¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 160
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- Capítulo 160 - Historia adicional 8
El hombre bajó lentamente la mano con la que había estado sujetando al emperador e introdujo los dedos en el orificio que todavía permanecía ligeramente abierto debido al tormento al que había sido sometido durante toda la noche.
El orificio, acostumbrado a recibirlo, acogió los dedos con placer. Aunque estaba un poco hinchado, se contrajo y succionó aquella presencia familiar, tragándose los dedos hasta los nudillos con satisfacción.
—Ket, Ket… Yo… yo…
—Sí, Eddie. Dímelo.
Los dedos se multiplicaron de inmediato. Sin necesidad de dilatarlo más, el pene completamente hinchado se hundió en el orificio, perfectamente preparado para recibir el miembro del hombre en su interior.
El aire, que se había enfriado un poco, no tardó en calentarse de nuevo.
La cama, que ya había sido sometida a un uso excesivo aquella noche, crujió con esfuerzo. El emperador, jadeante, abrazó la espalda del hombre mientras este invadía su cuerpo.
—Te amo.
Un cuerpo que se aferraba como si fuera lo más natural del mundo, una confesión que brotaba como si fuera lo más natural del mundo e incluso la persona que la escuchaba parecía considerar aquel sentimiento como algo natural, pues sonrió con dulzura en lugar de emocionarse ante la declaración de amor. Era una relación verdaderamente perfecta.
El hombre que recibió la confesión susurró algo al oído del emperador. Incluso sin escucharlo, resultaba evidente que eran palabras con el mismo significado que «yo también».
¿Así se sentía tener una relación en la que podías susurrarle tu amor a alguien sin vacilar?
Para Lorenz, quien no era más que un muchacho, resultaba imposible siquiera imaginar algo tan extraordinario.
Los amantes que tenía delante se susurraban palabras dulces, y Lorenz sintió que su corazón, que había estado latiendo con violencia por diversos motivos, se calmaba poco a poco.
Lorenz no sabía realmente qué era el amor. Como noble rural, se burlaba cada vez que veía a sus padres, quienes se habían casado por amor, y a su hermano mayor, que mantenía una relación con una joven de una familia noble de la frontera, igual que ellos. Lleno de afectación inútil, afirmaba que un verdadero noble debía ser capaz de concertar un matrimonio por conveniencia.
Pero si esto era el amor… Si aquella sensación abrumadora, en la que ninguno de los dos podía ver a nadie más que al otro, era amor…
Entonces…
Comprendió que aquel era el momento perfecto para guardar de una vez por todas aquel sentimiento inmaduro.
No era alguien con derecho a interponerse entre ellos. Tampoco albergaba sentimientos lo bastante profundos para intentarlo ni se encontraba en una situación que se lo permitiera.
El joven, que por poco había quedado cegado por una emoción pasajera, sintió que una súbita claridad lo atravesaba. Se apresuró a abandonar el lugar y regresó a su habitación.
En el instante en que la visión que había enviado lejos regresó por completo a su cuerpo, Lorenz experimentó cómo las escenas contempladas comenzaban a desvanecerse rápidamente de su mente.
Sabía lo que había visto, pero, si le pidieran recordar con claridad la escena o explicársela a alguien, no podría describirla en detalle. Era como si alguien hubiera vertido agua gris sobre sus recuerdos, volviéndolos confusos.
Ah, ya entiendo.
Pronto comprendió que aquel era el punto débil del Artefacto. Por supuesto, todavía podía recordar a grandes rasgos lo que había visto, de modo que podría descubrir cosas como la traición de alguien o la llegada de enemigos. Por eso seguía siendo un Artefacto extraordinario, pero su debilidad también resultaba evidente.
Además, una vez utilizado, parecía necesitar mucho tiempo antes de poder usarse de nuevo, pues había perdido su brillo original, se había vuelto negro y parecía inerte.
No sé cuándo recuperará su brillo, pero ya puedo olvidarme de devolverlo a escondidas.
Mientras se lamentaba interiormente, Lorenz sacudió a Julian para despertarlo. Este todavía dormía profundamente porque apenas comenzaba a amanecer.
Julian, sumido en el sueño, gimió como si estuviera sufriendo, pero Lorenz no le prestó atención.
—Julian.
—…¿Mmm?
—Regresemos al territorio del conde cuando salga el sol.
—¿Qué? ¿Hablas en serio?
—Sí.
Su actitud era inusualmente firme. Sin embargo, su expresión era distinta de la que había mostrado cuando insistía obstinadamente en dirigirse a la capital, por lo que Julian no sintió que se tratara de otro capricho de Lorenz.
Al notar que Julian entrecerraba los ojos como si pensara que finalmente había renunciado a su sueño absurdo, Lorenz enderezó deliberadamente los hombros. Aquel movimiento proclamaba: «De verdad he entrado en razón».
Aún no había llegado el momento de atreverse a perseguir sus sueños allí. El emperador y el Héroe en realidad no habían hecho nada extraordinario por él, pero, gracias a aquel breve sueño de una noche de verano, Lorenz había logrado comprender algo.
Tanto el amor como los sueños solo les estaban permitidos a quienes se encontraban preparados.
Aunque solo había sido un encuentro fugaz, si él hubiera estado preparado, no habría sido incapaz siquiera de reunir el valor para confesarle sus sentimientos a la persona de quien se había enamorado a primera vista ni la habría dejado escapar de una manera tan inútil.
