¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 2

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Nombre: Eddie.

Ocupación: Propietario de la Posada de Eddie, ubicada en la plaza central de la capital.

La posada, cuyo nombre era tan poco imaginativo como cabía esperar, apenas aparecía de forma fugaz en la novela original. Solo era mencionada en una única línea:

[La Posada de Eddie, situada en la plaza central de la capital, era una posada tranquila que, a pesar de su excelente ubicación y de lo limpia que estaba, tenía ingresos muy modestos.]

Y eso era todo.

Naturalmente, no había ninguna descripción del posadero, Eddie, ni explicación alguna sobre por qué un negocio con semejante ubicación generaba tan pocos ingresos.

Y Eddie…

O mejor dicho, el hombre que antes había sido Lee Jeong-hoon, dueño de una tienda de conveniencia…

Había terminado transmigrando precisamente al cuerpo de ese posadero.

Pasó de ser el propietario de una pequeña tienda escondida en un rincón de un complejo de apartamentos…

A convertirse en el dueño de una posada magníficamente ubicada que, por alguna razón, siempre estaba vacía.

¿Debía alegrarse por ello… o lamentarlo?

—Bueno… agradezco haber recibido una segunda oportunidad para vivir, pero…

Eddie murmuró para sí, apenas en un susurro.

Le tomó exactamente dos días aceptar aquella absurda transmigración.

Durante ese tiempo permaneció encerrado en su habitación, sin pensar siquiera en la novela original.

Lo primero que tuvo que aceptar…

Fue su propia muerte.

La muerte.

A veces sus amigos solían bromear diciéndole:

«Trabajas demasiado. Vas a morir joven.»

Jamás imaginó que terminaría ocurriendo de verdad.

—Haa…

Eddie dejó escapar un profundo suspiro.

Recordaba perfectamente su último instante.

Aquel dolor abrasador que atravesó su abdomen.

No…

Ni siquiera podía llamarlo dolor.

Simplemente…

Era un calor insoportable.

Una sensación tan espantosa que, viéndolo en retrospectiva, casi agradecía haber perdido el conocimiento tan rápido y no haber tenido que sufrir más.

Cuando, estando en sus veinte, decidió abrir su propia tienda de conveniencia, sus padres intentaron convencerlo de que desistiera.

Ellos querían que presentara el examen para convertirse en funcionario y tuviera un empleo estable.

Pero él les había prometido, golpeándose el pecho con orgullo, que levantaría su propio negocio y triunfaría.

Pagaba puntualmente el salario mínimo y las prestaciones correspondientes a sus empleados de medio tiempo.

Y precisamente por eso trabajaba aún más duro.

Entre semana trabajaba prácticamente toda la jornada, salvo el turno nocturno.

Además, él mismo se encargaba de la logística, de acomodar la mercancía y hasta de los refrigeradores.

Pensaba que, una vez el negocio despegara, podría abrir más sucursales y disponer por fin de algo de tiempo libre.

Solo debía aguantar mientras aún era joven.

«…»

Ja…

Sin darse cuenta, dejó escapar un suspiro lleno de impotencia.

Si hubiera sabido que todo terminaría de una forma tan absurda…

Habría escuchado a sus padres.

Habría presentado el examen para convertirse en funcionario.

Quizá entonces no habría perdido la vida de una manera tan inútil.

Y tampoco habría terminado transmigrando a este mundo.

—Ugh…

Al final, las lágrimas que llevaba conteniendo terminaron desbordándose.

¿Qué iba a hacer ahora?

Su madre debía de estar destrozada.

Solo esperaba que no sufriera demasiado.

La mayor falta de piedad filial era morir antes que los propios padres.

Y él había cometido precisamente ese pecado.

Eddie lloró durante mucho tiempo.

Durante los dos primeros días después de transmigrar no hizo más que llorar.

No tenía ánimo para maravillarse de haber llegado a un mundo de fantasía.

