¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 138
Cuando el carruaje se detuvo en el interior del Palacio Imperial, Eddie vio a Ketron en cuanto bajó.
Parecía que le habían informado de antemano de la hora y el lugar de llegada de Eddie, pues lo esperaba con naturalidad. Ketron sonrió al ver la expresión aturdida de Eddie mientras descendía del carruaje.
Por supuesto, Eddie estaba aturdido en parte porque no había imaginado que vería a Ketron allí, pero también porque este llevaba puesto un uniforme que se ajustaba impecablemente a su cuerpo.
—…Oh.
Su cabello negro como el azabache, sus ojos oscuros y sus impactantes facciones combinaban tan bien con aquel uniforme de líneas definidas y perfectamente confeccionado que Eddie se quedó sin palabras durante unos instantes.
Ketron pareció desconcertado cuando Eddie, tras aquella única exclamación de admiración, se limitó a recorrerlo de arriba abajo con la mirada sin decir nada.
—Eddie, ¿por qué pones esa expresión?
—Porque, no importa cuándo te mire, siempre descubro que eres aún más apuesto.
La expresión de Ketron cambió, como si aquellas palabras lo hubieran tomado por sorpresa. Poco después, Eddie vio que las puntas de sus orejas se teñían de rojo al instante.
Por supuesto, Eddie hablaba con absoluta sinceridad. Nunca se había considerado una persona que se dejara influir demasiado por la apariencia, pero, cada vez que veía a Ketron, no podía evitar preguntarse si acaso era demasiado vulnerable ante un rostro atractivo.
Mi gato es apuesto. Extremadamente apuesto.
Pero el propio gato no parecía pensar lo mismo.
—…Eres el único que me dice algo así.
¿Por qué?
Eddie se lo preguntó de inmediato, pero no tardó en comprenderlo.
En esencia, Ketron poseía una apariencia bastante intimidante. Aunque en realidad era tan gentil que no había nadie más dulce que él en todo el mundo, los demás lo malinterpretaban de una manera absurda. Quien lo viera por primera vez seguramente se sentiría intimidado por su gran corpulencia.
Mi hombre es bastante… grande. En muchos sentidos.
Avergonzado momentáneamente por sus propios pensamientos, Eddie se abanicó el rostro con una mano.
—Eh, ustedes dos…
Augustine, que había contemplado cómo se desarrollaba toda la escena y, por lo tanto, había sido olvidado, levantó una mano con cautela para intervenir.
—Parece que se olvidaron por completo de mí…
Al ver que Eddie se sobresaltaba, pues efectivamente había olvidado por completo su presencia, Augustine se rascó la mejilla y dijo con cierta timidez:
—¿Entonces me voy?
Aunque no conseguía ocultar la incomodidad de su rostro al decirlo, también era evidente que intentaba contener la risa.
—Ketron, nos vemos más tarde.
—Sí.
Mientras Eddie se moría de vergüenza, Ketron, que al parecer había sido consciente de la presencia de Augustine desde el principio, respondió con toda naturalidad. Solo el rostro de Eddie ardía como un camote.
—¡Eh, que tengas buen viaje!
No importaba que Ketron omitiera la despedida, pues de todos modos partiría junto con ellos. Sin embargo, si Eddie no se despedía de Augustine ese día, no volvería a verlo durante mucho tiempo. Ante su apresurada despedida, Augustine le guiñó un ojo y se alejó.
Una vez que Augustine se marchó, por fin quedaron verdaderamente solos.
Ketron, que parecía comprender por qué Eddie estaba avergonzado, contempló su rostro enrojecido y se acercó.
Con toda naturalidad, tomó las mejillas de Eddie entre las manos y aproximó su rostro. Eddie, a su vez, separó instintivamente los labios para recibirlo.
Toda la secuencia, desde el ligero roce de aquellos labios cálidos y suaves hasta el momento en que se separaron, se desarrolló con absoluta naturalidad.
Eddie respondió con entusiasmo, como si su gato lamiera leche, lamiendo y succionando los labios que se unían a los suyos. Después estrechó con más fuerza entre sus brazos a Ketron, a quien hasta entonces había abrazado suavemente.
Como el cuerpo de Ketron era más grande que el de Eddie, parecía que era Eddie quien estaba entre sus brazos. Sin embargo, era poco común que Eddie tomara la iniciativa de abrazarlo primero, por lo que Ketron sonrió complacido.
—Hoy estás más cariñoso de lo habitual.
—Después de que te marches, no podré verte durante un tiempo…
La perspectiva de no ver a Ketron durante al menos dos meses hizo que Eddie se mostrara inusualmente proactivo.
Los centros de teletransportación, que habían quedado gravemente destruidos durante el reinado del Rey Demonio, habían sido restaurados hasta cierto punto bajo las órdenes del marqués Rivalt. Sin embargo, las reparaciones no eran perfectas y, en esta ocasión, partiría una cantidad considerable de personas.
Era probable que la guerra se prolongara más que en el pasado.
Y Eddie, por su parte, estaba a punto de separarse del amante con quien apenas había logrado reencontrarse. ¡Durante al menos, al menos dos meses!
No dudaba de la victoria de Ketron, pero tampoco podía ignorar su ansiedad. Todos los que participaban en aquella expedición arriesgarían la vida.
—Sabes, Ket, la verdad es que tengo miedo.
Ese hecho impulsó a Eddie a hablar con sinceridad.
—¿Temes que no regrese?
—Mentiría si dijera que eso no me da nada de miedo.
