¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 161
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- Capítulo 161 - Historia adicional 9
Un conejo.
Eddie, quien paseaba tranquilamente por el frondoso bosque, parpadeó al descubrir un conejo entre los árboles.
Al parecer, aquel mundo no estaba lleno únicamente de edificios de concreto, pues solía encontrarse con animales. Pero, aun así, un conejo con cuernos…
Qué fascinante. Incluso cuando todavía era Lee Jeong-hoon, resultaba difícil ver animales salvajes que no fueran perros o gatos. Eddie se puso en cuclillas allí mismo y contempló al conejo.
Quiso llamar a Ketron, pero temió que escapara si alzaba la voz, así que apretó los labios y se acercó lentamente.
A excepción de los cuernos que tenía en la cabeza, el conejo poseía un inofensivo pelaje blanco. Permaneció mirando fijamente a Eddie sin mostrar la menor intención de huir, aunque este continuaba aproximándose.
Entonces, justo cuando Eddie llegó frente a su hocico…
El conejo abrió mucho la boca.
Espera, su boca es demasiado grande y esos colmillos parecen muy afilados…
Eso fue lo que Eddie alcanzó a pensar.
¡Bum!
Con un estruendo, el conejo explotó de repente.
—¡Aaaah!
Incluso en medio de aquella situación, el Artefacto que Ketron le había repetido una y otra vez que debía llevar siempre consigo se activó automáticamente y desplegó un escudo. Por fortuna, Eddie no sufrió la desgracia de terminar cubierto por los restos de la criatura, pero presenciar cómo un ser vivo explotaba frente a él ya había sido un golpe crítico.
Eddie cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos.
¡¿Qué demonios fue eso?!
—Eddie.
El responsable, quien seguramente había hecho explotar al conejo —o, mejor dicho, al monstruo con aspecto de conejo—, se acercó rápidamente y abrazó con fuerza a Eddie por detrás.
—¿Cuántas veces te he dicho que no puedes bajar la guardia en este lugar?
Ketron chasqueó la lengua y levantó a Eddie sin soltarlo. Eddie, quien de repente terminó entre sus brazos, se sonrojó pese a saber que no había nadie más en el bosque.
—¿Q-qué estás haciendo? ¡Bájame!
—Esto es lo que ocurre en cuanto bajas un poco la guardia. Si no tuvieras ese escudo, ya habrías acabado en graves problemas varias veces.
Ketron no reaccionó en absoluto ante sus protestas y se limitó a reprenderlo.
Eddie dejó de forcejear poco a poco. Era consciente de lo ridículo que resultaba permitir que Ketron lo cargara como a un niño cuya rebelión acababa de ser sofocada, pero de todos modos nadie los observaba y él se sentía un poco culpable.
En ese momento, Eddie se encontraba viajando con Ketron.
Por supuesto, no se trataba de un gran viaje a través del continente ni de una expedición por tierras desconocidas, como habían prometido tiempo atrás. Era más bien una excursión ligera que no los llevaría fuera del Imperio.
Todos habían acordado que emprenderían un viaje de verdad cuando Eddie se acostumbrara un poco más a viajar. Después de todo, tenían tiempo de sobra. En pocas palabras, aquello era un ensayo y, al mismo tiempo, una especie de luna de miel anticipada para dos amantes a quienes les resultaba difícil disfrutar tranquilamente de su romance con tantas personas a su alrededor.
La breve excursión que habían emprendido juntos no parecía causarle ninguna impresión especial a Ketron. Sin embargo, Eddie, quien jamás había salido de los alrededores de Sandern, encontraba fascinante todo cuanto veía.
Además, desde que habían emprendido el viaje, Eddie se había beneficiado bastante del escudo. Casi siempre en situaciones parecidas a la de aquel momento.
La única diferencia consistía en si el adversario era una persona o un monstruo, pero Eddie había preocupado a Ketron en numerosas ocasiones al verse envuelto en varias situaciones peligrosas.