Ni curiosidad por explorar cómo era aquel lugar.

Simplemente…

Estaba demasiado triste.

Y siguió llorando.

Hasta que, al tercer día…

Se secó las lágrimas y se puso de pie.

Llorar no cambiaría nada.

Ya había llorado suficiente.

Ahora era momento de seguir adelante.

Por esa sencilla razón.

Lee Jeong-hoon…

O mejor dicho, Eddie…

Era una persona demasiado positiva y resolutiva como para dejarse consumir por la desesperación.

—¿Eddie? ¿Te encuentras bien?

Mientras el dueño permanecía encerrado lamentándose, Gerold, el único empleado de la posada, había administrado el negocio sin el menor problema.

Eddie sonrió ampliamente al ver al leal empleado, que parecía realmente preocupado por él.

—Sí. Estoy bien.

No tenía idea de cómo era el Eddie original.

Al parecer, aquella transmigración no incluía ningún beneficio adicional.

Ni siquiera había heredado sus recuerdos.

Solo supo que el hombre frente a él se llamaba Gerold porque, el primer día, cuando Eddie no reaccionó al verlo, este le dijo:

—¿Sigues con resaca, Eddie? Soy yo, Gerold.

Al menos debía agradecer dos cosas.

Había recibido una especie de «parche de idioma».

Y había transmigrado al cuerpo de un hombre apuesto y con buena condición física.

Aunque su participación en la novela fuera prácticamente inexistente.

—Perdón por dejarte todo el trabajo estos días, Gerold.

Eddie habló con una sonrisa despreocupada.

Gerold negó con la cabeza.

—No pasa nada. De todas formas, antes tampoco ayudabas mucho.

No había ni el menor rastro de resentimiento en su voz.

Como si aquello fuera lo más normal del mundo.

«…»

Eddie apretó los labios para no reaccionar de forma extraña.

Por alguna razón, se sintió injustamente acusado.

En su vida anterior había sido un dueño de tienda muy trabajador.

Era él quien hacía toda clase de trabajos pesados.

En cualquier caso…

Como ahora había transmigrado al cuerpo de un posadero…

Había vuelto a convertirse en trabajador independiente.

En su vida anterior pensaba:

«Algún día tendré varias tiendas y seré un empresario exitoso.»

Ahora, en cambio, su objetivo era mucho más modesto.

«Con tener una posada limpia, bien ubicada y que me dé lo suficiente para vivir, me conformo.»

La diferencia era enorme.

«¿Vas a morir joven?»

Al final, aquella broma de sus amigos había resultado ser cierta.

Había muerto joven por trabajar demasiado.

Y como no quería repetir la experiencia…

Su nueva filosofía de vida pasó a ser:

«Vivir muchos años, aunque sea modestamente.»

Sin embargo…

Aquella firme decisión empezó a tambalearse en cuanto revisó los libros de cuentas de la Posada de Eddie.

—¿Gerold?

—¿Sí?

—…¿De verdad estos son los ingresos mensuales de la posada?

Gerold echó un vistazo al libro de cuentas que Eddie sostenía entre las manos.

Por desgracia, aquel registro se llevaba automáticamente mediante magia.

No era posible falsificarlo.

—Sí.

«…»

Santo cielo.

¿Y esos ingresos ridículos qué eran?

¡Hasta una ardilla vendiendo las bellotas que recolectaba ganaría más dinero!

Bueno…

Quizá era una exageración.

Pero los ingresos eran demasiado miserables para una ubicación tan privilegiada.

Además…

Aunque la planta baja funcionaba claramente como restaurante y taberna…

La mayor parte de los ingresos provenía de los huéspedes que pasaban la noche.

El restaurante y la taberna prácticamente no generaban ganancias.

Con razón nunca había clientes durante el día.

—¡El menú!

Eddie exclamó de repente.

Gerold se apresuró a traerle la carta.

El menú de la Posada de Eddie consistía…

En una sola hoja.