Lo sabía porque había leído la novela. Sabía cuán desesperada había sido aquella batalla final. Y cuál había sido su desenlace…
—Pero, más que eso, me da miedo que resultes herido.
Y cuánto había sufrido.
Ketron ya sabía que Eddie había podido vislumbrar una parte de su vida. Y que en ella prácticamente no había existido ningún momento luminoso.
Había cargado con su poder y su deber hasta convertirse en un héroe, pero había sido un héroe trágico, olvidado incluso después de todo lo que hizo.
Y, aun así, había vuelto a colocarse en la primera línea, como representante de un mundo olvidado. Por Eddie y por el lugar en el que podría vivir junto a él.
Debido a eso, a diferencia de Eddie, que se mostraba un tanto abatido, Ketron parecía bastante complacido.
—Quizá no sea tan malo.
—¿Eh?
Eddie lo miró desconcertado ante aquellas palabras inesperadas.
—Que te preocupes por mí, que me cuides, que sientas ansiedad…
Sonriendo como si hasta eso le resultara adorable, le dio un ligero beso en los labios.
—Por favor, sigue pensando en mí.
—Eh…
—No me olvides ni por un solo instante.
Sus labios volvieron a encontrarse. La sensación cosquilleante en sus extremos era suave y dulce, más que húmeda y pegajosa.
Este tipo, a veces, tiene una personalidad realmente…
Eddie chasqueó la lengua para sus adentros, pero no pudo rechazar aquellos labios. Ese también era el Ketron al que amaba.
Después de eso, permanecieron abrazados durante mucho tiempo. Después de todo, una vez que se separaran allí, no volverían a verse durante una temporada.
Tras abrazar a Ketron durante un rato y disfrutar del cómodo silencio, Eddie abrió lentamente la boca.
—Sabes, creo que, aunque no lo parezca, tengo aptitudes para ser comerciante.
Ketron hizo una pausa con expresión pensativa.
—Dijiste que también eras así… en tu vida anterior.
Sonrió con picardía, recordando perfectamente la historia de Lee Jeong-hoon que Eddie le había contado hacía poco.
—Sí. Parece que todo el mundo detesta tratar con la gente, pero creo que a mí me va mejor haciéndolo.
Entonces Eddie respiró profundamente y, por primera vez, reveló al mundo su grandioso plan.
—Cuando regreses, ¿administrarías otra vez una posada conmigo? Esta vez podríamos tomárnoslo con un poco más de calma.
Aunque la posada se había derrumbado y tendrían que reconstruirla desde los cimientos.
—No creo que ser príncipe sea lo mío.
Aun así, ¿no sería mejor que interpretar el papel de un príncipe, algo que no parecía quedarle bien? Por supuesto, Eddie sabía que, aunque no le gustara ser príncipe, no era una posición de la que pudiera desprenderse con facilidad.
Entonces quizá no sería la Posada de Eddie, sino la Posada del Príncipe o, tal vez, Eddie y Ketron…
Mientras Eddie ya imaginaba diseños de letreros con nombres que harían estremecerse a cualquier otra persona por su pésimo sentido para bautizar negocios, Ketron, que había permanecido sumido en sus pensamientos, abrió lentamente la boca.
—Yo tampoco.
—¿Hm?
—Tampoco creo que ser héroe sea lo mío, así que quiero estar contigo.
Ketron sonrió al decirlo.
—Durante el resto de mi vida.
El silencio se apoderó del lugar durante un rato. Solo el sonido del frío viento invernal que soplaba a su alrededor llenaba el espacio.
Los labios de Eddie se entreabrieron y volvieron a cerrarse. Después se abrieron otra vez, como si quisiera decir algo, y volvieron a cerrarse. Repitió aquel gesto varias veces.
Su expresión parecía preguntar: ¿Esto significa lo que creo que significa?
Ketron, desconcertado por la reacción de Eddie, vio que su rostro se teñía de rojo por una razón distinta al frío y comprendió lentamente cómo podían interpretarse sus palabras.
Él solo había expresado lo que sentía, pero, al pronunciarlo en voz alta, se había convertido en una propuesta de matrimonio. Una propuesta torpe, sin flores ni anillo, sin la solemnidad de arrodillarse sobre una rodilla ni ninguna declaración ferviente.
—Ah, eso…
Ketron tartamudeó, inusualmente alterado.
Parecía comprender que ni siquiera él, que solía mostrarse indiferente a esa clase de cosas, debía hacer una propuesta tan torpe.
Sin embargo, ante aquella terrible propuesta, Eddie sonrió.
—Sí, yo también.
Ketron guardó silencio por un momento.
Sabía lo despistado que podía llegar a ser Eddie. Sin duda, no se había dado cuenta de que lo que Ketron acababa de decir se acercaba mucho a una propuesta de matrimonio.
Sintiendo una inexplicable decepción ante aquella propuesta que había hecho por accidente, Ketron tomó una decisión mientras contemplaba su sonrisa.
Cuando regresara, le propondría matrimonio a Eddie como era debido.
Curiosamente, Eddie sí sabía que las palabras de Ketron habían sido precisamente una propuesta, pero no había reaccionado con demasiada intensidad porque aquello le pareció lo más natural del mundo.
Después de eso, Eddie y Ketron se besaron varias veces más, disfrutando del calor del otro. Ni siquiera el gélido viento de enero representaba un obstáculo para ellos.
Con un magnífico sueño compartido, la fuerza de subyugación del Rey Demonio, encabezada por Ketron, partió en un frío día de invierno.