Eddie había vivido en Corea del Sur, donde la seguridad pública era bastante buena. Después había transmigrado a ese mundo y pasado la mayor parte del tiempo sin salir. Como apenas comenzaba a conocer el exterior, solía olvidar que aquel mundo no era tan seguro como el lugar donde había vivido y provocaba accidentes con frecuencia.
El problema era que cada uno de esos accidentes hacía que a Ketron se le detuviera el corazón.
En aquella ocasión, mientras Ketron preparaba un lugar donde pasar la noche, Eddie había salido a explorar el bosque y terminado frente a un monstruo con aspecto de conejo.
En ese sentido, Eddie sabía perfectamente que era el culpable.
De no haber sido por el anillo que Ketron le había entregado durante su propuesta —con el cual podía invocarlo— y por el Artefacto protector, quizá ya habría resultado gravemente herido y el viaje habría terminado antes de tiempo.
—…Lo siento.
Al final, Eddie optó por disculparse en voz baja y dejar que Ketron continuara cargándolo.
—Debes mantenerte alerta y tener cuidado con todo.
—Mmm.
Ketron dejó escapar un profundo suspiro. Eddie no había resultado herido, pero le había causado una gran preocupación.
De ese modo, Eddie fue llevado por la fuerza hasta el lugar donde Ketron construía una cabaña provisional.
—Quédate quieto ahí.
Eddie asintió con entusiasmo. Su ambicioso sueño de explorar el bosque mientras Ketron preparaba un lugar para dormir había quedado frustrado, pero aquello tampoco estaba tan mal.
Después de sentarlo con cuidado sobre una roca cercana, Ketron comenzó de nuevo a construir la cabaña mediante Hechicería.
Aquel día acamparían en el bosque. Por supuesto, aunque se tratara de pasar la noche en medio de la naturaleza, Eddie contaba con Ketron, un excelente Mago y Espadachín, por lo que no resultaría demasiado incómodo.
[Eddie, ¿volvieron a regañarte?]
La Espada Sagrada, apoyada descuidadamente junto a la cabaña, soltó una risita mientras hablaba. Eddie adoptó una expresión malhumorada, pero no pudo refutar sus palabras. Era cierto que lo habían reprendido por hacer algo que merecía una reprimenda.
Ketron estaba construyendo una casa bastante digna para tratarse de una cabaña provisional. Al menos, incluso los nobles que se habían opuesto al viaje de ambos, preguntándose cómo podría Ketron cuidar por sí solo de Eddie, habían asentido y reconocido que aquello era excelente.
La sociedad aristocrática de la que Eddie había terminado formando parte de algún modo no estaba tan mal, aunque tampoco podía decirse que fuera particularmente agradable.
¿Era como haber renunciado a la tranquilidad a cambio de una vida más lujosa? Eddie no deseaba una existencia tan ostentosa y, además, le resultaba molesto que tantas personas se entrometieran.
En cualquier caso, el príncipe se encontraba en una posición en la que recibía un trato extraordinariamente especial. Sobre todo porque el emperador no tenía hijos, por lo que el joven príncipe, primero en la línea de sucesión al trono, atraía la atención de todos en muchos sentidos.
¿Pero ese príncipe mantenía una relación con un amante masculino? ¿Y ese amante era el Héroe que había salvado al mundo y había recibido el título de duque?
Era inevitable que las personas a su alrededor tuvieran mucho que decir.
Cada vez que veían a Eddie, los nobles ancianos no podían evitar hacer algún comentario. Parecían desesperados por decirle: «Debería conservar al Héroe como amante y considerar la posibilidad de casarse para continuar el linaje» o «Es bueno que mantenga una relación cercana con el Héroe, pero debe pensar en el futuro».
El problema era que de verdad lo decían por el bien de Eddie.
Eddie, quien había recibido una educación estricta y crecido en un país confuciano, encontraba demasiado difícil discutir con aquellos ancianos que no le mostraban hostilidad, sino que se preocupaban sinceramente por él y lo sermoneaban.