Se suponía que aquello era un restaurante y una taberna.

Pero el menú era tan pobre que hasta Eddie sintió vergüenza.

Menú

  • Papas fritas
  • Pescado frito
  • Bandeja de frutas

Bebidas

  • Cerveza

«…»

Eso era todo.

Sin ilustraciones.

Sin descripciones.

Era un menú que prácticamente le gritaba a los clientes:

«Aquí no encontrarás lo que buscas. Mejor vete.»

Destrozaba por completo el ciclo natural de cualquier posada de este mundo de fantasía:

Los clientes llegaban al restaurante.

Luego se quedaban bebiendo en la taberna.

Y finalmente alquilaban una habitación para pasar la noche.

La Posada de Eddie tenía el enorme privilegio de encontrarse en una ubicación excelente.

Pero no era la única posada cercana.

Y esa ventaja, por sí sola, no bastaba para competir como restaurante y taberna.

Con razón…

Ganaban tan poco a pesar de tener tan buenas condiciones.

¿Acaso el Eddie original nunca se había dado cuenta del problema?

¿Cómo había podido descuidar el negocio de esa manera?

—…Haa.

Eddie cayó en una profunda reflexión.

¿Cómo podía sacar adelante aquella posada?

Gerold era un empleado todoterreno.

Sabía cocinar.

Limpiar.

Y encargarse prácticamente de todo.

Pero si quería darle un nuevo comienzo al negocio…

Necesitaba pensar muy bien qué platos añadir al menú y cuál sería el verdadero atractivo de la posada.

—También necesito promocionarla… Ugh…

Otro de sus problemas era no haber heredado los recuerdos del Eddie original.

No conocía los gustos de la gente del Imperio.

No sabía qué comida preferían.

Y para vender…

Primero debía saber qué quería la gente.

¿O quizá debería introducir un platillo completamente nuevo?

Uno que no existiera en este mundo.

Pero…

¿Qué comida sería capaz de conquistar a los habitantes del Imperio?

Había pasado exactamente una semana desde que transmigró.

Y cinco días desde que comenzó a devanarse los sesos pensando en el negocio.

Fue entonces cuando Gerold, que llevaba varios días observando en silencio cómo Eddie contemplaba el menú sin avanzar un solo paso, habló por primera vez del asunto.

Como todos los días, Eddie tenía el menú y una hoja de pergamino frente a él.

Llevaba horas pensando qué añadir y cómo promocionar el negocio.

Al fin y al cabo…

De ello dependía su segunda vida.

No podía permitirse actuar con precipitación.

Aunque no encontrara ninguna respuesta.

—Por cierto, Eddie.

—¿Eh?

—Sobre ese sótano del que te hablé hace unos días…

¿Sótano?

No tenía idea de qué estaba hablando.

Pero, como no había heredado los recuerdos del dueño original, fingió saber de qué se trataba.

—Ah… sí, el sótano. ¿Qué pasa con él?

—La puerta sigue sin abrirse. Ni siquiera con magia logro moverla. Dijiste que la revisarías, ¿lo recuerdas?

Era la primera vez que Eddie escuchaba que la posada tenía un sótano.

Bueno…

En realidad solo existía una línea sobre esa posada en toda la novela.

Todo era completamente desconocido para él.

De hecho, solo recordaba aquella única línea porque era el tipo de lector que consideraba un pecado saltarse una sola palabra.

Cualquier otra persona probablemente ni siquiera recordaría la existencia de la posada.

Un sótano…

Si ni siquiera la magia podía abrir la puerta…

¿Qué iba a conseguir él?

Aunque, si el Eddie original había dicho que iría a revisarlo, seguramente tendría sus motivos.

Lo mejor era ir a echar un vistazo.

—Pero, Gerold…

Eddie abrió la boca por impulso para hacer una pregunta.

Sin embargo…

Volvió a cerrarla inmediatamente.

Al verlo quedarse callado, Gerold lo observó confundido.