…Por supuesto, aunque sus recuerdos fueran borrosos, no parecía haber ningún espacio en el que pudiera interponerse entre los amantes a quienes había espiado con el Artefacto. Además, si hubiera confesado sus sentimientos, probablemente el Héroe lo habría cortado por la mitad. Pero, en fin.
—No he renunciado.
—Tú no te rindes con facilidad.
—Voy a estudiar más, aprender más y prepararme antes de regresar.
—…
—Definitivamente volveré aquí.
Cuando llegara ese momento, no regresaría como un noble rural errante y sin título propio, sino como un noble ambicioso que de verdad se abriría paso entre la aristocracia de la capital.
A menos que uno tuviera muy mala suerte, las oportunidades llegaban a quienes estaban preparados. Ya fuera una oportunidad para cumplir sus ambiciones o para conquistar a un hombre deslumbrantemente apuesto.
Lorenz empacó su equipaje con una determinación renovada.
—…
Como era una persona que actuaba de inmediato una vez que tomaba una decisión, estuvo a punto de marcharse en cuanto terminó de empacar. Sin embargo, vaciló un instante, arrancó un pedazo de papel y reflexionó durante mucho tiempo antes de escribir una frase muy breve.
Justo antes de abandonar la posada, deslizó la nota frente a cierta habitación y se marchó.
[Usted fue mi primer amor].
Cuando Eddie despertó por la mañana, encontró una nota desconocida cerca de la puerta.
—…¿Mmm?
La nota no indicaba correctamente ni el remitente ni el destinatario y contenía únicamente aquella frase cargada de significado.
Podría haber sido entregada a la persona equivocada, pero estaba insertada con precisión en el marco de la puerta de su habitación, así que no parecía haberse confundido de destinatario.
Por supuesto, incluso después de que se supiera que Eddie era el emperador y tenía al Héroe como amante, todavía aparecían personas que se enamoraban de él a primera vista y le confesaban sus sentimientos. Por eso no era la primera vez que sucedía. Sin embargo, esos incidentes habían disminuido drásticamente debido a la estricta vigilancia de su amante y a los rumores sobre su matrimonio, hasta el punto de que últimamente prácticamente habían desaparecido.
Ketron, quien también había leído la nota, frunció discretamente el ceño para que Eddie no lo notara y se la arrebató de las manos. Sabía perfectamente quién la había enviado.
No era la primera ni la segunda vez que alguien se enamoraba de Eddie y hacía algo semejante. Aunque por fuera conservó la calma, Ketron gruñía en su interior.
—Debe ser una broma de Ebon.
Ketron pronunció descaradamente aquellas palabras que habrían hecho que Ebon, quien se encontraba muy lejos, se levantara de un salto y gritara: «¡¿Qué tonterías estás diciendo?!». Después quemó el pedazo de papel que sostenía.
—¿Eso crees…?
En el pasado, Ebon había dejado varias notas a modo de broma, así que Eddie inclinó la cabeza. Sin embargo, pronto decidió que no tenía importancia y descartó el asunto con ligereza. Ebon era el único que sufría una injusticia tan grave como para echar espuma por la boca, pero, como solía decirse, ojos que no ven, corazón que no siente.
Ketron cambió de tema para impedir que los pensamientos de Eddie se desviaran hacia asuntos innecesarios.
—Eddie, hablemos del viaje que emprenderemos dentro de poco.
—Ah, es verdad.
Eddie adoptó una expresión emocionada y rodeó el cuello de Ketron con los brazos. Ketron acercó hábilmente el cuerpo que se aferraba a él y depositó un ligero beso en su cuello descubierto. Había sido una decisión excelente, pues Eddie habría tenido dificultades para caminar de todos modos después de que Ketron lo sometiera a semejante esfuerzo la noche anterior.
Fue después de un desayuno tardío cuando Eddie recibió la noticia de que el joven noble que le había causado cierta preocupación había regresado a su tierra natal.
—¿De verdad?
Eddie inclinó la cabeza, preguntándose si no habría regresado demasiado pronto. Sin embargo, aunque se habían encontrado por casualidad en varias ocasiones, no sabían demasiado el uno del otro, así que su pesar no duró mucho.
Aun así, aquel joven le había llamado la atención por algún motivo. Eddie reprimió su pesar y le preguntó a Sebastian:
—¿Crees que volveremos a verlo?
—Es difícil saberlo.
Sebastian, cuyo semblante lucía mucho más radiante que el día anterior, habló de Lorenz con una expresión muy satisfecha.
—Lo vi esta mañana y tenía buena cara.
—Entonces me alegro.
—No solo es joven, sino que posee la energía propia de la juventud. Lo escuché hablar varias veces con su sirviente y parece tener mucho entusiasmo, además de ser un hombre de acción… Quizá llegue a hacer grandes cosas en el futuro.
—Ah.
Eddie asintió con un «ya veo» ante aquel inusual elogio de Sebastian, quien parecía encontrarse de muy buen humor.
Aquel fue el punto de partida del hombre que, años después, regresaría a Irena con el título de conde de Montar y se haría famoso como integrante de la facción del emperador y colaborador cercano del joven emperador.
Sin embargo, por el momento, aquello no tenía ninguna importancia para ninguno de los dos.