¡Nuevo! Fire Chicken Noodle]
A un lado escribió «cerveza de barril», la única bebida alcohólica disponible en la Posada de Eddie.
Aunque en la tienda de conveniencia había toda clase de bebidas alcohólicas, decidió no añadirlas de inmediato al menú.
—Ah.
Sin embargo, como si acabara de recordar algo, escribió «leche» debajo de la cerveza.
Si el Fire Chicken Noodle tenía éxito, sería indispensable.
Eddie sonrió satisfecho al contemplar el menú, que ahora parecía bastante más completo.
Por supuesto, seguía siendo insuficiente para un restaurante y una taberna.
En su tienda de conveniencia, que se reabastecía infinitamente, había muchísimos más productos.
Sin embargo, si ofrecía demasiados desde el principio, existía una gran probabilidad de que el negocio terminara sin una identidad clara.
Después de todo, toda aquella comida resultaría desconocida para los habitantes del Imperio Reneba.
Pero…
¿Por qué había elegido el Fire Chicken Noodle entre todos los productos disponibles?
Porque la primera impresión debía ser impactante, sin importar lo que dijeran los demás.
Especialmente en un lugar donde los clientes no esperaban nada de la comida, el boca a boca era aún más importante.
El Fire Chicken Noodle era perfecto para ese propósito.
Un plato que podía ofrecer tanto sabor como un tema de conversación.
Los negocios se parecían a una maratón en el sentido de que la constancia era fundamental.
Pero se diferenciaban de una maratón en que el comienzo también resultaba crucial.
Eddie se encontraba ahora mismo en la línea de salida.
Y había elegido ese plato tras calcularlo cuidadosamente.
—Mmm… Eddie, ¿qué demonios es esto?
El primer día que prepararon Fire Chicken Noodle, Gerold no pudo evitar preguntarlo en cuanto abrió el paquete de salsa y percibió su intenso aroma picante.
—Es quien abrirá las puertas de una nueva era para la Posada de Eddie.
—¿Disculpa?
—Bueno, basta con que sepas eso.
Era difícil explicarlo.
A diferencia de Eddie, Gerold ni siquiera era consciente de la existencia de la tienda de conveniencia.
Estaba firmemente convencido de que en aquel lugar solo había una puerta del sótano que se negaba a abrirse.
Como resultaba incómodo explicarle la situación, Eddie dio una respuesta vaga.
Gerold, siendo el empleado leal que era, se limitó a asentir sin hacer más preguntas.
Qué buen muchacho.
Era bastante alto y tenía una constitución robusta, incluso mayor que la de Eddie.
Sin embargo, obedecía tan bien y se comportaba con tanta amabilidad que Eddie no podía evitar encontrarlo adorable.
Contuvo el impulso de acariciarle la cabeza y se dedicó a observar cómo terminaba de prepararse el Fire Chicken Noodle.
Después de tanto tiempo, su sabor logró arrasar con todo el estrés que había acumulado.
Tal vez porque el cuerpo que ahora poseía tenía menos tolerancia al picante que el suyo anterior, lo sintió mucho más intenso de lo habitual.
Pero aquello era algo que debía superar con fuerza de voluntad.
—Mmm… Eddie. Está demasiado picante.
El rostro de Gerold se volvió completamente rojo después de probar un solo bocado.
—Bebe esto.
Eddie le entregó la leche de plátano en botella que había preparado de antemano.
Gerold la tomó sin comprobar qué era y comenzó a beber a grandes tragos.
Entonces abrió mucho los ojos.
—Eddie, ¿qué demonios es esto…?
—Está deliciosa, ¿verdad?
Aunque todavía luchaba contra el picor que permanecía en su boca, Gerold asintió.
No era un producto que hubiera sobrevivido tantos años en el mercado sin razón.
Eddie, sintiéndose orgulloso a pesar de no haberlo preparado él mismo, levantó los hombros con satisfacción.
—Pondré ese refrigerador junto a la entrada. Entrégale una a cada cliente como cortesía de la casa.
La leche de plátano no aparecía en el menú.
Sin embargo, en adelante, cualquiera que visitara la Posada de Eddie podría probar una.
Era lo que se conocía como un «producto gancho».
Además, para Eddie era uno de los artículos que se reabastecían de manera infinita.
Como no le costaba nada, no tenía nada que perder.
Si aun así fracasaba, entonces realmente no merecía dedicarse a los negocios.
Eddie dio una palmada.
—Comencemos.
Era el nuevo comienzo de la Posada de Eddie.
Naturalmente, no todo marchó sobre ruedas desde el principio.
Para empezar, la Posada de Eddie ni siquiera contaba con clientes a los que pudiera llamar habituales.
Al final, necesitaba que alguien probara la comida y corriera la voz.
El problema era que la mayoría de los visitantes acudían para hospedarse, no para comer, de modo que nadie prestaba atención al menú.
Incluso los clientes ocasionales mostraban poco interés.
Por costumbre, se limitaban a pedir papas fritas, pescado frito o cerveza.
Como Eddie no podía servirles algo que no habían pedido, esperó pacientemente una oportunidad para presentar su nuevo plato.
Por supuesto, la política de regalar leche de plátano seguía vigente.
Los clientes recibían una botella cada uno con expresiones de desconfianza.
La mayoría de quienes se hospedaban eran viajeros de otras regiones o personas sin vínculos con la capital.
Aunque probaran la leche gratuita, era poco probable que regresaran al día siguiente.
En más de una ocasión, Eddie se preguntó si aquella estrategia realmente tendría algún efecto.
Sin embargo, sabía que no podía esperar llenarse con la primera cucharada.
Y finalmente…
La oportunidad que tanto había esperado llegó.
—¡Oiga, jefe! ¡Tres cervezas y cualquier aperitivo!
Habían pasado dos semanas desde que Eddie transmigró.
Y cerca de una semana desde que empezó a administrar el negocio en serio.
Por fin, alguien había mordido el anzuelo.
Mientras observaba a los hombres chocar sus jarras y gritar «¡Por el héroe Arthur! ¡Por el mago Boram! ¡Por Augustine, el Portador del Poder Divino! ¡Y por el emperador!», Eddie mostró por fuera una sonrisa cálida y amable.
—Gerold, prepara un Fire Chicken Noodle.
Sin embargo…
Aquella era la sonrisa de un demonio.