Por supuesto, Ketron no era la clase de persona que le contaba a Eddie cada detalle, pero probablemente él también debía estar escuchando toda clase de comentarios.
Sin embargo, Eddie no estaba especialmente preocupado.
No sentía demasiado apego por su posición como príncipe y estaba convencido de que, mientras permaneciera junto a Ketron, podría vivir bien en cualquier lugar.
Además, la tienda de conveniencia lo acompañaba, así que ¿cómo podría morir de hambre? Aunque el suelo no estuviera caliente, podría extender una manta en el piso de la tienda para protegerse del viento y la lluvia, y no tendría que acabar postrado por el frío y el hambre. Probablemente.
Claro que Eddie tampoco pretendía abandonarlo todo. La autoridad imperial se encontraba en su apogeo y la facción aristocrática había colapsado, por lo que ningún noble poseía el valor suficiente para intentar obligar al príncipe a casarse.
Además, el emperador Ricarius no había hecho ningún comentario particular acerca de la relación entre Eddie y Ketron.
Más bien, cuando Eddie se quejó de que el título de duque de Ketron no fuera hereditario, Ricarius le respondió:
—De todos modos, ese hombre no mirará a nadie más que a ti, así que no existe ninguna posibilidad de que tenga hijos, ¿verdad? Entonces, ¿qué importa si el título dura una sola generación o no?
…Eddie quedó convencido.
En cualquier caso, el emperador apoyaba su relación. Por su parte, Eddie se esforzaba a su manera por reducir las preocupaciones matrimoniales que recaían sobre él intentando conseguir que el emperador se casara, así que aquel problema pronto quedaría resuelto.
—Ya está terminado, Eddie.
Mientras Eddie permanecía sumido en sus pensamientos, la cabaña de aspecto natural quedó terminada en un instante.
—…Guau.
Era demasiado bonita para utilizarla una sola noche.
El exterior estaba construido sólidamente con madera gruesa y el techo se encontraba cubierto de hojas para protegerlos en caso de lluvia. En el interior había una cama de madera, una mesa y dos sillas. Sinceramente, parecía que podrían vivir allí durante un mes entero, no solo un día.
Eddie sacó una manta de la bolsa de Hiperespacio que Gerold le había regalado. Extendió la mullida manta sobre la cama de madera y después sacó almohadas y cojines, completando una habitación que se encontraba en mejores condiciones que las de una posada bastante decente.
—Perfecto.
Eddie fue el primero en tenderse sobre la cama. Quizá porque había extendido una manta tan gruesa y mullida, la cama se sentía bastante suave a pesar de estar hecha de madera.
Cerró los ojos sin moverse de allí. Sintió la mirada de Ketron posarse en su rostro, pero no volvió a abrirlos.
Al cabo de un momento, Ketron se acercó, extendió una mano y acarició suavemente la mejilla de Eddie con el dorso. Era un contacto ligero, cargado de un profundo afecto y de alguna otra emoción que iba más allá de este.
Eddie dejó escapar una risita.
—Ket…
—Sí.
No lo había llamado porque quisiera algo en particular. Eddie volvió a cerrar la boca en silencio y Ketron, quien continuaba acariciándole el rostro, inclinó lentamente la cabeza.
Sus labios se encontraron. Ahora que Eddie sabía abrirlos con bastante destreza, Ketron introdujo la lengua en su boca con naturalidad.
Fue entonces cuando se escuchó el repentino estrépito de una intensa lluvia golpeando el techo.
—¡Ah!
Eddie abrió mucho los ojos.
Olvidó que se encontraban en medio de un beso y se levantó de un salto.
—¡Está lloviendo, Ket!
¡No podía perderse el paisaje de la lluvia en las profundidades del bosque! Eddie exclamó con entusiasmo y salió corriendo.
—…
Ketron, quien apenas había conseguido saborear un poco a Eddie, guardó silencio por un instante, se humedeció ligeramente los labios y salió tras él.
Afuera, Eddie contemplaba extasiado el bosque, sobre el cual caía una lluvia torrencial.