Eddie sonrió con torpeza.

—…No es nada.

Dicen que hay dos formas de hacer enfadar a alguien.

Y una de ellas consiste en dejar una frase a la mitad.

Sin embargo, incluso en una situación tan frustrante, el leal Gerold no le reprochó nada.

Seguía siendo un empleado ejemplar.

…Aunque, pensándolo bien…

Aquello era extraño.

Lo que Eddie había estado a punto de preguntar era:

«Gerold… ¿cómo se usa la magia?»

Pero temía levantar sospechas si demostraba que ni siquiera sabía algo tan básico.

En el mundo de 《El Héroe No Oculta Demasiado Bien su Poder》, los usuarios de magia eran extremadamente escasos.

No solo era necesario nacer con afinidad al maná.

Incluso si alguien poseía ese talento…

La magia era un privilegio reservado casi exclusivamente para la nobleza.

Los plebeyos rara vez tenían oportunidad de aprenderla.

Incluso Boram, la maga del grupo del héroe, aunque había nacido con talento, provenía de una familia noble.

Entonces…

¿Cómo era posible que Gerold, un simple empleado de una insignificante posada, supiera usar magia?

Desconocía el nivel de sus habilidades.

Pero en un mundo donde solo el hecho de poder utilizar magia ya convertía a una persona en alguien valioso…

Resultaba muy extraño que Gerold trabajara como empleado de una posada.

—Mmm…

Bueno…

Podría averiguarlo con calma.

Las prisas nunca eran buenas.

Y mucho menos para alguien que había transmigrado sin recuerdos ni conocimientos.

Así que decidió ir primero al sótano del que había hablado Gerold.

Después de todo…

No iba a descubrir el menú perfecto quedándose sentado frente a una hoja de papel.

Al menos cambiaría un poco de ambiente.

Normalmente, el sótano de una posada servía como almacén o bodega.

Pero Eddie ya había renunciado a esperar grandes cosas de aquella maldita posada.

No esperaba encontrar una elegante cava llena de vinos ni un almacén repleto de mercancías valiosas.

Su única esperanza…

Era que la dichosa puerta simplemente se abriera.

Descendió por las escaleras hacia el sótano.

Y, al llegar abajo…

Se encontró con una entrada completamente abierta.

Ni siquiera había una puerta.

Justo lo contrario de lo que Gerold había dicho.

Y no solo eso.

Desde el interior brotaba una luz tan intensa que jamás había visto desde que llegó a este mundo.

—…¿Eh?

En este mundo la iluminación se limitaba a velas o lámparas mágicas creadas mediante hechizos.

Ni siquiera las lámparas mágicas más costosas emitían una luz tan potente.

Algo no cuadraba.

La claridad era tan intensa que incluso las oscuras escaleras del sótano estaban iluminadas por el resplandor que escapaba desde abajo.

Sobresaltado, Eddie comenzó a bajar lentamente.

Los viejos escalones crujían bajo sus pies.

Y cuando finalmente llegó al fondo…

Lo que apareció ante sus ojos era algo que jamás habría imaginado.

«…»

¿Qué…?

Se frotó los ojos una vez.

Pero la escena no desapareció.

Una iluminación brillante que no pertenecía a ese mundo.

No sonaba la música que siempre solía reproducirse…

Pero el ambiente limpio y ordenado estaba lleno del familiar zumbido de los refrigeradores y congeladores.

Los estantes estaban completamente abastecidos.

No había un solo espacio vacío.

Era un lugar demasiado conocido para Eddie.

Más exactamente…

Para Lee Jeong-hoon.

El antiguo dueño de una tienda de conveniencia.

—…¿Qué hace aquí mi tienda de conveniencia?

Tal como acababa de decir.

La modesta tienda de conveniencia que había cuidado con tanto esfuerzo durante toda su vida…

Estaba allí.

Instalada, intacta…

En el sótano de la Posada de Eddie.

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